El Adiós

Tres días después Ian salió del hospital y volvió a la Balcana, yo misma intenté cuidar de él mientras estuvo recibiendo los cuidados que necesitaba en el centro médico, no me separaba de él hasta saber que estaría bien y por fin le dieron de alta. La transfusión que recibió más todo el medicamento lo fortalecieron y eso me dio tranquilidad.

Estando en su habitación le acomodé las almohadas para que se acostara, usaba cabestrillo y unas cuantas banditas en la cara, a mí no me importaba verlo así pero a él parecía no hacerle gracia.

—La verdad quisiera caminar un poco más, no quiero más cama —dijo evitando refunfuñar cuando se sentaba en la cama.

—Acabas de salir de un hospital y necesitas reposo, una transfusión ayuda mucho pero al principio debilita.

—La verdad no tengo conciencia de nada —exhaló mientras subía las piernas a la cama—. Pero lo que más agradezco es que ese cerdo no te hiciera nada, aunque no fui yo quien te salvó… agradezco que ese asunto acabara.

—Yo lamento mucho que fueras tú el que pagara, no era justo, yo no pude prever esto, debí hacerlo antes de enviar por ti, estaba poniendo tu vida en riesgo, creo que como periodistas lo hacemos pero esto que pasó no voy a perdonármelo, si no hubieras sobrevivido a un disparo certero…

Me tapé la boca y cerré los ojos, no podía ni siquiera imaginarlo.

—Ivonne no te sientas mal por esto —me sujetó la mano y me miró—. Yo hubiera querido hacer más y el no hacerlo… me hace sentir mal.

—Hiciste lo que pudiste y lo que menos hubiera querido es que… pasaras por esto, Ian verte herido fue lo peor para mí, por favor perdóname, por mi culpa pasaste por esto.

—Ivonne no tienes que pedirme perdón —se acercó a mí quejándose un poco por la herida del hombro—. Eso no lo hagas por favor, de haber acabado yo mismo con todos esos malnacidos y haberte salvado personalmente del cerdo ese hubiese sido mi satisfacción sin importarme si después hubiera tenido que hacerles compañía, con gusto daría mi vida por ti —acarició mi cara.

—Casi lo hiciste.

—Pero ese casi no me convence.

—¿Y esto?

En un impulso lo asalté, lo besé por primera vez con el cuidado de no lastimarlo, las heridas en su cara y en su misma boca estaban frescas pero no me importó y a él tampoco, me correspondió como quise, lenta y suavemente lo disfrutamos, con cuidado sujeté su cara y él a su vez la mía, no queríamos que terminara, no queríamos separarnos, no queríamos dejar de sentir la agradable y excitante sensación que al menos a mí me hizo estremecer cada rincón de mi cuerpo. A pesar de los golpes sus labios eran suaves como lo imaginé.

—Esto puede que sí —susurró saboreándose.

Sonreí mordiéndome los labios.

—Perdón por mi arrebato, no sé que me impulsó… no sé por qué lo hice, ¿te lastimé? —no dejaba de acariciar sus heridas.

—No para nada —sonrió sin dejar de mirarme—. Puedes tener esos arrebatos cuando quieras, me gustan esa clase de impulsos y de tu parte rogaba por ellos. ¿De verdad no sabes por qué lo hiciste?

No podía engañarme ni engañarlo, la respuesta era muy obvia.

—Sí lo sé —le confesé—. Teniéndote cerca… mis impulsos son inevitables.

—Pues espero muy ansioso que puedan darse muy seguido —suspiró.

—Prometo controlarme, lo que pasó… —insistía en buscar una excusa pero mis comentarios ni yo misma me los creía.

—La respuesta es muy sencilla —acarició mi perfil—. Pasó porque lo deseabas y yo también, ambos lo deseábamos.

Sonreí y bajé la cabeza, ya había dado un primer paso pero ahora faltaba otro, el más difícil y pensar en eso me entristeció.

—Ivonne… —me notó y sujetando mi barbilla me hizo verlo—. ¿Te arrepientes de tu impulso?

—No, no es por eso, no te preocupes, es sólo que… él cumplió y ahora debo hacerlo yo —exhalé con tristeza.

—Ivonne… me siento en un éxtasis por lo que acaba de pasar y no quiero que esta sensación se desvanezca porque me siento muy afortunado pero sé que hay algo más importante y te entiendo —se reclinó en la cabecera—. Aún no me has dicho que fue lo que pasó exactamente, la nota del periódico… no dice mucho y haber estado varias horas inconsciente hace que sienta como si todo hubiera sido un sueño, salvo por la evidencia de mi condición que obvio no puedo ocultar.

Leer un encabezado que decía: “La heredera de los Zhariskopoulus se salva misteriosamente de un posible secuestro por parte de su propio abogado” hizo que la gente se cuestionara más lo que me había pasado, el asunto era la comidilla en la sociedad de la ciudad y para colmo obviamente no se creían del todo el cuento.

—Cuando vi que te dispararon sentí que el corazón se me detuvo —comencé a decirle.

—Y yo que el mundo entero me caía encima porque no pude defenderte, saber que ese perro iba a abusar de ti y yo sin poder moverme hizo que la desesperación martillara en mi subconsciente y me atormentara.

—Pero afortunadamente no logró hacerme nada, reconozco que sentí terror, mucho y sabía que no iba a poder escapar porque me sometió pero cuando Harold intervino… por alguna razón me sentí aliviada aunque supiera lo que iba a hacer, él me dijo que lo iba a quitar de en medio y lo hizo, se lo merecía, sé que Harold le hizo ver y sentir el infierno antes de enviarlo a él, Herber gritaba como si se estuviera quemando, no sé qué fue lo que Harold le hizo pero lo mató, el informe del forense dijo que un fulminante ataque cardiaco le quitó la vida pero yo sabía que no había sido eso, o tal vez sí debido al susto, no lo sé. El tipo que te disparó murió por las fracturas que sufrió, otro que te golpeó aún está en el hospital y es obvio que la prisión le espera después y los otros dos… quedaron muy mal de la columna y por eso usarán sillas de ruedas el resto de su vida purgando una condena en prisión porque lo que dijeron sobre lo sucedido no convenció a las autoridades para que fueran llevados a una clínica psiquiátrica además uno de ellos confesó haberle dado muerte a Gustav por órdenes de Herber.

—¿Y tú qué le dijiste a la policía? —acarició mi mano.

—La policía supo que estaba muy mal de los nervios, tanto que casi hacen que me atiendan en un sanatorio, me encontraron protegiendo tu cuerpo y por ende llena de tu sangre, me revisaron pero no estaba herida sólo… mentalmente un poco indispuesta como para pensar con claridad.

—¿Y cómo lidiaste con ellos?

—No pude hacerlo en el momento, los médicos que te atendían me atendieron también y pedí que no me separaran de tu lado así que regresamos a Richmond en la ambulancia, la policía con los demás hicieron el levantamiento y el decomisado de los vehículos incluyendo el mío propio. Igual me pidieron no salir de la ciudad y acudir a dar las declaraciones cuando se me llamara porque yo soy la única testigo de todo lo sucedido.

—¿No te has preguntado cómo es que la policía llegó al lugar?

—Sí, si lo hice pero…

—Fui yo, aprovechando que el tipo que me había golpeado en el estómago me hizo caer al suelo y el cerdo ese hacía planes contigo, disimuladamente me sobé el costado haciendo que escondiera mi mano en mi chaqueta lo que me sirvió para buscar mi móvil y marcara el 911 de memoria rogando a Dios haber oprimido las teclas correctas, luego lo puse en audio exterior para que el operador pudiera escuchar todo, fue en ese momento cuando yo intenté salvarte y luego cuando me dispararon. Ese fue el detonante para que se alertaran y gracias a Dios dio resultado, sabía que sólo era cuestión de tiempo.

—Entonces si eres un héroe y muy ingenioso, tú usaste tu inteligencia y Harold… lo que sea que haya hecho, ambos hicieron lo suyo.

—Pero él más que yo.

—Si no hubieras hecho eso ni la policía ni los médicos hubieran llegado y posiblemente con lo que me quedaba de fuerzas… no hubiese sido suficiente para salvar tu vida, perdiste mucha sangre para haber sido un roce.

—Pero afortunadamente ya pasó y al menos la policía te dejó en paz y debido a esto me dices que diste parte avisando a mi trabajo en Londres y ahora estoy con quince días de incapacidad, más una cantidad para reembolso de mis gastos médicos que ha sido depositada a mi cuenta. Creo que ha sido una ganancia después de todo, aunque algunos no crean lo que dice el diario otros sí y no es novedad que los asaltos y secuestros frustrados se lleven a cabo y al menos en mi trabajo si creen que fui víctima de un asalto y agradecen que salí vivo de la experiencia, por favor necesito que me proveas de toda la documentación del hospital para devolverte hasta el último centavo.

—No, no es necesario.

—Claro que sí, hiciste que me llevaran a un hospital privado y me dieran toda la prioridad.

—Era tu vida. ¿Qué esperabas?

—Sí pero…

—Nada de peros, no vas a reponerme nada, no cuando todo esto te pasó por mi culpa.

—Ivonne no fue tu culpa.

—Técnicamente si lo fue, Herber me lo hizo ver, si no te hubiera llamado…

—Las cosas hubieran sucedido tarde o temprano sin que cambiaran y al menos agradezco haber estado todo este tiempo junto a ti.

—Pero expuse tu vida.

—Ivonne —se acercó a mí de nuevo—. Todo esto iba a suceder de una manera u otra, ese hombre sabía muchas cosas y sólo estaba esperando el momento justo para atacarte, tú misma escuchaste todo lo que dijo, de haber venido yo o no estoy seguro que siempre hubiera llevado a cabo sus planes. Lo noté desde la primera vez y deduje por la manera en que te trataba que no sólo buscaba tenerte confiada en sus manos sino también algo más, su mirada lasciva decía todo, la verdad pienso que se tardó demasiado en actuar, en cualquier momento pudo haberte atacado aún bajo este mismo techo.

Debía reconocer que Ian tenía razón, Herber se tardó demasiado y yo fui demasiada tonta y confiada también, aunque seguramente era eso lo que lo mantenía tranquilo.

—Debí seguir fingiéndome tonta, eso lo tenía tranquilo.

—Él sólo estaba ganando tiempo nada más, reconozco que no era tan tonto sino muy sagaz, de nada valía retrasar más las cosas, estabas en peligro Ivonne, no sólo hubiera abusado de ti de cualquier manera sino que también tus minutos estaban contados, tu vida estaba en peligro. Escuchaste lo que dijo sobre la herencia de tu abuela, él se deshizo de tu hermana porque sabía todo, no me extrañaría que algo haya tenido que ver con la muerte de tu abuela y la próxima eras tú, él quería quedarse con todo el dinero, era su sed por sus intereses y la ambición lo único que lo movía.

—Al menos su viuda está más tranquila aunque no quiera saber nada de mí.

—No le hagas caso a eso, deja que piense lo que quiera.

—No puedo, el saber que su marido quiso abusarme la puso furiosa, dijo que era una mentira y que la culpa era mía por provocarlo, no le importa saber que fue él el que nos asaltó con todo y matones, sólo captó lo primero y eso me ofende.

—Lo mejor será que dejes este lugar al menos por un tiempo, no puedes quedarte aquí, ¿vendrás conmigo?

—Primero debo hacer algo, ¿lo olvidas? Debo tener la certeza de que… Kate…

No quería pensarlo, no estaba preparada pero ya nada más podía hacer, debía cumplir mi promesa a Harold porque me guste reconocerlo o no, su pronta ayuda nos salvó.

—Pero no lo harás sola, prométeme que no lo harás sola, quiero estar contigo.

—Pero necesitas reposar.

—Puedo caminar, tengo las fuerzas.

—¿Tienes alguna idea de lo que tengo que hacer?

—Creo que sí y es la única manera, ¿lo hacemos mañana?

—¿Mañana? —no podía asimilarlo.

—No tiene caso postergarlo, sabes que es inevitable, sé que es tu hermana la que está de por medio pero ya nada más se puede hacer.

—Yo todavía ruego por un milagro.

—No te engañes Ivonne, aunque así fuera sabes bien lo que ella desea y obviamente no desea estar en esta vida, no sin él, aunque la vieras aparecer por esa puerta sabes lo que ella te pediría, ¿lo sabes verdad?

—Es doloroso Ian, no tienes idea de cuánto, todas las noches he rogado por ella y por su regreso aunque sé muy bien que no quiero verla muerta en vida, la vi así unos días cuando despertó y no quiero volver a verla así, es mi hermana y la quiero mucho, quiero verla feliz, quiero saberla feliz.

—¿Aunque sea a costa tuya?

—He sido egoísta, creo que ya no puedo seguir siéndolo.

—¿Mañana entonces?

Lo miré sin estar segura, me estaba contradiciendo y era ilógico.

—Mañana —asentí y suspiré.

Besó mi mano y sonrió. Lo dejé descansar, el medicamento que le habían inyectado a través del suero en el hospital lo tenía con sueño. Ese día preferí pensar con claridad lo que tenía que hacer, sólo unas horas me separaban del desenlace y como Ian me dijo, ya era algo inevitable y no tenía caso posponerlo.

Después de cenar con él en su habitación y de compartir algunas impresiones que había escrito me despedí para dejarlo descansar más. Me encaminé a la que fue la habitación de Kate y sacando el alhajero lo abrí y lo miré, exhalé y me senté un momento en el sillón.

—Tú ganas Harold, ya no puedo retrasar esto, tú cumpliste tu parte y mi deber es cumplir la mía, mañana por la mañana tú tendrás lo que quieres aunque a mí se me desgarre el alma.

Me levanté y salí, me dirigí a mi habitación y puse la caja en mi tocador, lo seguí mirando.

—Aún no tengo claro quién eres pero tu amor por mi hermana es innegable aunque me parezca más una obsesión pero si ella te amó sus razones habrá tenido, por lo demás te agradezco lo que hiciste por mí, si no hubieras intervenido… —sacudí la cabeza con sólo imaginarlo—. Gracias, es todo lo que puedo decirte.

Sentí una suave brisa entrar por la ventana, ondeó las cortinas, me acerqué y al sentir un poco de frío la cerré, me preparé para desvestirme y meterme a la cama. Por alguna extraña y tonta razón sentía que él iba a velar mi sueño y protegerme esa noche, mi miedo por él se había ido y más que un ente posesivo y agresivo quise pensar que nunca jamás me atacaría, al contrario, su estatus “sobrenatural” podía protegerme aún más de lo que lo había hecho, sin duda un peculiar aliado del que no todos los seres humanos disponen.

Sin saber por qué, dormí tranquila.

Después del desayuno Ian me acompañó a mi habitación para poder ayudarme a tener el valor de hacer lo que tenía que hacer.

—Veo que ya tienes el broche —me dijo al observarlo en su estuche.

—Lo traje desde anoche, durmió conmigo.

—¿Cómo? —me miró incrédulo, me mordí la uña de mi pulgar.

Por la expresión de su cara pude deducir muchas cosas así que debía aclarárselas.

—Vamos, pregunta —le hice ver.

—¿No te hizo nada? Quiero decir, el fantasma de tu cuñado no intentó asustarte o amenazarte.

—No, no me hizo nada, al contrario, por alguna extraña razón siento que me protege.

Ian seguía mirándome sin entenderme, sabía que más que intrigado estaba celoso.

—¿Y no sentiste nada más?

—¿Cómo qué? —buscaba las llaves de mi auto, no la Tucson que todavía estaba decomisada sino mi Tercel modelo de finales de los 90´s con el que terminé de estudiar y me sirvió en mi trabajo.

—Quiero decir que si no… intentó…

Me giré para verlo frunciéndole el ceño, no estaba segura de lo que quería decir.

—Ian no sé qué intentas decir pero te recuerdo que Harold está locamente enamorado de Kate no de mí, es a ella a la que quiere.

—Sí discúlpame es que… soy hombre y…

—¿Estás celoso? —levanté una ceja.

Ian exhaló y me bajó la mirada. Me acerqué a él.

—¿No te parece el colmo que tengas celos de él? —sujeté su cara.

—No puedo evitarlo, yo no pude hacer nada para salvarte, él sí, su oportuna intervención…

—Te dije que ambos hicieron lo suyo, además él lo hizo porque me necesitaba, tenemos un trato y él lo cumplió, sabía que iba a encargarse de Herber y lo hizo, ahora me toca a mí.

Bajé la cabeza, el momento se acercaba y no podía evitarlo, deseaba que Kate apareciera por esa puerta y me dijera que estaba bien, que iba a regresar para quedarse y seguir con la vida que le había tocado en este tiempo pero sabía que era imposible, ella no lo deseaba, lo único que quería era estar con él también, juntos y siempre.

—Lo siento Ivonne, discúlpame —me levantó la cara—. Sé que sufres por esto, sé que es inevitable pero no estarás sola, aquí estoy contigo para apoyarte y para ayudarte a sobrellevar esto.

—Lo sé —respiré profundo—. Así que ya no tiene caso seguirnos atrasando, al mal paso darle prisa.

Me besó con suavidad y pegó su frente a la mía, suspiró junto a mí. Tomé la caja y lo saqué, miré el broche por última vez y sin querer lo acaricié, fruncí el ceño y apreté la mandíbula, lo metí en la bolsa de mi chaqueta y salimos de mi habitación, era hora de terminar con todo.

Manejé hasta el mausoleo, callada, melancólica, triste y él respetó mi silencio, me acercaba al desenlace de la historia, a un final para el que no estaba preparada, todas mis esperanzas las había perdido, nunca más volvería a tener a mi hermana, nunca más la volvería a ver, ni hablar con ella, todo iba a terminar en unos cuantos minutos y mi conciencia comenzaba a pesarme. Sabía que pasaría mucho tiempo para que volviera a sentirme bien, lo que estaba en mis manos era lo peor que podía tener, era una decisión de tanto peso que haría que viviera el resto de mi vida… con remordimientos.

Llegamos, bajamos y entramos, exhalé, mis piernas temblaban, sentía un enorme peso sobre mí y deseaba que ocurriera el milagro que me detuviera pero nunca llegó. Cuando tenía que bajar a la cripta me detuve un momento apoyándome en la pared.

—¿Estás bien? —Ian me sujetó.

Negué, sentía que me faltaba el aire.

—No me siento bien —contesté—. Siento el peso de una roca sobre mí, esto es muy pesado, no puedo con esto.

—Eres fuerte Ivonne, sé que podrás hacerlo.

—Es que debo hacerlo aunque no quiera.

Levanté la cabeza y respiré hondo, seguimos avanzando y cuando vi su tumba mis lágrimas comenzaron a caer, sabía que estaba allí aunque no estaba muerta pero faltaba poco para que lo estuviera de verdad y era algo que ya no soportaba, era como caminar con el fango hasta las rodillas, como si las arenas movedizas me hundieran, cada paso que daba me pesaba más como si cargara algo en mis piernas y espalda que hiciera mi paso más lento para acercarme a ella.

—Ya estamos aquí —exhaló Ian—. Sé que es difícil para ti pero es hora de dejarla ir y decirle adiós.

Lloré sin poder controlarme, lo que me pasaba no podía soportarlo, ¡era mi hermana por Dios! Tener su situación en mis manos era algo con lo que no podía, mis ruegos no serían escuchados, ella no despertaría para darme el consuelo de detenerme, no abriría sus ojos, ella no me daría esa oportunidad, lo que yo iba a hacer me marcaría para siempre.

—Dios por favor —rogué con la poca fe—. Haz el milagro, dame una señal para detenerme, por favor…

Mis lágrimas caían sin parar, Ian me abrazó y besó mi sien.

—Ivonne… —susurró en mi cabeza, suspiró haciéndome sentir su tibio aliento.

—Es la última vez que la veré Ian, ya no podré volver a verla.

—De eso se trata pero la recordarás, es un paso difícil y un trago amargo pero es la ley de la vida y la naturaleza, nacer, vivir y morir es lo que todos debemos hacer, esa es la ley de todo ser vivo.

—Pero no es justo, no así…

Me limpió las lágrimas y me acercó más a la cripta.

—Es hora Ivonne, deja a tu hermana ser feliz con él, sé que ella siempre estará contigo y donde quiera que esté velará por ti.

Mi cabeza y cuello se negaron a asentir, apreté los labios, no había ningún consuelo para mí. La quería viva y a mi lado, no muerta, no era su tiempo, estaba en la mejor edad y en la mejor etapa, no era posible que todo acabara así. Ian intentó mover la pesada tapa para desvelar el féretro pero le era imposible.

—Ivonne… ¿Me ayudas? —me miró—. Sólo me sirve un brazo y esto es muy pesado.

Me acerqué y le ayudé del otro extremo, quitamos parcialmente la tapa y a su vez quité la seda púrpura para verla así por última vez.

—Kate, Kate… —repetía entre lágrimas—. Hermana despierta…

Seguía en su sueño profundo, la contemplaba por última vez como era, abrí el ataúd, un suave olor a lavanda se sintió.

—Es sorprendente —murmuró Ian—. Definitivamente esto es algo asombroso, creí que el aire del ambiente… creí que el vaho… no creí que se pudiera abrir sin que algo pasara.

—Lo que tenga que pasar pasará ahora —susurré sin detener mis lágrimas, besé la fría y pálida piel de la frente de Kate y con el poco valor que tenía coloqué el broche entre sus manos, me aparté de ella—. Adiós querida hermana.

Lo que pasó después sólo con los efectos de películas se podía ver; rápidamente pasó de estar pálida a morada, los pómulos y ojos se hundieron, la piel se adhirió al hueso para mostrar una figura esquelética y grotesca, en segundos el cuerpo comenzó a descomponerse y el hedor putrefacto a sentirse. Con horror me llevé las manos a la boca.

—¡Ivonne apártate! —Ian me sujetó—. ¡No sigas mirándola! ¡No vas a soportarlo!

La piel comenzaba a abrirse y a mostrar carne y esqueleto.

—¡No! ¡No! —grité horrorizada ante la escena, la piel se abrió por partes y pequeños gusanos comenzaban a aparecer en el cuerpo—. ¡Nooooo!

Mis gritos hacían eco por todo el lugar, Ian me abrazó con fuerza enterrando mi cara en su cuello para que no la siguiera mirando.

—¡Ivonne no la veas!

Nos hincamos en el suelo, no soportaba lo que pasaba.

—¡No! ¡No! ¡Kate! —gritaba con llanto desgarrado.

—Debo cerrar esto —Ian se acercó y cerró la tapa del ataúd ante la hediondez que se sentía, la cubrió con la seda púrpura para que no pudiera seguir mirándola—. Ivonne ¿dime cómo cierro esto?

Ian evitaba vomitar, con el brazo que usaba el cabestrillo como pudo lo levantó para sostenerse un pañuelo en su boca y yo sin poder hablar por el shock sentada en el suelo sólo le señalé los cuatro seguros con lo que el ataúd se cerraba completamente de manera hermética, estaban como los puntos cardinales y al encontrarlos bajó los seguros y los giró para poder cerrarlo y evitar que la putrefacción nos intoxicara, ágilmente se movió a pesar de tener sólo un brazo bien.

—Ivonne ayúdame a cerrar la tapa de la cripta —me pidió—. Esto es muy pesado y no puedo hacerlo solo, la herida me puede volver a sangrar y dado el caso y el ambiente puedo adquirir alguna infección, por favor reacciona y ayúdame.

A pesar de mi shock entendí lo que dijo y me levanté, entre los dos cerramos de nuevo la tumba, el hedor cesó pero no mucho, en ese momento se escuchó un portazo que nos asustó y ambos volvimos la vista hacia la puerta que nos daba acceso a la cripta. Ian corrió a verla y al empujarla no pudo abrirla.

—¡Ivonne estamos encerrados! —exclamó intentando abrirla sin tener éxito—. Alguien nos encerró y si no salimos esta putrefacción será un monóxido que nos va a intoxicar si no salimos de aquí.

“Insisten en querer matarnos” —pensé asustada—. “¿Pero ahora quién?”

—¡Ivonne reacciona por Dios! —me gritó para hacerme entrar en razón, la imagen de Kate me tenía trastornada.

—¿Qué?

—¡Estamos encerrados! —repitió.

Las llaves las tenía yo así que me acerqué a él y probé abrir.

—No se puede, algo pasa que la cerradura no quiere ceder —le dije exasperándome.

—Vamos a asfixiarnos aquí, en poco tiempo no podremos respirar, el bajío de tu hermana… —Se tapó la boca con el antebrazo, comenzaba a ponerse pálido y a sudar más.

—Saldremos por otro lado —saqué la llave y bajamos de nuevo.

—¿Por dónde? —me siguió.

Cerca de la tumba de Kate había un candelabro en la pared, lo jalé hacia mí y desabrochó la cerradura interna, una ranura en la pared se abrió para desvelar una estrecha puerta.

—Vamos —lo llevé conmigo.

Ante su asombro salimos por allí, volví a cerrar y nos preparamos para caminar por un largo y oscuro tramo de túnel que apenas era alumbrado por la claridad exterior. Arriba del túnel estaban unos círculos de cristal a varios metros de distancia uno con otro que en la grama externa era simples adornos, pero que obvio daba la poca claridad al interior para mostrar un camino oculto entre el mausoleo y la Balcana.

—Cuando me hablaste de esto insistía en creer que era una broma —Ian sacó su móvil para con la linterna del mismo alumbrarnos más.

—Este es el pasadizo por el que… —me limpié las lágrimas—. Por el que ella iba a poder volver a la casa, es por eso que ni siquiera estaba descalza.

—Lo siento Ivonne —me tomó de la mano para que camináramos así—. Como hijo único no conozco la complicidad entre hermanos, sólo puedo ayudarte con mi compañía y apoyo si la necesitas.

Asentí y me pegué a él, acurruqué mi cabeza en su pecho mientras sollozaba, besó mi cabeza y abrazados seguimos caminando. El oxígeno era escaso pero el camino más corto y logramos salir, al final del túnel había una antigua puerta de madera, la abrí y salimos a otra cueva más grande, pudimos respirar un poco más, caminamos unos cuantos metros y la claridad nos indicó que ya estábamos afuera. Apartando unos cuantos arbustos que escondían el lugar salimos a un montículo en las afueras de la Balcana, justo cerca del manzano, el lugar estaba rodeado y a la vez cubierto por muchos arbustos de ciprés y algunas rocas a manera de ornamento, salí primero y verifiqué que no hubiera nadie alrededor, luego salió él, respiramos el aire puro y nos sentamos un momento en la grama, la parte trasera de la mansión se veía a unos cuantos metros.

—Por fin un poco de aire fresco —exhaló con alivio.

Yo seguía limpiándome las lágrimas, me miró.

—Toma mi pañuelo —lo sacó de su pantalón y me lo ofreció—. No sólo se te ha corrido un poco el maquillaje sino que tienes un poco de tierra en la cara.

Arrugué la frente y aceptándolo me limpié un poco la cara, el blanco pañuelo quedó negro de todo el sucio que me quité, me apené.

—Gracias —susurré en mi desconsuelo.

Él seguía mirándome y yo no sabía que más hacer a partir de ese momento, ver lo que le había pasado a Kate era una pesadilla que me iba a perseguir siempre.

—Ivonne lo siento —sujetó y apretó mi mano intentando darme ánimo—. Hubiera dado lo que fuera con tal de que no pasaras por esta terrible experiencia, sé que va a marcarte para siempre, pero debes intentar olvidar por imposible que parezca. Sé que me contradigo porque ni yo mismo podré olvidar algo así, esto que acaba de pasar… no sólo podrá hacernos tener pesadillas sino que definitivamente no tiene ninguna explicación salvo darse cuenta y constatar que existen cosas raras, sobrenaturales e increíbles a nuestro alrededor que pueden hacer creer hasta al más incrédulo ser humano, de las cosas que fui testigo puedo dar fe fielmente y es por eso que jamás se olvidarán.

—Ella se fue —susurré sollozando—. Por fin se fue, yo… la maté.

—No Ivonne, no la mataste —se acercó a mí y me sujetó la cara para que lo mirara—. Esto no es culpa tuya, tomaste una decisión difícil orillada por las circunstancias, no quiero creer que ella podía haber despertado y no quiso, lo que has pasado… ha sido una situación muy difícil y muy delicada, sobrellevar este enorme peso y sola te hace admirable, yo te admiro por eso, fuiste muy valiente pero ya no podías seguir así, vivías una vida a medias, mitad medio viva y mitad medio muerta, soportaste demasiado Ivonne, no sé cómo pudiste hacerlo y eso demuestra tu entereza y al menos yo me siento orgulloso de ti.

Lo miré sintiendo que sus palabras eran como un bálsamo, como un suave rocío, pero no tenía cabeza para procesar nada sólo la dantesca imagen de mi hermana cuya belleza fui sustituida por un poder que pudrió su cuerpo en minutos. Sabía que podía pasar pero nunca estuve preparada para presenciar eso, ¿qué era lo que la protegía? ¿Por qué sorprendentemente se mantenía con vida de esa manera? ¿Por qué todo tuvo que acabar de ese modo? Si el broche se llevó su vida estaba segura que la cruz entonces se la hubiera devuelto y despertado, lo pensé tarde, ya no había remedio, ya todo había acabado, la solución la pude tener a tiempo pero ya no tenía caso lamentarme, ya no podía hacer nada más. Pasaría mucho tiempo para que esa imagen y ese hedor pudieran desaparecer de mí, era algo que jamás olvidaría.

—Vamos —dijo él levantándome—. Será mejor volver a la mansión, ambos necesitamos un buen baño y descansar, quiero que descanses Ivonne y que ya no pienses en nada más.

—El descanso será imposible —suspiré volviendo a limpiar mi cara con su pañuelo—. Pasará mucho tiempo para que lo haga, creo que hoy deberé dormir con pastillas.

—Eso no me tranquiliza —comenzamos a caminar lentamente—. No quiero que dependas de medicamento.

—No tengo opción por ahora y creo que entiendes.

—A decir verdad creo que yo también necesitaré una de esas pastillas, al menos por hoy —besó mi mano y de esa manera nos dirigimos a la Balcana.