Conocí en el café Hispano de Madrid a los padres Francisco Andreo y Pablo Cirujeda. A ellos he de agradecer la idea principal de esta novela. Ellos forman parte de la organización no gubernamental Nuevos Caminos, creada en Barcelona en 1981 con un fin primordial: la cooperación para el desarrollo integral de la persona. La misión de Nariokotome, construida a orillas del lago Turkana en Kenia, es uno de los lugares donde habitualmente residen, llevando allí a la práctica todos sus proyectos.
Además, agradezco a Sonsoles Seoane, a Cristina de la Serna, a José Antonio Crespo-Francés y a Juan Bolea su inestimable ayuda.