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Sasha y Liam volaron a Europa por separado; Sasha a París y Liam a Londres. Llegaron más o menos a la misma hora y ella lo telefoneó por la noche. Parecía distante. Charlaron un rato y Liam le prometió ir a París el fin de semana. Sasha se preguntó si cumpliría la promesa. Ya no parecía feliz. Tatianna había herido gravemente a Liam y a la relación. También a su madre. Pero Sasha no estaba dispuesta a declararle la guerra por Liam. Tatianna era hija suya y por nacimiento tenía derecho al amor incondicional que quería de Sasha. Liam, no.

Esa misma semana, Xavier y Liam cenaron juntos y hablaron de ello, pero Xavier había disfrutado de una infancia y una juventud mucho más fáciles que su amigo. Había tenido unos padres maravillosos que le querían. No era el caso de Liam, tal como demostraban sus cicatrices. Sasha estaba pagando ese dolor, igual que Liam cargaba con las consecuencias de lo que ella había sufrido de joven. Sasha volvía a cuestionarse si su amor tenía posibilidades. Quería que fuera posible, pero no si para ello debía aliarse con Liam en contra de su hija. Era un precio demasiado alto por amarle.

El viernes por la noche, Liam fue a París en coche y pasaron juntos un fin de semana tranquilo. Él se quedó a celebrar el Catorce de julio y fueron al desfile de los Campos Elíseos. Le gustó, pero faltaban los Yankees. También echaba de menos a sus hijos. Había intentado volver a verlos antes de marcharse de Estados Unidos pero estaban de viaje con Beth, así que les prometió regresar en septiembre.

Julio siempre era un mes tranquilo en la galería y Sasha esperaba ilusionada las vacaciones con sus hijos. Hablaba con Liam lo menos posible sobre el viaje para no hurgar en la herida. Por fin Tatianna volvía a hablar a su madre, aunque poco. Sasha había charlado con Xavier y ambos habían coincidido en que era preferible que Liam no se sumara a las vacaciones familiares. Lo más probable era que desquiciara a Tatianna y terminaran peleándose. Así se lo había expuesto Xavier a su amigo. La joven no entraba en razón y solo el paso del tiempo mejoraría la situación. Estaba obsesionada con que la injerencia de Liam en la vida de Sasha constituía una falta de respeto hacia su padre.

El fin de semana anterior al viaje, mientras paseaban por el Bois de Boulogne con la perra, Liam re volvió a mirar a Sasha.

¿Qué piensas hacer con el tema de las vacaciones? La pregunta la pilló por sorpresa. Sasha creía que la cuestión estaba zanjada aunque a ninguno de los dos les gustara el sacrificio que tendrían que hacer. También ella deseaba su compañía, pero era de todo punto imposible. Sin embargo, parecía que Liam había esperado que Sasha o Tatianna cambiaran de opinión. El hecho de que no hubiera sido así significaba para él una nueva traición por parte de Sasha. Ni le defendía ni le apoyaba. A Sasha su posicionamiento le parecía infantil e irracional. Para Liam, Sasha había roto un trato.

¿Qué quieres decir con qué pienso hacer? Creía que estábamos de acuerdo en que este año no puede ser. Si continuaban juntos, Sasha confiaba en que habría otras vacaciones. Pero en esas no podía ser. Necesitaba algo de tiempo para arreglar las cosas con su hija.

No piensas plantarle cara ¿verdad?

Sasha suspiró y le miró. La expresión de Liam era impenetrable.

De momento no. Más adelante, si es necesario. Espero no tener que hacerlo. Con el tiempo se hará a la idea. A veces incluso a los adultos les cuesta acostumbrarse a que sus padres salgan con otras personas. Sasha atribuía la situación a dicha dificultad y no a la horrible escena vivida en la casa de Southampton. Sin duda, no había sido la mejor manera de presentar a Liam a su hija.

Nunca me aceptará si no la obligas insistió, tozudo.

Me habla otra vez solo desde la semana pasada. Alguien iba a salir perdiendo. No quería que fueran ellos. No puedo obligarla, Liam. Necesita tomarse su tiempo.

Se comporta como una mocosa malcriada. Era un comentario cierto pero cruel. Sasha también lo sabía. Pero Tatianna seguía siendo hija suya. Y Liam lo había dicho con un tono muy feo que la inquietó.

Igualito que tú.

Liam se alejó para jugar con la perra. De camino a casa no abrió la boca. Se mostró caprichoso y enfadado, como un niño pequeño que está furioso con su madre, un hombre traicionado por su amante.

Sasha estaba preparando la cena cuando Liam bajó a la cocina con la mochila en la mano.

¿Qué haces? preguntó ella con el miedo recorriéndole la espalda. Intuía la respuesta.

Me voy. No pienso permitir que me trates como a un sucio secreto ni que tu hija siga humillándome.

Liam, por favor... rogó mientras el pánico se apoderaba de su voz. Danos una oportunidad. Sabíamos desde el principio que llevaría su tiempo. Además no eres ningún secreto. Por el contrario, el problema radicaba en que Tatianna lo sabía.

No, soy una deshonra. Te avergüenzas de mí. Ambos pensaron en la barbacoa del Cuatro de julio.

No me avergüenzo de ti. Te quiero. Pero me pides que elija entre mis hijos y tú. No es justo. No me pidas algo así suplicó Sasha con lágrimas en los ojos. Liam le pedía lo imposible para no condenar su relación al fracaso.

A veces es necesario. Necesito que me quieras y me respetes. Y no lo haces.

Y si tú me quisieras y me respetaras no me pedirías que eligiera entre mi hija y . Liam la miró sin decir nada. Al final, volvió a dirigirle la palabra al tiempo que recogía la mochila.

Se acabó, Sasha. Estoy harto. Hemos agotado las oportunidades. Tenías razón desde el principio. Es imposible. Supongo que siempre lo ha sido. Pensé que lo conseguiríamos. Pero yo me equivocaba y tú tenías razón.

Sasha no quería tener razón. Quería equivocarse. Quería equivocarse más que nunca. Esta vez tenía la impresión de que estaban muy unidos. Hasta que le había planteado aquella horrible disyuntiva.

Hizo el gesto de acercarse a él, pero Liam levantó la mano para impedírselo.

¡No! Te quiero. Regreso a Londres. No me llames. Se acabó. Y luego, la crueldad final: Recuerdos a Tatianna. Dile que ha ganado.

Sin más, Liam se marchó de la casa. Esta vez cerró la puerta con cuidado. Sasha oyó la gran puerta exterior de bronce, mientras seguía de pie en la cocina mirando el lugar donde hada unos instantes había estado Liam; las lágrimas mojaban su cara. Desde la muerte de Arthur nada ni nadie la babia hecho sentirse tan mal.

Se sentó en el suelo de la cocina, junto a la perrita, y la acarició sin dejar de sollozar. Calcetines era todo lo que le quedaba de Liam. Él se había marchado, había regresado a su vida de antes y esta vez para siempre.

Sasha se quedó largo rato llorando en la cocina, a oscuras. No se molestó en encender la luz. Se limitó a permanecer sentada, sollozando, mientras susurraba una sola palabra a la oscuridad: «Imposible». Para entonces, Liam estaba en la carretera en dirección a Londres y convencido de lo mismo.