Capítulo 27
Richard
- “¿Estás seguro que no quieres ir un rato a tu apartamento? Yo puedo quedarme con ella”- Ofreció Cindy por cuarta vez consecutiva.
- “Estoy bien”- Respondí robóticamente.
- “Uh... ok, entonces voy a ir comer algo con Anthony ¿Quieres que te traiga algo?”- Pregunto sonando preocupada.
- “Estoy bien”- Repetí bruscamente moviendo mi mano en señal de que podían irse. Cindy suspiro rendida, tomo de la mano a Anthony que estaba parado a su lado al final de la pequeña habitación de hospital.
- “Ya volvemos Barbie”- Dijo bajito antes de salir. Por supuesto su despedida no tuvo respuesta.
Había pasado una semana completa y Barbara no había despertado desde la cirugía. El doctor había dicho que había entrado en estado de coma y muy bien podría despertar en unas pocas horas... o días... o meses... o años. Cerré los ojos con fuerza al pensar en que Barbara no despertara nunca y sacudí la cabeza. Eche un vistazo a su cuerpo que yacía en la esterilizada cama de hospital.
Parecía dormir plácidamente si no fuera porque estaba rodeada de cables y máquinas. Un tubo de oxigeno cruzaba su rostro y se encajaba justo debajo de su nariz. Vías intravenosas estaban conectadas a sus muñecas con diferentes tipos de medicamentos en ellos. Electrodos estaban pegados a su pecho cuyos cables enviaban el ritmo constante del corazón de Barbara al electrocardiograma.
Se veía absolutamente indefensa y vulnerable con su rostro y cuerpo lleno de moretones bajo todo ese equipo médico. Solo verla me daba ganas de dispararle a Fabio una y otra y otra vez.
Esperaba profundamente que se estuviera pudriendo en el infierno.
Cuando finalmente habían estabilizado a Barbara la policía vino por mí a interrogarme. Los malditos habían querido arrestarme por haberle disparado al alcalde. Gracias a Darren y otras influencias logre permanecer en libertad hasta que se probó mi "inocencia".
Los oficiales habían encontrado una cámara de video que había sido colocada en la mesa de la cabaña y todo el incidente había sido grabado en ella. Gracias a esa cinta habían probado mi punto de que solo estaba defendiendo a Barbara de su padre.
Más tarde había tenido oportunidad de observar las cintas junto a Darren. Tuve que esforzarme al máximo para lograr verla hasta el final sin golpear algo. Había sentido cada golpe que había recibido Barbara en carne viva. Después de verlo solo había quedado aún más furioso y enojado, el único problema era que ya no tenía con quien desquitarme.
El alcalde Fabio murió horas después de que yo le hubiera disparado por no recibir atención médica inmediata. Afortunadamente Darren había llamado la ambulancia cuando había escuchado el primer disparo y gracias a el Barbara había sobrevivido. En serio tenía que encontrar una manera de agradecerle todo lo que había hecho por mí.
Tomas por otra parte había sido recluido a la cárcel, después de recibir tratamiento médico un día. Y Dios sabe que no podría estar más feliz por eso. Solo quería que Barbara despertara para decirle las buenas noticias. Aunque no estaba seguro de cómo se sentiría respecto a la muerte de su padre, y mucho menos de que yo fui el que lo mate.
- “Hombre, pareciera que en cualquier momento te podría explotar la cabeza”- Comento Leonardo que estaba sentado en la otra silla junto a la cama de Barbara.
- “Tú hablas, yo no escucho”- Gruñí hacia él.
A pesar de que aún me molestaba la presencia de Leonardo tuve que hacer un esfuerzo esta vez. Además el había estado casi tan preocupado como lo había estado yo por Barbara. Casi.
Y ya no me parecía tan importante nuestras diferencias, solo pensaba en el bienestar de Barbara. Y tener a sus amigos cerca de ella tal vez ayude. Aunque eso no tenga mucho sentido. Escuche a Leonardo suspirar cansadamente.
- “Solo quiero decirte que estoy fuera del camino ahora”- Dijo sin quitar la mirada de la Barbara durmiente. Lo mire inquisitivamente ¿Hablaba en serio? –“Lo digo en serio”- Dijo como si leyera mis pensamientos –“Después de esto... de verte a ti, de ver cómo te preocupabas por ella... esto no es fácil para mi Richard y sé que lo que te dije la última vez fue una estupidez pero en verdad no quería perder a Barbara y ahora...”- Su mirada por fin dio con mi rostro “-Ahora sé que en verdad la amas y Barbara se merece que la amen después de todo lo que le ha sucedido”- Lo mire atónito.
- “¿Estas ebrio?”- Pregunte sin saber que decir. Me fulmino con la mirada.
- “Espero que hayas escuchado lo que te dije porque no lo voy a repetir”- Gruño poniéndose de pie –“Como sea, tengo que volver al trabajo. Llámame si despierta”- Se quedó de nuevo mirando fijamente a Barbara. Me puse de pie una pose una mano en su hombro.
- “¿Todo bien?”- El me miro y luego asintió lentamente.
- “Todo bien”- Respondió. Sonreí, le di un golpe en el hombro y salió de la habitación.
Volví a sentarme en la silla de metal al lado de la cama de Barbara y me dispuse a hacer lo que hice todas estas tardes.
Esperar por Barbara.
Barbara
Todo estaba silencioso aparte de un molesto pitido. Era vagamente consciente del dolor, pero parecía un poco borroso. No me podía quejar. Esto era mucho mejor que el dolor crudo y desgarrante que había sentido la última vez.
Mis parpados pesaban alrededor de dos toneladas y solo por la necesidad de saber dónde me encontraba logre abrirlos. Gracias a Dios la habitación estaba oscura, no sería capaz de soportar un foco quemando mis pupilas. La única luz que entraba era por la ventana de la puerta, donde podía ver un pequeño puesto de enfermeras que caminaban de un lado a otro. Debía de estar en Terapia Intensiva ¿Tan mala había sido la cosa?
Poco a poco registre mi entorno. Estaba en una habitación pequeña, y pude ver a Richard sentado no muy lejos de mí en una silla de metal. Su cabeza estaba hacia atrás, los ojos cerrados. No estaba segura si estaba durmiendo o solo preocupado de muerte.
La culpa me golpeo duro. Había metido a Richard en este problema y pudo haber salido herido como yo. En serio no me sentía digna de él.
Abrí la boca para llamar a Richard y fruncí el ceño cuando ningún sonido salió de mi boca. Me dolía la garganta. Probablemente habían metido un maldito tubo allí. Lamí mis labios y lo intente una vez más. Nada.
¡Maldita sea! ¡Esto comenzaba a desesperarme! Tal vez era porque tenía cien kilogramos de cables conectados por todo mi cuerpo. Tome un puñado de ellos que sobresalían de mi pecho y los hale. Enseguida me arrepentí de haberme movido. Dolor exploto por todo mi cuerpo haciéndome gemir de dolor. El pitido molesto que antes se escuchaba se convirtió en una alarma escandalosa que me dio dolor de cabeza.
- “¡Oh Dios no! ¡Por favor no!”- Escuche a Richard decir con voz rota, luego sus ojos se encontraron con los míos y se paralizo.
- “Richard”- Intente una vez más decir y salió en un susurro casi inaudible.
Un alivio inmenso se apodero de su rostro, se inclinó hacia delante y callo la molesta máquina. Luego se volvió hacia mí, buscando mis manos y al parecer pensárselo mejor recorriéndome con su mirada inseguro de que hacer. Sonreí y ese simple acto dolió un infierno.
Entonces el rostro de Richard se desmorono. Lagrimas corrieron por sus mejillas salpicadas por su barba de varios días. Ahora me di cuenta de las fachas de Richard. Estaba hecho un desastre. Su ropa sucia era la misma que llevo cuando me dispararon, su cabello estaba revuelto como si hubiese pasado su mano repetidas veces sobre el y sus ojos estaban rojos con ojeras bajo ellos.
- “Dios mío Barbara, estaba tan preocupado”- Susurro acariciando mi mano con cuidado. Baje mi mirada y me encontré con una montaña blanca de vendas que abrazaba firmemente a mi pecho.
- “Wow, parezco un malvavisco gigante”- Comente. Richard sonrió débilmente.
- “Debería de llamar a la enfermera, han estado esperando que despiertes”- Dijo Richard mirando por encima de su hombro.
- “No, no todavía. Solo déjame estar unos minutos aquí contigo”- Richard tomo mi mano y comenzó a acariciarla nuevamente –“¿Cuánto tiempo he estado aquí?”- Hizo una mueca.
- “Siete días. Estas aquí desde la cirugía. Estaba empezando a pensar planeabas dormir toda la vida”- Respondió el. El recuerdo de mi padre levantando su brazo y dispararme me hizo helar la sangre.
- “¿Que paso con Tomas y Fabio? Escuche un disparo después de que me dieran a mi ¿Fabio también te disparo? ¿Estás bien?”- ¨Pregunte temerosa de la respuesta. Aunque a simple vista Richard se veía bien podría estármelo escondiendo. Richard se tensó.
- “Tomas, preso. Fabio, muerto... yo fui el que disparo”- Dijo con tono inexpresivo.
- “Oh”- Fue todo lo que logre decir.
Fabio estaba muerto. Espere para que el algún sentimiento de pesar o tristeza llegara pero nunca llego. Lo que sentía era... absolutamente nada. Ni frio ni calor. Era tan extraño. Yo era su hija y se supone que debería de sentir algo. ¿Había algo mal conmigo?
Por supuesto que no había nada malo en mí. Fabio había sido un hijo de puta total toda su vida. No se había molestado en crear algún tipo de relación con su propia hija y se había dedicado profundamente a su carrera. Tanto así, que intento matarme.
Mi propio padre intento matarme...
- “Yo... puedo dejarte sola si lo necesitas…”- Dijo Richard evitando mi mirada y alejándose de la cama.
- “¡No!”- Proteste moviéndome inconscientemente y soltando un chillido de dolor. Enseguida él estuvo a mi lado sosteniendo mi mano.
- “¡No hagas ese tipo de movimientos Barbara!”- Me reprendió.
- “No me dejes sola”- Respondí de vuelta. El asintió pero aun así no me devolvió la mirada.
- “¿Por qué no me miras? ¿Tan mal me veo?”- Pregunte con voz escandalizada. ¡Siete días sin peinarme! Oh, mi Dios debía de verme horrible.
- “¡No! ¡Estas hermosa! Siempre estas hermosa, incluso debajo de todos esos cables y vendajes”- Respondió apresuradamente pero aún se le notaba extraño.
- “¿Qué te pasa entonces?”- El suspiro ruidosamente.
- “No todos los novios matan a sus suegros Barbara, sé que algunos quieren pero no lo hacen... yo lo hice”- Dijo mirando nuestras manos juntas. Ahora comprendí que había Richard había malinterpretado mi silencio anterior y lo había hecho sentirse mal.
- “No... Richard tú estabas protegiéndome”- No levanto la mirada –“Mírame”- Le pedí un poco frustrada de que no podía mover mis brazos para obligarlo a verme. Finalmente encontré su mirada. Parecía haber una tormenta en esos ojos grises atormentados –“No hiciste nada que yo no haría por ti... yo mataría por ti”- dije sonriendo ahora y lo decía en serio. Richard sonrió un poco pero aún se le veía perturbado.
- “Así que... ¿Qué tan mal estoy?”- Pregunte queriendo cambiar el tema. El frunció el ceño.
- “Casi mueres, tu moriste”- Respondió con voz estrangulada –“Te disparo en el pecho, perdiste demasiada sangre y la bala se alojó en tu pulmón derecho. Gracias a Dios no fue en tu corazón”- Entrelazo sus dedos con los míos apretando mi mano más fuerte.
- “Supongo que ya estoy fuera de peligro”- Comenté a la ligera sintiendo que no era yo de la persona que estaba hablando.
- “No”- La voz de Richard fue más bien un susurro –“Aun hay riesgo de infección, neumonía y todo tipo de complicaciones. Vamos a estar aquí un buen tiempo, además que cuando te den de alta tendrás un reposo intensivo”- Suspire cansadamente al escuchar todo esto.
- “Supongo que serán unos días aburridos”- Me queje mirando las maquinas a mi alrededor y haciendo una mueca al pensar en ese montón de inyecciones.
- “Muy cierto, pero yo voy a estar contigo todo el tiempo”- Dijo dándome una sonrisa de medio lado. Hice rodar mis ojos.
- “Dame espacio ¿quieres?”- Bromee haciéndolo sonreír.
- “Ni un centímetro”- Respondió inclinándose y dejando rozar sus labios con los míos.
Por primera vez en mucho tiempo sentí mariposas en mi estómago a pesar del dolor intenso. Mi futuro parecía brillante y libre de las sombras que me habían perseguido.