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Por la mañana había parado de nevar y las calles estaban limpias. La noche era cristalina y gélida mientras Sasha se arreglaba para la inauguración de Liam. Como de costumbre, eligió ropa oscura y sencilla. En esta ocasión, un vestido negro de cóctel sin flecos ni volantes. Quería que destacaran los cuadros, no ella.

Marcie había convocado a Liam a las cinco y media para atender a un crítico de arte. Querían fotografiarlo junto a su obra. Los invitados debían acudir a las seis en punto.

Sasha dejó que Marcie se ocupara de Liam y el crítico; cuando salió del despacho, puntual para la inauguración, el crítico y el fotógrafo acababan de marcharse. Liam esperaba, nervioso, vestido con traje negro y camisa blanca, una corbata rojo oscuro, serios zapatos de cordones también negros y el pelo recogido en una coleta. Sasha no pudo evitar una sonrisa al ver sus calcetines negros. Tenía un aspecto impecable y a su pesar, le dio un pequeño vuelco el corazón. Pero ningún sentimiento traslució en su expresión. Era una marchante de arte fría y profesional a la espera de guiarlo por su primera exposición importante.

Estás fantástico, Liam. Los ojos de él asimilaron la silueta vestida de seda negra.

Tú también. Le devolvió el cumplido. Un camarero le ofreció una copa de champán que él aceptó antes de mirar a Sasha con timidez: No te preocupes, me comportaré.

Nunca lo he dudado. Le sonrió con recato.

Espero que esta noche no haya caballos que montar bromeó refiriéndose a la barbacoa en que se emborrachó y organizó un escándalo.

No contestó ella, guiñándole un ojo. Había pensado que después de la inauguración podríamos montar en trineo. Liam movió la cabeza y gimió al recordar el Cuatro de julio anterior.

Cuidado, no vaya a aparecer un caballo.

Sasha sonrió, calló y propuso un brindis.

Por el éxito de tu primera exposición en Suvery.

Gracias, Sasha ¡Por mi marchante!

Con el primer brindis empezaron allegar los invitados. Después se impuso un caos organizado. Cientos de personas deambulaban por la galería para ver los cuadros; charlaban, comentaban, reían, se encontraban y saludaban. Presentaciones, preguntas, listas de precios, críticos, curiosos y coleccionistas se mezclaban unos con otros para admirar el talento de Liam. Sasha no tuvo ocasión de volver a hablar con él en toda la noche. Le había encargado a Marcie que le presentara a la gente, lo tuviera contento y se asegurara de que se comportaba como es debido.

No hubo problemas, percances ni sorpresas. La única sorpresa, aunque no para Sasha, fue que se vendieron todos los cuadros menos dos. Liam no podía creerlo; se quedó petrificado y al borde de las lágrimas cuando ella le comunicó la buena nueva.

Impresionante, Liam. Casi nunca pasa, solo con las figuras de primerísimo orden. Significa que comprenden y aprecian tu trabajo. Deberías estar orgulloso. Después añadió: Estoy orgullosa de ti.

Sin mediar palabra, Liam la abrazó, y luego pareció avergonzarse. La situación le superaba.

Así que ahora ya no eres solo mi artista de talento, sino que pronto serás rico. Muy pronto. Sasha ya había decidido subir los precios. Creo que lo siguiente es exponer en París. El mercado no es dinámico, pero si ya has triunfado en Nueva York, suele ir bien. Tenemos que hablar antes de que te vayas.

Liam seguía sin creérselo y se dirigió hacia La Goulue con expresión traumatizada. Sasha lo envió por delante con Karen y Marcie mientras ella reunía al resto de comensales. Algunas de las personas que había invitado a la cena eran amigos; otras eran clientes que quería que conocieran al artista y que esa noche habían comprado alguna pieza. Había reservado una mesa para veinte que encabezarían Liam en un extremo y ella en el opuesto. Le había rodeado de amigos. Para Sasha resultaría extraño estar allí con él. Pero tenía que hacer su trabajo y hacerlo bien con independencia de lo que sintiera por Liam. Varios de los artistas que él le había pedido que invitara eran mujeres; Sasha ya conocía a muchas de ellas, de cuando solo eran amigas de Liam. No tenía ni idea de con quién estaba ahora este y no quería saberlo. Las únicas personas de la edad de Sasha que habría en la mesa eran clientes. El resto de los invitados eran considerablemente más jóvenes que Liam. Algunas cosas no cambiaban. Y ahora ya no había razón para que lo hicieran. Liam había regresado a su mundo. Ya no tenía necesidad de adaptarse por Sasha, ni siquiera de comportarse. Pero esa noche se mostraba muy circunspecto, ya fuera por voluntad propia o por deferencia hacia ella. Era una noche importante y una gran victoria para Liam.

Sasha tuvo que anunciar una noticia durante la cena. Uno de los clientes sentados cerca de ella acababa de decidir comprar los dos cuadros que quedaban. Habían vendido todas las piezas de la exposición la noche misma de la inauguración. De pie en el extremo de la mesa, mientras compartía la noticia con todos, volvió a brindar por Liam. Esta vez, él se quedó sentado donde estaba y la miró.

A continuación, Liam dedicó un confuso brindis a Sasha y al cliente; no sabía qué decir, solo quería dar las gracias a todos, en especial a Sasha, Karen, Marcie y a los clientes que habían comprado sus cuadros. Se le veía superado por la situación y Sasha se conmovió.

Ella le sonrió un par de veces desde un extremo de la mesa, pero sus miradas no escondían ninguna intención oculta. Sencillamente se alegraba del éxito de la exposición. Aquel había constituido el objetivo de su alianza desde el principio. El resto habían sido simples añadidos, no la motivación para contratarle. Habían conseguido justo lo que ella quería para él: el éxito.

La cena se alargó hasta pasada la medianoche y Sasha, tal como tenía por costumbre, se quedó hasta que se marchó el último invitado. Pagó la cuenta, dio las gracias al personal del restaurante y salió con Liam a la noche gélida y clara de diciembre. Hacía tanto frío que el aire se clavaba como agujas en los pulmones.

No sé cómo darte las gracias le dijo Liam, extasiado. Sasha había encargado unos vinos excelentes, pero resultaba obvio que Liam no había bebido demasiado. Su comportamiento había sido, ejemplar durante toda la noche, en todos los sentidos. Jamás se había comportado mejor y, de un modo extraño, parecía haber madurado.

No tienes que darme las gracias, es mi trabajo. Presento artistas prometedores al mundo. Esa noche Liam había entrado en el mundo. Además, me quedo con la mitad del dinero. Soy yo quien debería darte las gracias.

Gracias por creer en mí y darme una oportunidad. Espera a que se lo cuente a mis hijos dijo sonriendo, y Juego volvió a mirar a Sasha. Se la veía excepcionalmente pequeña calzada con sus botas planas de invierno, de pie junto a él. ¿Puedo invitarte a una copa? Ella empezó a rechazar la oferta pero al final asintió. Probablemente se trataba de su última oportunidad. No iba a pasar nada. Ya estaba superado.

Decidieron ir al bar del Carlyle y comentaron la inauguración en el taxi. Liam quería conocer hasta el último detalle y los comentarios de todos los asistentes. Sasha le contó cuanto sabía, todo Jo que le habían dicho. Él se regodeó en cada frase.

Cuando llegaron al Carlyle él pidió un brandy y ella una taza de té. Sasha había bebido vino en la cena y lo último que quería era pasarse con el alcohol estando en compañía de Liam. No quería descontrolarse. Después de esa noche todo sería más fácil. Pero de momento era la primera vez que le veía tras su tórrida aventura. Todavía tenía que encontrar un modo nuevo de mirarle y tratar con él. Esa relación estrictamente profesional aún era muy nueva para ella.

Charlaron un rato de nada en particular y Juego Sasha sorprendió a ambos contándole la conversación que había mantenido la noche anterior con Tatianna. No había tenido intención de compartirla con él pero, por la razón que fuera, lo había hecho casi sin darse cuenta.

No sé por qué te lo he contado confesó, incómoda. Puede que quisiera que supieras que al final me he plantado por ti. Demasiado tarde para nosotros, pero no para ti. Lo más estúpido es que Tatianna se ha retractado enseguida. Miró a Liam con expresión de disculpa. En julio no estaba preparada. Quizá debería haberlo estado. Y sé que eso era lo que necesitabas de mí.

Pero al menos lo he hecho ahora. No intentaba impresionarle, solo quería que supiera que al final había defendido su honor y el de ella.

Está bien, Sasha. Lo entiendo. Estabas en una situación difícil. Ambos lo estábamos. Es curioso cómo van las cosas. A veces todo coincide, el pasado, el presente, el futuro. Gente nueva, gente de antes, fantasmas del pasado. Yo a veces confundo a otras personas con mi familia. Sencillamente me tocó varios puntos flacos. No es más que una cría y además es hija tuya. Debería haberlo comprendido. Ahora lo entiendo. Pero me ha costado mucho. He tardado demasiado en comprenderlo contestó con tristeza.

Gracias, eres muy amable dijo Sasha con una sonrisa. Sé que lo pasaste mal. Para mí también fue duro, pero tienes razón. Es mi hija. Y la verdad, en lo que a ti respecta, aunque es adulta no se ha comportado como tal. Quizá todos nos comportamos como niños alguna vez.

Dímelo a mí repuso él con una mueca compungida, y ambos rieron.De hecho, me enorgullezco de ello. He convertido la inmadurez en una profesión. Vaya, ¿y este cambio? -preguntó Sasha, divertida. Liam la divertía. Al mirarle, volvió a darse cuenta de cuántas cosas había echado de menos en los últimos meses y seguiría añorando para siempre.

La edad, supongo. Voy a cumplir cuarenta y uno.

Sasha gimió.

No te quejes, por favor. En mayo cumplo cincuenta. Mierda ¿cómo he envejecido tanto? Y cómo me he vuelto tan tonta, quiso añadir. De pronto deseaba haberse encarado con Tatianna en julio pero no había sido el momento adecuado para ella, el destino no lo había querido así.

No eres vieja. Sasha. Sigues siendo joven y guapa. No entiendo por qué todo el mundo lleva tan mal la edad. A me ocurre lo mismo. Sigo fingiendo que soy un chaval y no es el caso. Por mucho que deteste admitirlo sigo madurando. No sé por qué a todo el mundo le parece tan maravillosa la juventud. Si recuerdo bien, la mía fue un asco. No me enteraba de nada. Ahora todo va mejor.

Ojalá pudiera decir lo mismo. Se recostó en el banco a contemplarle. Era raro. Habían pasado de amantes a artista y marchante y ahora, al final, quizá terminaran siendo amigos. Con nadie más se sentía tan cómoda conversando. Tal vez a excepción de Xavier. Pero Xavier era su hijo. Había cosas que podía confesarle a Liam y que nunca contaría a su hijo. A veces tengo la impresión de que cuanto más vieja me hago, menos cosas sé.

Sabes muchas cosas. En muchos sentidos eres la persona más lista que conozco. Y la mejor marchante del mundo.

Hacemos un buen equipo. Se interrumpió, de pronto se había dado cuenta de lo que acababa de decir y sintió vergüenza. No quería que Liam pensara que iba detrás de él. No era cierto. Lo evitaba de manera consciente, lo cual no era fácil. Artístico.

Tampoco se nos daban tan mal otros menesteres. La mayor parte del tiempo. De vez en cuando sufríamos alguna avería. Una descripción muy benévola, en opinión de Sasha. En los once meses que habían compartido se habían separado dos veces, durante un total de seis meses, lo cual significaba que la mayor parte del tiempo no habían sabido entenderse.

Estás siendo muy generoso.

Sasha terminó el té. Llevaban dos horas sentados en el bar del Carlyle. Era hora de volver a casa. No podían alargarlo mucho más, el bar estaba cerrando.

El portero les paró un taxi y Liam la acompañó a casa. A Sasha le habría encantado invitarlo a subir, pero sabía que no debía hacerlo. Solo habría servido para desearlo todavía más, y no tenía sentido. Esta vez su relación había terminado para siempre y ambos lo sabían. No podían engañarse. No los había vencido la edad, sino la vida, unos valores, un estilo de vida y Tatianna. El destino. No estaba escrito que pasara por mucho que se atrajeran mutuamente, como todavía ocurría.

Liam la miró un momento antes de que Sasha bajara del taxi.

Gracias por una inauguración fantástica. Titubeó y le tocó la mano. El viernes me voy a Vermont. No sabía cuánto tiempo permanecería ella en la ciudad. ¿Me dejas que te invite a cenar mañana? Para agradecerte esta noche y por los viejos tiempos. Sasha ni siquiera sabía si Liam tenía novia. Creyó que quería invitarla como amiga.

No sé si es buena idea. Siempre acabamos metidos en algún lío. Liam se rió.

Confía en mí. Me comportaré. Te lo prometo.

Es de mí de quien no me fío. Estaba siendo franca con él, siempre lo era; lo había sido desde el principio.

Bonita imagen. «Joven artista denuncia a marchante por acoso sexual». Yo sí me fío, de ti y si intentas algo, gritaré que me violas. ¿Lo intentamos? Liam consiguió eliminar la tensión y Sasha aceptó la invitación. Le encantaba estar con él y charlar.

Intentaré controlarme aseguró Sasha con una sonrisa pícara. Liam se moría por despedirla con un beso, pero se contuvo. No quería estropearlo y saltaba a la vista que Sasha estaba asustada. Igual que él.

Pasaré a recogerte por la galería a las seis. Quiero entrar a admirar mi obra, sobre todo ahora que está toda vendida.

Sasha se rió, bajó del taxi, se despidió y se encaminó hacia su edificio. Liam se despidió mientras el taxi se alejaba.

Sasha entró en el piso pensando en los momentos en que lo había compartido con Liam. El lugar parecía lleno de fantasmas. Arthur. Liam. Hasta sus hijos se habían marchado. La realidad de su vida se imponía: estaba sola. Probablemente para siempre. Pero, volvió a recordarse mientras se quitaba el abrigo, no podía permitirse volver a enamorarse de Liam, por muy tentador y encantador que le pareciera. Habían demostrado dos veces que la relación era imposible. No necesitaban una tercera.