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La inquietud provocada ante el escaso avance en la investigación hizo que Alex se despertara varias veces durante la noche, lo que finalmente motivó que no pudiera conciliar el sueño. Sin parar de dar vueltas en la cama, intentó encontrar respuestas con sentido a todo aquel galimatías que le permitieran avanzar algún paso en la investigación. Pero cuanto más profundizaba en la búsqueda de un móvil creíble para el asesinato de Carlos, más se adentraba en el interior de una ecuación en la que concurrían demasiadas incógnitas. Así que, ante la imposibilidad de volver a dormir, decidió que lo mejor sería dirigirse al cuartel para ordenar todo aquel desconcierto que reinaba en su cabeza. 

Cuando Alex llegó al cuartel, el reloj de la sala central marcaba las cuatro de la madruga; ahora las manecillas apuntaban sobre las siete y media. Era el cuarto café que Alex había tomado de la máquina dispensadora, situada junto a la entrada, desde que había llegado al cuartel. Se acercó a la puerta principal, echó un vistazo al exterior y pudo comprobar que ya era de día. Con el vaso de café en la mano, entró de nuevo en su oficina y, cerrando la puerta tras de sí, se sentó sobre el borde de la mesa sin dejar de observar la pizarra. Varias carpetas pertenecientes a la investigación estaban amontonadas sobre la mesa. Alex las había leído una y otra vez sin encontrar nada que aportara algún dato de interés al asunto. Volvió a coger el dossier referente a los interrogatorios que varios agentes habían realizado en las viviendas situadas a lo largo del supuesto trayecto que Carlos debió realizar desde el bar de Toni hasta donde se encontró su cadáver. Eran más de treinta interrogatorios en los que la frase más repetida era: “Yo no oí nada”. Ni siquiera la declaración de María Perelló, la vecina que encontró el cadáver, aportaba nada nuevo a la investigación. María no podía afirmar que los ruidos que oyó por la noche fueran provocados por Carlos o su asesino. Ella los atribuyó a los gatos que solían merodear cada noche por lo callejones en busca de ratas. En la declaración, situó la hora en que escuchó los ruidos poco antes de las doce y media, por lo que muy bien podía coincidir con la hora en que Carlos llegó al callejón después de salir del  bar de Toni a las doce y cuarto. 

Alex cotejó la posibilidad de que realmente hubiera ocurrido de aquella manera. Entonces el lugar exacto del crimen debía estar situado en el mismo callejón. Según el informe enviado por Jordi, el momento aproximado de la muerte estaría situado entre las doce y las doce y media de la noche anterior. Para llegar a dicha conclusión se basó en la relación entre el sodio y potasio obtenida en el estudio tanatoquímico realizado sobre el humor vítreo del globo ocular. Así pues la hora determinada por Jordi coincidiría según los testimonios de María y Toni, apoyando la hipótesis de que la muerte de Carlos hubiera ocurrido en el callejón o como mucho en sus alrededores. No había tiempo material de que Carlos hubiera sido asesinado en otro sitio diferente y luego hubieran abandonado su cuerpo en el callejón en menos de un cuarto de hora desde que salió del bar.

Sin embargo, había una serie de contradicciones que refutaban dicha hipótesis. Por un lado, no había ninguna evidencia en el callejón del fuego que carbonizó el cuerpo de Carlos y en ningún caso Alex aceptó como válida la increíble propuesta de la combustión espontánea. Por otro lado, el equipo de investigación tampoco había encontrado restos de sangre pertenecientes a la amputación de ambas manos en la zona. Según  el informe del médico forense, el corte realizado a la altura de las muñecas fue limpio y preciso, lo que indicaba que se había producido de un solo tajo y con algún instrumento muy cortante y bien afilado como un hacha o un machete. Una vez realizado el corte hubiera sido muy difícil parar el flujo continuo de sangre o evitar las salpicaduras alrededor de la zona afectada. 

Varios efectivos habían rastreado todos los alrededores con especial interés en cubos de basura, alcantarillas y otros lugares que se pudieran considerar sospechosos para la ocultación de ambas manos. No se había encontrado nada. El único incidente localizado fue la destrucción de un banco de madera en la plaza del ayuntamiento a escasos metros de la entrada a la calle “Mont Verd”, pero parecía más bien un acto de vandalismo atribuible a jóvenes con ganas de juerga. 

Otro dato importante e imprescindible que quedaba por determinar era si en el suceso habían intervenido uno o más participes. El estado de embriaguez en que se encontraba habitualmente Carlos, no hubiera sido un impedimento para que un solo autor hubiera podido realizar el asesinato sin ayuda. Así pues, la atribución del crimen a una o varias personas seguía siendo un interrogante más. 

Al igual que el día anterior todavía quedaban muchas preguntas sin respuesta. Alex volvió a mirar la pizarra. Junto a la foto deteriorada y las cinco etiquetas identificativas había colocado los únicos datos que consideraba válidos hasta el momento dentro de la investigación. Hora de la muerte: entre las 12 y las 12:30. Arma utilizada para la amputación de las manos: instrumento afilado y cortante (machete, hacha, sable, etc.). En la parte superior derecha colocó cuatro etiquetas más con un interrogante en cada una de ellas tras los siguientes títulos: Lugar de los hechos, móvil, partícipes y autores.  

Alex observó de nuevo la foto sin parar de preguntarse quienes podrían ser los otros cuatro personajes que aparecían en ella, claro está, suponiendo que uno de ellos fuera Carlos. Si estaban en la foto con él, seguramente debían conocerle en mayor o menor medida y quizás podrían contarle algo más sobre Carlos, como por ejemplo si se le reconocía algún enemigo declarado en el pueblo, si se tenía constancia de alguna rencilla con otra familia o si mantenía alguna deuda pendiente con alguien; entre otras cosas. De nuevo le embargó la sensación de que había algo en aquella fotografía que se le escapaba, pero no podía averiguar el ¿Qué?

Alex se sentó tras la mesa y cogió un folio en blanco donde escribió.


Perfil.

Varón

Entre 70 y 80 años.

Empadronado en Porto Novo antes de 1935

(nota: ampliar el año si fuera necesario)


La localización de aquellas cuatro personas, que debían coincidir con el perfil que había anotado en el folio en blanco, sería una de las siguientes líneas de investigación dentro del caso. En ese mismo instante alguien golpeó la puerta. 

— Adelante – Dijo Alex.

Sergi abrió la puerta y entró en la oficina. 

— Buenos días Alex – Saludó Sergi mirando la pizarra – ¿Cómo lo llevas?

— Creo que me va a estallar la cabeza – Contestó Alex frotándose la frente. —Necesito un listado detallado con nombres, dirección y teléfono de todas las personas de Porto Novo que coincidan con este perfil—. Prosiguió entregando el folio que había escrito a Sergi.

— Esto puede suponer bastante gente. —Subrayó Sergi—. En Porto Novo la tercera edad es mayoría.

— Entonces, cuanto antes empecemos mejor. ¡Lo necesito para ayer! 

— De acuerdo. Lo pasaré directamente por fax al Registro Civil de Manacor. Será lo más rápido. A propósito, acaba de llegar el informe sobre la sustancia encontrada tras el cadáver de Carlos —anunció Sergi entregando una carpeta que llevaba bajo el brazo a Alex.

Alex extrajo el documento que había en el interior y lo leyó con detenimiento.

— ¿Ti-e-rra? —Dijo Alex pausadamente con cara de sorpresa.

— ¿Tierra? —repitió Sergi desconcertado.

Según constaba en el informe, el color rojo-anaranjado apreciable en las partículas recogidas, parecía indicar baja oxidación del hierro debido a la poca aireación del terreno al que pertenecía la muestra. También se hacía especial hincapié en el excesivo índice del drenado. El ph. era de 7,1, humus poco evolucionado y escasa formación de arcilla. Por otro lado se habían localizado trazas de Cloruro de sodio y restos de oligoelementos anexionados a la superficie de los gránulos. En la conclusión se indicaba que este tipo de tierra se solía encontrar en terrenos encharcados por lluvias frecuentes o situados en zonas en continuo contacto con el agua del mar.

Alex salió de la oficina a toda prisa sin mediar palabra y se dirigió a la zona opuesta de la sala donde se encontraba la enorme fotografía de Porto Novo a vista de pájaro. Se detuvo delante de ella y la escudriñó de arriba abajo a toda prisa. Sergi, que salió tras él, se colocó a su lado mirando también hacia la fotografía. Alex le pasó el informe que todavía llevaba en la mano sin dejar de mirar el cuadro y dando un paso hacia delante señaló la parte superior de la imagen.

— Aquí – Dijo al fin.

— ¿El dique de “Es Martell”? —Preguntó Sergi.

— Exacto. Son los únicos terrenos de Porto Novo en contacto con el mar que no están formados por roca sólida. El resto son acantilados, barrancos o pequeñas playas de arena demasiado húmeda para coincidir con la muestra. Los terrenos anexos al dique son los únicos que encajan con la muestra del informe.

— Son los terrenos antiguos de “C’an Llompart”, donde Javier Castillo está construyendo el hotel. —apuntó Sergi.

— Vamos a echar un vistazo. —dijo Alex.

— Cogeremos el Land Rover. Está en la puerta. —sugirió Sergi.

Ambos se dirigieron hacia la salida. El aire fresco de la mañana golpeó con fuerza el rostro de Alex que se sintió aliviado después de llevar más de cuatro horas dentro del sofocante espacio cerrado de la oficina. A diferencia del día de ayer, el cielo se mostraba cubierto por un manto grisáceo de grandes nubarrones que ocultaban por completo la bóveda celeste.

— El departamento de meteorología ha anunciado lluvias para última hora de la tarde. —Anunció Sergi abriendo la puerta del todo terreno.

Alex  y Sergi entraron en el vehículo sin saber que las amenazadoras inclemencias del tiempo no iban a ser el mayor de sus problemas.

Puerto rojo
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