PAÑUELO MÍO

LA DESESPERACIÓN SUELE LLEVAR A LA CALUMNIA O AL SUICIDIO,

hay un puente entre ellos,

un puente sumamente peligroso que hay que evitar a toda costa.

Sin embargo

calumniar es tan fácil,

basta tener un detrimento de salmuera en la sangre

y en vez de repartirlo equitativamente por el cuerpo

concentrarlo en la boca como una deyección;

por lo cual

bien pudiera decirse que los calumniadores son criminales,

pero los criminales, con bastante frecuencia, son personas corrientes y molientes,

que alguna vez han dado muerte a alguien

y pudieron hacerlo con ternura;

así pues

aceptemos

que tal vez no conviene calumniar

pues no está demostrado, ni mucho menos, que la calumnia no se contagie al calumniador,

aunque

también,

tengamos que admitir

que todo enjuiciamiento sobre el prójimo es calumnioso.

LO MALO ES EL DOLOR QUE LA CALUMNIA SUELE CAUSAR CON SU INYECCIÓN DE FRÍO

pero no pienses que hay dolores continuos,

el dolor es muy poco estable

ya que la vida busca su propia forma de estupor y siempre está desdoloriéndose

sabiendo que mañana todo será distinto.

Pero escúchame bien,

los ojos ven las cosas perdonándolas y ahora debes dormir,

ahora vas a dormirte porque la noche quedó atrás.

Ten calma; tranquilízate; es preciso;

necesitas sosiego y ahora me tienes que escuchar,

ahora vas a dormirte recordando

la amistad conjuntiva que vino a sostenerte

cuando las manos se te cayeron,

cuando tu cuerpo era un muñón

en donde sólo el tronco seguía vivo.

Para olvidar a veces basta cerrar los ojos;

ciérralos,

amor mío,

y ahora que estás tranquila

voy a desprevenirte,

voy a contarte tu dolor

ya que un dolor sólo se cauteriza recordándolo.

AQUELLA NOCHE HABÍAS LLEGADO TARDE Y ESTABAS MUY CANSADA,

quien vive en casa ajena suele tener alucinaciones

y tú estabas pensado:

—Si, es claro,

                       el sol ha muerto,

y a mi me gustaría saber

en qué tumba de pobre o en qué cielo caído lo enterraron;</i>

y tú lo estabas viendo morir y masmorir cuando sonó el teléfono,

y el aire se hizo un nudo

blanquipalidamententristeciendo,

porque vivías entonces de prestado;

y

de pronto

te sentiste en el cuarto igual que si estuvieras dentro de una víscera,

cuyas paredes fueran haciéndose contráctiles, blandas y peristálticas,

y al contraerse

te abrazaron a un miedo de nieve convulsiva;

entonces descolgaste el auricular

y no entendiste nada de lo que te dijeron

pues el dolor que oías se adelantaba a las palabras.

Era una voz estrangulada como un cierre de cuentas

que hablaba improvisándose,

pues no le dieron tiempo para ponerse en pie

y decía las palabras empujándolas,

y las cegaba más que las decía,

lloviendo y solihablando,

probablemente

desde el lecho,

como un vómito habla para decir algo así como:

—Puta, lo habréis pasado bien,

lo habrás pasado bien, pañuelo mío.

A VECES LO QUE OÍMOS SE HACE REAL ANTE NOSOTROS

y todo queda en claro:

el sol estaba muerto

y las palabras terminaban pero la voz seguía

con su impotencia desesperada y su calumnia a cuestas

igual que una pared que se estaba arrastrando para llegar a ti.

Era la voz de la persona a quien más admirabas en el mundo

y el dolor la llenaba de tal modo que cada una de sus palabras borraba las restantes,

mientras que tú te ibas quedando acólita,

y te apoyabas contra la mesa

lo mismo que esas aves a las que sólo han dejado un ala;

así llegaste a comprender que aunque la voz callara todo sería lo mismo,

pues sólo cambiaría su forma de actuar

que en el comienzo era un hervor,

después fue convirtiéndose en un jadeo,

y ahora estaba diciéndote un vacío.

Esto era masmorir,

amiga mía,

saber que ni aún la muerte podrá hacerte olvidar aquel instante,

y como oír aquella voz era aceptarla,

y como no podías seguir oyendo aquel vacío,

te cambiaste varias veces de habitación

peto el teléfono te seguía, reptando tras de ti como una cobra,

con la cabeza levantada para picarte siempre,

para picarte, una vez y otra vez, en el oído,

con la misma mentira impenitente, sucia y mendigada.

¿No recuerdas, amiga mía, que hubo un momento en que sentiste hipo?

y aquel hipo era un asco contrayente

que recorrió tu cuerpo desde el vientre a los labios,

y que se hacía mayor cuando el teléfono viboreaba junto a ti,

para hacerte escuchar, más dentro cada vez,

aquel jadeo quieto e incontenible

de alguien que se acababa,

que se estaba acabando,

y se vengaba de sí misma y de ti transmitiéndote por teléfono,

su mentira, su amor y su extinción.

Y AHORA VAS A DORMIR, VAS A DORMIR, PERO NO SUEÑES,

ya has soñado bastante;

el pasado no vuelve mientras no se le llama;

tranquilízate y duerme, nadie lo llamará;

lo verdadero se manifiesta de muchas formas y hay que aceptarlas todas;

la noche ha terminado;

ya sólo es necesario perdonar.

23 y 24 de agosto de 1976