Yo
Me arreglo frente al tocador, los sirvientes ya bajaron las maletas de Ian, dos días antes me notificó su regreso a Londres y la noticia golpeó mi pecho, sola otra vez, no es lo que quiero, el vacío es insoportable, esta vez no voy a soportarlo. Lo imagino en su habitación terminando de arreglarse después de haber desayunado, sé que está triste también, ¿soy yo la que debe decidir? ¿Qué hago aquí? Ya no tengo nada y no quiero seguir condenándome, necesito vivir y dejar atrás muchas cosas, no sé cómo pero debo hacerlo. Me encierro en el baño un momento, no debe notar que he llorado.
Bajo al salón más tranquila, él ya estaba esperándome sentado, lo noto antes de que me vea aparecer; tan guapo, tan formal, su pantalón de tela oscuro, su camisa celeste de botones que le realza más los ojos y su chaqueta azul marino encima de sus hombros que intenta cubrir el cabestrillo sumado a la perfección de su piel me hace suspirar, está triste también, las despedidas nunca son fáciles cuando entre los protagonistas hay sentimientos afines de por medio. Entro decidida al salón.
—Ian —lo saludo.
Se pone de pie al verme, me mira de pies a cabeza sin evitarlo, visto un pantalón de tela café y una blusa blanca de tejido de lana con cuello alto por el clima, calzo unos botines de cuero negro y estoy peinada con una cola completa a la nuca.
—Ivonne —responde al saludo.
—Perdón señorita —me dice una de las sirvientas—. Ya el equipaje del señor está en el auto, el chofer espera.
Asentí en silencio y él suspiró, los minutos avanzaban rápidamente sin detenerse para nosotros. Ella nos dejó.
—Nunca podré agradecerte lo que hiciste por mí —me dijo él acercándose a mí—. No sólo por todas tus atenciones y por el lujo que conllevaba sino porque me hiciste pasar unos días definitivamente inolvidables.
—Todo lo hice con mucho gusto —lo miré con valor—. Además eras mi invitado y no uno cualquiera, eres un gran escritor y un gran profesional, mereces un trato especial.
—¿Sólo por eso? —Se acercó más hasta acariciar mi cara—. Dime.
—Reconozco que al principio sí pero después…
Bajé la cara evitando ruborizarme, curvé mis labios.
—¿Después qué? —estaba tan cerca que no pude evitar poner mis manos en su pecho. Ya estaba entre sus brazos.
—Después nacía de mi corazón atenderte porqué… comenzaste a ser alguien diferente e importante para mí —le contesté decididamente.
—Tan importante como lo eres para mí —su nariz acarició la mía y yo comencé a temblar ante eso, cerré los ojos—. Ivonne eres tan especial que mi vida ya no será igual después de haberte conocido, ¿tienes idea de lo que esto será? No te puedo apartar de mi mente, estás en ella a cada segundo, te siento indispensable, no tengo idea del giro que mi vida tendrá ahora, no puedo ser el mismo como bien me lo dijiste, no sólo por la experiencia vivida sino… por ti, me enamoré Ivonne, con tu manera de ser hiciste que sucumbiera y me enamoré de ti sin poder evitarlo.
Lo último sonó como un susurro para luego besarme con fuerza, con su brazo libre me sujetó pegándome a su cuerpo, fue tan intenso que gemimos ante la sensación que deseábamos detener, nos saboreamos al separarnos.
—Ivonne… —suspiró para luego besar mi mano—. Te quedas con mi corazón, no puedo negar que te pertenece y por eso se queda contigo.
—¿El corazón de quién? —intenté sonreír—. ¿El del periodista o el del escritor?
—Ambos, tu encanto también subyugó al señor Hyde.
—Tengo una curiosidad —me mordí los labios por lo que iba a decir—. Cuando… nace el… deseo sexual al momento de escribir… ¿cómo lo haces? ¿Cómo Ian o como tu otro yo?
Sonrió y humedeció sus labios, lo hice ruborizarse, me gustó verlo así.
—Reconozco que como Ian puedo ser de una manera y como el señor Hyde de otra, el primero puede controlar sus deseos e impulsos, el segundo lo dudo.
—¿Es salvaje y apasionado? —evité estremecerme.
—Puede ser y sería un placer demostrártelo —susurró.
Mi cuerpo temblaba con solo imaginarlo, me saboreé.
—Espero llegue el momento —le hice ver.
Me miró y me besó la mejilla.
—El momento llegará cuando lo decidas y lo quieras —exhaló resignado—. Te estaré esperando por si decides viajar a Londres, espero que este tiempo te sirva para pensar y decidir qué hacer de ahora en adelante con tu vida.
—A pesar de todo soy afortunada Ian y de pensar ya me cansé, llevo años haciéndolo.
Caminamos hacia la salida, en el pórtico estaban todos los sirvientes alineados en la escalinata, él se extrañó al ver eso, creía que era demasiado protocolo para una despedida.
—No era necesario esto Ivonne —me susurró al verlos—. Yo no sirvo para esto, algo entre tú y yo nada más era suficiente. ¿O es que se alegran de que el huésped por fin los deje en paz? —sonrió.
—Ni lo uno ni lo otro —lo besé en la mejilla aferrándome a su brazo.
—¿Sabes que estás haciendo esto más difícil? Tu actitud está haciendo que desee quedarme contigo y dejé todo lo que soy. Me dominas Ivonne, separarme de ti se está volviendo un suplicio.
—No lo veas así, nunca permitiría que dejaras lo que eres.
—Pues me estás obligando a hacerlo —me miró con esos cristalinos ojos que el brillo del sol intensificaban más.
—Su bolso señorita —me dijo una de las sirvientas al entregármelo.
—Gracias.
—¿Y también pretendes ir al aeropuerto? No Ivonne, eso es más difícil aún, por favor sí lo haces no tendré el valor de subir, la voluntad que tengo comienza a dejarme por favor, al aeropuerto no…
—Al aeropuerto sí —volví a besar su mejilla.
—Que tenga un bien viaje señorita Ivonne —me dijo la cocinera cuando se secaba las lágrimas con su pañuelo—. Disfrute de su nueva vida, lo merece, nosotros cuidaremos bien todo y esperaremos su regreso a la Balcana.
—Gracias, eso espero —intenté sonreír, una nueva vida no era fácil, observé la imponente mansión y todo lo que había sido, en mi corazón mi hermana seguía ocupando el mismo lugar y siempre lo tendría.
—¿Qué significa eso? —preguntó Ian con asombro—. ¿Quiere decir que…?
—Que he decidido irme contigo Ian, necesito vivir y lo haré tomando unas vacaciones junto a ti. ¿Estás feliz?
—Más que feliz Ivonne —sonrió abiertamente—. No tienes idea de lo que esto significa para mí.
Me sujetó de nuevo y me besó intensamente frente a la vista de todos, no reparaba en demostrar sus sentimientos y eso me gustó, los sirvientes nos aplaudieron emocionados y juntos después de decirles adiós a todos bajamos las escalinatas y entramos al Roll Royce, el mismo que lo trajo era el mismo que ahora nos llevaba juntos.
—¿Y tu equipaje? —inquirió curioso pero feliz.
—Va junto al tuyo.
Me apretó la mano y después de besar mi dorso me besó en los labios de nuevo, el auto arrancó sacándonos de la Balcana.
Estando instalados en el jet de la familia y mientras la azafata nos ofrecía champagne él me atrajo a su cuerpo estando sentados en un cómodo sofá por mientras se ultimaban los detalles para el despegue.
—Aún estoy confundido Ivonne —dijo después de saborear la fría bebida—. Habías estado muy decaída después de lo sucedido con tu hermana que jamás me esperé que tomaras la decisión de venir conmigo, ¿por qué lo hiciste? Y así tan rápido, ¿Cómo hiciste todo? ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
—Tu instinto periodístico sale a flote otra vez, muchas preguntas ¿no crees?
—Tienes razón, discúlpame —sonrió besando mi sien—. Pero entiéndeme que estoy un poco confundido.
—Lo entiendo señor Harrington —lo besé con suavidad en los labios—. Está en todo su derecho de saber.
—Ivonne será mejor que no hagas eso cuando estemos solos —susurró.
—¿Hacer qué?
—Utilizar esa delicadeza y esa sensualidad que tienes, siento que el señor Hyde quiere liberarse.
—Mmmm… y presiento que será un placer conocer la pasión del señor Hyde, si es como escribe no me importará sentirme una de sus protagonistas.
—Y jura que vas a inspirarlo —me besó de nuevo—. Ambos Ian y Jeremy estarán a tus pies, uno para adorarte y el otro para complacerte, uno para amarte y el otro para hacer realidad todos tus deseos y fantasías.
—Ian no sigas —sonreí acalorada bebiéndome de un sorbo el champagne—. Aún falta para llegar, además el señor Hyde aún me debe sus firmas en mis libros, los traigo en una maleta.
—Te aseguro que su firma no sólo estará en tus libros —besó mi mejilla y luego se acercó a mi oído—. Sino también en todo tu cuerpo.
—¡Ian! —brinqué cuando dijo eso y él sonrió con picardía—. Mejor te diré lo que quieres saber —me repuse sintiendo que necesitaba ir al baño.
—Sí porque tengo mucha curiosidad —terminó de beber también.
—Obviamente después de lo sucedido no estoy muy bien como intento aparentar, pero no tengo otro remedio, nunca olvidaré lo que viví junto con Kate y aún después de lo que fui testigo, no me resigno pero a pesar de saber que ahora sí ya no volverá… —me detuve y respiré hondo, él acarició mi mano—. Reconozco que debo seguir con mi vida y no de la misma manera en la que la había vivido, estos días lo pensé con detenimiento y cuando me dijiste que te ibas y me devolviste la cadena… —lo abracé otra vez acurrucándome en su pecho—. No tienes idea de la inmensa tristeza que sentí por eso, lo pudiste notar cuando te devolví tu pañuelo limpio y me lo dejaste limpiándome las lágrimas con él, si lo de Kate me tenía muy mal lo tuyo fue la cereza del pastel.
—No fue fácil tampoco para mí —me correspondió besando mi cabeza—. No me resignaba a irme y dejarte, no quería perderte Ivonne pero tampoco podía ser egoísta y dejar que me escogieras sintiéndote mal por lo de tu hermana. Estaba decidido a darte tu tiempo aunque no estaba seguro de cuánto lo iba a soportar, si algo tengo muy claro es que cambiaste mi vida y ya no volverá a ser la misma es por eso que te quiero junto a mí, has vivido todo esto sola y aunque ya no corres ningún peligro quiero sentir que te protejo, quiero hacerlo Ivonne, quiero ser yo el que te proteja ahora.
—Y lo haces —suspiré—. No tienes idea del bienestar que me brindas, a pesar de todo por eso no podía permitir que te fueras y sintieras que no me importabas, además ese día que me dijiste de tu viaje por la noche después de haber llorado más soñé con Kate, hacía mucho que no lo hacía pero más que sueño siento que fue como una visión, la miraba hermosa, feliz y radiante con un delicado vestido blanco, venía bajando de una pradera descalza, parecía que había cortado las flores que traía en su mano, se acercó a mí y me dijo que no me preocupara, que ya no siguiera triste, que ella era muy feliz donde estaba, que era lo que quería y que junto a Harold estaría cuidándome, que rehiciera mi vida y que la viviera con el hombre que estaba a mi lado, o sea tú, que intentara olvidar todo lo malo y que siguiera adelante, incluso me pidió perdón por todo lo que me hizo pasar según ella —comencé a llorar otra vez haciendo una pausa.
—Tranquila preciosa —volvió a besar mi cabeza—. Está bien que sigas llorando, desahógate —me pegó más a él.
—Me dijo que me quería mucho y que siempre seríamos hermanas pero que el amor que había sentido con Harold era tan intenso y tan fuerte que por eso tomó la decisión que había decidido tomar, ella tampoco lo culpa por buscarla y por hacerle recordar y vivir lo que fue, dice que esa experiencia jamás la cambiaría y la volvería a vivir con gusto sólo por él porque vale la pena. “Soy feliz Ivonne, he estado con él y soy feliz con él, quiero estar con él, volver a él y quedarme con él, mi lugar es junto a él, es lo que quiero, así lo decido.” me dijo con esas palabras exactas, me pide que no lo odie por apartarla de mí, que fue lo mejor que hice, reunirlos era el anhelo de ambos y ahora están juntos como lo estuvieron y como lo estarán para siempre.
—Realmente estaba enamorada, eso no es otra cosa que amor de verdad.
—Lo mismo pienso.
—No soy religioso pero la verdad no entiendo, se supone que tu cuñado había hecho un pacto. ¿Qué la gente que hace eso no está en el infierno?
Me estremecí cuando dijo eso, no reparé en ese detalle.
—Pues no sé qué habrá pasado pero si Kate está en el cielo y él con ella… no sé cómo… no sé cómo se liberó. Hay cosas que no las sabremos Ian.
—Pues de lo que estoy seguro es que con el demonio no se juega ni tampoco se burla, mucho menos llegar a una negociación.
—¿Creí que esos temas no te interesaban? Me dijiste que no eras creyente —me separé de su pecho para verlo.
—¿Y crees que puedo seguir siendo incrédulo después de lo que me hiciste vivir? No verdad, no es que de ahora en adelante vaya a vivir metido en una iglesia pero… creo que no está demás… platicar con Dios de vez en cuando.
Intenté sonreír cuando dijo eso, al menos ya era algo de ganancia.
—Como sea Kate me tranquilizó —continué—. Hasta me dijo que no tuviera miedo de sentir alguna fresca brisa o tibia cerca de mí aun cuando estuviera en mi habitación y con las ventanas cerradas, me dijo que no tuviera temor si mirara las cortinas moverse o si sentía la presencia de alguien observándome, me dijo que sería ella junto con Harold que estarían cuidándome de todo lo malo, me pidió que no dejara de ir a su habitación para platicar con ella, que ella estaría allí para escucharme y que nunca me dejaría, que no piense que estoy sola, vi y escuché a la misma Kate con la que crecí, la que siempre me cuidaba desde pequeña y la que seguirá haciéndolo donde quiera que esté.
—Es que no estarás sola preciosa —me atrajo a él otra vez—. Yo también estaré contigo, me ataste a ti, no puedo dejarte Ivonne, ya no.
Me besó con suavidad y muy lentamente haciéndome vibrar, ambos tenían razón ya no estaba sola, un guardián en la vida y otro en el más allá supongo que es un privilegio.
—Lamentablemente hay cosas que quedarán en el aire —le dije después de suspirar y de saborearme—. La vida y muerte de la abuela, lo que le pasó en realidad al ama de llaves, lo que realmente hizo el broche o mi cuñado para lograr llegar hasta Kate, lo que realmente fue esa extraña experiencia de ella y más aún, el poder que inexplicablemente la conservaba dormida, todas las fechorías cometidas por Herber y la maldad de ese espíritu del que fuera el primer marido de Kate, tampoco sabremos los últimos momentos de Gustav y los secretos que se llevó a la tumba, ni el problema que tuvo con la abuela, sin contar a la tal Carmina que espero no me vuelva a dar otro susto.
—Son muchas incógnitas pero desgraciadamente son parte de la vida y a los seres humanos no le son reveladas todas las cosas, ni las sencillas ni las sobrenaturales, sólo nos resta aprender a vivir con lo que nos tocó y muchas veces sin hacer preguntas. Como periodistas sabemos que nuestro deber es saberlo todo, ahondar con persistencia pero a veces hay cosas que no se deben saber y permanecer ignorantes, por nuestro propio bien y por tener una vida tranquila. Sé que puede sonar contradictorio pero es la verdad.
Asentí y en ese momento la azafata nos dijo que ya todo estaba listo para despegar y que nos acomodáramos en los asientos individuales con el cinturón de seguridad al menos durante el despegue.
—Al menos no tuviste problemas para dejar la ciudad —me dijo él mientras yo le ayudaba con el cinturón—. La policía te dejó en paz en ese aspecto.
—Como sea tengo un prestigio y creo que lo respetan o al menos al apellido de mi abuela, me dijeron que en esta semana liberarán la orden para que mi camioneta regrese a la Balcana, el chofer se va a encargar de eso. Afortunadamente tenía mis documentos en orden y por eso puedo viajar, me voy con mi dinero propio no con el de la abuela, necesito desligarme de eso por ahora.
—Y yo intentaré ofrecerte una maravillosa estadía —besó mi mano—. Por ahora lo más importante para mí es que te tengo conmigo, que accediste venir a Londres y que ahora seré yo quien te consienta.
—Y sé que lo harás, sé que me vas a ayudar a olvidarme un poco de todo.
—Ivonne… —noté que se detuvo y pensó para seguir hablando—. El abogaducho ese dijo que sabía el propósito de la visita de Gustav cuando habló con nosotros y eso me pone a pensar… ¿Cómo supo lo que hablamos? Todos estos días me he quebrado la cabeza pensando y sólo tengo dos respuestas.
—¿Cuáles? —me asusté.
—Que tenía algún aliado dentro de la mansión o que… el espíritu del primer marido de tu hermana se lo dijo.
Me llevé una mano a la boca, eso no lo había pensado y reconocía que lo primero me daba más miedo que lo segundo.
—No había pensado en eso Ian, pasé por alto eso con tantas cosas…
—Incluso creo firmemente… que alguno de los dos para terminar con lo que ese hombre comenzó quiso asfixiarnos encerrándonos en el mausoleo.
Realmente comenzaba a asustarme, creí que sólo Kate y yo conocíamos ese pasadizo secreto pero era obvio que Herber también y sólo esperaba que nadie más aparte de Ian lo supiera, sólo esperaba que ese hombre no se lo hubiera dicho a nadie más.
—Creo que… deberemos investigar ese suceso —opiné evitando mostrarme temerosa.
—Tranquila, por ahora estás conmigo y pronto lejos de este lugar, ya con tiempo investigaremos a los sirvientes de la Balcana para poder esclarecer este asunto.
Sabía que él pensaba lo mismo que yo, era más peligrosa su primera hipótesis que la segunda y en el momento agradecí salir de la mansión y estar con él. Era posible que las cosas extrañas no terminaran de pasar y la tensión volvió a mí pero tampoco podía señalar a uno o varios sirvientes si el culpable era un fantasma chismoso.
—Ya no pienses en eso, discúlpame —insistió notándome—. No debí mencionarte nada, no ahora que comenzaremos una nueva vida en Londres.
—Debo decirte que por ahora no vamos a Londres, cambié de planes.
—¿Cómo? —me miró con asombro.
—Así es señor Harrington —me abroché mi cinturón e intenté olvidar lo que me acababa de decir—. No sé porque tengo el inmenso deseo de ir más al sur, quiero conocer y sentir ese encanto sureño.
—¿A qué te refieres?
—Que ya que tienes unos días más libres debido a tu estado… he decidido que pasemos un par de días en la bella Nueva Orleans.
—¿Decidiste? —sonrió—. ¿Y dónde queda mi opinión?
—Creí que tu voluntad era mía —lo besé con suavidad—. ¿O me equivoqué?
—Creo que hablé de más y ahora te vas a valer de todas mis debilidades hacia ti —susurró saboreándose.
—¿Y eso es malo? —acaricié su cara.
—Ivonne… —cerró los ojos mordiéndose los labios—. Si sigues así no voy a responder por lo que pase, ardo en deseos de tenerte y no tienes idea del control que debo ejercer para aplacarme, me tienes en tus manos así que por favor... apiádate de mí.
Lo besé de nuevo sintiendo que el jet ya avanzaba hacia la pista, pronto estaríamos en las nubes.
—Prometo entonces ser benévola señor Harrington —mordí con suavidad su labio inferior—. En Nueva Orleans podrá obtener todo lo que quiera, inclusive más material de índole paranormal para que rebose al escribir. Sus lectores del periódico quedarán muy complacidos de su experiencia en América.
—Pues si me promete todo eso señorita Helderg no me queda más remedio que ponerme a su entera disposición. Soy todo suyo y haga de mí lo que quiera.
Sonreímos y al sentir que ya habíamos despegado acomodé mi cabeza en su hombro, me abracé a su brazo libre y entrelazamos los dedos.
—No tienes idea de lo que significas para mí Ivonne —suspiró poniendo su cara en mi cabeza—. Así que te advierto desde ahora que creo que voy a secuestrarte y no permitir que regreses a América, te quiero conmigo, sólo conmigo.
Volví a sonreír y cerré los ojos.
—¿Quieres que vivamos juntos? —susurré.
—Lo deseo con toda el alma, una vez que te tenga dudo mucho que me sacie de ti.
Sonreí haciendo que me ruborizara y nos besamos otra vez, queríamos disfrutarnos, conocernos, convivir y experimentar juntos muchas sensaciones que deseábamos descubrir.
Aún no tenía claro lo que iba a hacer con mi vida pero estaba segura que el tiempo que pasara con él tanto en Nueva Orleans y en Londres me iba a ayudar para tomar decisiones en cuanto al futuro. Total ¿Qué es la vida sin tomar riesgos y aventurarse? De eso se trata vivir y había decidido hacerlo con intensidad y junto a él.