Capítulo 11

Barbara

Después de pasar un buen rato en el spa relajándome, con mi manicure y pedicure listas volví al pent-house, donde me esperaban un estilista y maquilladora. Una vez en mí habitación el estilista se puso a trabajar en mi cabello creando unas lindas ondas en él, la maquilladora me hacía un maquillaje simple, y su asistente me masajeaba la espalda. Oh, se sentía tan bien no hacer absolutamente nada y dejar que otros hicieran todo.

Ya estaba casi lista cuando observe cuando Richard entraba en mi habitación. Lo ignore y él se aclaró la garganta para llamar mi atención. Lo mire levantando una ceja interrogativamente.

- “Necesito hablar contigo”- Dijo el sonando nervioso –“A solas”- Agrego rápidamente mirando a todo mi equipo de belleza ¿Y ahora que quería? Me encogí de hombros y le hice una seña a los demás para que salieran. Al parecer hoy no iba a dejar que me consintieran.

- “¿Que?”- Demande impacientemente ya que no hablaba. El tomo aire y hablo, era gracioso ver a un tipo tan grande nervioso.

- “No soy tu guardaespaldas Barbara. En realidad tu padre me contrato para tenerte vigilada y no hicieras nada que afectara su reputación, mi primer interés era el dinero pero...”- Levante una mano para que se callara. Ok, esto si no me lo esperaba. Venía a contarme la verdad ahora... ¿para qué? ¿Seria una trampa para que yo confiara en él y le dijera todo mi plan?

- “Richard... ya lo sé todo”- Dije sonando muy tranquila a pesar de la confusión en mi cabeza.

- “Lo siento Barbara en verdad lo sí... Espera ¿Como que ya lo sabes?”- Pregunto el incrédulo. Hice algo que ni yo misma esperaba. Me reí. Y mucho. Tanto que dolió.

¿Pero que más podía hacer? Al menos reír era mejor que llorar. Richard había sido tan dulce conmigo que por un momento sentí que podía confiar en él. Sentí que tal vez Dios no había sido tan cruel conmigo después de todo, y había enviado a un hombre que me quisiera aun con mi horrible personalidad y problemas emocionales. Que equivocada había estado. Supongo que había estado tan desesperada por algo real que había caído en la trampa de Fabio redondita.

- “¿En verdad me creíste tan estúpida?”- Pregunte después de mi ataque de risas histéricas –“Lo sé desde hace dos semanas Richard. No fue muy inteligente de tu parte dejar tu laptop en un lugar tan descuidado”- Dije sarcásticamente, sintiendo como la rabia y enojo de aquel día se volvían a encender en mí y quemaban dentro con fuerza renovada.

- “¿Por qué no me dijiste nada?”- Susurro, su voz sonando extrañamente rasposa.

- “¿No es obvio?”- Dije poniéndome de pie y acercándome –“Porque si tú te enterabas que yo sabía, irías a contarle a Fabio. En tal caso yo, quedaría en la ruina”-

- “¿Por eso actuabas así conmigo? Quiero decir... distante”- Pregunto el, su expresión era en blanco.

- “¿Y que más querías que hiciera, Richard? ¿Querías que actuara toda melosa contigo? ¿Querías que me acostara contigo sabiendo que me estabas mintiendo? ¡Puedo ser una perra y acostarme con muchos hombres, eso no significa que soy estúpida y me acuesto con uno que me está traicionando en mi propia cara!” - Grite explotando, sabiendo que mis gritos se debieron haber escuchado hasta en el pasillo del ascensor.

- “Barbara yo...”- Parecía que se le dificultaba hablar y se veía atormentado. Bien, así es como se debería sentir, pensé. –“En serio yo no... Es que...”- Se pasó una mano por el cabello.

- “Richard termina de decir lo que vas a decir, porque para ver a un retrasado mental hablando prefiero verlo en Discovery H&H”- Comente cruzando mis brazos en mi pecho.

- “Lo siento” – Dijo finalmente mirándome a los ojos. En verdad lucia arrepentido y culpable. No, no dejes que te manipule con esos ojos tristes de Basset Hound.

- “Si, yo también lo siento por mi”- Replique evitando sus ojos. Él se acercó a mí y me tomo de los hombros.

- “Barbara... mírame”- Suplico el, a regañadientes conecte su mirada con la mía –“Perdóname, fue un error”- Dios, el tenía que parar de poner esos ojos de cachorrito.

- “Si, te entiendo... las personas comenten errores” - Dije viendo como la esperanza brillaba en sus ojos grises, satisfecha de que iba a aplastarla –“Y tu fuiste mi error, ahora sal de mi vida”- Agregue dejando que todo la rabia que sentía sonara en cada una de mis palabras.

Observe como la luz de esperanza de marchitaba en sus ojos y lo único que hubo en ellos fue dolor. El me miro por un rato, y estuve a punto de flaquear mi mirada cuando el asintió con la cabeza y salió de mi habitación. Pero por supuesto no sin antes dejarme una razón por la que no dormir esa noche.

- “Solo quiero que sepas que te quiero de verdad y... quería llegar a amarte”- Con esto dicho se fue de mi apartamento.

¡Agh! ¿No podía haberse ido sin decir nada? No. Él quería hacerme ver a mí como la mala, pero él era quien me había mentido, él era quien me había traicionado... aunque pensándolo bien, él no había hecho nada. Es decir, el acepto este trabajo antes de haberse involucrado conmigo, él no me había conocido aun. Así que eso lo hacía inocente de todo. Yo era la bruja que complicaba todo.

Un maldito dolor de cabeza palpitaba en mi cráneo. ¿Hice lo correcto?

Sacudí mi cabeza con brusquedad y me obligue a mí misma a tener fuera de mis pensamientos a Richard... al menos por unas horas. Ahora tenía que concentrarme en el show que le iba a montar para mi querido padre.

Tome mi celular y le marque a Leo.

- “¿Dónde están?”- Pregunte cuando contesto.

- “Acabamos de llegar, estamos frente del edificio ¿necesitas ayuda para bajar?”- Dijo el, haciéndome rodar mis ojos.

- “Si Leo. Es muy complicado para mi apretar el botón del ascensor, nunca entendí esos aparatos”- Respondí sarcásticamente.

- “¡Oye! Puede ser que te arruines tu manicure”- Replico el riéndose.

- “Dame 5 minutos”- Dije colgando.

Me quite la bata de baño que tenía puesta y me puse mi vestido especialmente rediseñado por mí misma. Camine al espejo de mi closet. Unas orejas de conejo y ya era una Playboy, pensé. Había cortado el vestido justo debajo de mi trasero, traía puestos unos ligueros blancos con unos tacones plataforma trasparentes muy parecidos a los de una stripper. La parte de arriba había cortado la espalda y unido con cintas negras para que quedara tipo corsé y obviamente le acentúe el escote. Estaba tan ansiosa que sentía mi estómago temblar.

Me puse mi abrigo de noche blanco y me cubrí con él. Tome la maleta que ya había preparado el día anterior y baje para encontrarme con Leo frente al edificio. Dure un poco más mirando a mí alrededor y suspire.

Adiós a mi vida de lujos y excesos, pensé tristemente.

- “Eso fue más de 5 minutos- Comento Leo frunciendo el ceño cuando subí a su auto.

- “Las chicas siempre tardamos más”- Respondí sonriéndole, el me devolvió la sonrisa y acelero.

Cuando llegamos a la mansión Williams había un motón de autos estacionados por todo el lugar. Por supuesto todos eran autos caros. Mi corazón empezó acelerarse con anticipación y mis palmas comenzaron a sudar. Leo manejo hasta la puerta principal. Me volví hacia él.

- “Tony está en su lugar ¿no?”- Pregunte ansiosamente. Leo asintió varias veces haciéndome notar que estaba igual de ansioso que yo –“Ok, voy directo al jardín trasero donde se supone que esta armada toda la mierda y...”- Puse una mano en su hombro –“Gracias por todo esto, son los mejores amigos del mundo”- Leo puse una mano encima de la mía.

- “Barbie, siempre estaremos de tu lado”- Dijo el dulcemente haciéndome sonreír por lo cursi que sonaba eso –“Y espero llegar a ser algo más que tu mejor amigo”- Eso borro la sonrisa de mi rostro, no le respondí. Baje del auto y me dirigí al jardín trasero.

¿Porque Leo tenía que enredarlo más todo? Primero Richard con todo su cuento de mentirme pero en realidad no, ya que aún no me había conocido y ahora Leo de querer ser algo más que mi amigo. Mi cabeza estaba hecha un remolino y no sabía que pensar, decir, actuar, hacer... en fin. Era una completa inútil.

Me detuve en la puerta trasera y respire profundo. Concéntrate ahora en esto y luego ocúpate de tus hombres, pensé. Aparte la cortina de la ventana junto a la puerta y eche un vistazo del jardín trasero.

Jadee, al ver todo lo que habían hecho al lugar. Arcos en forma de corazón adornaban el camino de la alfombra blanca hasta el altar. Sillas blancas se extendían por todo el perímetro del altar y toda la gente ya estaba sentada allí, el ministro también estaba de pie en el altar junto a Tomas. Aun lado de Tomas, estaban parados tres hombres que no conocía y al lado contrario estaban tres mujeres que la única que reconocí de ellas fue a Trina. Debían de ser las damas de honor. Muy amable de su parte escogerlas por mí. Mi "padre" estaba más apartado tomado del brazo con Tania.

Más allá, en el lado derecho del jardín habían puesto mesas redondas con manteles blancos y rosa pastel. Todo en el lugar gritaba alta sociedad. Me daban asco, nunca en mi vida tendría una boda así tipo princesa. Lo mío era más como casarnos en Las Vegas y divertirnos en algún casino como luna de miel.

- “Señorita Williams”- La voz de Franklin el mayordomo me hizo saltar del susto.

- “Maldición, Franklin podrías haber aclarado tu garganta o algo”- Dije aun agitada con una mano en mi pecho. El ni se inmuto y me miro con su cara de siempre de desagrado.

- “Ya todos están en el altar, hace tiempo que debió haber llegado. La única que falta es usted, hare saber al pianista que empiece la canción- Salió al jardín. ¡Uch! Ya había olvidado lo odioso que era ese estúpido viejo. Gracias a Dios que no tendría que volver a esta maldita casa.

Busque en los bolsillos de mi abrigo hasta encontrar mi celular. Le marque a Tony mordiendo mi labio inferior con nerviosismo. El contesto al segundo tono.

- “Que el show empiece”-

- “Entendido. Y una cosa más, mi vida sería demasiado aburrida sin ti Barbie- Dijo el haciéndome reír. Colgué la llamada y salí al jardín.

Este era el momento. No más Fabio, no más Tania, no más Trina, y lo mejor de todo no más Tomas. Una nueva vida sin ellos. Esta era definitivamente la mejor decisión que había tomado.

Al mismo tiempo que el pianista comenzó a tocar la canción nupcial, la camioneta Pick up de Tony apareció derrapando por todo el lugar haciendo que salpicara lodo por todos los invitados. La canción de Soho Dolls - Stripper sonaba a todo volumen de las bocinas de la camioneta. Y ahí fue donde hice mi entrada, deslice el abrigo por mis hombros y comencé a avanzar por la alfombra blanca moviendo mis caderas al ritmo de la sugestiva canción.

Los invitados soltaban gritos y jadeos escandalizados. Cuando llegue al altar no podía dejar de reírme por la expresión de Tomas y mejor aún la de mi padre. Estaba rojo como un tomate y sus ojos estaban por salirse de sus orbitas. Me volví hacia la multitud perturbada.

- “¿Acaso no me veo bien?”- Dije disfrutando los rostros horrorizados de toda esa gente estirada.

Richard

Las palabras de Barbara aun hacían eco en mi cabeza cuando iba en mi camioneta camino a mi nuevo departamento. Si, ese departamento lo había comprado con el dinero que me había dado Fabio, sé que es muy poco honrado pero ¡Al demonio, no se lo iba a devolver!

"Sal de mi vida" había dicho ella. Esas palabras dolieron como un puñetazo en el estómago. ¿En serio la había herido tanto? Sé que ella no sería nunca capaz de admitir que la herí, pero si lo hice y me sentía como una mierda por eso. No pensaba rendirme con ella. Eso era prácticamente imposible cuando tenía este maldito sentimiento clavado en mi pecho. En este momento se podría estar casando con el único hombre que lograba poner miedo en sus ojos y solo pensar en eso me hacía arder en rabia.

Si la dejaba ahora tal vez nunca la podría recuperar. Esta vez lo haría bien. No podía simplemente abandonar una misión, tenía que terminarla y por Dios que voy a terminar con esta. Y con suerte tendrá un final feliz.

Di un giro brusco con el volante y me dirigí a toda velocidad a la mansión Williams. A impedir lo que podía ser el obstáculo más grande entre Barbara y yo.

Diez minutos después, estacione mi camioneta descuidadamente y corrí hasta el jardín rezando porque aun estuviera a tiempo. Cuando llegue, vi una camioneta Pick up con bocinas gigantescas en la parte trasera que sonaban a todo volumen con una canción que estaba seguro que había escuchado en un Strip Club. No es que fuera mucho a esos lugares, claro. Barbara estaba en el altar con un traje que apenas le cubría el trasero. Todos los invitados estaban agitados y gritando horrorizados, viendo alrededor como si en cualquier momento fuera a salir un hombre disparando al cielo.

Mierda. ¿Qué demonios había hecho Barbara?