Cita 2
El día amanece de modo siniestro. Un triste blancor entró en el cobertizo. Era el alba glacial. Esa lividez, que esboza en una realidad fúnebre el relieve de las cosas afectadas por una apariencia espectral durante la noche, no despertó a los críos, profundamente dormidos. En el cobertizo hacía calor. Se oían sus respiraciones alternarse como dos olas tranquilas. Fuera, el huracán había cesado. La claridad del crepúsculo iba apoderándose lentamente del horizonte. Las constelaciones se apagaban como velas, una tras otra. Todavía resistía alguna estrella grande. Del mar salía el profundo canto del infinito.
El hombre que ríe
Victor Hugo
Biblioteca de la cárcel de Liano
HUG. 067.43