—Una hora más y habremos superado nuestro primer día sin que Alicia nos provoque —soltó Raquel señalando el reloj, y las chicas comenzaron a saltar de alegría, con los brazos en alto.
Se habían pasado el día entero esperando una reacción de su archienemiga. Y es que después de que se la llevara Santo Tomás aquella mañana, todas se habían sentido revolucionadas...
A Lucía le había quedado la inquietud de que Alicia volviera con ganas de venganza, así que había decidido pasar el tiempo de pausa entre la clase de música y la de matemáticas en guardia, a la puerta del aula, con los ojos muy abiertos, acompañada de sus amigas. Era mejor que ninguna se quedara a solas, por si acaso Alicia llegaba con su maldad duplicada, como cuando en un videojuego ganas varias vidas tras destrozar a tus adversarios...
—¿Habéis visto su cara? —preguntó Susana refiriéndose a la cara de estupefacción que se le había quedado a Alicia tras recibir la orden de ir a dirección.
—¡La voy a dibujar para que no se me olvide nunca! —respondió Lucía contenta.
Charlie se acercó a saludarlas, en especial a Raquel, y cuando le contaron lo sucedido, llamó a Alba y a Diana para compartir también con ellas las buenas noticias. ¡Eso había que celebrarlo!
—Sois mis heroínas —dijo Alba que también estaba hasta el moño de la chica del pelo azul, con una amplia sonrisa.
Lucía se rió satisfecha, algo más calmada, y las demás también.
—Ahora sabe lo que es que te avergüencen en público —sentenció Diana.
—Creo que su imagen de villana ha salido al fin a la luz —añadió Charlie, demasiado influido por los malos de cómics y películas de ciencia ficción.
—¿Que ha salido a la luz? ¡Se ha estrellado contra la luz! —soltó Frida y todos se rieron.
—Ya te digo. La clase entera la odia... —apuntó Raquel.
—Yo diría que, incluso, el curso entero —señaló Bea.
Lucía alargó el brazo para rodear el hombro de Susana, que lo recibió alegre y sonriente. Aquel era su premio. Y también confirmar que Alicia todavía no había regresado y podría pasar una hora de matemáticas tranquila. Así que cuando vieron aparecer al Papudo por el pasillo, cada una se metió en su clase satisfecha.
Sin embargo, no llevaban ni diez minutos resolviendo ecuaciones de primer grado cuando se abrió la puerta de la clase y apareció la temida imagen de Alicia. Su expresión se podría decir que era bastante furiosa: mandíbula apretada, brazos estirados...
—¿De dónde vienes tú? —le preguntó el Papudo.
—De dirección —respondió Alicia parcamente.
Lucía tragó saliva. No sabía ni adónde mirar. Mientras Alicia se dirigía a su sitio se mentalizó para pasar una clase de mates infernal. OTRA VEZ.
Cuando esa criatura venida del averno tomó asiento a su lado, Lucía bajó la mirada a la mesa. Le temblaban tanto las piernas que tuvo que cruzarlas. Estaba segura de que Alicia estaba a punto de soltarle alguna de sus perlas. Después de todo, había sido ella la que le había ofrecido formar parte del grupo para hacer el ejercicio de música. También había sido ella quien había dicho que Alicia sabía la respuesta. ¿En qué lío se había metido?
Sin embargo, por mucho que Lucía puso el oído, los minutos fueron pasando y Alicia no pronunciaba palabra. Tampoco movió un pie para torturarla con sus golpecitos. Ni nada de nada. Y así transcurrió la hora entera. ¿Le habría cogido miedo?
A medida que se sucedía el día y Lucía era testigo de la ignorancia y el silencio de Alicia, fue convenciéndose de que todo iba a ir perfectamente bien a partir de entonces. Vencer su miedo y enfrentarse a Alicia había dado su recompensa: la nueva había aprendido la lección.
Lucía se estaba despidiendo de sus amigas, dispuesta a afrontar ya la última hora de clase del día, cuando le sonó el móvil:
, le escribía su madre.
, le respondió ella.
, respondió Lucía.
—¿Todo bien con la ogro? —le preguntó Frida a Lucía. Tras responder a los mensajes se había quedado con la expresión turbada.
—Últimamente vuelve a ser menos ogro conmigo...
Lucía les puso al día sobre cómo estaba la situación en casa: la tensión entre ellas había casi desaparecido, quizá su madre empezaba a aceptar a Mario, no sabía, pero lo que le preocupaba ahora era lo que iba a suceder con el restaurante. Lucía temía que se arrepintiera de no haber luchado lo suficiente por él, conociéndola como la conocía... Pero su madre era más cabezota que ella y cuando se le metía entre ceja y ceja algo no había quien la hiciera cambiar de opinión.
—Excepto tú —le dijo Susana guiñándole un ojo, ya de camino a su pupitre porque acababa de entrar la profe de plástica.
Ojalá fuera así... Lucía tomó asiento en su sitio y sacó la lámina que tenía empezada. Debía imitar con un lápiz las distintas texturas que la profesora les había pedido: piedra, madera, ladrillo, cristal... Mientras trataba de crear las texturas que le faltaban, su cabeza no paraba de maquinar. La expresión triste con la que cargaba María desde que había decidido acabar con el restaurante se le había metido bien adentro y no había manera de deshacerse de ella. Claro que le gustaría ayudar a su madre, pero ¿cómo?
Lucía estaba punteando la textura de un ladrillo cuando, sin darse cuenta, su mano comenzó a puntear el perfil de una cara. De pronto, tuvo una de sus iluminaciones. En forma de fogonazo, su mente recreó la imagen de un mural precioso. Sobre un lienzo blanco de ladrillo de tres metros por tres, Lucía veía un rostro en blanco y negro con la mirada perdida en el horizonte; veía a una joven indecisa con un puñado de sueños por cumplir; veía la imagen de su madre veinte años atrás. Y lo supo, supo cómo podía ayudarla. Sonrió ante el hallazgo y se concentró en la lámina para que el tiempo pasara volando. Estaba deseando compartir con su madre la maravillosa idea que acababa de tener.
De: Marta (lapoetisamarta@hotmail.com)
Para: Lucía (let’sdance@hotmail.com), Frida (arribaFrida@hotmail.com), Bea (doremi@hotmail.com), Raquel (discovery1000@gmail.com) y Susana (rock’nrolleando@gmail.com)
Asunto: Re: news
Adjunto: Tines.jpg
Chicasss,
¡Qué pasada lo de Alicia! ¿Y Marisa no os ha dicho nada en todo el día? ¿Ni siquiera una palmadita de enhorabuena? ¿Ha actuado como si no tuvierais nada que ver? Querrá mantener su imagen intacta, que nadie se entere de que sois cómplices en secreto. Más ahora que acabáis de deshaceros de su rival más directo.
¿Qué planes tenéis para el finde? Se me
olvidaba, que todas estáis comprometidas con vuestros chicos
Susana,
tú también lo estarás pronto, ya verás. Deberías haberte acercado a
hablar con Iván después de la escenita del comedor, estoy segura de
que no te culpa de nada y pronto lo averiguarás. Solo espero que
Alicia se mantenga bien alejada de él. Si no... se las verá conmigo
. Por
cierto, Lucía: ¡me encanta tu idea para solucionar el problema con
el restaurante! La ogro va a flipar, ya verás.
Yo este fin de semana me voy con Kellen
y Viveka al cine. Y, cómo no, será una película con historia
romántica. Es lo que toca estos días pre-San Valentín... ¡Llamadme
masoca! La verdad es que echo de menos sentirme enamorada, me he
dado cuenta al escribir el cuento para el concurso... ¡Me gustaría
tanto que me sucediera algo parecido! Voy a tener que buscarme a
alguien pronto, o se me olvidará lo maravilloso que es . Mientras tanto,
tengo que conformarme con Tines, mi monito chistoso. ¡Es el único
que me comprende! ¿Véis?
Os quieroooo,
ZR4E!