Capítulo 9

 

QUÉ ha sido de los otros? –preguntó Naomi.

Habían dormido un poco, habían hablado otro poco y habían pasado el tiempo juntos. En ese momento, cuando faltaban un par de horas para llegar a Dubái, tenía las cosas más claras que durante los tres meses previos, pero, aun así, seguía sintiendo curiosidad.

–Ni idea –contestó Sev encogiéndose de hombros.

–¿No los has buscado?

–¿Para qué? –preguntó él en tono amargo–. ¿Para hablar de los tiempos felices? Daniil es un empresario muy próspero. Le escribí una carta hace tiempo, pero nunca me contestó.

–¿Y Roman?

–No lo sé. Siempre se metía en problemas, sobre todo, desde que Daniil se marchó a Inglaterra. Yo solo me centraba en sacar buenas notas para que me dieran una beca y largarme de allí.

–¿Nikolai?

–Muerto –contestó Sev–. Se tiró a un río cuando tenía catorce años.

No dio más explicaciones, lo dijo sin emoción, solo dijo lo que había pasado.

–¿Por qué? –preguntó Naomi.

Sev no quería hablar de eso y, justo entonces, Shannon llamó por el interfono para preguntar si querían desayunar. Para bochorno de Naomi, Sev contestó que sí y, poco después, Shannon entró para llevar el desayuno. El champán y el zumo de naranja estaban muy bien, pero lo que le emocionó a Naomi fue una tarta con su nombre.

–Yo no le he dicho que voy a marcharme.

–La llamé yo ayer.

Entonces, él había hecho ese esfuerzo...

–Es tu fiesta de despedida –añadió Sev–. Aunque no había pensado que fuésemos a comerla en la cama, me alegro mucho de que vayamos a hacerlo.

–Podríamos haberlo hecho de camino a Londres.

Sev negó con la cabeza. Él no estaría de humor cuando fuesen a Londres, estuviesen en la cama o no, porque sería el doce de noviembre. Miró a Naomi. Además, habría otro motivo para detestar esa fecha.

–¿Tienes un empleo en Londres?

–Mi antiguo jefe me mandó un correo hace un par de semanas para decirme que su secretaria no le gusta. Descarté la idea en su momento... –ella miró a Sev–. Lo que dijiste de que trabajara para ti todavía...

–Naomi –Sev iba a ser muy claro–. Sería una necedad que volvieras a Nueva York por lo que ha pasado hoy.

–Lo sé.

Le parecía raro ser tan sincera y hablar con alguien tan directo. Sin embargo, una vez más, lo que podría ser ofensivo dicho por otro, no lo era si lo decía Sev. Ella sabía cuál era su situación.

–Creo que deberías llamar a Emmanuel cuando lleguemos a Dubái –comentó Sev.

–Creía que no servía.

–Servirá –replicó Sev.

Desde luego, no iba a decirle a Naomi que había dicho aquello con la esperanza de que ella se quedara. No quería que se marchara, pero también sabía que sería una crueldad que volviera solo por él.

–¿Sabes lo que necesitas? –le preguntó Sev.

–¿Qué?

–Unas vacaciones.

–Si quiero volver a mi antiguo empleo, seguramente tenga que empezar inmediatamente. Aunque intentaré conseguir algunos días.

–No, me refiero a unas vacaciones de verdad. ¿Qué te parece que nos tomemos unas vacaciones antes de que vuelvas a Londres?

–Vamos a estar ocupados.

–No, no vamos a estarlo.

–Le dijiste a Allem que tendrías que hacer el trabajo de dos semanas en cuatro noches.

–Lo dije solo para poder hacerle una buena factura.

–Aun así, hay que hacer el trabajo –insistió Naomi con el ceño fruncido.

–La mayoría ya está hecho –Sev la miró y sonrió–. ¿Puedes guardar un secreto?

–Sí.

–Me llevará un par de días. Antes de que me digas que estoy estafándolo, te diré que no es verdad. Me paga por mis conocimientos, no por las horas de trabajo. Además, acabaría con demasiados clientes si no me lo tomo con un poco de calma. ¿Qué me dices?

–¿De unas vacaciones?

–Unas vacaciones como Dios manda. No he tenido unas en toda mi vida.

Había recorrido el mundo varias veces, pero no se había tomado un descanso.

–No sé...

–Piénsatelo –replicó Sev antes de levantarse de la cama e ir a la ducha.

Ella no lo pensó. Le había dado miedo enamorarse más si se acostaba con él y, naturalmente, era lo que había pasado... aunque no tenía miedo en ese momento. Estaba segura de lo que sentía por él. Sería muy necia si esperaba algo más de él. Aunque eso no impedía que quisiera más. Además, algunos pensarían que ya era una necia por haber dado un vuelco a su vida solo para que su padre y ella tuviesen una oportunidad, pero se alegraba de haberlo hecho aunque hubiese salido mal.

–¿Qué me dices? –preguntó él mientras se quitaba la toalla de la cintura para secarse la espalda mirándola.

–¿Qué te digo de qué? –preguntó ella con una sonrisa.

–De las vacaciones.

Sev también sonrió. Ella no se parecía nada a lo que había pensado que sería, ¡y lo había pensado muchísimo!

–¡Ah!

Naomi se quedó tumbada mirándolo, pero ya había tomado la decisión. No, no expondría el corazón y se contendría, pero sí lo abriría lo suficiente como para que pudiera hacerle daño. No declararía sus sentimientos ni pediría a Sev más de lo que estaba dispuesto a darle. Además, se retiraría con la cabeza muy alta. Al menos, se habrían dado una oportunidad.

–Sí, por favor –contestó ella mirando su incipiente erección.

Naomi se rio mientras él tiraba la toalla y volvía a la cama.

–¡No me refería a eso!