Prioridad del pobre vs. prioridad del lucro

El Reino es buena noticia, es bienaventuranza. Jesús no quiso en el fondo sino anunciar la bienaventuranza, y fundó en la bienaventuranza la construcción de un mundo nuevo en este mundo. Jesús no dictó un código de conducta. Menos aun formuló un credo de dogmas a creer. Jesús estaba movido por la lógica de la bienaventuranza. Proclamó las Bienaventuranzas que transforman la vida y la historia.

Anunció la dicha de la vida a todos los pobres, enfermos, perseguidos, desahuciados y desdichados: Les dijo: «Dichosos vosotros, los pobres, porque es vuestro el Reino de Dios. Dichosos vosotros, no porque seáis pobres y enfermos, sino porque pronto dejaréis de selo. Dichosos vosotros, no porque lloréis, sino porque pronto seréis consolados. Dichosos vosotros, no porque seáis desdichados y perseguidos, sino porque ya llega vuestra liberación. Dichosos vosotros, no porque sois desahuciados, sino porque tendréis una casa para la intimidad y la vida. Dios os librará y consolará. Ya ha llegado la hora. Socorreos los unos a los otros, para que Dios os socorra. Enjugaos las lágrimas los unos a los otros, para que Dios os consuele y enjugue vuestras lágrimas. Liberaos de la miseria los unos a los otros, para que Dios os libere. Sed felices, para que Dios sea feliz en vosotros y en todas las criaturas. Es la hora de la bienaventuranza compartida. Dichosos vosotros, porque todo va a cambiar, porque dejaréis de sufrir la miseria, y porque está en vuestras manos transformar la situación».

Cuando Jesús hablaba así, no hablaba desde análisis teóricos ni económicos ni siquiera teológicos. Hablaba y actuaba desde lo que sus ojos veían y sus entrañas sentían, desde la ira profética y desde la compasión solidaria. El mensaje y las opciones de Jesús están absolutamente determinadas por la prioridad de los pobres. El Reino primero para los pobres. Las Bienaventuranzas primero para los pobres. Y esa prioridad define el contenido del Reino y de las Bienaventuranzas: el Reino de Dios es que los pobres dejen de serlo, que no haya hambre en el mundo ni presos en las cárceles, y eso es lo que anuncian las Bienaventuranzas de Lucas: «¡Dichosos vosotros, los pobres!». Mateo dice: «Dichosos los pobres de espíritu». Quiere decir: los que miran el mundo con los ojos de los pobres, lo sienten y padecen con entrañas de compasión por los pobres, los que optan desde la solidaridad con los pobres. Pues la solidaridad con los pobres, la no violencia activa, la misericordia, la mansedumbre… son el camino para que el Reinado de Dios se realice, y aquellos que lo recorren serán felices al recorrerlo. La pobreza es un mal, pero los que optan por los pobres son bienaventurados. La verdadera opción a favor de los pobres ha de brotar de la compasión y de la solidaridad, y la compasión y la solidaridad hacen feliz al que las siente y practica. Por eso son bienaventurados los «pobres de espíritu».

«Dichosos vosotros, los pobres». «Dichosos los pobres de espíritu, amigos de los pobres». Es difícil imaginar cómo se pueda expresar con mayor nitidez y contundencia la «lógica del Reino» en lo que tiene precisamente de más opuesto a la lógica del capitalismo en cualquiera de sus versiones. El capitalismo dice: «Primero el negocio, luego los pobres. Y lo que es bueno para el negocio, eso será lo mejor para los pobres». Y se aduce como contraprueba el estrepitoso fracaso económico y social del sistema comunista (aunque no se dice que, al fin y al cabo, el comunismo ha sido un capitalismo de Estado, cuando no de Partido). Jesús dice: «Primero los pobres, luego el negocio. Y lo que sea bueno para los pobres, es decir, lo que lleve a que los pobres dejen de serlo, eso será a la larga lo mejor para todos; acabará siendo incluso el mejor negocio, solo que mejor distribuido».