El Asalto
Me sentía débil y estaba descansando un momento en su cama mientras él salía del armario ya vestido, me secaba las lágrimas para que no me mirara así.
—Tranquila —se acercó a mí sentándose en el borde—. Entiendo que lo de Gustav te afecte pero el que tu supuesto cuñado te comience a acechar con más fuerza ya no me parece, es un ente agresivo y por eso temo por ti.
—Ya no tengo opción Ian, ya no, hice un trato con él y debo cumplirlo, una vida a cambio de la tranquilidad de la nuestra.
—¿Cómo?
—No sé qué he hecho —lloré y me abrazó—. No sé qué fue lo que hice pero si no cumplo seguiremos nosotros, debo entregarle a mi hermana a cambio de nuestra tranquilidad.
—Ivonne me asustas mucho, ¿tu cuñado te chantajeó? ¿cómo lo hizo?
—Tuvo su método, luego te lo diré pero por ahora quiero ir a la morgue, quiero hacerme cargo del cuerpo de Gustav y que sea enterrado dignamente.
—Sabía que no ibas a dejar las cosas así, te acompaño.
—Vamos.
Pasé por mi habitación arreglándome un poco más y luego en mi camioneta salimos él y yo para hacernos cargo de todo. Cuando llegamos me presenté e hice los trámites correspondientes para agilizar todo.
—¿Conocía usted al hombre? —me preguntó el forense que preparaba los papeles de entrega.
—Un poco, sé que le gustaba frecuentar el cementerio.
—Bueno pues ahora ya se quedará en uno.
Lo miré y levanté una ceja molesta, entendió mi mirada al no hacerme gracia su sarcasmo.
—Perdón —carraspeó—. Firme aquí para que pueda llevárselo, ya el cuerpo está en el ataúd que compró para él.
—¿Le pusieron el traje?
—También, él se irá con todo lo que usted le dio.
Evité torcer la boca y firmé.
—¿Y el auto de la funeraria?
—Llegará en unos minutos.
Firmé todo y le devolví los papeles.
—Muy bien señorita Helderg ya puede disponer del cuerpo, es un alivio que usted se hiciera cargo, los vecinos del lugar no querían que el hombre fuera a parar a una fosa común.
—Él no tenía parientes y al menos a mí me aconsejó… me ayudaron mucho sus consejos de anciano.
—Que bueno, aquí están las copias de los documentos —me entregó una carpeta—. Si gusta puede esperar en la sala principal, por allí saldrá para ser llevado por la funeraria.
—Gracias —me levanté y salí de la oficina.
Unas cuantas personas llegaron al cementerio a despedirlo, le llevaron flores y las mujeres rezaban por él cuando el féretro bajaba a la tierra, en mis adentros le agradecí y me despedí. Ian me abrazaba.
—Todo lo hice con mucho gusto Gustav y con mi dinero propio no con el de mi abuela, así que puede descansar en paz —le susurré, por alguna razón necesitaba decírselo.
Regresamos a la Balcana y justo antes de llegar otra camioneta nos interceptó, aceleré por miedo, estaba muy cerca de nosotros, era una Suburban negra con los vidrios oscuros y me estaba obligando a detenerme.
—Tengo miedo Ian, el problema de esa camioneta es con nosotros —le dije observándola también por el espejo retrovisor.
—¿Sabes de quién es? —se giró para verla.
—No, no la conozco.
Quise acelerar más por miedo pero me rebasó y no sólo eso sino que me golpeó queriendo sacarme de la carretera.
—No te detengas Ivonne, ya casi llegamos.
—Otro golpe fuerte nos hará dar vueltas —estaba nerviosa—. Quien quiera que sea nos quiere muertos o al menos a mí.
Estaba asustada, si corría más podíamos tener un accidente Ian y yo, a la velocidad que iba un golpe fuerte me iba a desestabilizar y hacer que volcáramos, no podía permitir eso pero si me detenía también estaba la otra posibilidad y mis nervios estallaron. Reduje un poco la velocidad y la Suburban aprovechó rebasar y cerrarme el paso, frené de un solo y maniobré antes de chocar de frente.
—Tranquila Ivonne —me dijo Ian intentando mantener la calma.
—Estoy asustada, esto no me gusta —le hice ver sin evitar temblar, mi corazón y mi piel sentían el miedo presente.
Tres tipos se bajaron, vestían de negro y usaban gorros pasamontañas para cubrirse la cara completamente, cargaban armas de fuego, cuando los vi supe que era el fin, ni siquiera podía describir la magnitud del miedo que sentía. Disimuladamente nos quitamos los cinturones presintiendo sus movimientos.
—¡Ivonne cuidado! —Ian me cubrió protegiéndome con su cuerpo cuando los miramos.
Dos de ellos nos apuntaron mientras que otro con fuerza quebró el vidrio de mi ventana y abría la puerta de la camioneta para obligarme a bajar.
Grité y me cubrí los oídos cuando escuché el estruendo de los vidrios, el tipo me jaló con fuerza del brazo y me sacó de la camioneta casi arrastrada ante la impotencia de Ian.
—¡No me toques! ¡Suéltame! —le grité forcejeando con él, me lastimaba.
—¡Basta! No se atrevan a hacerle daño —les ordenó Ian bajándose rápidamente también, uno de los hombre lo detuvo apuntándole con el arma.
—Por favor no nos hagan daño, pueden llevarse mi camioneta, las joyas que traigo, en mi bolso tengo un poco de efectivo, pueden llevarse todo —les dije creyéndolos delincuentes comunes, si me conocían era natural que me asaltaran, aunque yo temía algo peor como un secuestro.
El que me sacó del auto me sujetó con fuerza del brazo pegándome a él y también me apuntó a la cabeza, cerré los ojos asustada, creí que sería el fin.
—¡Alto! ¡No te atrevas! —le gritó Ian al verlo dándole un codazo al otro en la cara para librarse, pero mientras el hombre estaba atontado el otro lo sometió dándole un golpe en el abdomen haciendo que cayera hincado al suelo. El que lo golpeó le apuntó a la cabeza otra vez y el que se recuperó, furioso le dio una patada en la cara lanzando a Ian al suelo.
—¡Por favor no nos maten! —les grité—. A él no por favor, si es dinero lo que quieren les doy lo que tengo y prometo no hacer denuncias pero por favor…
—La orgullosa heredera de los Zhariskopoulus rogando por su vida o mejor dicho por la vida de un desconocido, eso no lo hubiera creído —dijo la voz de un hombre que reconocí de inmediato.
Herber Russell salía de la camioneta custodiado por otro hombre, encendía su puro con toda la paciencia como si estuviera preparándose para el espectáculo que quería presenciar.
—¿Usted? —lo miraba incrédula.
Estaba más asustada todavía, si los matones que tenía se cubrían la cara y él no era por un sencillo motivo; porque no temía que yo lo denunciara después porque no me iba a dar la oportunidad de hacerlo, ese encuentro sería el final.
—He tenido demasiada paciencia estimada Ivonne, demasiada —sopló el humo que salía de su asquerosa boca.
—¿Qué quiere decir?
—Que debo quitarte de una vez de mi camino y a tu periodista contigo.
—¡No! a él no le haga nada por favor.
—¿Te importa mucho?
—Es sólo un amigo pero es extranjero y las autoridades no se quedarán tranquilas, va a investigar todo.
Me miró entre cerrando los ojos, exhaló.
—Los accidentes son muy comunes —dijo con tranquilidad.
—Pero si nos mata no será un accidente.
—Se puede hacer pasar todo como un robo, el opuso resistencia por defender a su “amiga” y por eso pagó las consecuencias.
Estábamos en un paraje solitario fuera de la carretera principal porque ya había entrado a los perímetros de la propiedad, sólo enormes árboles eran testigos de lo que pasaba, era imposible que alguien nos auxiliara, Herber supo cómo, cuándo y dónde actuar. Miré a Ian hincado, uno de los tipos lo sujetaba del cabello mientras era apuntado por el otro, sangraba de la nariz y de la sien, el ojo derecho comenzaba a inflamarse y a ponerse morado.
—Por favor Herber haré lo que sea pero déjelo vivir, él no tiene la culpa de nada es inocente.
—Claro que harás lo que sea pero no podré complacerte, este tipo no es tan inocente como aparenta, sé que sabe mucho, le has dicho todo, no puedo dejarlo vivo.
—¿No entiendo? ¿A qué se refiere?
—No te hagas la tonta —se acercó a mí y me sujetó de la barbilla, la apretó, me miró fijamente.
—Suélteme que me lastima —le hice ver apretando los dientes, quería escupirlo pero si lo hacía me iba a golpear e Ian iba a reaccionar.
Me miró con detenimiento como si me estuviera estudiando cada centímetro de la cara.
—Tienes un cierto parecido con tu abuela, tus facciones y forma de cuerpo eran las suyas cuando estaba joven.
—¿Cómo puede decir eso si usted es más joven que ella?
—Podría decirte que miré las fotos pero no tiene caso seguir mintiendo.
—No entiendo.
—Yo no soy una persona cualquiera querida Ivonne —me dio la espalda con orgullo para mirar de la misma manera a Ian—. Junto a mí tengo un aliado, hay alguien que desea recuperar lo que le pertenece.
Abrí los ojos y en mi mente se remolinearon muchas cosas sin sentido, mi primer pensamiento fue Harold pero no era posible, además teníamos un trato.
—Sigo sin entender —susurré.
—Creo que ya es tiempo que te diga las cosas querida Ivonne porque este jueguito ya me cansó y a mi huésped también —levantó la cabeza soplando todo el humo que tenía.
—¿Cómo? —creí loco a este hombre.
Les hizo unas señales a sus hombres y retrocedieron, el que me sujetaba me soltó y los demás también liberaron a Ian, yo corrí a él para auxiliarlo, me hinqué, su boca comenzaba a sangrar, Herber sacó un arma de su chaqueta y la cargó. Los hombres se alejaron a unos cuantos pasos y nos dieron privacidad a los tres.
—No sé quién diablos era pero me buscó desde poco antes de mi graduación de la universidad —comenzó a relatar mientras yo limpiaba la sangre de la boca y de la nariz de Ian con un pañuelo que andaba en mi pantalón—. Sus apariciones fueron muy frecuentes y no descansó hasta que le di mi atención más que mi miedo, primero fue su voz luego lo miré, era un tipo gordo, antipático y vestía como un caballero confederado del siglo XIX, nunca dejaba de mirar su reloj de bolsillo mientras se sostenía con un bastón en la otra mano, me advirtió que no intentara alejarlo de mí, me dijo que si buscaba la manera de “exorcizarlo” o algo así me iba a volver loco antes de mandarme a conocer el infierno.
Yo intentaba ponerle atención mientras atendía a Ian, el fuerte golpe en su cara me estaba preocupando y necesitaba que lo atendieran, no dejaba de sangrar.
—¿Así que usted también había sido visitado por fantasmas? —pregunté con sarcasmo para que supiera que estaba en clase, Ian me miró y entendió que era necesario ganar tiempo.
—Y uno muy fastidioso por cierto, este viejo me hartaba por momentos pero debo reconocer que su poder me abrió las puertas que nunca esperé y debo de reconocer también que gracias a él tengo lo que tengo, me dijo quien había sido, me contó su historia, me dijo cuáles eran sus propiedades y todo lo que deseaba recuperar en cuenta… un viejo amor.
—¿Un viejo amor? —me estremecí.
—En su época había dejado una esposa joven y muy bonita a la que no pudo hacer mujer pero lo que no le perdona es su traición.
—¿Traición?
—No te hagas la tonta Ivonne, sabes muy bien de quien hablo y lo que tu hermana hizo.
—No le permito que la ofenda —lo miré molesta.
—Katherine ni corta ni perezosa se consoló como viuda joven, era obvio que le urgía un hombre.
—Un hombre de verdad seguramente —ataqué—. Ella no tenía la culpa de que su maridito ya bastante mayor resultara impotente, además él fue el estúpido que no pensó en sus cláusulas póstumas, nombrar a su apuesto sobrino como heredero fue una de las peores decisiones, era muy obvio lo que iba a surgir entre ellos.
—¿Y no te parece algo escandaloso para la época?
Fruncí el ceño y exhalé.
—Ian ¿estás bien? —le pregunté a él al ver que exhalaba apretando los ojos.
—Creo que sí o no, siento que me han desprendido la quijada —se tocó—. Me duele mucho la cara.
—Ese perro te golpeó con furia, necesitas cuidados —acaricié su golpe.
—Ustedes las mujeres caen con la primera cara bonita que ven —insistió Herber apagando el puro, lanzándolo al suelo y pisoteándolo con su bota—. Mírate a ti, estás igual que ella. ¿Cuántas veces lo has invitado a tu cama?
—No le permito… —me levanté molesta dispuesta a golpearlo pero fue más ágil y me apuntó con la pistola.
—¡Ivonne! —Ian se puso de pie al ver la escena pero era apuntado a distancia por los perros de Herber y se detuvo.
—Nadie en su sano juicio va a pensar que él es un simple huésped —me dijo molesto—. Tú vives sola, eres joven y bonita, él es un hombre y… nada mal para colmo, ¿crees que la gente no deducirá que han gozado las noches? Más que amigos son amantes y para colmo lo hiciste partícipe de lo que te ha pasado es por eso que tampoco puede salir de esto con vida.
—¿Por qué quiere matarnos? —me atreví a preguntarle.
—Porque como te dije he sido muy paciente pero ya me cansé de esperar.
—¿Esperar qué?
—Que la última heredera de los Zhariskopoulus se muera.
—¿Qué?
—Mira voy a resumirte lo que pasa, mi amigo el fantasma una vez me hizo caer en una especie de trance, entró en mi cuerpo y de esa manera me mostró todo lo que había sido, miré todo el pasado como una película y pude sentir ese odio y rencor que le profesaba a Katherine cuando ella se convirtió en la mujer de su sobrino, obvio eso jamás lo iba a perdonar pero como dices fue muy estúpido el viejo porque no lo pensó antes, el caso es que él sabía cómo acabar con todo de una vez aún estando en el otro mundo, él fue el causante de la muerte de tu hermana, no se tentó para hacerlo y menos sabiéndola embarazada, el té que debía tomar para que le bajara la fiebre que sentía fue alterado con otras hierbas, una combinación de romero y canela en muy baja dosis fue suficiente para que en su estado el dolor que sentía pasara desapercibido, lo que en realidad pasó fue que tuvo un aborto.
—¿Cómo? —lo miré evitando llorar.
—Las fiebres y el dolor hicieron lo suyo, tu hermana se desangró en el siglo XIX sin que nadie pudiera hacer nada.
Lloré, no lo pude evitar, ella había hablado de sentir un dolor, las fiebres y las convulsiones pero nada más, sentía humedad entre las piernas pero lo atribuyó al sudor por la misma fiebre y justo así regresó al presente.
—Ella no lo supo por eso no lo pudo escribir pero eso fue lo que pasó y desde ese momento la victoria de Edgard Breningher sobre ella y su amor parecía triunfar hasta que el heredero no se quedó con los brazos cruzados, en su pacto lo supo y juró que el tío sería el primero en su venganza, invocó su alma para atormentarlo y lo maldijo evitado que descansara en paz, desde entonces su alma vaga por estos rumbos sabiendo que había perdido todo a raíz de su enfermizo capricho, tanto el amor de su mujer que nunca lo tuvo como los bienes que tanto le costó tener. Edgard no podía estar con tu hermana ya muerta ni mucho menos recuperarla pero para colmo, el sobrino que creyó que si estaría con ella tampoco lo estuvo, ese es el tormento del heredero y hasta en este tiempo el asunto le salió mal. Su alma y la de tu hermana siguen separadas, no pueden estar juntos aunque se amen, esa es su maldición.
Yo no podía entender nada, no podía pensar nada, ¿una pelea entre parientes para consumar una venganza? ¿Una venganza que un espíritu propició? ¿Una maldición que el heredero le decretó al mismo espíritu como venganza también? ¿Qué era todo eso?
—Sé que estás confundida pero bueno, los muertos ya están muertos, el caso es que como el asunto no había acabado Edgard siguió de cerca y atado a sus propiedades en este mundo y cuando los griegos limpiaron los vestigios de lo que había sido suyo y levantaron su mansión volvió a la carga, sabía que tarde o temprano Katherine volvería a él aunque volviera su rival también y no le importó volver a revivir todo tal y como había pasado, fue así como se mantuvo cerca de esta familia y de vez en cuando le hizo algunas travesuras fantasmagóricas, uno por uno por alguna razón u otra fueron dejando este mundo, luego por fin llegó la bella Domenika que obvio creció con todos los lujos que su familia le otorgaba y él se encargó que se convirtiera en la heredera, sabía que su hija sería la madre de la que era su esposa, es algo confuso pero así son las cosas, obvio así pasó todo y llegó el momento de que ustedes tomaran posesión.
—¿Él lo convirtió en el abogado de mi abuela?
—Exactamente y con eso obtuve el poder para beneficiarme yo y beneficiarse él.
Realmente estaba asustada, esta es la prueba de que las cosas no son casualidades y que todo pasa por una razón, todo está planificado y hay seres del más allá que juegan con los vivos para hacerles saber que no están solos y que no los deben subestimar.
—Vamos Ivonne, ya no pienses tanto, hazme la pregunta que te has hecho durante años —sonrió disfrutando su supuesta victoria.
—¿El broche?
—Muy bien, ¿creíste que Edgard se iba a quedar tranquilo sabiendo lo que su sobrino le hizo? No sólo le quita a la mujer sino que todavía lo desafía trayéndolo del más allá para hacerlo vagar errante por este mundo sin encontrar descanso, Edgard también lo maldijo y decretó que su alma tampoco se reuniría con ella sino que viviría encerrado en la pieza de orfebrería que el heredero le había regalado a su Katherine el día que celebraban su compromiso matrimonial, como castigo lo habitó, como recordatorio de lo que su feliz y corta vida fue, como el tormento de su felicidad arrebatada ese sería su castigo, el alma de Harold está cautiva en ese broche y por eso tampoco ha tenido paz, ambos hombres están en el otro mundo más sin embargo la mujer que aman no.
Ya todo estaba claro, lo que dijo Gustav lo confirmó este hombre, ese fue el error de Harold pero preferí seguir haciéndome la tonta, además también me acababa de confirmar otra cosa que me heló la sangre.
—¿Cómo sabe que Katherine no está muerta?
—¿No entiendes lo que he hablado? Desde un principio lo supe por mí mismo antes de saberlo por el viejo, ¿por qué crees que soborné a algunos por los documentos que necesitabas? Porque no había manera de confirmar la “autopsia” de alguien que no está muerto, te engañé Ivonne, te hice creer que estaba de tu lado sintiéndome culpable por lo de tu hermana ya que al fin y al cabo yo le ayudé a conseguir el broche de nuevo, yo sabía lo que iba a pasar, yo sabía que no estaba muerta pero lo que no entendí en el momento fue tu idea de mantenerla en la cripta y hacer creer a todos que estaba muerta, creí que encerrándola ella sola moriría asfixiándose pero no fue así.
Dios, estaba asustada. ¿Qué le impidió a este hombre robar su cuerpo o chantajearme con exponerlo al mundo? No sólo era la extrema seguridad en el mausoleo porque sólo yo podía entrar, no entendía ese punto como no entendía entonces como el tal Edgard no le dijo sobre el pasadizo.
—Sé lo que piensas —insistió—. Pero eso no me interesaba ya, una heredera estaba ya más muerta que viva y sólo me faltaba la otra.
—No entiendo, no entiendo nada.
—¿No entiendes qué?
—Sobre ese Edgard, de ser así… ese hombre jamás hubiera dejado que Katherine, la Katherine de este presente y mi hermana supiera del broche si sabía que con quien iba a regresar era con Harold para revivir ese amor.
—Se la jugó, creyó tener el control pero no y de esa manera entre tío y sobrino la guerra será eterna con el castigo para ambos de no tener a la mujer que quieren.
—¿Pero y yo…? ¿No entiendo?
—Tú —me siguió señalando con el arma—. Tú cometiste el error de llamar a un extraño, creí que te conformarías con vivir así y hasta consideré dejarte vivir así pero no, tuviste que pedir ayuda a alguien completamente ajeno y eso no me convenía y para colmo Gustav…
Abrí los ojos cuando dijo eso, ni siquiera sabía cómo había logrado mantenerme en pie todo el tiempo, recordé que él lo había mencionado y me había dejado con la duda, una duda que ahora se iba a esclarecer.
—¿Sabes de lo que hablo verdad? —insistió—. Y más te vale que no mientas.
—Yo no…
—Sí lo sabes —se acercó más a mí, la pistola estaba en mi frente.
—¡Basta! No se atreva a tocar a Ivonne —le advirtió Ian, Herber lo miró molesto.
—¿Te atreves a amenazarme? —estaba furioso—. ¿A mí que tengo tu vida para terminar con ella en segundos?
Miró a los hombres que se apartaron un momento de Ian mientras él me apartaba también.
—Herber yo no sé nada de ese señor Gustav —le dije para distraerlo—. Lo conocí por casualidad en el cementerio, vivo claro, pero él al saber quién era yo me rechazó y no me dijo por qué.
—¿Me crees estúpido? Sé que fue a buscarte a la Balcana.
—Me dio lástima y le ofrecí trabajo de jardinero, creo que lo estaba considerando, es obvio que tenía necesidad.
—¿No te dijo quién era él?
—Sólo lo que él me dijo, que le gustaba cuidar las tumbas abandonadas y limpiarlas por eso me pareció buena la idea de darle trabajo de jardinero.
—La Balcana ya tiene jardineros.
—Bueno pero otro ayudaría más.
Herber me miró con desconfianza, parecía que mis palabras no lo convencían.
—Y supongo que ahora que está muerto tu buen corazón te llevó a hacerte cargo de él —dijo en tono sarcástico.
—Cuando leí la noticia en el diario sentí shock, creí que regresaría hoy a la Balcana, lo que le pasó fue algo que jamás me imaginé y sí como dice mi buen corazón me llevó a hacerme cargo de él cuando leí que estaría en la morgue hasta ser reclamado, no podía permitir que lo enterraran en una fosa común y me sentí en el deber de ayudarlo.
—Me conmueves Ivonne y déjame decirte que por un momento me convenciste.
—¿Cómo?
—¡Eres una mentirosa! —me sujetó del cuello con furia.
Cuando grité Ian iba presto a caerle encima pero uno de los perros de Herber se adelantó y de un puñetazo en el estómago lo detuvo cuando Ian quiso darle un derechazo que esquivó.
—Herber por favor… —clavé mis uñas en su brazo.
—¿Me crees tonto realmente? Sé que sabías quien era él, sé que hablaron y el haberte buscado fue lo que acabó con su vida.
—¿Qué?
—Sí querida, yo lo mandé a matar, él sabía a lo que se exponía buscándote y me desafió, ahora ya sabe que conmigo nadie se mete y el que me provoca se muere.
Herber estaba apretando mi cuello, amenazaba con dejarme sin aire.
—Herber no puedo respirar… —susurré.
—Voy a encargarme de ti ahora pero primero quiero gozarte —me acercó a él y lamió mi cara, me repugnó—. Así como este tipo lo ha hecho yo también lo haré en pago por el tiempo a tu servicio y después… —me arrastró junto con él hacia la Suburban—. Según una de las cláusulas de tu abuela yo me quedaré con un muy buen porcentaje de toda su fortuna, no habiendo herederas esa será mi recompensa por mis años a su servicio, como ves mi futuro está asegurado.
Cuando Ian vio que yo oponía resistencia se levantó del suelo y golpeando al tipo que tenía cerca corrió para alcanzar a Herber pero el disparo que escuché detuvo mi corazón, el otro le había disparado y él cayó al suelo.
—¡No! ¡No! ¡No! —grité al verlo.
—Bien hecho —dijo Herber sonriendo y arrastrándome otra vez.
En ese momento le di un golpe que le aruñó la cara, pero en vez de soltarme me golpeó también haciendo que me cayera al suelo.
—Eres una tonta y ahora lo vas a pagar peor —me sujetó con fuerza del cabello—. Ya no está tu héroe que te salve así que voy a tenerte a mi antojo y cuando yo termine seguirán ellos y cuando ellos terminen yo acabaré contigo y te dejaré aquí para que los animales terminen de hacer el resto.
Cuando el desgraciado dijo eso muy sonriente comenzó a quitarse el cinturón y cuando lo hacía volví a atacarlo pero esta vez me detuvo con la pistola en mi cabeza.
—Te preguntarás porque sabiendo que tu hermana no estaba del todo muerta no me aproveché de ella, pues bien, te diré que pude haberlo hecho, podía haber entrado al mausoleo y exponer su cuerpo, ese cuerpo que me hizo saborearme más de una vez, pude haberme deleitado con ella recién la dejaste allí que aún estaba tibia y pude haberme complacido, deseaba desnudarla y hacerla mía, no creas que no me excitaba pensarlo, pude haber hecho con ella todo lo que me diera la gana una y otra vez sin cansarme, no tienes idea cómo tu hermana me excitó desde que la conocí pero me contuve para poder disfrutarla de esa manera por dos razones: una porque la necrofilia no es lo mío aunque ella no estuviera completamente muerta pero casi lo estaba así que desistí y la segunda… porque Edgard al saber lo que pensaba me sentenció si lo hacía así que sabiendo eso supuse que el espíritu del broche también podía hacerme algo y preferí no averiguarlo.
—¡Maldito miserable! Si hubiera profanado su cuerpo yo misma lo hubiera matado —con furia le lancé otro golpe que detuvo apretándome las muñecas.
—Veo que no quieres cooperar, así que deberé darte un buen golpe que te deje casi inconsciente, voy a cobrarme contigo mi deseo de haber querido tenerla, te dejaré inconsciente para que no te muevas y consciente para que sepas lo que pasa y lo disfrutes.
Sonrió de manera burlona y me lanzó de nuevo al suelo, pero cuando se lanzó encima de mí rompiéndome la blusa y mordiéndome el cuello sometiéndome, a mi grito un extraño viento azotó, era muy frío y lo primero que vi fue como el tipo que le había disparado a Ian era completamente suspendido del suelo y lanzado con una fuerza sobrenatural a uno de los arboles cercanos, cayó inconsciente. A su grito Herber reaccionó y miró lo que pasó, se quedó rígido y más cuando le pasó lo mismo a los otros.
—¿Pero qué diablos…?
Cuando se distrajo le di una bofetada y con la rodilla lo sometí golpeándole los testículos, al caer a mi lado yo aproveché para arrastrarme buscando estar cerca de Ian. Miré como las hojas del suelo se habrían paso ante el viento que las quitaba, era como si alguien invisible se acercara a nosotros limpiando el camino, con rapidez me arrastré para encontrar ese viento pero Herber se incorporó rápido también sujetándome de un tobillo.
—¡Ya no te resistas niña estúpida! —me golpeó después de querer darle una patada que esquivó—. No saldrás de esta sin que seas mía primero y después…
Más tardó en decir eso que pasarle lo mismo que a sus perros, su cara se transformó, el ambiente comenzó a ponerse muy pesado y lo que sea que era estaba avanzando hacia nosotros con fuerza. Al ver su desconcierto quise escaparme pero reaccionó y me arrastró a él otra vez pero sujetándome del cabello, grité ante el dolor y en ese momento un fuerte estremecimiento se sintió entre los dos y él salió volando, me quedé en el suelo aturdida y sujetándome la cabeza que me dolía vi como el hombre a varios metros de mí se retorcía en el suelo como si se tratara de un gusano que estaban aplastando. Sus gritos me asustaron mucho, parecía que lo estaban descuartizando, desollando o quemando vivo, sabía que era Harold y debía estar furioso si escuchó todo lo que dijo Herber sobre Kate y por eso yo también deseaba que lo hiciera polvo. Ante el miedo por escuchar sus gritos me arrastré otra vez para auxiliar a Ian, estaba inconsciente y sangraba mucho del hombro, miré a mi alrededor los cuerpos de los hombres de Herber que estaban esparcidos como pedazos de carne y ante el viento fuerte lo único que hice fue enterrar la cara en el cuello de Ian abrazándolo por la espalda y protegiéndolo según yo de esa manera.
—Ian por favor, no vayas a dejarme —le susurré, temía por la sangre que había perdido.
Apenas y respiraba y eso me preocupaba, de pronto el viento cesó y todo se calmó, el silbido del mismo dejó de escucharse, por un momento creí haber soñado todo pero no fue así.
—Ya estás a salvo —murmuró esa voz que reconocí—. Ahora haz el resto.
Levanté la cabeza para verlo pero no estaba y en ese momento el sonido de las patrullas y una ambulancia me dieron esperanza.
—Señorita ¿está bien? —un joven policía corrió a ayudarme mientras los médicos se apresuraban a ayudar a Ian.
—No, no lo estoy —me limpié las lágrimas, tenía sangre en la ropa y brazos, me cubrí un poco por el desgarre de mi blusa.
—¿Está herida? —me preguntó uno de los médicos.
—No, yo no pero él sí, por favor sálvenlo —les rogué.
—¿Qué fue lo que sucedió? —preguntó el policía levantándome y cubriéndome con la chaqueta de cuero de su uniforme.
—No lo sé, fuimos interceptados por esos tipos, nos amenazaron con armas y él —señalé el cuerpo tendido de Herber—. Era el abogado de mi familia, él planeó esto, él mismo quería matarme.
—Tendrá que rendir su declaración, ¿cómo fue que se pudieron salvar?
—No lo sé, ¿cómo es que ustedes llegaron aquí?
—El 911 recibió una llamada con esta ubicación, la operadora escuchó una parte de lo que pasaba y alertó a las patrullas que hacían ronda y a su vez llamó a una ambulancia.
No tenía claro como estaba eso de la llamada pero lo agradecía, la ayuda fue oportuna y me refiero a toda la ayuda, incluyendo a Harold que cumplió haciendo lo suyo salvándome.