18.- Unos días antes de nuestra partida, me habían propuesto embarcar un material de emisión radiofónica «experimental», el último grito, que para nuestros amigos que entendían de ello había resultado perfectamente insuficiente e inadaptado. Además, ignorábamos el morse. Habíamos convenido que, en caso de que consiguiéramos emitir, nos limitaríamos a responder a nuestros interlocutores (¡doscientos mil radioaficionados en el mundo!) con un sí o un no: sí, un punto; no, una raya. Se admitirá que este era un socorro muy somero<<