Primera parte: ella
Desnúdame por dentro
Atrévete a imaginarme y dime qué ves.
No te quedes sólo en mi cara, en mis ojos;
no te fijes sólo en mis pechos, en mi piel.
Desnúdame por dentro y hazme tuya,
lánzame sin pensar mil preguntas,
regálame el torbellino de tus dudas.
No tengas miedo y sé valiente,
con ese valor de los soldados jóvenes,
los que se apuntan, inconscientes, al combate,
y, cuando están muriendo, llaman a sus madres.
No temas zambullirte en mí,
que cada pregunta tenga su respuesta,
sumérgete en mi bilis, en mi sangre,
que lo contestado sea para ti una certeza.
Anda, no te quedes con las dudas,
háblame de aquello que siempre quisiste,
y, si te quedas sin pregunta alguna,
trenza con el mío tu amor cercano y hondo,
haz de mi pecho calmada laguna
y, así, callado, enrédate para siempre en el fondo.