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Sergi aparcó el Land Rover junto a un montículo
de gravilla situado a la entrada de la obra. Tras bajar del
vehículo, Alex paró a un joven que pasó junto a él llevando una
carretilla llena de arena.
— ¿Dónde podemos encontrar al encargado de la
obra? —Preguntó.
— Está revisando los pilotes de la cimentación. Lo encontrará detrás de esa escavadora. —Contestó el chico.
Alex y Sergi se dirigieron hacia la zona
trasera, donde se encontraba la estructura principal de la
construcción. La enorme zanja en la que se estaban realizando los
cimientos cubría la práctica totalidad del terreno justo antes del
comienzo del pinar. Una rampa en el lateral de la excavación,
creada sobre el mismo terreno, daba entrada y salida a las
excavadoras y al personal de la construcción. Alex volvió a
preguntar a uno de los albañiles que se giró hacia la excavación
para avisar al encargado.
— ¡Álvaro! —gritó acercando las manos junto a
la boca en forma de embudo.
Un hombre de complexión obesa que portaba un
chaleco reflectante y un casco de protección amarillo se giró hacia
ellos alzando la vista.
— Estos señores preguntan por ti. —prosiguió el
albañil.
El hombre obeso asintió con la cabeza y se
dirigió hacia ellos subiendo por la rampa. Mientras esperaban Alex
se agachó y recogió del suelo un puñado de tierra, que acarició
entre sus dedos, comprobando que el color coincidía con el indicado
en el informe de la muestra. Tras lo que pareció una eternidad el
encargado de la obra logró llegar junto a ellos.
— Buenos días – Saludó con marcado acento
gallego y respirando con dificultad tras el esfuerzo exigido para
subir la rampa - Soy Álvaro Carballo; el encargado ¿En que puedo
ayudarles?
— Somos el teniente Alex Amengual y el Sargento Bartolomé Llinás – Se presentó Alex mostrando su identificación. —Estamos investigando la muerte de una persona en Porto Novo.
— Sí. Algo me comentaron ayer, pero… ¿qué tiene eso que ver conmigo?
— No se preocupe – Le calmó Alex – Sólo queríamos saber si nos podría responder a unas preguntas.
— ¿Cómo no? ¡Dígame!
— ¿Ha visto usted o alguno de sus trabajadores algo fuera de lo normal entre ayer y hoy en la obra? —preguntó Alex.
— ¿Algo fuera de lo normal? ¿Como qué?
— ¿Les ha faltado algún tipo de herramienta? —concretó Alex.
— Que yo sepa,… no. —Dijo Álvaro después de pensar un rato— Nadie me ha dicho que le faltara nada.
— Sería importante que hiciera usted un inventario de todas las herramientas y nos comunicase si les falta alguna – Indicó Sergi.
— Así lo haré – Confirmó Álvaro.
— ¿Ha observado alguna excavación o trabajo realizado en la obra que usted no hubiera autorizado? —Preguntó Alex.
— ¡mmh!… Tampoco – Contestó Álvaro después de meditar un rato.
— ¿Cuánto personal tienen trabajando en la obra? —Quiso saber Alex
— Pues, aproximadamente… unos treinta operarios. —calculó Álvaro después de pensarlo un rato.
— Necesitaríamos un listado de todos ellos. —requirió Alex
— Tendré que pedirlo a administración.
— ¡Hágalo! Mañana enviaremos a alguien para que lo recoja. —indicó Alex.
— ¿Han subcontratado alguna empresa de vigilancia para la obra? —Preguntó Sergi.
— Sí claro. Corvigersa. Tengo una tarjeta con la dirección y el teléfono en la oficina. ¿Quieren que vaya a buscarla?
— De acuerdo - Asintió Alex - ¿Le importa si mientras tanto echamos un vistazo por aquí?
— ¡Claro que no! — Admitió Álvaro – Pero vayan con cuidado. Si se hacen ustedes daño no quisiera tener problemas.
— No se preocupe – Dijo Sergi sonriendo – No le pondremos ninguna denuncia.
El encargado se dirigió hacia un contenedor que
se había adaptado como oficina situado en el lateral de la
obra.
— ¿Crees que alguno de los que aquí trabajan
pueda tener algo que ver con el crimen? —preguntó Sergi.
— La mayoría parecen “forasters”, por lo que poca relación podrían tener con Carlos. Pero estoy seguro que la muestra de tierra es idéntica a la de aquí. No podemos descartar nada.
— ¿Qué hacemos ahora?
— Echemos un vistazo por separado – Indicó Alex a Sergi – Yo miraré por este lado.
Alex rodeó la enorme zanja donde se estaba
realizando el encofrado de la cimentación. Un muro de carga rodeaba
toda la excavación y cinco filas de pilares emergían del suelo como
enormes y alargados dedos que buscaran evadirse de la profunda y
fría oscuridad del subsuelo. Una vieja y descolorida
retroexcavadora arrasaba con todo tipo de escombros y arbustos
entre el límite del terreno llano y el comienzo del pinar que
estaban separados por una valla metálica. Alex subió sobre una pila
de ladrillos, que estaban amontonados sobre un gran palé de madera,
para tener una mejor visión del área.
Desde donde estaba tenía una vista clara de
todo el perímetro de la obra y sus alrededores. La amplia
superficie del terreno en construcción se extendía al abrigo del
oblongo pinar que la rodeaba por completo. Frente a la obra se
podía admirar el serpenteante y alargado paseo marítimo
ensombrecido por un manto de nubes grises que ocultaba los cálidos
rayos del sol matinal. Más allá, tras los bloques de piedra que
provocaban el embate de las olas contra la costa, se extendía un
inmenso y enardecido mar. El viento de levante mecía enérgicamente
la copa de los alargados pinos que se desplegaban a lo largo de una
pequeña cima ocultando tras el espeso y verde follaje de sus ramas
el color marrón de los troncos que los sujetaban a tierra firme.
Fue esa imagen del pinar la que activó de repente la mente de
Alex.
— ¡Claro! —Exclamó – Están en una
montaña.
La voz de Sergi lo sacó de sus
pensamientos.
— Ya tengo la tarjeta de la empresa de
vigilancia —Dijo Sergi – Todo dentro de lo normal. ¿Y tú?
¿Has visto algo?
— Nada importante por ahora – Admitió Alex – Vámonos, aquí no aclararemos nada.
Álvaro esperó, asomado a la ventanilla de su
oficina, a que Alex y Sergi subieran al Land Rover y abandonaran la
obra. Después cogió el teléfono y realizó una llamada. Una voz
contestó al otro lado de la línea.
— ¿Sí?
— Hola soy Álvaro. La guardia civil ha estado aquí haciendo preguntas y registrando la obra. Ya te dije que esto no me gustaba nada. Para mí que sospechan algo.