UN POCO DE SILENCIO
CUANDO CALLO CONTIGO ME SENTENCIO,
voy a aprender a hablar a la medida,
para decir adiós me falta vida,
sólo me queda un poco de silencio.
El tiempo nos da un muerto de ventaja,
si recuerdas el humo ya no existe,
y el verdadero amor, esto es lo triste,
lo ganarás si juegas a la baja.
También hago de dios algunas veces,
la nevada es perdón y al perdonar
tengo todas las noches que nevar,
pues sé muy bien que al rebelarte creces.
No conseguí ser joven ni ser mío,
y hoy toco al fin la juventud con miedo,
ya puedo amar cuando vivir no puedo,
pero estando en tus brazos todavío.
Hay un sol que en el cielo se desplaza.
No queda más. No queda más. No queda
sino un papel de estraza en la arboleda
y un niño ardiendo en la desierta plaza.
Para no improvisarme la conciencia
peco y tengo conciencia del pecado,
no me gusta un vivir amortizado
por esa expropiación de la prudencia.
Los pecados de ayer no son mejores;
siempre he vivido prematuramente,
y siempre me besaron de repente
labios improvisados y acreedores.
Si tuviera un amor, si lo tuviera,
sólo un amor alegre y diminuto,
el tiempo de esperarlo ha sido un luto,
ya la esperanza alterna con la espera.
El cuerpo es espontáneo y nunca miente,
luz de ti misma ha sido la alegría
y hoy siento el empujón de esta agonía
que me junta la vida de repente.
La casa, nuestra casa, es como un río
donde el silencio encuentra su mudez,
vuelvo a vivir en ella cada vez
un breve desposorio de rocío.
El ascensor que sube y el tirón
que me da en todo el cuerpo su chasquido,
luego al sonar tus pasos he sentido
la forma de mi propio corazón.
Los muebles tienen ya tu misma altura,
y un espesor de vida acumulada,
su miel de par en par y esa mirada
que sólo encuentra en ti su propia hechura.
El tiempo y yo para nosotros dos
en esa distensión participante
de un amor sin amada y sin amante
que sólo vive mientras dice adiós.
Un minuto perdido es un exhorto
pues la resurrección siempre está a punto;
lo que se vive junto queda junto;
cuando la vida es mutua el tiempo es corto,
tan intenso y tan corto como un grito
que cada vez se acerca más.
No sé
si en el último beso que te dé
voy a dejar mi testamento escrito.
30 de marzo de 1977