XVII

El peor enemigo del ser humano es el ser humano.

Tras lidiar con el psicólogo del hospital, que no terminaba por comprender el cuadro clínico de Carla, ésta recibió una grata e inesperada visita femenina.

–¡Que sorpresa! – su voz sonaba cantarina.

–¡No te lo esperabas!

–¿Cómo te has enterado de que estaba aquí?

–Tu hermano me lo ha dicho.

– ¡Un milagro! – se mostró sorprendida–. Ven, siéntate aquí – tocó las sabanas, junto a ella.

–¿Cómo estas? –se sentó al borde la cama.

–Bastante mejor.

–Puedo preguntarte ¿qué se te pasó por la cabeza?.

–Claro que puedes. Pero es algo complicado de explicar. No estoy en mi mejor momento. Pero me arrepiento. Nada merece que me quite la vida – sus ojos brillaban húmedos.

–Bueno. No te preocupes. Lo importante es que estás bien. Lo peor ya ha pasado.

–¡Mañana me darán el alta! –dijo reponiendose de la congoja.

–¡Eso es estupendo Carla!. Podrás seguir descansando en casa.

–Mi hermano no vino ayer, lo he llamado al móvil varias veces para decírselo. Pero todavía no he conseguido localizarlo.

–Puede que este ocupado.

–Puede ser. Además discutí con él. Últimamente no está bien.

–¿Ha dejado el tratamiento?

–En realidad creo que nunca se lo tomó en serio –respondió Carla–, durante un tiempo no tuvo problemas, se controlaba, estaba estable. Pero en los últimos meses ha tenido varias crisis. Ya no se quién es.

–Yo no lo he visto mucho últimamente, pero no le  he notado nada. Pero no te preocupes, hablaré con él.

–Muchas gracias. Siempre fuiste muy amable conmigo –Carla apretó su mano con delicadeza.

–No tienes que agradecerme nada Carla.

–Antes de que te marches me gustaría contarte algo… –Carla se puso seria.

–Aún tengo unos minutos –volvió a sentarse en la  cama.

Carla tomó su mano de nuevo y sintió que su pecho liberaba presión, necesitaba desahogarse, y por motivos de peso su hermano no era la persona indicada para escuchar su relato.