Comienza la Reconstrucción.
Después de tres días
de desesperación.
Recuerdo un momento, a los tres días del
primer diagnóstico, en el que decidí sacar fuerzas de flaqueza y
salir a la calle. Era la celebración de Lag
B'Omer de 2014, una festividad cabalística en la que hay una
oportunidad para la renovación, para ser quienes somos realmente y
para alcanzar alturas más elevadas. Mis amigos de Kabbalah se reunían en casa de una de ellos. Yo les
había dicho que no iba a ir porque no me encontraba con fuerzas,
pero en el último momento decidí que me tenía que levantar y estar
con más gente. En casa sólo iba a conseguir pensar y pensar, por lo
que no era una buena opción.
Llegué a la casa y cuando me abrieron la
puerta les encontré a todos esperándome con mucho cariño. Fue muy
bonito, pero a la vez sentí mucha pena y comencé a llorar como un
niño. Sentía como si todos me estuviesen mirando y pensando:
“Pobrecito, está enfermo”. Sé que nadie lo pensaba realmente, que
sólo era mi imaginación, pero en ese momento me sentí muy
vulnerable. No pude participar con ellos activamente de la
celebración, mi mente estaba en otro lugar y me encontraba
realmente agotado. Me tumbé en un sofá y me empecé a quedar
dormido. Oí a mis amigos hablar entre ellos para dejarme dormir y
sentí cómo me tapaban con una manta o con abrigos. Recuerdo la voz
de Nancy, siempre tan dulce. Cuando desperté, decidí irme a casa.
Jamás olvidaré aquel recorrido en moto por la Ronda de Dalt. Me sentía muy débil e inestable.
Tenía mucho miedo y tenía la sensación de que en cualquier momento
me caería de la moto. Me sentía muy pequeño y frágil. Cuando llegué
a casa me dormí exhausto. Al despertar, sabía que había llegado el
momento de salir de esa espiral y ponerme manos a la obra.