Capítulo 15
Una comitiva de elegantes todoterreno de color oscuro se detiene delante de la verja. De uno de los automóviles desciende una mujer rubia. Viste unos ajustados pantalones vaqueros y una camisa blanca. Lleva unas enormes gafas de sol y el cabello, largo, sujeto en una cola de caballo de la que se escapan algunos mechones rebeldes. Casi inmediatamente descienden dos hombres y una mujer de los otros coches. Dos hombres y una mujer negros. La verja se abre, despacio, y la mujer blanca y sus tres acompañantes negros entran. Hay un jardín lleno de árboles frondosos. Al fondo, edificios de ladrillo de rojo. Se oyen risas de niños. Es un orfanato.
Más o menos todos se lo imaginan así. Parece el principio de una película de miedo.
La mujer rubia es Madonna. La cantante Madonna.
Nadie conoce bien los detalles, pero la noticia se ha extendido como un reguero de pólvora por todas las misiones de Malaui. La cantante Madonna ha llegado a Malaui para adoptar un niño. Hay desmentidos de prensa, información contradictoria, confusa. Pero parece cierto. Madonna ha venido a Malaui para adoptar un niño. El niño se llama David Banda y tiene trece meses. Vive en un orfanato cercano a la frontera con Zambia llamado «La casa de la esperanza». En realidad, David no es completamente huérfano puesto que tiene padre, Yohane Banda, pero en Malaui se considera huérfano a todo niño cuya madre ha muerto. La madre de David murió de parto y Yohane dice que él no puede criarlo. Yohane no sabe quién es Madonna, pero le han dicho que es una cantante muy rica y famosa. Yohane está contento.
Madonna quiere justificar su gesto donando tres o cuatro millones de dólares para proyectos de ayuda a niños con sida en Malaui. Pero no cuela. Las ONG alzan sus voces. La adopción es ilegal. La legislación malauí prescribe una estancia de doce a dieciocho meses en el país como trámite previo indispensable en adopciones internacionales. Se supone que durante ese tiempo se evalúa la idoneidad del adoptante y la integración niño familia mediante una fórmula de custodia temporal. Así que la adopción que ha realizado Madonna es ilegal. Se recurre a los tribunales. Pero el pellizco es demasiado sustancioso. Son tres millones de dólares en proyectos de ayuda y un montón de prebendas para los funcionarios del gobierno malauí. Demasiado goloso para cualquiera. En Europa también se funciona así y eso lo saben muy bien los funcionarios malauíes de alto rango. Y el tribunal falla a favor de Madonna, aunque sin comprometerse demasiado: se le concede la custodia temporal por un plazo de dieciocho meses. Cuando transcurra ese tiempo, la noticia estará olvidada. Un frío día de lluvia, David Banda llega a Londres acompañado de una niñera. Han viajado en avión privado desde Lilongüe a Johannesburgo y, una vez allí, han tomado un vuelo regular a Londres.
Yohane Banda aún será noticia por algún tiempo. Tiene que explotar el filón mediático que el azar ha puesto a su alcance y hacer declaraciones en contra de la cantante, pero dentro de unos términos previamente acordados. Nada demasiado fuerte. Que le han engañado llevándose al niño. Que él nunca quiso verdaderamente darlo en adopción. Cosas así. Levantar un poco de polvareda. Publicidad, le han explicado.
Durante unos días, en las misiones de Malaui no se habla de otra cosa.
A Ada le espeluzna imaginar que Joel hubiese podido ser el elegido. Pero las monjas de ese orfanato, de su orfanato, no recibieron la visita de la cantante, aunque Paula y Rosaura se ufanan explicando que Madonna estuvo mirando entre las fotos de sus niños. Pero es una información que no posee demasiada credibilidad. Que se lleve Madonna el niño que quiera siempre que no sea mi Joel, piensa Ada.
La noticia también ha llegado a Chipatala. Se habla de ella durante las comidas, que Ada suele compartir con las hermanas, en la casa de las monjas, y se habla también en el pabellón de mal nutridos. En ambos sitios la condena es unánime. Consideran que el deseo de Madonna de adoptar un niño malauí es un capricho. Y que su uso del dinero y su desdén por las leyes del país son un insulto. Tampoco les gusta que haya escogido al niño a través de unas fotografías.
Nuevas declaraciones de la cantante: Madonna lamenta profundamente la polémica que ha levantado el asunto de la adopción de David porque eso puede disuadir a otras personas de adoptar niños en África. Ella sintió deseos de adoptar un niño malauí cuando se enteró de que en Malaui hay más de un millón de huérfanos. Pensó que tal vez podría contribuir a mejorar las posibilidades de alguno de esos niños.
Ahora Madonna se siente consternada por la expectación que ha levantado una cuestión familiar tan íntima, pero piensa que quizá eso haya centrado la atención en el pequeño país africano y a la larga pueda beneficiarle. Y cita los nombres de otros personajes famosos del mundo del espectáculo que también han adoptado niños del Tercer Mundo de una forma más inadvertida: Angelina Jolie, Brad Pitt, George Clooney...
—Toma, y la Pantoja, y la Rocío Jurado, y la Sara Montiel, aunque no sean niños africanos —añadió Celsa, con su habitual desparpajo—. Y seguro que también han cometido ilegalidades y se han saltado normas a la torera. ¡Ay! ¡Qué imagen damos a veces! —suspiró—. «Poderoso caballero es Don Dinero» —declamó—, que nos permite abusar de todo, imponer nuestra voluntad y quedar en la impunidad. Pero claro, por otro lado es un cargo de conciencia —siguió diciendo—. ¡Tres millones de dólares! ¿Tú sabes la pasta que supone en Malaui?
—Y el niño, ¿qué? ¿Es que nadie piensa en el niño? ¿Será más feliz con Madonna?
Ada no deja de darle vueltas al tema. Le toca muy de cerca, por ella y por Joel.
—Pues no sé si será más feliz con Madonna. Desde luego, con ella tendrá unas oportunidades que aquí no va a tener. Pero lo que no sé decirte es si ese tipo de oportunidades le va a hacer más feliz. Piensas en ti y en Joel, ¿verdad?
Ada asintió.
—En tu próxima visita al orfanato habla con las sisters. Infórmate. Eso no te compromete. Pero no le pongas dudas al amor, Ada. Tú no eres Madonna. Tú conoces bien a Joel y lo quieres. Y él te corresponde. Tú no vas a adoptar a un niño con actitud prepotente porque eres rica y famosa. No. Tú vas a cumplir las normas. Y lo vas a hacer por amor. Eso, eso es lo que garantiza la felicidad de un niño. El amor y no el dinero. Y tú se lo vas a dar a Joel.
Pero Ada no estaba segura de contar con la aprobación de las sisters en sus planes acerca de Joel. Habló primero con el padre James, pidiendo su ayuda y su colaboración.
—Ya sabes, Ada, que yo siempre te he dicho que seas muy cauta con ese tema. No deseo herirte, pero debes plantearte de antemano los inconvenientes que pueden surgir. Supongo que si has decidido dar el paso o al menos empezar a informarte, es porque no albergas dudas con respecto a tus sentimientos. Tampoco creo que haya dudas respecto a los de él. El niño te quiere porque tú lo quieres. Por ahí no hay problema. Pero, ¿y una vez en España? ¿Qué vas a hacer con un niño negrito y quizá enfermo?
Ada se retorcía el pelo, nerviosa.
—No sé si voy a volver a España. Quizá algún día. Eso nunca se sabe. Pero no de momento.
—¿De verdad piensas quedarte a vivir en Malaui?
—Creo que cada día lo tengo más claro.
—No me lo habías dicho.
—Porque no lo sabía. O porque, si lo sabía, aún no lo había dicho en voz alta.
—Me sorprendes.
—¿Por qué? ¿Es que no me consideras capaz?
—Ya lo creo que te considero capaz, si es eso lo que has decidido hacer. Lo que pasa es que yo pensaba que no te iba a dar por ahí. Que para ti esto iba a ser una experiencia intensa y que luego te irías, como todos.
—Vaya.
—Mujer, no te lo tomes a mal. No era esa mi intención.
—Ya que hablamos de esto, quiero contarte una cosa, padre James.
—Venga.
—Estoy enamorada. De ese chico, Haxi, el auxiliar del centro de mal nutridos.
—Fíjate que me lo imaginaba. ¡Ah! ¡L’amour! —parodió el padre James—. Así que ese es el motivo de quieras quedarte en Malaui. ¿Qué quieres que te diga? A ver si te vas a meter en dos buenos líos.
—No sé si ese es el motivo exactamente. Supongo que influye. Pero no trivialices mis sentimientos, James. Creo que no tienes ni derecho ni razón para hacerlo. Sabes que aquí soy feliz. No sé bien por qué, pero aquí me siento yo misma. Amo este país. Amo a Haxi y amo a Joel. Y creo haber demostrado que soy una persona responsable, trabajadora y consecuente. ¿A qué vienen esas dudas, entonces, sobre mi capacidad para tomar decisiones?
—No te ofendas, Ada. Yo no dudo de ti, ya te lo he dicho antes. Pero te aprecio. Mi deber es señalarte los inconvenientes, hacerte tomar conciencia de la trascendencia de tus elecciones. ¿Qué quieres que te diga un pastor? Porque al fin y al cabo soy eso, un pastor protestante. Debo aconsejarte prudencia pero también valor y confianza una vez que hayas decidido. Y asegurarte que a mí me tienes aquí para apoyarte con mi amistad. Porque soy tu amigo.
El padre James suspiró.
—Sí, soy tu amigo y a lo mejor hubiera querido ser para ti algo más que un amigo —continuó—. Pero, ¿qué le vamos a hacer? Las cosas están bien como están y, desde luego, cuenta conmigo para lo que necesites, ya sea para el asunto de la adopción o como celebrante de boda.
El padre no podía evitar su guasa irlandesa ni en los momentos más serios. Ada le lanzó una mirada asesina.
—Perdón. Olvidé que tú eres atea, que el novio es católico y que yo soy un cura protestante. ¡Vaya batiburrillo!
Rieron a gusto.
—Ahora en serio. Cuéntame qué planes tienes —pidió él.
—No hay muchos planes, no creas. Es más una determinación que un plan. Seguir trabajando en Chipatala, adoptar a Joel, o por lo menos conseguir su custodia, y casarme, sí. Formar una familia aquí.
—¡Oh, Ada! Tu candor me enternece. ¡No, no! —se protegió con las manos de un fingido ataque de ella—. En serio, admiro tu valor. Porque será duro. Casi nadie va a entenderte. Pero a lo mejor te reporta muchas satisfacciones.
Ada y el padre James hablaron con las sisters acerca de Joel. Ellas se mostraron mucho más afectuosas y comprensivas de lo que Ada esperaba. Les informaron con eficiencia sobre trámites y requisitos y todos sus consejos fueron sensatos.
—Joel está muy bien integrado en el orfanato, en su casa, con Crista —le dijo Rosaura—. Pero nosotras sabemos cuánto lo quieres. Sabemos que vas a ser una buena madre para él. No tengas prisa. Haz como los malauíes: no te preocupes por el tiempo. Que el niño se vaya integrando en tu vida poco a poco. Ahora vienes a verlo los domingos. Llévatelo a tu casa en vacaciones. Llévatelo de vez en cuando y ve aumentando la frecuencia. Y ya iremos viendo. Y mientras tanto los papeles que sigan su marcha.
Ada experimentó un fuerte sentimiento de agradecimiento hacia ella. En un impulso le propuso dar un paseo por el huerto. El huerto de sor Juana. Ada le preguntó a Rosaura qué noticias tenían de ella.
—Allá está, en Caracas. Y luego la mandan a El Salvador, a otro orfanato. De maestra. Le hace ilusión. Pero nos echa de menos. ¡Han sido tantos años aquí! Y quizá no nos volvamos a ver nunca más. Nos escribiremos, pero no será lo mismo ¿Quieres ver a Juanito, el ternerito?
Fueron a ver al ternerito. El huerto estaba tan hermoso como siempre. El huerto más hermoso de Malaui. Sin saber muy bien por qué, en un extraño arranque, Ada se confesó con la hermana Rosaura:
—He pensado quedarme a vivir aquí, en Malaui. Y formar una familia.
—¿Con el padre James?
Claro, se dijo Ada. La pregunta tenía su lógica. Todo el mundo pensaba que había algo entre el padre y ella.
—No, no con el padre James. Con un chico de Chipatala. Un malauí.
Pero Rosaura no pareció sorprendida. Simplemente siguió preguntando.
—¿Y quién es ese chico? ¿En qué trabaja? ¿Es el que vino contigo un domingo?
Ada se lo explicó.
—¿Y estás enamorada?
—Mucho. Como nunca lo había estado.
—Pues adelante, hija, y que Dios te bendiga. Te extraña que no te sermonee, ¿verdad? Me imaginabas más carca. ¿Qué quieres que te diga? A mi edad y aquí, en África, se me ha partido ya tantas veces el corazón... El amor no es un sentimiento que pueda ignorarse, ni desdeñarse. El amor mueve montañas. Y si tú te has enamorado de un muchacho malauí no seré yo quien trate de disuadirte. Formar una familia es la misión más hermosa que una mujer puede realizar en este mundo.
—¿Es esta tu familia, Rosaura? —preguntó Ada señalando en derredor.
—Sí, esta es mi familia. Más grande que la que tú quieres formar. Y me proporciona muchos quebraderos de cabeza, tú lo sabes. Pero es mi familia. Y yo también la amo a mi manera. Hay que estar bien loca para venirse a África a cuidar de una familia que ni siquiera es la verdadera, quiero decir la biológica. ¿Cómo voy a criticarte, entonces?
Se separaron. Durante el regreso a Chipatala, Ada hizo balance de lo ocurrido aquel día. Ya sabía que podía contar con el padre James, pero le había sorprendido el apoyo de las sisters con respecto al asunto de la adopción y aún más la actitud comprensiva de Rosaura en lo tocante a Haxi. Bueno, no era exactamente en lo tocante a Haxi. Rosaura se había referido, sobre todo, a su deseo de formar una familia. Que ese proyecto incluyera a un malauí, era algo a lo que la hermana no había concedido demasiada importancia. No, Rosaura no la había comprendido. Simplemente se había dejado arrastrar por el tópico de la familia, de la entrega, de la abnegación. Eso era algo con lo que podía identificarse una monja. Pero Ada sabía que su relación con Haxi era más que todo eso. ¿Cómo hablarle a una monja de la pasión amorosa, del sentimiento erótico que ella experimentaba hacia él?
La estación de lluvias tocaba a su fin. Empezaba la recogida del maíz verde, de las alubias, de las calabazas... Pronto llegaría la Semana Santa y los niños del orfanato se irían de vacaciones a sus casas, a pasar unos días con sus parientes. Entonces Ada iría a buscar a Joel. Durante esos días tendría que acomodar su vida a las necesidades del niño. A ver cómo se organizaba. Ella tendría que seguir trabajando en el pabellón de mal nutridos. La solución sería buscar una canguro. Ada sonrió, pensando que aquella era una solución muy española. Quizá pudiese contar con Chilaya, la hermana de Haxi, que también tendría vacaciones en su escuela. Al fin y al cabo, la familia que Ada proyectaba la incluía a ella. Joel y Chilaya serían como hermanos. Bien, hablaría con ella... Poco a poco, ladrillo sobre ladrillo, Ada empezaba a construir su nueva vida.