Capítulo 9

Barbara

Tocaron la puerta y me levante del sofá para abrir. Richard no había salido de su habitación después de lo que le había dicho. Imaginaba que se debe haber dormido. ¡Pero mierda! Me había enojado demasiado la forma posesiva en que me había tomado del brazo y preguntarme si tenía algo con Leo. Nadie me trata así ¡Soy Barbara Williams! ¿Cómo se atreve? Él era la última persona que podía decirme algo ¡Él me estaba engañando y estaba de aliado con mi padre para cuidar de su maldita reputación!

Abrí la puerta, un muchacho bajito y gordito sostenía una caja blanca rectangular, que parecía más grande que él. Lucho para levantar una hoja a la altura de sus ojos.

- “¿Usted es la señorita Barbara Williams?”- Pregunto el leyendo la hoja.

- “Aja”- Respondí divertida por la forma en que se estaba poniendo rojo por el peso de la caja.

- “Este paquete es para usted”- Dijo entregándome la caja. En realidad no era tan pesada... en serio deberían de contratar personal más capacitado.

- “Gracias”- Murmure y cerré la puerta. Lleve la caja hasta mi habitación y la puse encima de mi cama. La abrí y solo pude ver un motón de papel blanco y una carta roja encima de todo. La tome y la abrí.

Un hermoso vestido para mi hermosa prometida.

 

Tomas.

Asqueroso, pensé.

Lance la carta lejos y empecé a mover todo el papel de la caja para sacar el vestido blanco que había debajo. Era un vestido realmente hermoso corte princesa con pedrería incrustada. Lo lleve hasta el espejo de mi closet y sonreí al ver mi reflejo. Sip, sería una lástima hacerle algunos retoques personales.

Me sentía tan impaciente para llevar a cabo mi plan que le mande un mensaje a Fabio preguntándole la fecha de la boda. Era dentro de dos semanas, bien... me daba tiempo para tener todo listo. Y pensando en eso, tenía que conseguir un agente inmobiliario rápido. Le marque a Leo.

- “¿Quieres otro beso?”- Contesto Leo, hice rodar mis ojos.

- “Hey, ¿conoces algún agente inmobiliario?- Pregunte. No te tenía que darle explicaciones ya que él sabía exactamente todo lo que tenía planeado hacer.

- “Ah, sí. De hecho la chica con la que salió Anthony ayer es agente inmobiliario”-

- “¿Y que estas esperando? ¡Ponlo en la línea!”- Dije exasperada.

- “Barbie...”- Dijo y por el tono de su voz sabía que estaba sonriendo, le encantaba molestarme.

- “¿Que?”- Espete irritada.

- “Besas muy bien”- Dijo divertido.

- “¡Pásame a Tony tarado!”- Escuche como se reía y llamaba a Anthony. Dios, ¿se suponía que él era el maduro?

- “¿Que pasa Barbie?”- Contesto al fin Anthony.

- “Tony necesito el número de la chica con la que saliste ayer”- Dije sin rodeos, ya se de todas formas que Leo le conto todo mi plan.

- “¡No me digas que te cambiaste de bando Barbie, porque te juro por Dios que te hago cambiar de parecer!”- Bromeo Anthony haciéndome sonreír. Demonios, nunca podía hablar en serio con el.

- “Tony concéntrate”- Dije tratando de sonar seria.

- “Bien, bien. Te envió el número y el nombre por mensaje de texto, pero ten cuidado con lo que haces, ella es mía- Dijo el. Corte la línea soltando una risita. Segundos después recibí el mensaje de texto con el número y el nombre. Se llamaba Cindy Blair. No pensé más y la llame.

- “¿Hola?”- Contesto ella.

- “Hola, ¿Hablo con Cindy Blair?”-

- “Si, con ella habla”- Respondió amablemente.

- “Bien... su número me lo dio Anthony Fellon... ya sabes el chico buenazo con quien saliste ayer. Soy una amiga suya y me dijo que tu eres agente inmobiliaria, necesito conseguir un apartamento lo más rápido posible ¿Estas disponible en este momento?”- Dije sin tanto parloteo.

- “Uh, si seguro. Hay un café al norte de la ciudad muy boni...”-

- “No, tiene que ser en mi casa”- Dije rápidamente. Pensando en que si salía, Richard obviamente iba a estar pegado a mi trasero y oiría todo sobre conseguir otro apartamento y a continuación de que yo ya sabía todo, lo que daba como resultado mi cuenta bloqueada. Le di la dirección de mi apartamento –“¡Ah! Una cosa más”- Añadí antes de finalizar la llamada –“Necesito que actúes como si fueras mi amiga, o sea como si nos conociéramos de hace tiempo... sé que suena raro pero por favor hazlo. Si es necesario te pago más”- Escuche la risa suave de Cindy.

- “No es necesario, debes tener tus razones... Estoy allí en 45 minutos”- Dijo ella y corto la llamada.

Suspire aliviada. Al menos Tony había conseguido una buena chica. Desearía que Leo pudiera hacer lo mismo y no estuviera detrás de mí porque eso obviamente terminaría mal. O detrás de Trina que ¡eso era mucho peor que andar conmigo! Mire mi reloj, eran las 2:00pm y yo estaba en pijamas, al menos 45 minutos eran más que suficientes para arreglarme.

Me ponía brillo de labios cuando escuche que tocaron la puerta, ya para ese momento Richard había despertado y estaba en la sala. No habíamos hablado.

- “¡Abre la puerta!”- Grite desde el baño.

- “¡Soy tu guardaespaldas, no tu mayordomo!”- Grito de vuelta Richard. Escuche como gruñía en todo el camino pero abrió la puerta. Sonreí, si no fuera tan malditamente sexy hace rato lo hubiese asesinado.

Salí del baño y Richard había dejado entrar a Cindy. Estaba sentada en el sofá. Ella era muy bonita, de ese tipo de belleza inocente... ya saben, ojos grandes y mejillas rosadas, de cabello rubio rizado hasta los hombros. Venia vestida con una falda azul marina encima de las rodillas y jersey del mismo color, típica vestimenta de trabajo.

Que comience el show.

- “¡Cindy! ¡No puedo creer que seas tú, cuanto tiempo!”- Exclame con mi mejor sonrisa. Ella se levantó y me sonrió con entusiasmo.

- “¡Cariño!”- Dijo ella y nos abrazamos. Wow, deberían de darnos un Oscar por esto. De soslayo mire Richard, él nos veía pero no parecía sospechar nada. Lucia divertido sin embargo.

- “Ven, tenemos que contarnos todo”- Dije animosamente y llevando a Cindy de la mano. Después me volví hacia Richard.

- “Y tu no molestes”- Le advertí. Él se encogió de hombros y se sentó en el mueble a ver tv. ¡Oh, nunca estaré más agradecida porque Cindy tenga cara de mosquita muerta!... quiero decir... inocente.

Me encerré en mi habitación con Cindy, sin poner seguro en la puerta, ya que sería muy sospechoso. Me tumbe en mi cama y suspire.

- “Ah, gracias por eso Cindy, por cierto... soy Barbara Williams”- Comente apoyándome en mis codos y asiendo ademan para que se siente a mi lado.

- “No fue nada. Aunque no sé porque le mientes a un bombón como ese”- Dijo ella sonriendo y mordiendo sus labios soñadoramente. No la culpaba, cualquier chica que le echara un vistazo a Richard de cerca tendrían sus pantis húmedas en menos de tres segundos. Reí con amargura.

- “Larga historia... pero no vamos a hablar de eso. Necesito que me consigas un apartamento lo antes posible, y si es amueblado mejor aún”- Ella saco algo como una revista de su cartera y me la entrego.

- “Aquí hay fotos de apartamentos disponibles”- Dijo ella sonriendo. Ugh, era de esas personas tan amables que incomodaban.

- “Veras, no voy a poder salir a ver los apartamentos en persona. Así que lo vas a hacer tu y después vienes a mí a decirme que tal ¿ok?”- Informe, hojeando la revista. Había apartamentos espectaculares pero tampoco podría comprarme uno tan costoso porque Fabio vendría a fastidiar y averiguar en qué lo gaste.

- “Parece que pasaremos mucho tiempo juntas”- Contesto dulcemente.

- “Así parece”- Gruñí en respuesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Richard

Ya era de noche y Barbara se había pasado todo el día encerrada con su amiga en su habitación. Hacía poco de que se había ido, Barbara estaba en la ducha.

Para mi suerte ella no había puesto seguro en la puerta, así que me deslice dentro. Lo más silencioso posible, me deshice de toda mi ropa y entre en la ducha. Ella no me había visto aun, me daba la espalda y parecía pensar en voz alta ya que murmuraba cosas que no lograba entender por el sonido del agua.

Pongo mis manos alrededor de su cintura y ella se estremeció.

- “¡Mierda!”- Grito y se volteo a verme con ojos ampliados –“¡Podrías haber tocado la puerta, me asustaste!”- Me encantaba como ponía la boca cuando estaba molesta.

No pude resistirme y me incline a besarla. Pase mi lengua por sus labios hasta que ella los abrió para dejarme profundizar el beso. El agua cayendo a nuestro alrededor le daba un erotismo extra, la pegue contra la pared y puse sus piernas alrededor de mi cintura. Ella gimió suavemente y eso me volvió loco. Me separe para verla a los ojos.

- “Siento haberme comportado como un idiota posesivo esta mañana”- Dije sinceramente. Sus ojos se ampliaron y me miro con sorpresa y luego con... ¿Enojo? ¿Por qué?

- “Quítate”- Murmuro empujándome. No me moví... ahora ella evitaba mi mirada.

- “No, ¿qué pasa?”- Pregunte atrapando su barbiella para que me mire a los ojos. Cuando nuestras miradas se encontraron ella se veía triste y dolida.

- “¡Quítate!”- Dijo ahora más fuerte, golpeándome en el pecho. La solté y ella salió de la ducha. La seguí. Ella se envolvía una toalla furiosamente, y salía del baño. Tome una toalla y me la puse descuidadamente alrededor de mi cintura.

- “¡Maldición Barbara, quédate quieta!- Dije mientras la seguí en su habitación.

- “No estoy de humor Richard. Ahora vete a tu habitación- Gruño ella volviéndose hacia mí. Su expresión era controlada no podía descifrarla. Entrecerré mis ojos en ella, me acerque y la tome de los hombros.

- “Sabes que no es eso, ¿que está mal? ¿Te hice daño la última vez?”- Pregunte con algo de pánico. Si la había lastimado me azotaría a mí mismo. Ella rio, no fue una risa divertida era amarga y odiosa. Sin ninguna pizca de gracia.

- “¿De verdad te preocupas por mí?”- Pregunto con una sonrisa irónica.

- “¡Si, maldición sí! Tú me importas más de lo que yo querría que me importases Barbara. Tengo estos sentimientos por ti que no sé cómo manejarlos”- Solté exasperado ¿Por qué ella se veía como si no me creyese ni una palabra de lo que decía? Ella suspiro y se puso seria.

- “Si de verdad te importase tanto, tu no...”- Empezó a decir pero cerró la boca rápido como si estuviese a punto de decir algo que no quería.

- “¿Yo que?”- Pregunte suavemente sin quererla presionar. La presión y Barbara no era algo que iban de la mano.

- “Nada... Escucha lo que tú y yo estemos juntos no fue una buena idea. Se supone que tú eres mi guardaespaldas ¿no? No deberíamos de relacionarnos. No es profesional, mejor... mejor es dejarlo”- Dijo ella sonando cansada.

No, no. Yo no quería dejarlo, no cuando sentía lo que sentía por ella. Quería gritarle, quería preguntarle por qué. Hacerla cambiar de opinión. Rogarle de rodillas. Lo que sea pero con tal de no estar sin ella. Pero lo único que hice fue asentir y dirigirme a mi habitación. Porque sabía que yo no debía estar con ella, más cuando le estaba mintiendo de esta manera. Dios, era un bastardo egoísta por pensar en ella de la manera en que lo hacía pero no podía evitarlo.

En el ejército todo era menos complicado. El general decía, haz esto o lo otro, actúa así o asa. Tan simple como eso. Me podías dar un rifle y podría desarmarlo y volverlo a armar con los ojos vendados. Luchar contra seis hombres con solo mis puños, pan comido. Abandonado en lugar árido con solo un cuchillo de cocina y ten por seguro que me las arreglaría para sobrevivir.

¿Ser guardaespaldas de la hija del alcalde? Era un maldito incompetente que no podía separar el trabajo de lo personal aun si su vida dependiera de ello.

Me sentía tan fuera de lo mío. Ella me confundía y me hacía sentir inseguro.

Nunca antes sentí tantas ganas de decirle toda la verdad.