Capítulo 18

Barbara

Desperté nuevamente en la cama de Richard. Rodé para ver el reloj de mesa. Eran las 3:00pm. Ok, a pesar de que había dormido de más, me sentía horriblemente cansada. Sentía como si el vendaje de mis costillas no me dejara respirar. Me levante de la cama y arrastre mis pies fuera de la habitación al baño. Sonreí al ver que Richard hacia lavado mi ropa y estaba doblada en la encimera del baño. Me puse mi ropa, delicadamente cuando me ponía mis jeans. La piel de mis muslos me estaba matando. Salí del baño y me dirigí a la sala.

Richard estaba sentado en el sofá con los codos apoyados en sus piernas y la cabeza entre sus manos. Se veía perturbado, lo que me preocupo un poco. Me acerque a él.

- “Hey, ¿te sientes bi…”- Richard levanto la cabeza y mire horrorizada como tenía el labio roto y un buen golpe en su mejilla izquierda que muy pronto se volvería morado –“¿Qué demonios te paso?”- Pregunte sentándome a su lado, el me miraba extrañamente.

- “Leonardo”- Respondió secamente ahora evitando mi mirada.

- “¿Leo te hizo esto? ¡Ese maldito estúpido que se cree! ¡Lo voy a mat…”- Richard hizo callar mi ira con lo siguiente que dijo.

- “Él dijo que estuvieron juntos cuando dormiste en su apartamento”- La forma en que lo dijo fue inexpresiva.

- “¿QUE?”- Prácticamente grite, levantándome de un brinco del mueble.

El movimiento brusco causo dolor en mis costillas pero ignore el dolor. En este momento estaba demasiado furiosa como para que me importase. Richard no me veía, el parecía muy concentrado en mantener la mirada en sus puños cerrados sobre su regazo. La realización me golpeo de lleno y me colmo de enojo y rabia impotente.

- Por Dios... ¡Tú le creíste!”- No fue una pregunta. Richard se había tragado todo lo que le había dicho Leo. Y Leo... ¿cómo pudo llegar tan bajo? Richard no dijo nada y me sentí traicionada ¿Cómo puede pensar eso de mí? –“¿De verdad piensas que haría eso? Tu... ¿De verdad piensas que soy así de zorra?”- Con esto Richard levanto su mirada hacia la mía. Él se veía herido ¡Dios, el en verdad le había creído a Leo! –“¡Yo dormí con Cindy! ¡Puedes preguntarle a ella o incluso a Tony! ¡No paso na…”- Corte mi discurso de autodefensa y suspire cansadamente.

Ahora me sentía peor que antes, no solo físicamente, ahora emocionalmente también. Quería golpear algo pero no tenía la energía suficiente. Ni siquiera tenía energía para pelear con Richard y defenderme a mí misma.

Sabía que esto había sido demasiado bueno para ser cierto. Es decir... no podía culparlo de que no confiara en mí. Yo era la hija promiscua del alcalde. Todos en la ciudad sabían eso y yo me había asegurado que fuera de esa manera.

En este momento no tenía ni las fuerzas ni las ganas para negarlo todo. Si él quería creerle a Leo por encima de mí. Bien, que así sea. Por otro lado estaba furiosa con Leo, pero después me ocuparía de eso. Por ahora solo quería salir de aquí ya que no era más bienvenida.

- “¿Sabes que Richard? Piensa lo que quieras, ya esto lo veía venir...”- Le di la espalda y empecé a caminar hacia la puerta.

Ya no quería estar aquí. Solo quería encontrar a Cindy para que me diera la llave de mi apartamento. Estar en mi propio espacio me hará sentir mejor. Antes de que llegara a la puerta Richard me tomo de la mano. Algo de esperanza se hincho en mi pecho ¿Se había dado cuenta que todo había sido una mentira?

- “No puedes irte así, ¡Alguien está tratando de matarte!”- Dijo bloqueando la puerta con su brazo. La poca esperanza que hubo en mí se esfumo. El solo quería que me quedara para protegerme. Claro, si me mataban se iba a sentir culpable. ¡Que se pudra, ya me había hecho enojar!

- “¡Prefiero estar muerta que estar alrededor de personas que no confían en mí!”- Grite en su cara, aparte su brazo y salí por la puerta furiosa.

Una vez en la calle camine sin rumbo alguno. Caminar me relajaba pero muy pronto me sentía cansada. No tenía nada conmigo, ni teléfono, ni dinero. El apartamento de los gemelos era casi al otro lado de la ciudad y de ninguna manera lograría llegar hasta allá a pie. La oficina de Cindy se veía más accesible para mí. Aunque mi única alternativa era pedir un aventón o pedir dinero para un autobús o taxi. Y primero muerta que pedir dinero. Un aventón era menos humillante.

Para mi suerte un chico en una moto se detuvo a comprar lo que sea en un mini-mercado. Cuando iba saliendo del establecimiento, me acerque a él y puse mi mejor sonrisa coqueta.

- “Hola, disculpa... necesito un aventón para”- Le di la dirección de la oficina de Cindy –“Olvide mi teléfono en casa y me acaban de robar todo mi dinero”- Dije haciendo un buen acto de niña ingenua con mis pestañas, luego le di una sonrisa pequeña –“Seria muy lindo de tu parte...”- El chico al parecer se tragó todo el cuento.

- “¿En serio? ¿Estás bien? Por supuesto, de hecho mi trabajo está cerca de allí, así que no hay ningún problema”- Respondió el chico preocupado y luego me dio una gran sonrisa.

De hecho era guapo. Tenía el cabello largo y negro, con un tatuaje que le cubría todo el brazo derecho. Sonreía agradecida y el chico me dio un casco. Me monte detrás de el chico abrazando su cintura y antes de que arrancáramos vi como Richard estaba a tan solo unos metros de nosotros y me miraba con la boca abierta. Le sonreí dulcemente y con mi mano izquierda le hice una seña obscena con mi dedo del medio. Observe como achicaba los ojos en mí y luego lo perdí de vista.

Richard

Barbara salió furiosa de mi apartamento. Pase una mano por mi cabello frustrado. No sabía qué hacer. Parecía que cada vez que estamos juntos algo sale mal. Barbara definitivamente tenía problemas para controlar la ira y yo definitivamente no sabía cómo tratar con ella.

No sabía a quién creerle. Leonardo había dicho que había estado con Barbara y había sonado tan seguro de si mismo que me había sacado de mis casillas. No soportaba pensar que otro hombre la había tocado. Y Barbara ni siquiera se había molestado en negarlo. Es decir... ella se había puesto furiosa pero de repente se rindió.

Eso me molesto más aún. Su expresión había sido como si ya se había esperado esto. Como si ella hubiese estado esperando este momento. Es como si ella ya supiera que algo iba a salir mal entre nosotros. Ella simplemente se había rendido conmigo.

Dios, y ella se había ido sola a la calle. ¡La había dejado irse sola a la calle, cuando alguien estaba tratando de matarla! Casi me detengo ahí mismo solo para golpear mi cabeza repetidamente contra la puerta.

Salí disparado de mi apartamento en busca de Barbara. Caminaba rápidamente y veía a mis lados frenéticamente. ¿Y si alguien se la había llevado? No me perdonaría nunca si algo le pasaba. Camine unos minutos más y estuve a punto de volverme loco cuando vi a Barbara montarse en la moto de un tipo.

Ella me miro y me sonrió, luego antes de que arrancara la moto me hizo una seña obscena con su mano izquierda. ¿Barbara estaba jugando conmigo?

Estaba furioso. Barbara en serio no sabía la gravedad de que alguien estuviera tras ella. Ella simplemente hacia lo que le daba la gana.

Ella y yo íbamos a tener una pequeña charla. Donde tal vez ambos estemos gritando ya que así parecía terminar todas mis discusiones con ella.

Barbara

Entre en la oficina de Cindy ignorando los gritos de la secretaria para que no pasara. Abrí la puerta y encuentro a Cindy sentada en su escritorio con Tony entre sus piernas, ambos tratando de comerse la cara del otro.

- “Ya veo porque tu secretaria no quería que pasara... se nota que estas muy ocupada”- Comente divertida sentándome en una de las sillas frente a su escritorio. Cindy empujo a Tony casi tirándolo al suelo, poniéndose de pie y acomodándose su falda. Se había puesto roja como un tomate. No pude evitar reírme. Tony se sentó en la otra silla a mi lado con una sonrisa descarada.

- “Um... ¡Barbara! ¿Estás bien? Leo nos contó lo que te paso”- Dijo Cindy aun acomodándose la ropa y dándome una mirada preocupada. Suspire.

- “Si, estoy bien... Solo vine aquí a buscar las llaves de mi apartamento, después pueden seguir tirando en la oficina”- Respondí en tono aburrido. Esa pregunta ya me estaba hartando.

- “Por eso eres mi mejor amiga Barbie”- Dijo Tony tomando a Cindy de la caderas. Cindy en cambio le dio una mirada dura y se volvió hacia mí.

- “¿Segura que estas bien? Te ves... molesta”- Dijo taladrándome con la mirada. Maldita chica buena observadora.

- “Dije que estoy bien, ahora dame la llave... Ah y también sería muy lindo de tu parte llevarme hasta mi apartamento”- Dije sonriendo y batiendo mis pestañas. Cindy me dio una mirada desconfiada pero luego busco en los cajones de su escritorio y saco un par de llaves. Las lanzo y las atrape en el aire –“Eres un cielo Cindy”- Adule en tono meloso.

- “Lo sé, lo sé... soy demasiado amable contigo”- Se quejó ella pero luego sonrió –“Vamos Anthony, tu eres el de la ruedas”- Dijo halando a Tony del brazo.

- “¡Pero dijiste que nos dejarías y nosotros podríamos tir...!”- Empezó Tony

- “Cállate y saca tu trasero de esa silla- Replique y ayude a Cindy a levantarlo.

- “¡Al fin! ¡Mi propio apartamento!”- Exclame felizmente dejándome caer en el lindo sofá blanco de la sala.

Mi apartamento se veía mejor en persona. No era tan pequeño como lo había imaginado. Pero por supuesto era más pequeño que el Pent-house. La sala estaba unida con la cocina, tenía una habitación y el baño era patéticamente estrecho. Pero lo amaba. Porque era MIO. Amaba decirlo, mi apartamento.

Cindy y Tony se sentaron junto a mí, después de haberle echado un vistazo a todo el apartamento. Luego se empezaron a besar. ¡Oh por el amor de Dios! Ellos necesitaban una habitación ahora pero definitivamente no iba a ser en mi casa.

- “¡No se atrevan a profanar mi sofá! ¡La primera que lo hará seré yo!”- Hale a Cindy lejos de Tony y me senté en medio de los dos. Tony me miro con falso enojo y estaba a punto de replicar cuando tocan la puerta. ¿Quién demonios es? Acabo de llegar.

Me levante y fui a abrir la puerta. Era Leo. En seguida cerré la puerta en su cara, solo que el la detuvo con su pie. Maldita sea.

- “¡Lárgate de aquí Leo! ¡En serio en este momento lo único que quiero es apuñalarte con un cuchillo de cocina repetidamente en tu estomago!”- Grite aun tratando de empujar la puerta. Leo con facilidad la abrió y paso a mi apartamento –“¿Cómo sabes que estaba aquí?”- Gruñí.

- “Anthony me mandó un mensaje”- Respondió enseñándome su teléfono. Maldito traicionero. Me volví para matarlo con la mirada y el parecía confundido. Bueno, después de todo el no tenía idea de la estupidez que había hecho su hermano.

- “Vete de aquí Leonardo”- Dije entredientes. Él tenía una mirada culpable. Yo solo quería matarlo.

- “Barbie, déjame explicarte yo...”-

- “¡Te dije que te fueras! ¡No quiero oír una mierda de lo que tengas que decir!”- Camine hasta la puerta y apunte firmemente hacia ella –“¡VETE!”-

Leo me miro con el ceño fruncido y camino hacia mí. Antes de que pudiera hacer algo él había tomado mi rostro entre sus manos y depositado un beso en mi labios. Precipitadamente lo empuje lejos de mí. Y para mi bendita suerte Richard estaba parado en la entrada de mi apartamento mirando a Leo como si quisiera asesinarlo en ese mismo instante, cosa que yo también quería.

Oh, mierda. Esto si que mejoraba las cosas.