Ian
—Estoy en “La Balcana” la mansión de arquitectura griega que se encuentra en las afueras de Richmond, Virginia —me senté en un sillón cerca de la ventana con la grabadora en mano—. Soy Ian Harrington y son exactamente las diez con quince minutos de la noche del día veintidós de septiembre del año dos mil quince, es una noche fresca y agradable, el cielo está parcialmente nublado y la brisa otoñal que se deja ver mueve las ramas de los arboles haciendo que las hojas caigan ya haciendo ver la estación.
Llegué a medio día en un vuelo proveniente de Londres que me llevó directamente a la capital de la unión americana y luego un jet privado de la familia me trajo expresamente a Richmond donde me esperaba un lujoso Roll Royce Phantom. Entré a la propiedad de la lujosa mansión a las tres de la tarde y fui recibido muy cordialmente por la guapa anfitriona que sinceramente me sorprendió, es una joven heredera que decir que es preciosa es poco, no me la imaginé así, a pesar de su tristeza y ese halo de misterio que la envuelve me parece una mujer sumamente interesante pero debo admitir que en el fondo todo lo que la rodea me da temor, tengo aproximadamente más de siete horas de haber puesto mis pies en la mansión y aún no sé exactamente el centro de su historia, conozco lo poco que me ha dicho sobre ella, sobre su abuela y sobre su hermana de quien no tengo claro ni su nombre ni lo que le pasó, pareciera que la señorita Helderg no está preparada para hablar abiertamente sobre el asunto y es algo extraño porque me hace cuestionar varias cosas como periodista y me hace pensar como escritor, si la intención de la señorita Ivonne Helderg es mantenerme en suspenso lo está logrando y sólo espero poder dormir al menos ya que me aconsejó hacerlo porque según ella no estaba segura de que yo lograra dormir mi siguiente noche aquí, la verdad eso me asustó, la apariencia de esta mujer a simple vista es angelical pero me aterra pensar que detrás de eso se esconde otra persona, una que no soy capaz de imaginar o tal vez pero no quiero hacerlo. Es muy amable y cortés, muy bonita físicamente, me gusta la forma de su cuerpo y su manera tan formal al vestir, eso habla de su personalidad y educación y posiblemente de su intelectualidad que se nota hasta en su manera de expresarse, eso me gusta, me atrae, es una mujer desconcertante que realmente está haciendo que me falte el sueño, intentaré no pensar en ella pero creo que será imposible, la imagino ya en su cama, preparándose para dormir, estamos a unos cuantos metros y el tenerla tan cerca y lejos a la vez es una sensación extraña, cuando estuvimos en el despacho y nos sentamos juntos me agradó ese acercamiento y cuando sujeté su mano, no voy a negar que sentí algo más, una extraña necesidad de tenerla más cerca, de abrazarla, de protegerla, ¿puede ser eso posible? ¿Cómo pudo provocarme todo eso si apenas la conozco? Me asusta, cuando hicimos una pausa y yo conocí mi habitación la que por cierto es más de lo que esperé contaba los minutos para bajar a cenar no por el hambre sino por verla otra vez, me gusta el sonido de su voz aunque suene nerviosa y haga pausas para continuar. Esa leve sonrisa que muestra comienza a cautivarme, en pocas horas ya me aprendí de memoria sus gestos, la cena que ordenó para mí me halagó además de decir que estuvo riquísima pero no debo permitir que su apariencia y atenciones me nuble la razón, no al menos hasta conocer lo que ella es y el secreto que guarda, ella quiere que forme parte de algo muy personal y hasta no tener claro lo que es no debo desviar mi mente de ese propósito.
Reconozco que tengo miedo y evito sacar conclusiones pero debo ser paciente y esperar a que ella se muestre abiertamente y en confianza para que no sienta ese peso al momento de hablar. La confianza debe ser fundamental y haré que se sienta libre para que me diga lo que tenga que decir, ya mañana será otro día, un día decisivo para desenvolver esta trama.