Aquí y Ahora (cómo medito yo).

DESDE que era adolescente me llamó mucho la atención la meditación. Con apenas 14 años empecé a leer sobre Budismo y me atraía mucho que en esa religión la meditación fuese una parte fundamental de su día a día. Quería saber de qué se trataba. Fui a la biblioteca y tomé prestados varios libros sobre el tema y, a mi manera, intentaba hacerlo en casa. Me notaba más tranquilo, pero luego se me olvidaba seguir practicando. Cuando hice mi primer curso de teatro, a los 15 años, tuvimos una profesora que nos enseñó una técnica que consistía en inspirar por la nariz mientras tapabas uno de los orificios nasales, cambiar el orificio que tapabas por el otro, y expirar por el que ahora tenías libre. Esa sensación de paz no la olvidaré nunca. Pero también pasó, lo practiqué durante un tiempo y luego lo olvidé. Más adelante, a los 18 años, descubrí a Nacha Guevara, la actriz, cantante y bailarina argentina. Ella es vegetariana desde hace muchísimos años, pero en sus entrevistas siempre dice que su verdadero secreto es la meditación. Leí su pequeño libro 60 años no es nada, que se convirtió en uno de mis libros de cabecera, donde presentaba unas sencillas claves para meditar, que son las que después he seguido yo. Estuve varios meses meditando con regularidad y la verdad es que los efectos son espectaculares, pero, no sé por qué, siempre acababa pasando algo que me hacía alejarme de esa “senda”. Menos mal que retomé esta práctica, es un seguro hacia la calma. Maharisi Mahesh Yogi decía que una vez que alguien comienza a meditar ya no lo abandona jamás. Puede que pasen veinte años entre la primera vez y la siguiente, pero nunca ha dejado de meditar.
Hace poco fui a una charla y a una meditación guiada en grupo en un centro de Barcelona. Yo esperaba que nos explicaran toda la técnica, qué es correcto y qué no lo es. Pero para mi sorpresa, la mujer que impartía la charla, hizo mucho hincapié en que no hay correctos ni incorrectos. Que lo válido es lo que le funcione a uno. Ya sé que esta idea puede parecer simplista, pero está muy presente en mi vida últimamente. Y me resuena. Y sé que cuando algo te resuena es porque es verdad para ti.
Así es como medito yo. Me siento en una silla cómoda, con la espalda apoyada en el respaldo y mis manos apoyadas encima de mis muslos. Procuro que las plantas de mis pies estén bien apoyadas en el suelo. Entonces me quedo en silencio y con los ojos cerrados. Intento subir la mirada, aunque tenga los ojos cerrados, un poco hacia arriba. He escuchado muchas veces que así es más fácil entrar en Estado Alfa, un estado de relajación más profundo. Me mantengo así, sin hacer nada para relajarme un poco, un par de minutos aproximadamente. Entonces empiezo a practicar una de las siguientes técnicas.
La que más uso es simplemente escuchar mi respiración, cómo inspiro y cómo expiro, sin intentar controlarla, sólo escuchándola, con sus diferentes ritmos. Entonces, cuando comienzan a aparecer los distintos pensamientos (que van a aparecer muchos, muchos, si eres alguien tan inquieto como yo) tranquilamente los ves pasar en tu mente como si fuesen una nube y se estuviesen yendo y, tranquilamente, vuelves a escuchar tu respiración. Y así vas continuando. Yo lo hago quince minutos por la mañana y quince por la noche. Pero hay personas que lo hacen más tiempo, o en otros horarios... busca lo que te funcione.
Hay muchas otras variantes. Hay tantas escuelas como las personas necesitan. A veces, en vez de escuchar mi respiración, voy repitiendo un mantra. Muchas veces uso uno que leí en el libro de Nacha y que a mí me funciona muy bien, supongo que es porque es el que me ha acompañado desde el principio. Cuando que he vuelto a meditar he retomado ese mantra, le tengo cariño. Se trata de decir mentalmente Sou cuando inspiras y Ham cuando expiras. No sé por qué funciona, si es porque es un mantra usado desde la antigüedad o es porque yo creo que a mí me funciona. Sea como sea, está bien. También me gusta mucho encender una vela. Me gustan mucho las perfumadas, las de vainilla, o del olor que quieras. En un momento en el que estés tranquilo empieza a mirar la llama de la vela y observa cómo va cambiando de forma, sube, baja, se hace pequeña, crece. La verdad es que resulta hipnótico. Y, de nuevo, cuando aparezcan pensamientos (los que sean, aunque parezcan cosas importantes a las que tuvieses que prestar atención inmediata) los dejas pasar como si fueran una nube, tranquilamente, sin enfadarte.
Hay días en los que también uso simplemente la visualización positiva y creativa. Cierro los ojos y, después de relajarme un poco, empiezo a visualizar mi vida como quiero que sea. Es increíble, porque puede parecer fácil imaginarte lo que quieres como si ya estuviera pasando, como si ya lo tuvieses, pero para mí es muy difícil. Y eso me hace preguntarme muchas veces que cómo va a ser posible que pueda tener lo que quiero si me es difícil ver claro en mi interior qué es. Bueno, eso me deja claro que es una de las cosas que tengo que mejorar, tener más claro lo quiero. Hay otras veces que repito mantras positivos como “todo es perfecto” o “todo va bien. Los primeros meses después del diagnóstico, cuando tenía un miedo horrible todos los días, me iba muy bien escuchar los audios de Louise Hay sobre autocuración. Están en YouTube, en dos partes, y cada una dura como unos cuarenta minutos. Lo puedes escuchar cuando te vayas a dormir y no importa si te quedas dormido mientras lo escuchas, las ideas van penetrando. Se recomienda escucharlo como mínimo durante un mes seguido. De vez en cuando aún tengo miedo, malestar, no sé qué hacer o noto que tengo que estar corriendo detrás de no sé qué. Me va bien ponerme estos audios ya que me recuerdan que no hay que perseguir nada, que ya lo tenemos todo, que ya somos nosotros mismos y no tenemos que ser nadie más. Es muy sencillo, pero a veces lo más sencillo se nos olvida y es lo que más cuesta.