se escribe

Creo que su revista es el intento más serio de revalorizar la ciencia ficción en España, y por ello vayan por delante mis felicitaciones; los pequeños reparos que se les puede poner son ampliamente superados por sus aciertos. Soy suscriptor de su revista y les envío mi ánimo para continuar por el camino emprendido.

Lo que viene a continuación se lo comunico porque considero a Nueva Dimensión como una revista que tiene como una de sus misiones informar a sus lectores, y si es necesario protestar en su nombre.

La Editorial Aguilar acaba de publicar dos tomos de una nueva colección, con los títulos Ciencia Ficción Norteamericana y Ciencia Ficción Inglesa. Respecto al primer citado, ya sabrán que tiene un precio de 375 pesetas y consta de seis novelas. La primera paradoja se da en el hecho de que de las seis, cuatro ya han sido publicadas en español y están al alcance de los lectores. El Abogado Gladiador la publicó Galaxia con el nombre de La Lucha. La marcha del borracho la publicó Nebulae con el título de Los inmortales. Búsqueda en el cielo la colección Infinitum, donde se llamaba Búsqueda estelar, y Mercaderes del espacio primero la revista Más Allá con el título de Mundo de ocasión y luego Minotauro. Ahora bien, sería lógica esta repetición de novelas ya publicadas, si el lector pudiese encontrar una producción más cuidada, con mejores traducciones, etc… Sin embargo, la realidad es distinta, y el caso extremo son los incomprensibles cortes efectuados en la novela Búsqueda estelar.

En la página 798, a partir de la línea 23, faltan más de 70 líneas que se publicaron en la edición de la colección Infinitum.

En la página 823, en la línea 22, falta una frase entera que figura en la página 131, última línea de la otra edición.

En la página 894, línea 25, falta la frase «No había inhibiciones sexuales y la mayoría de las mujeres se hallaban encinta casi todo el tiempo».

Aparte de esto la traducción es peor en muchos casos que la de la novela de la colección Infinitum, que vale 35 Ptas., y han sido incapaces de expresar bien la fórmula matemática que se repite a lo largo del libro. Supongo que si en este caso han mutilado tranquilamente un texto, con manifiesto desprecio hacia los lectores, algo similar habrán hecho en los demás. Creo que este método no es precisamente el adecuado para dignificar un género que algunos en España desprecian y creen que es lectura únicamente de niños y adolescentes.

Les agradecería diesen información en su revista sobre el contenido de esta carta, para que todos los aficionados al género sepamos a qué atenernos.

J. A. VILLANUEVA

Madrid

N. D. Publicamos con mucho gusto su carta, pues es prueba de un espíritu crítico y de una seriedad hacia la ciencia ficción poco usual entre los lectores de habla hispana.

Ignoramos a qué se deben estas anomalías que usted nos indica con respecto a los libros de Aguilar, aunque bien podrían ser debidas a haberse traducido el libro tomando como base una edición original distinta a la de la colección, Infinitum, en la cual —cosa muy frecuente— el editor o el propio autor hubiera realizado algunos cambios.

No obstante, lo importante de su carta, más que el contenido, es el espíritu que demuestra. Ya habrá leído en el editorial de nuestro anterior número nuestra opinión sobre la falta de agresividad del lector medio de ciencia ficción en nuestros países. Esto, se lo podemos asegurar, no ocurre en los anglosajones. Allí, existe un buen núcleo de lectores que con sus críticas (naturalmente con las constructivas), ayudan al editor a mantener su publicación dentro del camino marcado por los gustos del público. Créanos, Sr. Villanueva: cuando le decimos que, más que frases amables como las que usted tiene la gentileza de dedicarnos al inicio de su carta, nos agradaría recibir opiniones sinceras sobre los relatos publicados, sobre las ilustraciones de los mismos, sobre las portadas, la distribución, la composición de la revista…

¡Ojalá dicho editorial sirva para llamar a algunas puertas que hoy aún nos están cerradas y que, al abrirse, recibamos un caudal de información sin la cual resulta imposible mantener una revista dentro de un ritmo de superación!

*

Como aficionado a la ciencia ficción y fantasía he de confesar que soy un ecléctico hacia estos temas, y que lo mismo disfruto con un buen libro, un comic o una película del género. He de reconocer que como aficionado es probable que sea un tanto fanático.

La cuestión es que, siendo un aficionado, asistí durante unos días a la I Semana Internacional de Cine Fantástico de Sitges. Puesto que es la primera vez que se efectúa algo parecido en España, pasaré por alto los múltiples defectos de la organización de dicha Semana (se había hablado de Aélita como algo maravilloso y resultó ser una mediocridad, no se exhibieron algunas películas anunciadas, las de Buñuel desaparecieron, el horario de exhibición no se cumplió, etc.) y me limitaré a loar la iniciativa que espero continúe en años sucesivos, aunque mejor organizada.

Allí, en esa I Semana de Cine Fantástico, y aquí llegamos al objeto de esta carta, establecí contacto con una especie muy parecida a la humana, pero totalmente diferente. No procedían de ningún OVNI, ni tenían antenas, ni eran de color verde. Según se llamaban a sí mismos eran… críticos de cine. ¡Pero con qué énfasis lo de declarar que eran críticos de cine! La barbilla alzada, los ojos al frente mirando por encima de uno, los labios separados y ligeramente torcidos a un lado en benévolo desprecio y condescendencia, un ejemplar de «Les Cahiers du Cinema» bajo el brazo, aunque dudo que supiesen francés…

Bien, bien, hay que ser justo y razonable a fin de no exagerar la nota malintencionadamente. Lo antedicho es una cierta exageración por mi parte para definir una imagen mental de la impresión causada en mí por algunos de esos críticos. Estoy completamente seguro de que la mayor parte de los que allí había eran personas normales que se dedicaban a su oficio como yo me dedico al mío. Con ello no quiero insinuar que yo sea normal del todo.

Pero, hablando de normalidad, si bien no sé qué clase de informe emitieron los críticos que estuvieron en la Semana de Sitges, he de decir que a partir de mi asistencia a ella sufro una especie de alergia ante la presencia de algún crítico. El motivo de esta alergia obedece a que, en la proyección de una película, se me ocurrió cambiar de asiento y trasladarme a una fila más próxima a la pantalla. Pues bien, muy cerca de mí estaban dos individuos (por llamarlos de alguna manera) que durante la proyección de la cinta se dedicaron a hablar, gritar, patalear, silbar, gruñir y rebuznar. Más tarde, al preguntar a un miembro de la Organización de la Semana el motivo de no haber echado del local a los que suponía eran una variedad de gamberros, se me informó, con gran sorpresa para mí, que los antropoides de referencia eran críticos de cine. No se me dio ninguna explicación más, pero por mi parte opino que, críticos o no críticos, al que rebuzna hay que meterlo en la cuadra y no en una sala de cine. Ser crítico de cine no justifica una exhibición de mala educación, por execrable que pudiera ser la película. El crítico no tiene derecho ni a decir que una película es buena o mala en términos específicos. El crítico debe decir que a él cierta película le ha parecido bien o mal. Su opinión y su sentido artístico (en caso de tener alguno) no son los de su vecino de butaca, el cual puede tener una opinión diametralmente opuesta. Crítico puede ser solamente, y en forma constructiva, aquel que puede hacer algo mejor, por ejemplo: el jefe de mecánicos que le dice a un tornero que se aparte de la máquina para mostrarle como hacer una pieza mejor. En fin, no digo más porque lo que yo indico tampoco es correcto realmente y a final de cuentas no estoy en contra de que se informe sobre la calidad de las películas, siempre que se haga como es debido.

Sin embargo; tampoco puedo pasar por alto una falta grave que se cometió en la Semana de Sitges. En el preludio de la proyección y presentación de un nuevo sistema de dibujos animados del señor Macián, salió a escena un individuo que trató de hablar sobre el comic y la técnica de animación. Digo trató porque como un aficionado esperaba una disertación documentada sobre el tema y, en cambio, mis oídos registraron incrédulamente unas divagaciones nebulosas y unas afirmaciones tales como que actualmente en EE. UU. el comic tenía un gran auge y que sus personajes más representativos eran Superman y Modesty Blaise. Para decirnos cosas de este tipo más valdría no decir nada, puesto que actualmente el comic se halla en estado agónico en EE. UU., mientras que Superman es un personaje que ya chochea. En cuanto a Modesty Blaise, que no es nada del otro mundo, por lo visto el orador ignoraba que es un producto británico y, por tanto, representativo de Europa y no dé los EE. UU. Es de sospechar el que este presentador no tenía ni idea de lo que hablaba, puesto que ni una sola vez mencionó la revolución del comic en Europa, en países como Italia y Francia, y tampoco mencionó a Barbarella, Saga de Xam o Jodelle.

En fin, para acabar de verter la hiel sobre esta clase de incompetentes, que por ética ya tendrían que negarse a hablar o escribir de lo que no conocen, extiendo un dedo acusador a la crítica de la película 2001: Una odisea del espacio aparecida el día 18 de octubre en un diario de la noche de Barcelona. Como dato para identificar al firmante de la crítica diré que es alguien que, en cuanto ve un tobillo femenino en la pantalla, en seguida escribe sobre «imágenes gratuitas» y «temas escabrosos». No tengo la menor duda de que, con este simple detalle, todos los aficionados al cine españoles sabrán a quién me estoy refiriendo.

Pues bien, el crítico en cuestión comienza previniéndonos de que esta «odisea del espacio» no es una aventura cinematográfica más del género que ha dado en llamarse «ciencia-ficción». Pocas líneas más allá, se nos informa que la película está basada en la obra de Arthur C. Clarke, Childhood’s End (El fin de la infancia), en la que su autor describe un cuadro pesimista del mundo futuro… Para no discutir unas elucubraciones filosóficas que no existen en la película y que el crítico de referencia se saca de la manga, pasaremos por alto unas 50 líneas hasta llegar a un punto que dice: … la inenarrable secuencia donde el astronauta protagonista viaja, a velocidad de vértigo, rumbo al planeta Júpiter.

Despreciando olímpicamente la primera frase citada, que podría discutirla como «gratuita» y «escabrosa», llamaré la atención sobre la ignorancia del crítico al decir que la película está basada en la obra El fin de la infancia. Ni la película está basada en tal obra, como cualquier mediano aficionado a la ciencia ficción sabe, ni he visto «un cuadro pesimista del mundo futuro» en 2001, sino más bien una epopeya de la humanidad. El guión de 2001 fue escrito original para la película, aunque algunas partes provienen de anteriores cuentos de Clarke, como El Centinela. Con respecto al «protagonista viajando a velocidad de vértigo, rumbo al planeta Júpiter», no está de más aclarar que el viaje se efectúa de Júpiter a un punto distante del universo, a través del continuo espacio-tiempo.

Todo el embrollo de esta crítica es para demostrar palpablemente que el firmante de la misma ni tiene idea de la ciencia ficción, ni de la técnica moderna, para no decir de astronáutica o astronomía. Nunca mejor aplicada la frase del folleto de propaganda que ustedes repartieron la noche del estreno en el Florida Cinerama de Barcelona, en el que se decía: «… para el profano, la tecnología adelantada es por completo indistinguible de la magia».

Y he de añadir que la mayoría de los errores de la crítica proceden de haber sido escrita partiendo del folleto que se entregó a los que asistimos a la X Semana Internacional del Cine en Color de Barcelona, donde se proyectó 2001. El mencionado folleto, con un texto escrito por Yasushi Kawarabata, es la fuente de todos estos errores, puesto que en el mismo se indica: «Tengo entendido que esta película está basada en Childhood’s End, de Arthur C. Clark (sic.), en cuya obra el autor describe un cuadro pesimista del mundo futuro». ¡Y dale con el estribillo del pesimismo!

Entre lo que dice Kawarabata y la crítica del periódico, en donde en ambos textos figuran elucubraciones filosóficas y detalles que no he visto en la película (Folleto de la X Semana del Cine en Color: «El computador trata de orientar al Capitán acerca del rumbo a tomar, pero éste piensa que la máquina sólo lo está probando a él y no acierta a entender»), me pregunto si estos señores no habrán visto o soñado otra película. Para añadir injuria al agravio, el firmante de la crítica señala haberla visto dos veces. La deducción más palpable sobre este asunto es que la crítica ha sido escrita en plan de segunda versión del folleto de la X Semana del Cine en Color, dando por sentado que Kawarabata era una eminencia sapientísima sobre el tema cuando en realidad no parece tener mucha idea tampoco. Si el crítico se hubiera tomado la molestia de comprobar y emitir una opinión personal original en vez de limitarse a copiar, tal vez la crítica hubiera sido más aceptable aunque fuera errónea.

En fin, señores de NUEVA DIMENSIÓN, espero me perdonen por la longitud de esta carta y por caer en la paradoja de criticar cuando digo que no debería de haber crítica. No tengo el menor inconveniente en que publiquen ustedes esta carta, pues tal vez sirva en parte para evitar las incompetencias e irresponsabilidades de individuos que se ocupan de cosas de las cuales no tienen idea ni quieren tenerla. Individuos como éstos son los que colaboran a formar conceptos poco favorables hacia la ciencia ficción, con pleno desconocimiento de la verdadera literatura de ciencia ficción y sus derivaciones artísticas.

Pedro GARCÍA CORTÉS

Barcelona

N. D. Estimado Sr. García, su carta nos deja con una duda: la de que si en su caso el término anglosajón fan debe traducirse por aficionado, o por fanático. Realmente, nos parece usted un tanto exaltado en sus juicios de valor, aunque admitimos que esa exaltación está provocada, sin lugar a dudas, por su gran amor por la ciencia ficción.

Igualmente, nos parece muy extremista con su postura anti-crítica, pues por su parte ha criticado, y bien, la propia profesión de crítico… digamos «oficial».

En lo que se refiere a la organización de Sitges, nuestra opinión es que fue tremendamente honrada, y que si no se hizo más fue porque los medios no acompañaron a los buenos deseos de los organizadores. Nosotros, por nuestra parte, ofrecimos nuestra ayuda para tratar de mejorar posteriores ediciones de la Semana. ¿No cree usted que, como cualquier otro fan tan «fan», debería usted hacer lo mismo? A nosotros nos agrada mucho la crítica… la positiva, se entiende, la que ofrece soluciones y da la mano para ayudar, en vez de presentar el puño para golpear.

De acuerdo con lo que respecta al disertador sobre el comic, al que usted tan malparado deja, pero nos parece que más aleccionador hubiera sido, para él y sobre todo para los que, sin conocer el tema tan a fondo como usted parece conocerlo, lo estaban escuchando, que le hubiera interpelado en el momento de su intervención, sin esperar luego a «criticarlo» en una carta.

Tenga en cuenta que los críticos son, al fin y al cabo, unas personas como otras cualquiera, sin el menor asomo de poseer el don de la infalibilidad, y que, mientras no se pruebe lo contrario, ninguno de ellos puede decir que sea un especialista en ciencia ficción. De haber alguno de ellos especializado en este campo ya se podría valorar más su opinión cuando hablase de alguno de los temas que nos interesan. Lo que sí aceptamos sin reservas de su exposición es la inconsciencia profesional que es el tratar de temas desconocidos para uno sin buscar una previa información.

Además, piense que, yendo a las últimas consecuencias, aunque acojamos muy gustosos su carta entre estas páginas ya que trata un tema que nos es pertinente, lo mejor hubiera sido tal vez que se dirigiese a los interesados, con el fin de que viesen que existe un sector de la opinión nada conforme con su tratamiento de la información. Tal vez eso fuese más efectivo con vistas a poner remedio a la situación, pues lo cierto es que, aunque nos duela decirlo, dudamos mucho que esos señores sepan siquiera de la existencia de Nueva Dimensión, por lo que mal les puede llegar este mensaje…

Y, metido ya en harina, ¿por qué no «criticaba» un poco la actuación de nuestra revista? Se lo hubiéramos agradecido.

*

Desde hace varios años me he interesado por la literatura en general y la ciencia ficción en particular. En la primera he hecho diversos intentos en poesía y prosa y fundado una revista literaria trimestral. En cuanto a la ciencia ficción he leído desde hace cinco o seis años la máxima cantidad de material traducido que podía conseguir, he buscado pacientemente (sin completar todavía la colección) los 48 números de la desaparecida Más Allá, y he escrito dos o tres cuentos.

Aquí en Argentina es casi imposible mantener una actividad constante en el género, faltan sobre todo medios de expresión que nucleen esfuerzos. La única revista que sobrevive es Minotauro, que dedica sus páginas casi completamente a traducciones y se mantiene dentro de una línea exclusivamente literaria, aparte de aparecer con una periodicidad que varía entre dos meses y un año entre número y número. No existe un grupo de escritores (como he visto que sucede en España) que se mantenga en contacto, y la mayoría de ellos o son autores de literatura «seria» que no toman muy en serio el género o profesionales (Rodrigué o Nohra Lange: psicoanalistas), que carecen de aptitudes literarias.

Estas y otras causas han hecho que mi entusiasmo tuviera alzas y bajas, desde leer sólo ciencia ficción por algunas semanas hasta vender, en arranques de reacción contra el género, libros o publicaciones que luego extrañaba. Creo que el problema básico era la falta de algo seguro, periódico, en que además de lo literario se encontrara el «clima» dialéctico y dinámico de la ciencia ficción, la atmósfera que tenían las revistas que comenzaron el género en los Estados Unidos, la que poseía también Más Allá, en la que uno de los máximos placeres era la lectura de la sección de cartas. Me alegré mucho ante la aparición de Anticipación, que apuntaba hacia esos objetivos. Pero luego del tercer o cuarto número la revista pasó a ser (cosa reconocida por los directores mismos, a causa de problemas editoriales) una antología de cuentos, también de periodicidad inestable. En Argentina, Héctor G. Oesterheld fundó Géminis, también pensada con objetivos amplios (incluía un concurso mensual premiado para los lectores), pero que duró sólo dos números. En resumidas cuentas, la ciencia ficción en castellano parecía sumida en un letargo y frustración difíciles de superar, por lo menos en nuestro país, ya que en España, a través de Domingo Santos, Atienza, etc., se iba formando un grupo de escritores de ciencia ficción, que podía autoabastecerse y formar el fermento necesario para la difusión del género.

Imaginen la sorpresa que fue para mí conocer y leer dos números de Nueva Dimensión (el dos y el tres), a través de Angélica Gorodischer, con la que suelo conversar e intercambiar libros. Desde el tamaño, diagramación y características gráficas, hasta la selección del material literario (abierta a toda la ciencia ficción traducida o en lengua española) hasta llegar a la nutridísima y densa sección de informaciones en papel verde. En bloque, la revista me parece impecable. En opinión particularizada, me interesa sobre todo la ciencia ficción que apunta hacia nuevos objetivos, o sea la novela de Cordwainer Smith, los cuentos Recordando, Primera Necesidad, etc.

Me interesó también mucho la sección de comic, por su carácter de inédita. Más adelante les agrego unas líneas sobre la misma. En cuanto a lo que me interesaría ver publicado, propongo sobre todo la publicación de la nueva ciencia ficción, de la que se habla en la nota del tercer número. La sección de poemas excelentes. De los dos comics, muy bueno el mago de Id, y pésimo el de Carlos Giménez. El material español de ficción, un poco flojo. Espero que la comodidad de una revista bimestral e importante no diluya la calidad (recuerdo mejores cuentos en Anticipación).

Un gran abrazo para todos y deseos de vida sin fin a la revista, esperando conocerlos cuando se realice la Primera Convención de Autores de Lengua Española de Ciencia Ficción.

Elvio E. GANDOLFO

Rosario, ARGENTINA

N. D. Primera carta de un lector argentino, aunque sea un lector «de préstamo». Esperamos que a estas horas ya se encontrarán en su país nuestros primeros números, retenidos durante algún tiempo por dificultades de distribución.

Y nos alegra que esta primera carta nos venga de una persona tan cualificada como es usted, Sr. Gandolfo. Si los juicios de todos los lectores nos son necesarios para mantener la revista dentro del aprecio mayoritario, los de los compañeros profesionales nos ayudan con su mayor experiencia en este intento de dignificar la ciencia ficción a través de esta revista (intento bien desproporcionado con la magnitud de nuestras fuerzas).

Sabemos, por varias fuentes, del yermo panorama de la ciencia ficción en Hispanoamérica, panorama sólo alegrado por unos pocos oasis debidos al esfuerzo, casi sobrehumano, de algunos aficionados heroicos. Es muy penoso. Pero tal vez para solucionar esto haya que recurrir a la solución que ya se apunta para otros problemas: el buscar la cooperación supranacional, que en nuestro caso viene tremendamente facilitada por la existencia de una comunidad idiomática en la cual es fácil el intercambio de ideas y de iniciativas. Por nuestra parte, nunca podremos afirmar lo bastante el interés que tenemos en los países hermanos de la Hispanidad, y una mirada atrás, hacia los sumarios de números anteriores, confirmará esta afirmación. Si no se ha hecho más, no ha sido por falta de deseos, sino de posibilidades.

Habla usted de la dificultad de lograr un nexo de unión entre aficionados. Pues bien, nosotros se lo ofrecemos: Nueva Dimensión. Aquí tiene, usted y todos, estas páginas verdes para que sean, a la vez, su foro, su club, su tablón de avisos y de noticias. ¡Que más quisiéramos que, tal como hemos visto en las revistas yanquis, alguien le contestase a usted a través de esta sección, y que se entablase un diálogo fructífero, no sólo para los partícipes, sino también para la ciencia ficción en general!

Gracias por sus indicaciones, que tendremos muy en cuenta. Concordamos con usted en algunas de sus valoraciones y discordamos en otras, pero esto es lo natural en las relaciones entre humanos, y lo importante es que se respeten las opiniones ajenas y se comprenda que el espectrograma de los gustos es muy amplio, y que lo que no le gusta a uno le agrada a otro, y viceversa.

*

Permítanme felicitarles por su revista-libro Nueva Dimensión, la mejor publicación española de ciencia ficción, y sugerirles que su periodicidad fuese mensual en vez de bimestral, ya que tener que esperar dos meses para conseguir cada nuevo número me parece demasiado tiempo.

Creo que deberían incluir en cada volumen un comic de ciencia ficción o fantasía, pero un comic guionizado, no esas historietas sueltas que han publicado en algún número. Y con referencia al comic, les ruego me indiquen cómo podría adquirir y cuánto me costaría aproximadamente la serie de comics que publica la editorial francesa Le Terrain Vague.

Francisco SENDINO

Madrid

N. D. No creemos que sea el momento todavía, Sr. Sendino, para alterar la periodicidad de esta publicación. Nos hallamos todavía en el primer período de una revista; el de la difusión, y existe un amplio sector del público, más o menos aficionado, que desconoce aún nuestra existencia. Ello nos obliga a una política de austeridad y nos impide realizar algunos deseos que siendo muy loables no son demasiado factibles.

El que no presentemos más comics de argumento, como usted les llama, se debe a dos razones: nuestro interés por presentar obras de calidad, lo cual limita las posibilidades, y el creer que hay tiras sueltas, como las del mago de Id o B. C, que son tan válidas y tan representativas del comic como lo pueda ser Flash Gordon, pongamos por ejemplo. Por otra parte la misma periodicidad de la revista coarta el que se incluyan en ella comics de más de un episodio (¿qué opinaría de unas pausas de dos meses entre trozo y trozo de un mismo relato…?), y nos lleva, junto con el formato «distintivo» de la revista a tener casi que limitamos a comics realizados en exclusiva para nosotros, con todo lo que esto significa en incremento de las dificultades.

Por otra parte no sabemos si el que un comic carezca de argumento, caso de Emotivaciones 68, publicado en el pasado número, le resta interés. ¿Usted, qué opina? Nuestro colaborador Enric Sió, gran «cartoonist», cree que ello lo descalifica de la sección de comics; nosotros pensamos que, aunque tal vez no sepamos cómo denominarlo, en todo caso es interesante como experimento, y si no se hacen experimentos en una revista como ésta, destinada a un público tan amigo de lo nuevo como es el lector de ciencia ficción, ¿dónde se van a hacer? Nos agradaría conocer, Sr. Sendino, su opinión sobre este tema.