LAS ÚLTIMAS NOTICIAS DE SIGMA CORVI

Edward Wellen

Era un día igual que cualquier otro. Ayer, es decir, cuando sucedió. WATT es una pequeña estación de Radio (AM que cambia a FM por las tardes) situada en los muelles. Es casi el espectáculo de un solo hombre. Mi trabajo es de disc-jockey. Estoy en el aire todo el tiempo hablando o canturreando, sin apenas tiempo para pasar del jazz a las noticias. Las noticias que yo leo son frías, simples, como las recibo directamente. Pero ayer fue diferente.

Poco después de haber anunciado el paso de AM a FM, me di a mí mismo el encargo de transmitir las noticias de las 6,25, sumariamente, desde luego, lo que significa un minuto de tiempo entre la publicidad de Wembley’s Fruit Nursery y la Funeraria de Freitag. Tomé el papel del teletipo y me acerqué al micrófono con mi mejor sonrisa.

Digamos que es posible que, como algunos dicen, sea el tipo de locutor que escucha el sonido de su voz más que el significado de las palabras, que conserva siempre la misma sonrisa aun cuando esté informando de una catástrofe. De todos modos no necesité mucho tiempo para darme cuenta de que algo iba mal en lo que estaba leyendo.

Pese a todo, mantuve la serenidad y continué leyendo hasta el final sin preocuparme demasiado por las palabras cuya pronunciación no me resultaba familiar. Un tono de seguridad en la voz cubre, con muchísima frecuencia, las peores vacilaciones.

La copia que había tomado del teletipo decía así:

Para recapitular las noticias, golpe para desalojar a Xuqt de su cargo… Calma en la guerra de Homsaljje, disminuyen las bajas… Una mujer de Shivy da a luz un hijo… La Marcha de Eglefyk a través de Usdagug… parte de la ciudad foco de sangrientas luchas… Itaw… Sifkyvi afirma que Vlinbyl viola por dos veces su espacio aéreo… La costa norte de Idploldu amenazada por la marea negra… Se teme que el terremoto de Tepevippp haya causado miles de muertos… La estrella de cine Jat afirma que un matrimonio doble resulta doblemente excitante… El precio medio de Harr Dworne baja medio punto… Campeonatos mundiales Zwod vence a Gnordgyun Stake… Las fuerzas de la Brigada de Moral realizan una razia y detienen a varios azules… La policía desaloja a los ocupantes ilegales de un edificio abandonado… Previsión para mañana: despejado y temperaturas suaves.

Tan pronto terminé de radiar el anuncio que seguía al comunicado de noticias, puse un disco de larga duración y telefoneé a un amigo mío que trabaja en otra pequeña emisora (sólo FM) en un condado vecino.

—¿Notaste algo extraño en el último boletín de noticias, Tom?

—¿Algo raro? ¿Cómo qué?

—Algo curioso, fuera de lugar. Algo chistoso.

—Yo no me oí reír, si es eso lo que quieres decir.

—¿Nada fuera de lo corriente?

—No, nada. Sólo esas tonterías del comunicado oficial de acuerdo con las normas usuales. ¿Por qué? ¿Me olvidé algo? Sigue al aparato. Voy a recoger la hoja del teletipo, que debe estar en la papelera, y lo comprobaré.

Yo no iba a decirle lo que pensaba de todo aquello. Me pareció ver lo que iba a ocurrir. Ni siquiera el mal gusto de Tom era lo suficientemente grande como para no haber apreciado que en aquella serie de noticias había algo fuera de lugar. Volvió al aparato.

—Yo no veo nada que se salga de lo corriente. ¿Quieres que te lo lea por encima?

—Sí, haz el favor.

—Con mucho gusto: Un golpe de Estado en Sudamérica… La guerra de Indochina en un período de calma… Séxtuples en las Islas Vírgenes… De nuevo, encuentros entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte… Bien, escucha, Bill, ahora tengo que transmitir un anuncio en directo, así que si quieres que te siga leyendo esta porquería debes esperar al aparato o volver a llamarme.

—No, no es necesario, eso me basta. Ya sé lo que quería saber.

Era una mentira. Realmente me había aclarado lo que no quería saber.

No llamé a ningún otro amigo de otras emisoras y tampoco al servicio de noticias que nos las servía por teletipo. No quería estar seguro de que había sido yo el único que había puesto en antena lo que había leído. Sabía que no estaba loco. Tomé la arrugada hoja del teletipo y volví a leerla. La guardaría como prueba de que no había sido idea mía el emitir esa serie de incongruencias en el caso de que el controlador local de la oficina Federal de Control de Comunicaciones hubiera sintonizado mi programa cuando emití el boletín.

De momento yo no haría nada. No estaba dispuesto a acudir voluntariamente con la historia. No deseaba en modo alguno dar pie para que ese departamento federal iniciara una investigación. A los tipos de la Oficina Federal de Control de Comunicaciones no les gustaban los bulos ni las bromas y lo que yo acababa de transmitir tenía mucho de ambas cosas. A fuer de sincero, yo me vi envuelto ya en una ocasión en la emisión de una noticia falsa, de un bulo, algo estúpido de lo que no me gusta hablar… y eso fue lo que me hizo tener que volver a estos pequeños lugares apartados del mundo, de los que ya había logrado salir.

La noche siguió pasando y los nuevos comunicados fueron llegando al teletipo con absoluta normalidad… Mi emisión parecía haber pasado inadvertida y no tener las consecuencias que en un principio temí. Empecé a pensar que todo aquello estaba demasiado bien preparado y redactado para tratarse de una simple broma. Otra cosa que me extrañaba mucho era que ni uno solo de mis más fieles oyentes me hubiera telefoneado para preguntarme qué significaba aquello. Si se hubiera tratado de una broma, al menos el bromista hubiera telefoneado para «quejarse» de nuestra informalidad.

¿Qué podía pensar de todo aquello? No se me ocurría una respuesta adecuada. O sí, sólo una.

En ocasiones una mancha solar puede hacer que las copias de un radioteletipo se conviertan en un mensaje indescifrable. Esto no era lo que había ocurrido en este caso, pues las noticias, aunque raras y fuera de lugar eran perfectamente inteligibles. De todos modos resultaba interesante comprobar la posibilidad de que hubiera habido alguna interferencia.

Mi lista de gastos en la emisora no cubría las conferencias interurbanas, así que tuve que sacar el dinero de mi bolsillo para telefonear al profesor de astronomía de la más próxima de las grandes Universidades.

—¿Mancha solar? No, últimamente no ha habido la menor actividad solar extraordinaria. La única cosa fuera de lo corriente que se ha visto en el cielo últimamente han sido, de acuerdo con un astrónomo japonés, ciertas anomalías en el espectro de Sigma Corvi. Pero, naturalmente, eso no tiene nada que ver en absoluto con nuestro sistema solar. ¿Qué le hizo pensar que pudo haber una explosión solar?

Sin responderle, le di las gracias por su información y colgué el teléfono.

Durante un minuto sentí como si me invadiera un frío interestelar, espacial. ¿Por qué yo? O mejor dicho, ¿por qué precisamente el teletipo de la emisora WATT, y cómo había podido entrar en nuestra línea de servicio de noticias?

Después me di cuenta de que tenía que guardar para mí mis sospechas. No podía permitirme el lujo de hacer cábalas sobre algo que no podía probar, sobre algo que no tenía la menor esperanza de poner en claro. Mis radioyentes esperaban encontrar en mí un locutor alegre, dicharachero y chistoso y mi jefe me pagaba para que los entretuviera y para que hiciera vender los productos que anunciaba. Decidí olvidar para siempre que aquello había ocurrido.

Y, después de todo, ¿qué había de especial en el día de ayer? Aparte de esa inesperada recepción de algo emitido en un planeta en torno a Sigma Corvi (donde los nacimientos múltiples son la norma y donde el azul es uno de los colores de la piel de sus habitantes) en aquel boletín no había noticias que no pudieran haber ocurrido igualmente en la Tierra. Así que, decidí, ayer fue un día como otro cualquiera. ¿No tengo razón?