Sin mercurio en la boca.

HACE un tiempo me planteé llevar a cabo otro de los cambios que desde el principio tenía en mi lista de “pendientes”. Había leído que los empastes que muchos de nosotros llevamos, los antiguos, los de “plata”, son muy nocivos y están relacionados directamente con muchas de las enfermedades o condiciones que muchos experimentamos. En este artículo de la revista Discovery Salud nos podemos hacer una idea de los mismos http://www.dsalud.com/reportaje/las—amalgamas—de—mercurio—son—peligrosas/
Fui al dentista para revisar mi boca y le pedí que mirase cuántos empastes de amalgama tenía. Dos, en la pieza 16 y en la 17. Antiguos, me los haría más o menos cuando tenía unos quince años. Esos empastes se componen en realidad de hasta un 50 por ciento de mercurio y son tan tóxicos que los dentistas no los pueden tocar sin guantes y que, cuando se retiran, tienen que ser tratados como residuos tóxicos y llevados a un lugar especial donde les den tratamiento. Pues bien, los llevamos muchos de nosotros en nuestros dientes, en nuestras bocas. Esos amalgamas van soltando dosis de mercurio cada vez que comemos, que nos lavamos los dientes o que masticamos chicle. No sé si habrá una relación directa o no con lo que me ocurrió, aunque hay estudios que indican que los síntomas que yo tenía están en realidad provocados por una intoxicación de mercurio. Lo que está claro es que no quería tener mercurio incrustado en mi cuerpo.
Retiré ambas amalgamas con dos semanas de diferencia entre una y la otra. La dentista tardó mucho rato en poder sacar la primera. Me iba comentando toda la operación y me dijo que era muy grande, que estaba “bien puesta”, pero que era de tales dimensiones que estaba incluso incrustada en la encía. Yo iba pensando que no puede ser sano tener incrustado en la encía durante años un pedazo de mercurio. Por momentos me puse nervioso, pero me tranquilizaba diciéndome: “Calma, saben lo que hacen y lo van a hacer bien”. En cuanto acabamos me sentí muy bien, como si de alguna manera me hubiese quitado un peso de encima.
De camino a casa visité la herboristería de unos amigos y enseguida se me encendió la lucecita. Tenía que comprar algunas hierbas o algas para que me ayudasen a eliminar de manera natural los residuos que quedasen dentro de mí. Pregunté cuáles iban bien y me recomendaron Alga Chlorella. Más tarde compré también Cilantro. Me lo empecé a tomar a diario y como a las dos semanas me empecé a notar más enfocado, como más tranquilo, sin pesadez, sin cansancio. No es que normalmente no me encontrase bien, pero sí que tenía un poso de algo que me tenía un poco desenfocado o cansado. No lo sé. No quiero achacarlo todo a la retirada de las amalgamas, pero mi intuición me dice que bastante tiene que ver. Sólo sé que no quería tener mercurio en mi cuerpo y semanas después de retirarlo me sentí mucho mejor.