EL INGENIERO DE SEGURIDAD
S. Kye Boult
Jme se había pasado abajo, en el túnel, demasiado tiempo y sabía que su espalda estaba comenzando a ponerse brillante a causa de la falta de energía radiante. Su trabajo estaba ya casi terminado y ella misma acababa de colocar el explosivo final, personalmente. La Jefe del Equipo Ecológico no debía hacer un trabajo como ése pero la cara del agujero era demasiado pequeña para cualquier otra forma de vida, así que trabajó sola.
Retorció su cuerpo plano y rectangular hasta darle una forma de C en torno a su eje longitudinal. Dado que estaba echada de costado, esto situó sus dos bordes y sus brazos, en la esquina superior de cada borde, muy juntos, lo que permitía que sus manos se movieran con mayor facilidad. Metió el final flexible de su mano derecha en la bolsa que compartía el túnel con ella y sacó otro globo-luz fungoso resplandeciente. La banda oscura de sensores que cruzaba su cuarto superior moduló en la negrura. Así podía ver mucho mejor. Ese trabajo tenía que ser llevado a cabo con la ayuda de sensores visuales. El explosivo era demasiado sensible para ser expuesto a los infrarrojos, a la alta frecuencia, a rayos sónicos o a cualquiera de las otras frecuencias sensoriales que su cuerpo podía utilizar.
La bolsa fue abierta de nuevo y, utilizando ambas manos, sacó de ella el paquete explosivo: dos cilindros de plástico llenos de líquido y una cámara catalizadora unida a ellos. Delicadamente, evitando rozar la parte adherente de la cámara, le dio la vuelta para examinar el filamento de platino de la cámara catalizadora. Estaba allí y entero. Satisfecha, colocó el paquete explosivo en la pared del agujero, delante de ella. El material adhesivo lo mantuvo pegado a la roca.
Los nervios de Jme estaban un poco agitados. Sabía que resultaba peligroso mover el paquete. El pequeño choque que produciría al despegarlo de la pared rocosa podía romper el diafragma de separación y producir la mezcla del explosivo y el catalizador. La mezcla resultaba cincuenta veces más poderosa que cualquiera de los dos componentes líquidos por separado y cuatro veces más sensible. Sabía también que una enorme bolsa de agua —algo así como unos veinte megalitros, sometidos a gran presión— se hallaba exactamente detrás de aquella pared de roca.
El túnel, de repente, le pareció estrecho y pequeño.
Trabajando con gran rapidez, encajó los extremos de dos largos tubos rojos en los extremos correspondientes de los dos cilindros del líquido. Esos tubos transcurrían por el fondo del túnel hasta perderse de vista. Jme aseguró los extremos de los tubos con un trozo de esparadrapo y después colocó los dos globos de luz fungosos en su saco. Comenzó a arrastrarse, retrocediendo por el agujero, hasta que alcanzó otro túnel. Se movía con toda la rapidez que le era posible. En una oscuridad casi total, la presencia emocional del explosivo y de la bolsa de agua parecía aumentada como bajo una lupa.
Una vez en el túnel, manos amables y voluntariosas la ayudaron a salir del agujero. Allí había luz y allí estaba la firme base pétrea del nuevo acueducto. Se puso de pie y dio a su espalda la forma curva de una S para ponerse más cómoda y al mismo tiempo absorber energía de las luces artificiales que había sobre su cabeza.
—Estaba comenzando a pensar —dijo— en que jamás podría volver a curvar mi espalda de nuevo.
A medida que su espalda fue impregnándose de energía, pudo ajustar la firmeza de su cuerpo, recuperar la tersura de sus células y acentuar ligeramente su producción de líquido. Logró construir el firme tono muscular que necesitaba para estar erecta sobre su extremo inferior y poder moverse con eficiencia. Al hacerlo así, su cuerpo se hinchó un poco hasta alcanzar su grosor normal de veinticinco centímetros y tomó la anchura que Jme consideraba bella, como las dos terceras partes de su metro de altura.
Los otros tres que la habían estado esperando, Staph y sus dos técnicos, eran rectángulos negros y grises esperando sus instrucciones. Sus cuerpos planos eran idénticos al de Jme pero más gruesos, sin la delicadeza femenina del color y la suavidad de sus esquinas. Staph alargó sus manos, tomó el equipo de Jme e hizo que los otros regresaran con él al túnel.
Jme les dijo:
—La bomba está puesta. ¡Vámonos de aquí!
Como quien dirige un rebaño hizo que los otros la precedieran hasta la puerta de presión sellada, que estaba al lado del canal de agua, agachó la cabeza para pasar por la puerta siguiendo a su equipo que guardaba silencio. Staph selló la puerta tras ella.
Jme ordenó:
—¡Fuera! ¡Subid por la rampa, todos vosotros! Marchaos a la cámara de control.
Jme alzó de nuevo su parte trasera arqueando el centro de su extremo inferior para facilitar a su cuerpo rectangular dos especies de protuberancias firmes para ayudarla a andar. Siguió la trayectoria de los tubos rojos con su mano derecha —la mano y el brazo de su extremo delantero— a medida que se movía lateralmente por el angosto túnel. No quería tropezar y perder el equilibrio o torcer los tubos. Éstos tenían que discurrir libremente y sin retorcimientos a lo largo de todo su camino.
En la cámara de control Jme se dirigió rápidamente al tablero de seguridad. Dos cronómetros gemelos en el tablero le daban la posición de las dos lunas. Sandor, la luna externa, se hallaba en su cénit; Timor, la luna interna, se había alzado ya y estaba por encima del horizonte occidental. La posición de las dos lunas resultaba importante incluso en aquel lugar subterráneo, tan alejado bajo tierra. Jme quería que la presión de las mareas en las aguas de la bolsa fuera la mínima en el momento en que la carga hiciera explosión.
El tiempo coincidía casi con la máxima exactitud.
Staph y su equipo se habían situado en sus posiciones de control:
Los cinco presentes y dispuestos: comprobado.
Un tanque de Bacteria túrgida estaba sujeto a sus aislantes. La corona azul eléctrica en torno a las esferas de sus acumuladores indicaban una carga completa.
La Bacteria dispuesta: comprobado.
Los dos tubos rojos transcurrían exactamente paralelos a lo largo del panel de seguridad y estaban conectados a un tubo de unión múltiple.
Los tubos dispuestos: comprobado.
Jme hizo un movimiento y colocó un interruptor de seguridad en la posición MONTADO y dijo:
—¡Quedaos aquí!
Efectuó un nuevo control visual de seguridad y añadió:
—¡Presión!
Los tubos rojos parecieron palpitar cuando Staph abrió una válvula. La presión se dirigió por los tubos hasta la bomba, hizo que los explosivos líquidos cayeran en la cámara de catalización y mezcló el poderoso explosivo.
Jme, suavemente, salmodió el ritmo del momento señalado para la explosión:
—No habrá explosión si yo no lo hago todo por mí misma. La próxima vez que me lo pidan les voy a decir: ¡No! ¡Fuego!
Al compás de su canturrear, los explosivos se fueron mezclando y cuando pronunció su «¡Fuego!» el voltaje total del tanque de Bacteria quedó conectado a través del filamento de platino.
La cámara de control tembló. El polvo hizo oscurecer las luces. La onda explosiva atravesó las rocas y el cemento con un sonido de resquebrajamiento. Esto fue seguido por una atronadora vibración que todos ellos pudieron sentir a través del suelo.
Los miembros del equipo gritaron:
—¡Ay! ¡Lo conseguiste!
Comenzaron a darse golpecitos y a intercambiar expresiones de júbilo y felicitación que ayudaban a relajar su tensión. Staph, que se había quedado en su puesto, abrió el interruptor desconectando el tanque de Bacteria.
Jme manipuló de nuevo el interruptor de seguridad y desarmó el disparador. Controló los registros del tiempo e intensidad de la explosión. La intensidad había sobrepasado los límites de las curvas previamente marcadas en la carta y la aguja-registro aún seguía temblando con las ondas de choque del eco. Una magnífica explosión.
Staph se había colocado tras ella y observaba los gráficos. Le dijo:
—Parte de esas líneas de registro muestran que el agua está entrando ya en el agujero.
Jme asintió:
—Una parte de ella. Se puede apreciar incluso en el suelo. Este movimiento sísmico llevaría la curva a su mayor altura si quisiéramos registrarlo.
Jme hizo que su espalda tomara la curva suave de una S de pie y se dirigió hacia un conmutador situado en otra consola próxima. Hizo la llamada de atención y después dijo:
—Despierte, Comnn. Se ha pasado una semana preparando esa red de visión. ¡Déjenos ver el túnel!
El Comunicador dijo:
—Lo siento, Jme. Lo pondré ahora. Contemple la pantalla.
El Comunicador, Comnn, era una bola redonda, tosca, con una serie de varillas o antenas semejantes a tubos plegadas sobre su cuerpo. Abrió varias de esas varillas y las introdujo en los terminales de otras semejantes que se hallaban en la consola frente a él. Una pantalla visual comenzó a iluminarse de arriba abajo.
Abajo, en el techo del acueducto subterráneo, un banco de filamentos colectores de rayos lumínicos estaba dirigido hacia el agujero y el suelo del acueducto. Cuando Comnn quedó conectado con ellos, esos filamentos se convirtieron en una extensión viva de su propio cuerpo. En esos momentos estaba descubriendo las lentes de los terminales de sus filamentos, una tras otra, en rápida sucesión. Cuando todos estuvieron abiertos, la luz visible de la escena fue canalizada por los filamentos hasta la superficie de la pantalla. Allí la imagen se hizo visible para Jme.
La imagen mostraba una fuerte corriente de agua precipitándose fuera del agujero. El acueducto estaba ya a medio llenar con el agua arremolinada.
Jme observó todo aquello durante un rato como si se tratara de ejercitar su capacidad de visualización. Esa bolsa de agua y la cuenca biológica correspondiente eran una fuente controlada por el gobierno central que la había vendido a su Compañía —y a otra— para que éstas las explotaran y administraran. Las dos compañías se repartieron totalmente las funciones de gobierno para aquella zona: transporte, conservación de las formas de vida, balance nutritivo y servicios generales. Hasta el momento los beneficios no habían sido grandes, pero ahora, después de haber abierto aquel manantial subterráneo, las cosas podrían arreglarse.
Las aguas turbulentas se deslizaban hasta el canal y después, por éste, hasta la sección de filtrado y las válvulas de control. En el sistema de las válvulas, el agua filtrada debía ser enviada a los tanques de mezcla de la Compañía de Aguas. Habían comprado también al gobierno el derecho en exclusiva de añadir elementos nutritivos al agua y distribuirla por el complicado y múltiple sistema de la zona de distribución de los árboles, arbustos y población de la zona. Jme sabía que, independientemente de su ciclo de regreso de los millones de redes distributivas, un ochenta por ciento del agua de aquella bolsa sabría encontrar, probablemente, su camino de regreso a la estación de bombeo de la Compañía de Aguas. En esa estación el agua sería bombeada hacia un sistema de filtrado purificador. El agua que ahora estaba observando en la pantalla volvería a su manantial y quedaría disponible para ser utilizada de nuevo una y otra vez.
El gobierno central, al vender esas funciones a las dos compañías, había conseguido un estupendo sistema de distribución de aguas y una total y ventajosa administración de la cuenca sin que al planeta le costara una suma exorbitante. Naturalmente la compañía de Jme esperaba buenos beneficios y la Compañía de Aguas podría seguir explotando el sistema durante años de manera provechosa. Satisfacción por doquier y para todos.
Jme hizo vibrar su espalda y dejó la contemplación de la consola. El sistema hidrológico estaba ya abierto y la obra de ingeniería lista para recibir el agua. El peligroso acto de la colocación de la bomba que acababa de realizar significaba el fin de su trabajo.
—Ya puede cortar, de momento, Comnn —dijo Jme—. Me siento satisfecha. Y tú, Staph, puedes terminar aquí. Ordénalo todo y después saca fuera a Comnn y su equipo visual. Dale a la Bacteria un buen chorro nutritivo y a su portavoz las gracias en mi nombre. Ha sido un buen trabajo, muchachos, ¡Gracias por vuestro apoyo!
El que respondía al nombre de Staph replicó:
—Está bien, Jme. Se hará como dices.
Seguidamente dejó el tono oficial, estableció una onda de alta frecuencia para su conversación privada y añadió:
—En Nivel 1° hay un oficial Comunicador esperándote. No quiso dejarle el mensaje a Comnn y tú estabas en el agujero, así que decidí hacerle esperar.
Jme dijo:
—Debe tratarse de algún mensaje sobre un nuevo empleo.
Mrrane siempre se entera cuando termino un trabajo. Iré a verlo.
Jme encontró al pequeño Comunicador de la compañía y se identificó ante él. El Comunicador radió:
—Tengo un mensaje directo, ingeniero. Muy secreto.
—Muy bien —dijo Jme y dirigió su lado receptor hacia él.
No le gustaba la sensación de aquellas antenas de comunicación tocándola ni tampoco la alta intensidad, que a veces resulta dolorosa, que la comunicación personal ocasionaba. Sin embargo, ya había realizado la experiencia en ocasiones anteriores, Bastantes; casi siempre que su compañía había sido contratada para actuar por cuenta del gobierno, se había convertido en el receptor final de algunas de esas comunicaciones supercontrolados. El mensaje, en tales ocasiones, pasaba directamente desde las antenas de comunicación del Comunicador hasta su propia superficie receptora y así no podía, en ningún caso, ser interceptado por otros seres.
El Comunicador le transmitió:
—Mrrane, funcionario ejecutivo de la Compañía a Jme, Ingeniero Ecológico. El mensaje comienza: Ingeniero Jme, ha sido usted convocada. Hemos sido contratados para investigar un Pastizal registrado en la Tregua Alimenticia. Prioridad: escasez Uno-Protegida. La dispenso de su actual trabajo hidrológico y la traslado a un puesto de la misma categoría en la Sección Cartográfica Ecológica de la Compañía. Preséntese allí de inmediato. Fin de mensaje.
Jme se separó de las antenas de comunicación para romper así aquel contacto íntimo.
Dijo:
—«De inmediato» quiere decir ahora, supongo. Ya he terminado aquí. ¿Debo llevarlo conmigo, señor?
El Comunicador respondió:
—Sí, por favor.
Jme tomó un transportador y lo situó de modo que el Comunicador quedara a su derecha. Lo colocó en él y le preguntó:
—¿Puede comunicarse por radio con Comnn que está en el piso de abajo?
—Sí, ingeniero, pero no puedo informarle de su misión, prioridad ni propósito. Todo eso es secreto, muy secreto.
Jme le dijo:
—Ya lo sé. Basta con que le diga que regreso a la Base Cinco y que deben seguirme allí todos ellos cuando hayan acabado su trabajo allá abajo.
—Mensaje transmitido. Recibido —radió el Comunicador.
Nivel 1° y su estación hidrológica eran esencialmente una terminal de transporte y así lo seguirían siendo hasta que la Compañía de Aguas comenzara a usarla para su personal administrativo. Jme eligió un transportador personal y puso en marcha sus magnetos de movilidad. Colocó al Comunicador en la parte del cilindro destinado a los de su raza y se metió en el casco del transportador. Cerró la puerta y sintonizó el lugar de destino en Base Cinco. Automáticamente, el transportador salió de la terminal.
Jme encendió a la potencia máxima las luces del interior y se colocó en una cómoda posición para que su cuerpo pudiera relajarse. «Uno de estos días —pensó— tengo que hacer una excursión a la superficie para tomar un poco de sol y nitrógeno libre… Quizá otra cacería con Utoo y sus Furtivos. Esta luz artificial me está cargando ya los nervios».
Su mente pasó a recordar, intermitentemente, los incidentes de su última cacería a medida que iba recibiendo la energía de las luces. Cuando el transporte encendió su señal de alerta y se detuvo en el cruce de destino, en Base Cinco, se sentía descansada y en forma.
El departamento de noticias del piso de transporte estaba haciendo aparecer su nombre y su número en el panel de avisos en la enorme sala de mapas de la parte alta del edificio a tres pisos por debajo de la superficie. El Comunicador que Jme seguía llevando con ella le dijo que estaba destinado también a esa sala. Esto fue lo único que había hallado desde que transmitió su último mensaje. Los Comunicadores interiores no eran demasiado inteligentes. Se sintió satisfecha de dejarlo con un grupo de compañeros en la puerta de la sala.
La sala de cartografía daba muestras de gran actividad. Un panel de comunicaciones, muy decorativo, había sido traído de las oficinas de administración y en él trabajaban cinco Comunicadores para mantener en perfecto funcionamiento sus pantallas de visualización, sus receptores y transmisores audio y los aparatos de registro.
Por la ventana corrediza que había frente a la sala de cartografía pudo ver al Comunicador de la Dirección de la Compañía Sprkss. Ya había activado el equipo cartográfico y estaba trabajando en una especie de cartel luminiscente. Sus antenas de comunicación estaban extendidas por encima de la consola cartográfica como el sistema de raíces de un arbusto.
Jme se dirigió a la consola de mando. Mrrane, su jefe, con aire ausente, le dio las gracias por haber llegado. Después, le dijo:
—Espere aquí un minuto, Jme. Sprkss está componiendo un plano que quiero que vea. Terminará en seguida. Después le daré instrucciones. Ha hecho un trabajo excelente en la bolsa de agua, déjeme que se lo diga. Ya hemos recibido las primeras cifras sobre los resultados. Parecen buenas, muy buenas, diría yo. Me alegró mucho enterarme de que ya había terminado allí para poder encomendarle este nuevo trabajo. ¡La felicito! Ha sido una realización excelente.
Jme le respondió:
—Gracias, jefe. El volar la bolsa fue la última operación, por razones de seguridad. Naturalmente, aún queda un gran número de detalles secundarios que aclarar antes de que el sistema quede estabilizado, pero Staph puede regresar allí por una semana o dos y terminarlo todo.
—También a él lo voy a sacar de allí —dijo Mrrane—. Que los del departamento de hidrología se hagan cargo de este trabajo. Ellos pueden mantenernos informados. Les necesito a ustedes dos, a Staph y a usted, para este trabajo… Bien, Sprkss ya está listo. ¿Qué ha conseguido, Sprkss?
El Comunicador había agitado dos de sus antenas de comunicación para indicar que estaba dispuesto. Seguidamente comenzó a explicar:
—Observen la pantalla uno, por favor. Muestra una parcela de terreno con bosquecillo de árboles Dekka 31A. Los símbolos verdes indican cada uno de los árboles en su lugar y dibujan los nutrientes como estaban en el último trimestre. Los datos han sido tomados de los informes del guardabosques.
Mrrane añadió:
—Esto es el corte seccional de la subsuperficie, Jme.
Le extendió un holograma y siguió explicándole:
—Hacia el norte una estructura de tipo standard, plana y automatizada para el desarrollo de los pequeños bosques… Las raíces se extienden bajo los árboles conectadas a los tanques de nutrición. Todo totalmente standard. Un buen bosque. Criamos allí cincuenta y ocho árboles durante la Emergencia Planetaria, los cuales fueron trasplantados el pasado verano. Tuvimos que trasladar urgentemente los árboles que sobraban y volverlos a colocar con mayor prisa aún. Podríamos volver a plantarlos rápidamente allí si hubiera necesidad de hacerlo. Los agujeros aún siguen abiertos… Bueno, eso no tiene ahora nada que ver.
Movió un brazo.
—Continúa, Sprkss. Ahora el recubrimiento.
Una serie de círculos rojos aparecieron en la pantalla. Cada uno de esos círculos rojos rodeaba el símbolo verde que indicaba árbol.
Sprkss explicó:
—Ésos son los árboles muertos, según el informe de Dgbe en su viaje de inspección trimestral.
—¡Muertos! —Jme estaba horrorizada.
Los árboles son seres de larga vida, estables. Los círculos del croquis superpuesto de Sprkss rodeaban a una alta proporción de la población vegetal del soto.
Mrrane dijo:
—Sí. Dgbe hizo un recorrido normal por la región en su calidad de inspector ecológico. Como sabe, no es un hombre a quien le guste basarse en los informes. Es de los que quieren ver y oír las cosas por sí mismo. Así que visitó físicamente ese bosquecillo. ¿Y qué fue lo que encontró? ¡Quince árboles muertos!
—¿El guardabosques no había informado de ello? —quiso saber Jme.
—No, en su informe afirmaba que todo estaba en orden —dijo Mrrane gesticulando—. Tonterías insignificantes…
Sprkss le interrumpió.
—En la pantalla número dos —dijo—. Mapa esquemático de la llanura subpolar nórdica. Pastizal para el ganado EW16. El ganado en migración a lo largo de las montañas llegó allí para hallar una tierra de pastos de tipo standard. No existían animales alimenticios en esa zona… La flecha azul señala una partida de caza de Furtivos. Éstos atacaron al rebaño y se ocuparon de atar a los animales que estaban destinados a ser su fuente alimenticia cuando el jefe de la horda dio la señal de desbandada.
Mrrane interrumpió:
—Puso una onda de frecuencia de emergencia. Sopló en su silbato y así detuvo la cacería de los Furtivos. Declaró un estado de Emergencia Alimenticia… Realmente él se hallaba en ese estado, pero desde luego no los Furtivos. Después él y el jefe de los Furtivos hicieron una tregua alimenticia y se dirigieron al gobierno central en demanda de ayuda. El gobierno central nos contrató para que pusiéramos orden en el asunto. Nosotros organizamos una expedición de urgencia de animales alimenticios para el ganado y dejamos a los Furtivos vigilados… Naturalmente también nos hicimos cargo de la administración, el transporte y protección de las formas de vida en toda la zona. Esto beneficia el presupuesto del Estado y, por otra parte, nuestros beneficios serán… —se interrumpió de nuevo y señaló al mapa preguntando—: ¿Qué son estas flechas rojas, Spkrss?
Sprkss dijo:
—¿Las hordas? Sí. La X señala la supuesta localización de los animales comestibles… que no llegaron. El rebaño EW16 fue, al principio, desviado hacia el sur. Las hordas de pequeños animales pienso debían ser forzados a agruparse para encontrarse con ellos.
—¿Qué parte del rebaño se ha perdido?
—Dos y medio por ciento… Más del triple de lo que la población de los Furtivos de la zona mata normalmente para su propia alimentación. Además, nos enfrentamos con el problema de retirar los cadáveres, antes de que su putrefacción se extienda por el suelo y la contaminación llegue a las aguas subterráneas.
Sprkss interrumpió:
—Ese proceso se aclara en el mapa mayor.
Mrrane se dirigió hacia la ventana corrediza y Jme lo siguió. Miraron hacia abajo, al gran departamento cartográfico donde la Compañía construía los grandes mapas en relieve del planeta.
Desde su posición frente a la consola de mandos el Comunicador Jefe dirigía frecuencias de control que hacían que una flecha roja se encendiera en el mapa. Esta flecha seguía la curva de la falda de una montaña y en un determinado punto estaba rota por una X y terminaba en un círculo rojo cerca del fondo de una estrecha planicie. La flecha estaba formada por un tipo especial de musgo, cultivado en la superficie del mapa. Algunos de los ayudantes de comunicación de Sprkss eran especialistas en cultivar ese musgo y sabían hacerlo crecer siguiendo formas y símbolos determinados. La fluorescencia se iniciaba por las radiaciones enviadas desde el panel de comunicación de Sprkss.
—El rebaño de ganado —dijo Sprkss explicando lo que señalaba la flecha en el mapa—. Ahora el bosque.
En el mapa se encendió una mancha verde ovalada.
—Esto que está al lado es punto de cierre. Hemos controlado los antiguos archivos y registros de las hordas de animales alimenticios enviados… Tiempo de llegada, número medio de ejemplares, dirección de la marcha… ¡Muéstraselo, Sprkss!
Una paleta de hélice apareció en el mapa. En su extremo más ancho había una X señalando el lugar donde los animales debían haber estado y no estaban. La parte más estrecha de la pala se extendía cruzando la planicie del norte y terminaba…
—¡… en el bosque! —dijo Jme—. Esos animales llegaban del bosque con los árboles muertos. ¿Están ustedes seguros? ¿No hay ningún campo de matorrales en la parte de la montaña? Los animales viven y crían en los campos de arbustos y matorrales, como ustedes saben…
Jme se detuvo; su cinta de comunicación se disolvió en una inesperada confusión. ¡Naturalmente que debían saberlo…! Mrrane era uno de los mejores ingenieros de hábitat.
Mrrane ignoró esta simple lección de ecología y se giró para mirar directamente a Jme con seriedad.
—¿Estamos seguros? ¡No, no lo estamos! —dijo—. Los hechos son éstos: el rebaño EW16, llegó, no halló alimentos, fue desviado y finalmente pudo ser alimentado. Esto no significa que su alimento fuera desviado del que iba destinado a otro rebaño que, de ser así, a su vez pronto se vería con el mismo problema y necesitaría un envío urgente de alimentos. Cuando desviamos la horda de alimento animal destinado a un rebaño para llevarlo a otro, se produce una reacción en cadena. Como puede ver, hay que tener cuidado para que el problema no se convierta en una pirámide invertida. Pero lo que sí puede afirmarse es que en esa zona existe ahora un desequilibrio ecológico definido. Eso es un hecho.
»Pues bien —añadió—, ahí está nuestro trabajo. Oficialmente, o mejor dicho, en vista de las circunstancias, la Compañía está dirigiendo ahora la Tregua Alimenticia EW16 y sus repercusiones. Tengo un equipo de dirección completo que actúa en nombre y representación del gobierno central en toda esa zona de desequilibrio ecológico. ¡Tan importante es el asunto! Tenemos el personal, el dinero y la organización capaz de manejar todo ese embrollo. Eso no es problema. Ya hemos esbozado algunas operaciones y hemos hecho un cálculo estructural de las posibilidades de éxito. Y lo que consigamos lo conservamos, ¿eh?
»Pero —continuó— el problema comenzó en ese bosquecillo y no sé nada de las condiciones que reinan allí desde el accidente de Dgbe. Así que quiero que usted y Staph, y cualquier otra persona que necesiten, vayan a ese soto. Inmediatamente. Su misión allí consistirá en averiguar qué es lo que ha pasado con los animales destinados al alimento del ganado. Hagan un trabajo obvio y detallado. Si es posible indíqueme cuándo la horda de pequeños animales peludos pasó por allí, dónde ha ido y, si es posible que pueda disponer de ella para alimentar a otro rebaño.
Hizo una pausa. Tendió su espalda para formar una curva C erguida y dijo:
—La segunda parte es más dura y difícil, Jme. Es aquí donde necesito mis dos mejores ingenieros ecológicos y de Seguridad… Usted ha visto parte del informe de Dgbe ahora… un informe incompleto. No creo que haya más datos útiles en él. El resto de ese informe lo recibimos del Centro de Descanso donde Dgbe está hospitalizado en estos momentos.
—¿Qué le ocurrió?
—Un árbol le cayó encima.
Jme se mostró sorprendida.
—¿Un árbol…? Los árboles no caen. Sus raíces-tubos están clavadas por debajo del hielo permanente. ¿Cómo…?
Mrrane dijo concretamente:
—Uno de los árboles muertos. De repente sus anillos seccionales se lubrificaron y se retractó violentamente con sus ramas aún abiertas. Una de las ramas presionó a Dgbe al suelo. Lo atravesó por completo.
Jme parpadeó. Ella había visto cómo los grandes árboles se retraían. Podían hacerlo a voluntad, en el invierno, en el transcurso de los grandes temporales, o para ser trasladados a un nuevo plantel. Normalmente giran sus hojas, poniendo sus lados destinados a recoger la energía pegados a las ramas para conservar así su vitalidad. En cuanto a las ramas, las pliegan contra el tronco, hacia abajo, una sobre la otra, hasta que el árbol se mete bajo el suelo, por debajo de los hielos permanentes en los túneles de nutrición donde se hallan sus raíces. Pueden hacer muy rápidamente esta operación, y el peso de uno de esos árboles adultos, de diez metros de altura…
Mrrane respondió a sus preocupaciones.
—Dgbe sobrevivirá. No ha sufrido heridas en ningún órgano vital. Pero estuvo apresado por las ramas durante horas y, naturalmente, su cuerpo se rompió. Ha tenido que ser sometido a ciertas reparaciones.
Dejó a un lado el problema de la salud de Dgbe y continuó refiriéndose al tema que les interesaba.
—Jme, todo este asunto con los animales nutritivos y los árboles muertos no es simplemente un desequilibrio ecológico normal… ¡Dos Lunas! Claro está que un desequilibrio ecológico nunca puede ser considerado normal. Todo DE es una enfermedad. La que quiero decir es que éste ha sido causado intencionadamente. Y esta idea resulta verdaderamente maligna… Jme, encuentre lo que ha ocurrido en aquel bosquecillo. No conocemos datos ni detalles de ninguna clase y supongo que hay alguien que quiere evitar que lo averigüemos. El accidente de Dgbe ocurrió en el momento más inoportuno y ha sido una gran desgracia. ¿Me comprende? Ese bosquecillo era un lugar perfectamente equilibrado, saludable desde el punto de vista ecológico y por eso lo utilizamos como lugar de recepción. Por sí solo no puede haber experimentado un cambio tan grande como para que se mueran quince de sus árboles sin que nadie sepa por qué. Esos árboles fueron muertos, asesinados podríamos decir. Creo que lo ocurrido con Dgbe también fue un intento de asesinato. Y no me cabe duda de que los pequeños animales peludos forman parte del asunto. El rebaño ganadero fue un tercer intento de sabotaje.
Mrrane se detuvo de nuevo.
Por su parte Jme tampoco sabía qué decir y ante el silencio de ésta su jefe continuó:
—Esta parte de su trabajo es secreta. No quiero que le diga a Staph nada de esto. Él trabajará con usted pero no quiero que sepa que sospechamos que se trata de unos sabotajes intencionados. ¿Lo comprende?
—Sí, estoy de acuerdo… Una forma de vida aberrante…
Mrrane la interrumpió:
—¡Ah, Jme…! ¡Nada de frases amables…! Asesinos, eso es lo que son. Al menos tenemos un criminal en nuestro ámbito profesional. Eso es lo que yo creo: un asesino. Un asesino que no necesita alimentos… sin sensibilidad hacia la vida… algo repugnante. ¡Un asesino! ¡Encuéntrelo! Envíeme sus informes a mí personalmente. Confidenciales. Muy secretos. Haremos uso de toda autoridad que nos ha conferido el gobierno central. ¿Comprendo?
—Ciertamente, jefe. Comprendido —asintió Jme—. Me pondré camino para el soto de inmediato.
—Bien, bien —Mrrane relajó un poco la forma de su cuerpo. Su voz tomó una frecuencia amistosa—. ¡Ah, Jme… tenga cuidado! Emplee algunas medidas de seguridad para su propia vida. Es muy valiosa para nosotros, ya lo sabe.
El Jefe se volvió y retrocedió hacia la consola de comunicaciones.
—¡Gracias, Sprkss! Un buen trabajo. Muy conciso. Quiero que me lo repita exactamente igual esta tarde cuando informemos al gobierno central. Facilíteme algunos hologramas para los orines, por favor.
Después de estas palabras, el Jefe se marchó para ocuparse de otros aspectos de los negocios de la Compañía que se extendían por todo el mundo.
Jme consiguió de Sprkss la situación del soto de los árboles muertos. Después, se puso en contacto con Staph y comenzó a hacer los preparativos para el viaje. Seguidamente se dirigió a su despacho para recoger algunos instrumentos que creía que podía necesitar.
Cuando Jme descendió hacia la terminal de transporte, Staph tenía un pequeño carguero medio lleno y estaba discutiendo con Comnn con respecto a un montón de filamentos visuales tan alto como el propio transportador. Como siempre, Staph no tuvo suerte en su intención de conseguir que el Comunicador disminuyera sus exigencias de material.
Jme se colocó al lado de Staph y le extendió su caja de instrumentos con aire ausente, como si no se hubiera dado cuenta de la discusión. Se volvió para mirar a Comnn y todo su equipo.
—¡Estupendo, Comnn! —le dijo—. ¿Tiene todo lo que necesita empaquetado en apoyo vital? Todo ello puede quedar aquí, almacenado hasta que hayamos conseguido nuestro cuartel general en la Base. ¿Tuvo tiempo de sacar todos sus filamentos visuales? No le dieron muchos informes, siento tener que decírselo.
—Sí, desde luego —le respondió Comnn—. No me llevó demasiado tiempo sacarlos. Lo difícil fue colocarlos. Ése sí que fue un trabajo largo y pesado. Tenía que taladrar y colocar los tubos de comunicación, pero los filamentos salen fácilmente. He dejado los tubos colocados allí. El nuevo contratista los utilizará para su propio sistema de comunicación.
—Sí —interrumpió Jme—, cada Compañía prefiere utilizar sus propios filamentos visuales… así que usted pudo sacar todo su material. ¡Magnífico!
Hizo una pausa y cambió de tema:
—¿Tiene usted una consola de visualización lo suficientemente pequeña para que Staph y yo podamos llevarla con nosotros? Si es posible, con su propia fuente de energía independiente. Mi intención es pasar algún tiempo en la superficie. Sí, sí, ya lo sé. Usted desea acoplar un filamento de enlace… un acoplamiento… como quiera que usted lo llame…
—«Ganglios…» —dijo Comnn automáticamente.
—Sí… Sí, traiga uno para que pueda enlazarlo en la red de locación visual dondequiera que nos hallemos. Pero sólo uno. Cuando decida dónde estableceremos nuestra base no quiero que usted me invada con sus instrumentos todo el Cuadrante Norte. ¿Cuál de esos paquetes es la consola? —preguntó.
Comnn le respondió:
—El amarillo… pero, Jme…
—¿Y los ganglios? —Jme no le dio tiempo a que siguiera hablando.
—El azul.
—Perfectamente. El tamaño adecuado.
Jme se volvió para enfrentarse a su ayudante y le ordenó con firmeza:
—Staph, llévate los paquetes amarillo y azul. Después consigue que almacenen el resto en la terminal, bajo mi sello y responsabilidad. Ahora, Comnn, subamos a bordo. Y presénteme a los otros Comunicadores. ¿Los conozco?
Jme se dio la vuelta y fue a buscar uno de los pequeños transportadores destinados a los Comunicadores.
Comnn agitó sus antenas, inútilmente, en débil protesta cuando vio que Jme no hacía caso de sus intentos de llevar consigo mayor parte de sus aparatos. Plegó sus antenas de comunicación firmemente en torno a su cuerpo de bola y permitió a Jme que lo colocara en el transportador y lo condujera por sus correspondientes vías. Otros dos Comunicadores estaban ya listos, esperando, pero Comnn, tozudamente, enfadado, no hizo caso de la petición de Jme de que le presentara a sus colegas.
Realmente las presentaciones no eran necesarias. Los dos Comunicadores conocían a Jme y mostraron su alegría de volver a verla. Comenzaron a radiar tan pronto como ella se curvó en la parte delantera del transportador.
—¡Directora Jme! Nos alegra mucho volver a trabajar con usted. Yo soy Tellyr. Éste es Bellyr. Sus frecuencias llegaron a los receptores de Jme prácticamente al unísono. Eran casi gemelos idénticos… y tenían la costumbre de hablar al mismo tiempo. Una costumbre que hacía difícil considerarlos por separado. Jme les devolvió el saludo:
—¡Tellyr, Bellyr! ¡Yo también me alegro mucho de volver a tenerles conmigo! Ya conocen a Comnn, ¿verdad? Staph se acomodó en el transportador.
—Todo almacenado —informó—. El programa está en el lector. Tenemos ya permiso para partir cuando usted quiera.
Cerró la capota del transportador sobre sus cabezas.
Bellyr, o quizá fue Tellyr, preguntó:
—¿Cuál es nuestro trabajo, Directora?
—Yo no soy Directora de hábitat en este trabajo —respondió Jme—. Sólo tuve ese título temporalmente durante la Emergencia Planetaria del pasado verano. Este trabajo consiste simplemente en investigar un desequilibrio que se ha producido en la ecosfera alimenticia y que está a punto de piramidarse. No es un trabajo lo suficientemente importante como para justificar un título. Bien, pongamos ya de una vez en marcha este trasto. Ya os iré dando instrucciones por el camino.
Se adelantó y tomó la palanca de control que impulsó hacia adelante. Esperó hasta que el servicio de control de salidas le dio luz verde y después puso el vehículo bajo control automático.
El motor magnético plano situado bajo el suelo se hizo cargo del transportador y a velocidad acelerada le hizo cruzar la estación terminar hasta situarlo en el tubo neumático. Los controles automáticos programados impulsaron al transportador por los enlaces norte de la Compañía hasta el principal tubo norte-sur, de acuerdo con las instrucciones de ruta que Staph había determinado.
Cuando ya estuvieron en marcha por el sistema, Jme comenzó a comunicarles la pequeña información que podía ofrecerles sobre el aspecto alimentos-animal del problema. Staph aportó los datos de un nuevo informe del guardabosques que no demostró ser de utilidad.
Jme concluyó:
—Ya podéis ver cuáles son las razones por las que no he podido traer con nosotros un equipo específico determinado. No existe indicación sobre las causas de este desequilibrio. La primera cosa que tenemos que hacer, según nuestras órdenes, es un sencillo trabajo de vigilancia… casi instintivo… hasta que encontremos un indicio que nos permita trazar una línea, un método de trabajo. ¿Están de acuerdo?
—Casi en todo… y en principio —le respondió Staph—. Tenemos dos unidades básicas, como veo. Pero dado que has decidido dirigirte al bosquecillo, no me cabe duda de que lo consideras de gran importancia para tus planes.
—¡Ah! No existe plan alguno más que lo que ya he dicho. Vamos a ejercer una inspección del bosquecillo y a vigilar… Después de eso… La primera página del libro. Como si hubiéramos regresado a la escuela: Defina la ecosfera, aísle la unidad básica, determine qué come.
Uno de los Comunicadores radió:
—¿No sabe usted ya todas esas cosas? Naturalmente que sí. Quiero decir que excepto el hecho de por qué los animales alimenticios no emigraron como debieron para alimentar al rebaño, ¿no conoce usted ya los tres otros datos: ecosfera, unidad básica y el rebaño, naturalmente?
—¿Tellyr?
El Comunicador respondió:
—Sí, Jme. Era Bellyr quien hablaba.
—Gracias. Tiene razón, Bellyr. Más piense por un momento. El hecho de que uno de estos tres datos ha cambiado, indica que los otros dos no pueden seguir siendo como antes. Así que conozco esos datos, pero al mismo tiempo no los sé. El ganado llegó para comerse al pienso animal y no lo encontró. ¿Qué les sucedió a los pequeños peludos, la unidad básica? ¿Qué le ha sucedido a toda la ecosfera? Y, además ¿cómo seguirá desarrollándose este desequilibrio? ¿Qué podemos hacer para restablecer la normalidad y cuánto tiempo se necesitará para ello? Un gran número de preguntas. Tengo muchas más preguntas que respuestas.
Jme se sentía contenta de que el problema de los animales pienso fuera tan complejo. Al menos no habría necesidad de forzar el trabajo. Habría mucho que hacer con los peludos alimenticios. Ése era el problema número Uno.
«Y esto los llevaba al Problema número Dos», pensó silenciosamente. «Un problema que podía, o no, estar ligado estrechamente con el número Uno. Y aún queda el problema Tres… Pero por ahora puedo hacer como que ignoro el problema número tres… El problema de qué, o mejor dicho quién, mató quince árboles sanos en un soto en plena explotación por la comunidad».
El transportador comenzó a desacelerar, se deslizó hacia un tubo más estrecho, aminoró aún más la marcha y comenzó a ascender.
Jme le echó un vistazo al programa del viaje y vio que se encontraban en una rama que se dirigía hacia el nordeste y casi en la terminal del bosquecillo. El viaje había sido muy rápido. Evidentemente, el problema era lo suficientemente grave como para conseguir la completa colaboración de los programadores de los transportes. Habían apartado a otros transportes de los tubos que ellos utilizaron dándoles prioridad de tráfico, por lo que no tuvieron que sufrir ninguna de las interrupciones usuales.
El transportador frenó para detenerse y los magnetos lo llevaran por un túnel pequeño que conducía hasta el mismo soto. En el túnel la propulsión era totalmente magnética. Los motores sólo producían un monótono y débil ronquido. El transportador se detuvo de nuevo y se hicieron visibles las luces de exterior. Estaban en la Terminal del Soto Dekka 31A.
Staph abrió la escotilla de salida y se estiró. Su primer comentario fue:
—Todo es automático aquí, ¿eh?
Jme bajó a los Comunicadores, a mano y uno tras otro, y se los entregó a Staph.
—Sí. De acuerdo con el plan que me han mostrado nunca se construyeron lugares de alojamiento. Estamos a sólo cincuenta metros por debajo de la superficie, a diez metros por debajo del hielo permanente. Han colocado lámparas de ayuda vital para las inspecciones y eso es todo. Necesitaremos una gran cantidad de energía para trabajar aquí.
Staph miró al techo con sus receptores en blanco para filtrar todas las frecuencias menos las visibles.
—Así lo espero. ¿Qué es lo que deseas hacer?
—Conectemos a Bellyr y Tellyr y después subiremos a la superficie.
Tomó a Comnn y lo situó en su transportador.
Staph preguntó:
—¿Conduce este sótano a un panel de comunicación? ¡Ah, sí… allí está!
Se dirigió al panel y colocó a los dos Comunicadores, Tellyr y Bellyr, sobre la consola. Éstos desplegaron rápidamente varias de sus antenas y varillas y las enchufaron en los correspondientes lugares de la consola.
Jme les dijo:
—Tellyr, conecte una línea con la oficina central e informe de nuestra llegada. Deje esa línea abierta. Usted, Bellyr, compruebe los filamentos visuales y los tubos de comunicación en los túneles de nutrición… ¡Ah, y a ver si se les ocurre a ustedes algo para que yo pueda distinguirlos al uno del otro!
—Yo soy Bellyr —dijo el Comunicador que se hallaba a la izquierda y exhibió un núcleo fluorescente con un número 1 en amarillo—. Él, lógicamente, es Tellyr.
El panel por debajo del otro comunicador exhibió un número de nueve cifras en color rosa. Los números oscilaron hasta dejar sólo un 2.
—¡Payasos!
Bellyr se dirigió a Jme:
—Atención, ingeniero, por favor. Aquí ocurre algo muy extraño. Esta consola conserva conectados filamentos de visión y tubos de comunicación.
Hizo una pausa mientras manipulaba en las luces de la consola. Después dijo:
—¡Todavía están vivos!
—¿Quiere decir que aquí, en algún lugar, hay un Comunicador? —preguntó Jme.
Bellyr emitió en la frecuencia de los Comunicadores; Jme no pudo entender la respuesta. De pronto hablo Comnn:
—¡Lléveme junto a ellos, ingeniero!
Comnn desplegó una antena y la extendió.
Jme lo acercó lo suficiente como para que esa varilla pudiera tocar a Bellyr, estableciendo entre ellos contacto para la comunicación. Jme dejó pasar un momento y después ordenó:
—Por favor, Comnn, infórmeme. ¿Qué es lo que ha hallado?
—Una red anticuada, pero todavía utilizable… Una parte del sistema está bloqueado por un Efecto de Interferencia. Una interferencia muy débil. No estoy seguro de que provenga de aquí.
—Está aquí, desde luego —dijo Bellyr—. ¿Dónde sino podía estar?
—¿Ha encontrado usted al Comunicador que debía estar en este panel? ¿Es él?
Jme había oído hablar del Efecto de Interferencia. Se trataba de un rasgo racial de los Comunicadores, gentes que podían hablar con todos los demás seres del planeta pero que en ocasiones necesitaban de un sistema especial para mantener su intimidad, cuando deseaban mantenerse aislados.
—Es muy débil —comentó Comnn.
—Es posible que ese Comunicador esté enfermo o herido —dijo Jme—. Póngase en contacto con él y díganle que estamos aquí.
—¡Jamás! —esa única palabra de Comnn tenía frecuencias de disgusto que Jme jamás le oyó utilizar anteriormente. Más amablemente, Bellyr dijo:
—No romperemos la intimidad de un Efecto de Interferencia, Jme. Ninguno de nosotros lo hará. No se hace nunca. Si él, quienquiera que sea, se ha protegido con el Efecto de Interferencia es porque necesita estar en su intimidad por encima de cualquier otra cosa. En especial significa que no quiere ser molestado por nosotros. No, no podemos molestarlo, romper su intimidad… ni para salvarle la vida.
—Está bien —dijo Jme y dejó el tema. El sentimentalismo de algunas formas de vida le parecía empalagoso—. ¿Puede usted trabajar con esos filamentos? —preguntó—. Sí, puede. Bien, en ese caso contacten con los árboles de arriba. Denme un bio-estatuto personal de cada uno de ellos… Su opinión… y grábenla tal y como se la digan, qué tiempo hace, alimentación… cómo se sienten… si se sienten contentos con sus vecinos… en fin todas esas cosas.
—¿Vas a comprobar los datos de los informes comparándolos con esas informaciones? —preguntó Staph.
—Sí —contestó Jme—. Y quiero las opiniones de los árboles para compararlos con las grabaciones de los análisis que hagamos aquí abajo. Las discrepancias pueden ser muy reveladoras.
—Esos árboles no murieron de disgusto o como consecuencia de malas vibraciones.
—No lo pensé ni por un momento. Bien, subamos y hablemos con el guardabosques. ¿Dónde está el ascensor?
Staph dio la vuelta lentamente.
—Veamos —dijo—. Aquí está la tubería principal del suministro de agua. Desde aquí parten las tuberías que llegan a cada árbol individual. El tanque grande contiene la mezcla nutritiva primaria… ¡Eh, mira el símbolo del Contratista! Es la misma Compañía Hidrológica que se ha hecho cargo de nuestro trabajo después de que volamos la bolsa de agua. ¿Se te ocurrió pensar que una parte de nuestra agua llegaría tan lejos en el norte?
—Si se conduce en un nutriente pre-mezclado es posible —explicó Jme—. Como unas dos partes por millón de toda el agua que usan. Si deseas ponerte sentimental por un gramo de agua, continúa adelante. Sería necesario llevar a cabo análisis moleculares comparativos para decir si estás equivocado o no. ¿Dónde está mi ascensor?
Comnn radió rompiendo su terco silencio:
—Bellyr, por favor, ilumina los controles del ascensor —ordenó a su compañero.
Jme contempló con aire distraído el panel de señales y los controles de puertas que, de improviso, se habían iluminado en el muro frente a ella exactamente…
Jme controló las frecuencias de su voz y respondió:
—¡Gracias, Comnn! Vamos, Staph.
Su mano cubrió el panel de controles y la puerta se dilató. Staph la siguió y se situó junto a los mandos del ascensor, que poco después se puso en marcha en dirección a la superficie. El silencio entre los tres se hizo más intenso.
Jme pensó en las cosas que podía decir, pero cada una de ellas le parecía tan estúpida como el hecho de que dos ingenieros bien formados y entrenados como ellos no hubieran dado con el ascensor. Finalmente decidió no pensar más en ello y considerar la ayuda a regañadientes de Comnn como una ocurrencia normal.
El ascensor se detuvo y en ese mismo momento se encendió panel de avisos. La presión del aire fuera era algo más baja que el aire acondicionado en la terminal y en los túneles raíces. Staph dijo:
—¡Descompresión!
El intercambio de aire en el igualador producía una ligera vibración, pero Jme no apreció efectos físicos en ella. Staph abrió puerta y Jme los dirigió hasta una pequeña caverna natural y después a la superficie.
—¡Vaya, es estupendo! Ya había olvidado lo bien que sienta respirar aire libre —comentó Staph eufórico—. Realmente resulta animador, excitante.
—Respira a fondo y absorbe todo el oxígeno que puedas. Esa sensación de euforia se debe al exceso de nitrógeno que se combina con el oxígeno que tenemos en nuestro sistema. Sentirás como una sensación de embriaguez hasta que lo quemes. Cuestión de un minuto.
Jme siguió ella misma el consejo que había dado a Staph. El sol era una delicia. El cielo estaba despejado y claro. No había lunas. Sandor se había ocultado y Timor brillaba débilmente en horizonte, hacía Occidente. ¡Claro, la órbita de Timor no se alzaba tan al norte por lo que jamás se cruzaría alta por aquel cielo que así parecía solitario y claro!
¿Solitario? No. Allí había dos Furtivos posados en una escarpadura al borde del bosquecillo. Sus pesadas cabezas y sus ponentes músculos resultaban inconfundibles, aun cuando Jme no podía ver sus dientes agudos y feroces, capaces de desgarrar cualquier cosa con una de sus dentelladas. Una pareja solitaria que no llevaba coraza ni escudo heráldico que identificara su jauría. Eran dos bribones, que se habían colocado al margen de la ley de su manada y que podían resultar muy peligrosos. Se mantenían erguidos sobre sus patas traseras observándola. De repente, giraron y se alejaron del soto en dirección sur, hacia el interior del campo. Sólo habían permanecido allí un momento. ¿Qué habían estado haciendo en el bosquecillo?
Jme arqueó la espalda. Después rio débilmente.
—¿Cómo está usted, Comnn? —preguntó—. ¿Todo en orden?
—Perfectamente, Jme. Recuerde, nosotros los Comunicadores no absorbemos oxígeno en forma gaseosa.
—Sólo trataba de ser amable, Comnn. Este efecto de la mezcla de los dos gases nos vuelve muy emotivos, mientras dura… ¡pero no dura mucho!
—¿Se te ha pasado ya, Staph?
Staph le respondió:
—¡Uh…! Sí, ya pasó. Tuve la impresión de que giraba como un trompo. ¿Me he movido?
—No —respondió Jme—. Tengo la impresión de que nos ajustamos en la Terminal. Había una buena cantidad de oxígeno, creo… Bueno, vamos al trabajo. Comnn, ¿dónde está el guardabosques?
Su voz se desvaneció. Jme había ajustado su visión para larga distancia, mirando al cielo, y los árboles del soto se le aparecían claramente con todos sus detalles.
El guardabosques… Resultaba obvio. En el soto de cuarenta a cincuenta árboles de tamaño medio, uno de ellos era casi el triple de grande y se alzaba como una torre sobre los demás. Su tronco se erguía hacia el cielo, anillo tras anillo marcando su edad. Las primeras de sus ramas, a unos siete metros de altura sobre el suelo, era gruesa, fuerte, cubierta con hojas grises y negras. Las ramas superiores eran también gruesas, superdesarrolladas, cubiertas con una espesura de hojas que daban la vuelta automáticamente cuando su cara negra, receptora de energía, estaba cargada.
Jme contempló por unos instantes estas fluctuaciones grises y negras. Conectó su banda sensora a frecuencia calorífica y estudió unas sospechosas manchas de color rojo profundo que había en las hojas del árbol y los colores azul-verdosos que vio las definieron como receptores de energía supercargados.
El árbol estaba acumulando más energía de la que podía utilizar. Con esa excesiva cantidad de hojas era lógico que ocurriera así.
Este árbol era sin duda el más viejo del soto y consecuentemente el guardabosques. Pero ¿por qué llevaba sobre él esa sobrecarga de energía? ¿Por qué no perdía una buena parte de sus hojas —casi todas— y equilibraba así la carga y descarga?
Jme preguntó:
—¿Cómo es posible que haya una discrepancia tan grande en la edad de este árbol con la de los demás del soto? Este árbol debió ser trasladado hace ya mucho tiempo a otro bosque para ancianos.
—Pasó inadvertido, un olvido —respondió Staph—. Ya lo ha explicado Mrrane. Este guardabosques tiene el hábito de abusar de las omisiones. Envía informes detallados en extremo de su soto. Nadie jamás leyó un informe entero hasta que Dgbe comenzó a investigar.
Dgbe… El nombre hizo que la atención de Jme volviera a las ramas bajas del árbol guardabosques. Gruesas, pesadas… se encogió de hombros y apartó aquellos pensamientos que por un momento ocuparon su mente. Después respondió a las palabras de Staph.
—Ya era tiempo de que alguien lo hiciera —dijo—. Este soto está muñéndose. Bien, creo que debemos dividirnos y comenzar el trabajo. Voy a hablar con el guarda. Creo que se volverá irritable.
Comenzó a alejarse y se detuvo en seguida cuando llamó su atención una reunión de sarmientos… un árbol totalmente desprovisto de hojas. Se quedó mirando a aquel esqueleto vegetal que seguía de pie y no se había retraído para ocultarse bajo el suelo en la zona de hielos permanentes. El código de vibración que lubricaba sus anillos estaba agotado, envuelto para siempre en el silencio de la muerte. Tenía que hallar un medio para librarse de aquellos árboles muertos una vez que su investigación hubiera terminado. Tomó nota del problema y llamó a su ayudante:
—Staph, mira hacia aquí, estos tres árboles. ¿Los ves?
—Sí, han perdido sus hojas. Voy a tomar algunas muestras de los muertos, después haré un análisis y Tellyr puede enviar el resultado a la Compañía.
Jme hizo un gesto de afirmación:
—Está bien. Hazlo así —dijo—. Toma muestras del área en torno a un árbol vivo, también. Toma datos suficientes como para poder determinar el peso total de las hojas, zona de caída de las hojas, materia putrefacta y todo eso. Me gustaría disponer de una estimación sobre el terreno de la pérdida total de materia orgánica del soto. Un cálculo lo más exacto que te sea posible. ¡Y sigue observando por si ves rastro de los pequeños animales peludos!
Staph se dirigió hacia los árboles.
Jme volvió su atención hacia el gigante guardabosques. Se abrió paso por el bosquecillo hasta que estuvo tan cerca del gran árbol como deseaba. Se movía despacio, adelantando una esquina de su cuerpo y después la otra opuesta con el borde superior muy arqueado entre sus pies. El suelo entre los árboles estaba casi cubierto de espesos matorrales de poca altura y, consecuentemente, Jme tenía que elegir su camino con cuidado.
Encontró un lugar al sol y dejó a Comnn en el suelo. Lo situó de cara al árbol gigantesco y retrocedió unos pasos para dar cierto aire solemne a la ocasión.
El árbol guardabosques comenzó a agitar sus hojas. La parte negra superior de éstas se volvió hacia Jme y después dio la vuelta. La cara inferior, la gris, de las hojas estaba cruzada por una especie de venas que zumbaban con el aire para producir las frecuencias sónicas que los árboles utilizaban para comunicarse.
Jme se dirigió al Conmutador.
—Sintoniza esa frecuencia, Comnn —le dijo— y dile quién soy; después traduce para mí sus respuestas, por favor.
—Estoy listo —dijo Comnn—. Ya hemos pasado los preliminares. Su nombre símbolo es Eanne, ya le he informado del suyo. Estoy listo para traducir.
—Gracias. Dile lo siguiente: Eanne, mi Compañía me ha enviado…
Comnn la interrumpió. Habló en una especie de murmullo profundo: la voz del árbol Eanne. Había traducido y emitido las palabras de Jme al mismo tiempo que éste iba hablando y ahora pronunciaba las palabras del árbol mientras las hojas aún seguían vibrando. Ésta era su habilidad y su trabajo como Comunicador. Cuando Jme ya hubo pronunciado las dos frases, estaba hablando directamente con el árbol gigante ignorando el hecho de que la voz del árbol realmente provenía de Comnn. Comnn era muy diestro en su oficio.
La voz de Eanne transmitida por Comnn, dijo:
—Bien, conque ha vuelto otra vez. Pensaba que se me había hecho la promesa de que mi bosque jamás sería utilizado para plantar en él árboles de fuera. He planeado este soto basándome en el cumplimiento estricto de esta promesa. Si la palabra dada ha sido rota, el peligro es para ustedes… Mire en torno suyo.
El árbol agitó sus ramas señalando y después continuó:
—Yo mantuve la parte que me correspondía en el trato. Mis árboles crecen frondosos y sanos. El suelo está bien cubierto con mis arbustos. El suelo abunda en bacterias y microorganismos. Pero aquí no hay sitio para árboles extraños. No hay espacio para ellos. Mi soto no será usado de nuevo como se ha hecho.
Las hojas del árbol zumbaban amenazadoras.
Jme estaba intrigada. El árbol, indudablemente, se estaba refiriendo a los grandes desplazamientos ecológicos que tuvieron lugar el verano anterior cuando algunos árboles fueron trasladados a este bosque y replantados allí. Por lo que podía verse, y oírse, eso no le gustaba al gigantesco árbol guardabosques.
—Guarda Eanne, yo no he venido aquí con esa intención —le explicó—. No está en mis planes traer aquí árboles extraños ni tampoco a llevarme ninguno.
—¿Llevárselos? Nadie se lleva nada de mi bosque. Su equilibrio es perfecto. Soy capaz de controlarlo todo por mí mismo, sin ayuda de nadie. Ya estoy harto.
—Estoy segura de que sabe hacerlo —trató de calmarlo Jme—. He leído sus informes. Excelentes…
—¿Informes? ¡Desde luego que eran estupendos! —Comnn parecía radiar a mayor volumen. Eanne estaba alzando la voz—. Mi bosque está equilibrado. Yo sé cómo hacerlo y lo hago. Mis informes lo demuestran así y por eso son excelentes. Consecuentemente no estoy dispuesto a dejar que cambie usted nada de mi soto. Vuelva al lugar de donde viene y dígaselo así a quienes la envían. Dígales que Eanne no necesita cambio alguno. ¡Y no lo habrá!
El guardabosques no estaba convencido de que no iba a haber un intercambio de árboles en su soto, cosa que había ocurrido el verano anterior. Jme tenía que convencerlo de que no se tenía la intención de cambiar nada. ¿Podría hacerlo? Al menos tenía que intentarlo.
—Guarda Eanne, tenga la seguridad de que mi Compañía me ha enviado aquí para ayudarle —le dijo—. No he venido más que para buscar a los pequeños animales alimenticios que pastan en su foresta. Nuestros registros nos informan de que no han emigrado.
—¿Animales alimento? ¡Una tontería! ¿Por qué perder su tiempo con ellos? Yo tengo que solucionar una situación de emergencia. ¿Es que los funcionarios de su Compañía no entendieron mi llamada? Se están produciendo muertes en mi bosque. ¡Muertes! Expuse el caso con toda claridad en mis informes. Le exijo que haga algo para evitar estas muertes.
Sus hojas zumbaron un sonido que Comnn no tradujo.
¡Vaya…! Ahora el árbol afirmaba que había hecho constar en su informe la noticia de la muerte de los árboles. Jme reflexionó tratando de calibrar dónde estaba el error. Primero el árbol guardabosques afirmaba que su bosque estaba sano, que todo iba a las mil maravillas y qué sus informes eran perfectos. Después, resultaba que el bosque era bastante menos perfecto, pero sus informes seguían siendo perfectos y realistas. ¿Qué clase de juego era ése? Bien, si había que jugar, ella también estaba dispuesta a hacerlo.
Jme respondió en la frecuencia suave y reposada que utilizaba para la alta diplomacia.
—¡Oh, eso es importante! Pero mi querido guardabosques, ése es un caso de urgencia, como usted bien ha indicado. Mi ayudante y mi Comunicador están recogiendo datos de su bosque de acuerdo con el Plan de Emergencias EP 12 AEE.
Jme acababa de inventarse, maliciosamente, el EP 12 AEE, pero este guardabosques se sentía feliz en el terreno de la burocracia y los informes, así que era posible que ese concepto calmara su agitación.
La ingeniero continuó:
—El otro asunto, el de los animales alimenticios es un rompecabezas que creo que nosotros dos, si colaboramos, podremos resolver mientras continúa realizándose el otro trabajo, el más importante. Podemos considerarlo como una especie de pasatiempo entre usted y yo. Mi jefe considera que yo soy bastante perezosa y no trabajo lo suficiente cuando estoy fuera de su vista. Por eso añade a mi misión siempre otros trabajos secundarios y menos importantes. ¿Qué puedo hacer yo? Tal vez usted, si quiere, puede responder a dos preguntas: ¿Han abandonado su foresta esos pequeños animales? Sus sensores de perímetro, ¿han registrado su paso por aquí?
—No, nada ha abandonado mi bosque. Todo lo que está bajo mi control marcha como es debido. Siempre fue así.
Jme insistió, persistiendo en su tono apaciguador y adulador.
—¡Ah, eso es magnífico! Muy significativo —no dijo en qué consistía lo magnífico del caso ni su significación—, en ese caso los animales están aún en el soto. ¿Puede localizar para mí a algunos de esos animalitos?
La respuesta de Eanne fue concreta:
—¡No! No, yo no tengo nada que ver en absoluto con esos pequeños animales peludos devoradores de hojas. ¡Búsquelos usted sola si es que quiere dar con ellos! ¡Creo que su superior tiene razón y que usted no trabaja lo suficiente…! ¡Mis árboles se han muerto! ¡Averigüe por qué! El resto de esta conversación es inútil. Voy a ponerle fin.
Comnn esperó unos instantes, después dijo con su propia voz:
—Eso es todo, Jme. Ha hablado en serio. Ha dejado de transmitir.
—Estupendo. Lo mejor de mi diplomacia, dos mentiras sobre el jefe, desperdiciadas. Bien, volvamos a reunirnos con Staph.
Tomó el Comunicador y lo puso en su portador, que se echó al hombro.
—¡Ah, espera un minuto! —dijo Jme que había cambiado de opinión.
El guardabosques le había dicho que buscara ella misma a los peludos… ¡Quizá podía hacerlo! Abrió su caja de herramientas, sacó de ella un tubo metálico, desenroscó su tapa y sacó un manojo de filamentos de comunicación. Los estiró hasta formar una simple varilla de como un metro de longitud.
Comnn dio muestra de una gran agitación.
—¿Dónde ha conseguido eso? —preguntó casi tartamudeando—. Eso es ilegal. ¿No creerá usted en la magia? ¡Aparte eso, Jme! ¡Déjelo!
—Cálmate —Jme sostuvo el tubo delante de ella—. Está en orden. Los filamentos son de plástico con un núcleo de carbón activado. No es nada vivo y puede estar seguro de que no es cierto lo que dicen los supersticiosos de que desgarra un cuerpo durante la oscuridad de las dos lunas. Se trata de un aparato científico que no tiene nada que ver con la brujería.
Comnn la miró extrañado.
—¿Plástico? —preguntó.
Jme caminaba por el bosque en dirección hacia donde había quedado Staph, aunque no podía caminar en línea recta debido a las incidencias y la maleza del suelo.
—Sí, plástico —le explicó—. Fabricado para que parezca exactamente igual que una antena viva de comunicación. Los filamentos están llenos de carbón para darles afinidad a los ciclos vitales del carbono. Si se llena de agua, la antena será sensible al agua y encontrará agua. Ya he visto cómo trabaja. Tratada como está ahora, la varilla me ayudará a localizar vida… Esos pequeños seres vivos que buscamos.
—No funcionará. Fíjese, está señalando hacia abajo. Todo lo que ha encontrado es agua.
—Démosle una oportunidad. Lo que ocurre es que los tubos que transcurren bajo el suelo están llenos de agua que llevan materias nutritivas. Por aquí hay una enorme cantidad de aguas subterráneas.
Jme continuó moviendo el aparato lentamente. Cada vez que la varilla de plástico se doblaba hacia abajo, ella la enderezaba cuidadosamente y continuaba con su manejo. Después, de repente, la varilla se torció a la izquierda. Jme sintió el tirón y casi se le escapó de la mano.
—¡Hemos dado con ellos!
Se adelantó unos tres metros y se giró a la izquierda. Una vez más la varilla osciló.
Jme se dirigió hacia un grupo de arbustos. Las ramas de los arbustos se giraron hacia ella a medida que se iba aproximando y algunos de ellos comenzaron a iniciar su vuelta al refugio de sus raíces. Se produjo una escapada y un grupo de pequeños peludos, a rayas rojas, bajaron del arbusto para esconderse entre los terrones más próximos. Se movían con tal rapidez que Jme apenas si pudo divisar sus seis piernas. Su pequeña cola triangular y blanca se agitaba en el aire, como bandera de su terror, y Jme pudo contar seis de estos animalitos antes de que se perdieran a sus ojos.
Jme se echó a reír.
—Todo un grupo en un solo lugar. Bueno, al menos sabemos que siguen aquí. Ahora sólo me queda buscar la razón por la que no comenzó su migración Y además hemos comprobado que la varilla funciona, Comnn, como bien has podido ver. ¡Mira, de nuevo está señalando!
En efecto, la varilla detectora vibró y señaló en dirección a donde se hallaba el gigantesco guardabosques.
—Allí debe haber más, en el guardabosques. ¿Aún sigues creyendo que se trata de magia?
Jme plegó los filamentos de la varilla de plástico antes de guardarla en su estuche.
Comnn no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.
—¡Coincidencia! —dijo—. Se echaron a correr porque usted estuvo a punto de pisarlos. Observo que no va a seguir buscando a los animales. ¿Se detiene ahora que va por el mejor de los caminos?
—Debe haber una población de diez mil a doce mil animales de éstos. No tengo tiempo para ir a buscarlos a todos. Tendremos que pensar en algún otro método.
—Yo también lo creo así. Éste es un método verdaderamente estúpido. —Comnn plegó sus antenas y dejó de emitir.
Jme no tenía ganas de discutir y no lo hizo. Había usado sus varillas de plástico para detectar agua y minerales y no le habían fallado. No podía explicar cómo, e incluso tras haber sido estudiadas en el laboratorio nadie podía explicar su funcionamiento. Lo cierto era que esas varillas podían ser utilizadas para localizar cualquier cosa que una persona entrenada en su manejo deseara hallar… ¡Una herramienta utilísima, desde luego!
Jme se fue abriendo camino a través del soto para dirigirse al lugar donde Staph estaba trabajando. Tenía abierta su caja de instrumentos y se ocupaba de preparar discos de muestra para el analizador.
—¿Has puesto algo en claro, Staph? —le preguntó la ingeniero.
—Creo que sí —Staph señaló hacia su derecha—. Los agujeros donde estuvieron plantados los árboles invitados del pasado verano están abiertos todavía. He sondeado uno de ellos. Conduce hasta los tubos de nutrición sin obstáculos alguno. Ten cuidado cuando camines por aquí.
—Así lo hago —respondió Jme—. ¿Y qué hay de tus análisis?
—Nada en firme hasta ahora —se volvió para mirarla—. Quiero enviar estas muestras hasta nuestra oficina central para que las analicen allí. Ellos cuentan con mejores medios que yo aquí y podrán, realizar sus análisis con mayor rapidez.
—De acuerdo, pero deseo que realices personalmente un examen de todo lo que envíes. Quiero tu análisis de campaña, Staph. Tengo la impresión de que vamos a necesitar de toda nuestra intuición para enfrentarnos a este asunto. ¿Qué tipo de muestras son las que envías?
—Hojas, cortezas, humus del suelo…
Staph señaló los discos y miró a Jme. Se dio entonces cuenta de lo que realmente la ingeniero quería saber.
—¡Ah… te refieres a los resultados! —continuó—. Bien, el ciclo de decadencia estaba incompleto —señaló al árbol muerto—. Hay muestras de una gran cantidad de hidrógeno sulfúrico. Y trazas de macromoléculas orgánicas en las médulas… materia animal en estado de descomposición. Muy raro.
—Algo en el suministro nutritivo, ¿no lo crees así?
—Lo comprobaré seguidamente, pero no lo creo. Los demás árboles están sanos. Los arbustos dieron muestras de buena movilidad cuando te acercaste a ellos.
Staph miró en torno y continuó hablando lentamente:
—Este bosquecillo es un sistema climatológico. Su energía tiene que estar equilibrada: producción, almacenaje, respiración… todo nivelado. De no ser así, los demás árboles podrían resultar afectados por la polución del nutriente.
—Estoy de acuerdo, excepto en dos cosas —dijo Jme—: los árboles muertos y el guardabosques. Hay algo que no está equilibrado. Tengo una idea…
Colocó a Comnn en el suelo.
—Voy a hacer que Bellyr averigüe la opinión de los árboles sobre la vida en este soto. Quiero que interrogue también a las bacterias del suelo, los Micros. Comnn, entra en contacto con una colonia, por favor, y mira de conseguir que nos envíen a una familia de portavoces. Deben conservar los datos de la herencia en los registros de sus antepasados. Ya nos ayudaron anteriormente, cuando trajimos aquí los árboles suplementarios.
—Eso fue hace ya miles de sus generaciones —objetó Staph.
—Lo sé —le respondió Jme—. Pero los Micros conservan en su memoria cosas que sucedieron millones de generaciones anteriores. No me cabe duda de que este soto tiene que tener todavía alguna colonia de portavoces.
—La tienen, ingeniero —informó Comnn. Había colocado dos de sus antenas en la superficie del suelo—. No puedo traducir directamente, como seguramente debe saber. Hablan en frecuencias muy difíciles. Además, no quieren hablar. Creen que estoy invadiendo su terreno. Me dicen: ¡Márchate, márchate! Éste es nuestro suelo. Vete a hablar con las bacterias nutrientes. Ellas son felices y engordan. Nosotros estamos muy ocupados…
Comnn hizo una pausa, para continuar poco después:
—Ahora no quieren hablar nada en absoluto. Están enfadados, furiosos, ingeniero.
—Bueno, más o menos eso es lo que yo esperaba —asintió Jme, alzando a Comnn—. La bacteria del suelo pudo haber cambiado la bioscopia superficial de manera suficiente para hacer que los animales alimenticios desaparecieran, pero eso llevaría mucho tiempo y, además, no explicaría la muerte de los árboles. Sospecho que los análisis de Staph demostrarán un desequilibrio alimenticio a nivel bacterial… No, creo que debemos buscar en otros ámbitos para hallar nuestra unidad básica. Creo que ya hemos hecho lo suficiente aquí. Bajemos de nuevo al subsuelo. Deseo, Staph, que envíes algunas muestras de líquido nutriente para sus primeros análisis.
Staph le respondió:
—De acuerdo.
El ayudante de la ingeniero guardó sus instrumentos y la siguió hasta el túnel del ascensor. Las hojas del árbol guardabosques produjeron un rumor en baja frecuencia cuando pasaron junto a él, pero ellos lo ignoraron. Comnn no tradujo el significado de aquella especie de gruñido.
Tellyr movió sus varillas en un saludo respetuoso cuando llegaron al terminal. Inmediatamente se dirigió a Jme.
—Jme, la oficina desea saber si puede salir de aquí para encontrarse con un rebaño ganadero.
La ingeniero se detuvo sorprendida:
—¿Adónde? ¿Para qué? Apenas si he acabado de instalarme aquí.
Tellyr le explicó:
—Se trata de otro rebaño ganadero que se encuentra escaso de alimento. El cupo normal de alimento animal que le correspondía fue desviado para alimentar al ganado que debía haberlo hecho con los animales que pueblan este bosquecillo. Han transmitido una ecuación de fórmula sencilla, Jme. Va implícita en las palabras.
—Lo sé —respondió Jme—. El primer rebaño fue llamado EW16. Este nuevo…
Tellyr le facilitó el dato:
—HW 31A.
—Bien, HW31A. Y no hay animales para alimentarlo, así que tenemos que robárselos a otro rebaño… Y después tendremos que cogerlo de otro para alimentar el ahora expoliado. Estamos al comienzo del proceso del desarrollo de la pirámide… Está muy bien, Tellyr, en este caso no tendré más remedio que ir, creo. Necesito conseguir ciertos datos de este otro extremo de la cadena alimenticia y, de todos modos, tendría que hacerlo más tarde o más temprano. Sólo que esto apresura un poco las cosas… ¿Ha averiguado dónde debo encontrarme con ellos?
—Lo tengo todo, Jme —dijo Tellyr—. El programa computado del viaje está grabado en la cinta de datos que hay sobre mi consola. Están muy cerca de nosotros. Hay un portón superficial en su línea de pasto.
—Muy bien. Staph, tú debes llevar a cabo el control de los nutrientes. Después trata de conseguir el máximo que puedas sobre el estado de correlación del nivel de energía en soto. Consigue los datos suficientes para calcular totales de materia orgánica; peso de las hojas, raíces; cantidad y calidad de la producción; respiración… También muestras de los arbustos y de la población microbiana.
—Esto no es un simple trabajo; es una auténtica preparación para una oposición.
Jme se echó a reír:
—No del todo. Creo que aún se te ocurrirán más cosas sobre la marcha. Volveré tan pronto como pueda.
Jme tomó la cinta magnética que había sobre la consola y después, como si se le hubiera ocurrido una nueva idea, se volvió otra vez a Tellyr.
—Por favor, Tellyr, ¿quiere usted asegurarse de que me envíen a un Furtivo al portal de transporte? Necesitaré a alguien para que me lleve de un lugar a otro. No deseo encontrarme junto al muro de un cráter sin ver otra cosa que una nube de polvo y humo. Compruebe el procedimiento con Sprkss.
Tellyr agitó dos de sus antenas de comunicación.
—Estoy transmitiendo. Se lo diré, Jme.
El transportador, programado de acuerdo con las instrucciones que Tellyr había computado en su cinta según las disposiciones de la oficina central, se detuvo finalmente junto a uno de los portales de superficie. Debido al gran número de puntos de enlace y cambios de vías de transporte, Jme dedujo que la estación de destino debía hallarse muy apartada de las rutas regulares de viaje. Pese a ello aún se sorprendió por lo primitivo del lugar. El portal sólo tenía un disco de programación y un reducido grupo de contactos de información, pero ni siquiera contaba con una auténtica estación de comunicación. Jme no había esperado encontrarse un emporio de civilización en un enclave ganadero. Pero esto…
Jme encontró el botón de «en funcionamiento» y lo apretó. La oficina general, que sin duda estaba enlazada con ese portal, vería la señal y comprendería que había llegado.
Salió al exterior. El aire estaba cargado con un polvo arenoso. Se detuvo un momento para aumentar su metabolismo. La arena disminuiría la cantidad de energía que llegaba a sus receptores. Incluso sin viento el viajar con un rebaño de ganado era un asunto duro y difícil. Tenía que conservar al máximo sus energías durante algún tiempo.
Un pesado Furtivo surgió entre el polvo y se posó encima del muro rocoso con un auténtico desplegar de velocidad y energía. Los Furtivos no dependían del nivel de intensidad de la luz solar para conseguir su fuerza y vitalidad. Eran animales carnívoros. El ejemplar que se dirigía hacia Jme desplegaba todo el poder de arrastre y movilidad de sus potentes músculos mientras trepaba: garras delanteras poderosas, espaldas poderosas y un cuello grueso y móvil… Toda una potencia respaldada por una boca llena de afilados dientes que le permitían matar y alimentarse de la carne y la sangre de sus presas. Recordó aquellos otros dos Furtivos, separados de su manada, que había divisado en el bosque. Instintivamente también ahora sintió miedo.
Sin embargo, se le pasó pronto. El Furtivo que llegaba iba lanzando una llamada amistosa, un feliz ronroneo que calmó sus temores de inmediato. Se trataba de Utoo, un antiguo amigo.
El Furtivo era una oscura mancha de color óxido bajo la polvorienta luz solar. Se deslizó hasta detenerse y su boca amistosamente entreabierta mostraba toda la fiereza de sus dientes triangulares. Se sacudió el polvo de su espalda y repitió su saludo con un murmullo más profundo:
—¡Hola, Jme! Directora de hábitat Jme. Me dijeron que iba a venir y que debía esperarla. Me alegro de verla de nuevo. ¡Vaya, Jme… otra vez como en los viejos tiempos! ¿No es así, directora?
Jme se dirigió hacia él y alzó una de sus esquinas para rozar la garra derecha delantera del Furtivo. Éste era dos veces mayor que ella y eso fue todo lo más adecuado que pudo hacer para cumplir el ritual de saludo con que los Furtivos reciben a un amigo.
Jme expresó su alegría:
—¡Utoo…! ¡Oh, Utoo…! Esto hace mi trabajo mucho más fácil y agradable.
Utoo lanzó una de sus fuertes risas.
—Nada puede hacer fácil este desbarajuste. ¿Tenemos que vérnoslas con otro aterrizaje espacial procedente del planeta interior como en la última emergencia planetaria en la que trabajamos juntos?
—No, no se trata de algo tan dramático. Y en esta ocasión no ostento el título de directora de hábitat. En este trabajo no se me ha dado título oficial alguno. Se trata simplemente de una crisis de alimentos.
—Vaya, vaya, conque es eso —comentó Utoo—. Ya me veo conduciendo de nuevo a esos peludos. Por lo visto hay alguien en las altas esferas que piensa que usted y yo somos expertos en el manejo de esos estúpidos animales. ¡Qué pena! ¡Me pone enfermo contemplar sus estúpidas colas levantadas! ¡Y ni siquiera saben bien!
—Pues va a tener que venir conmigo a buscarlos una vez más, Utoo… ¿No le han nombrado para que sea mi transportador?
—No hubiera dejado que ningún otro de mis congéneres me arrebatara este trabajo. Aquí tiene el arnés. Vayamos a buscar a esos pequeñajos…
Colocó a Jme en el arnés con un movimiento suave de sus garras delanteras y después se puso de nuevo en posición de carrera.
Retorciéndose un poco, Jme pudo colocarse en los extremos inferiores del arnés y de ese modo consiguió que la mayor parte de sus sensores estuvieran situados para mirar por encima de la cabeza y las espaldas de Utoo. Su espalda debería quedar hacia arriba, para recibir, de ese modo, la mayor cantidad posible radiaciones, pero a Jme le gustaba ver hacia dónde se dirigía.
Como resultado de esto su posición de montar resultaba un tanto rígida e incómoda. Su cuerpo formaba una especie de C mayúscula, de pie y un poco retorcida hacia arriba, apoyada en uno de los costados de Utoo. Para un viaje largo se trataba de una postura que llegaría a hacerse insoportable.
Utoo volvió la cabeza hacia atrás para ver a su retorcido jinete. Precavidamente le dijo:
—Jme, hoy no vamos a tener un viaje agradable. Este viento tan fuerte levanta nubes de arena y piedras. Creo que haría mejor en ponerse de cara al viento, un poco más de costado. Jme se echó a reír.
—¡Y me lo dice ahora, después de todo el trabajo que me ha costado ponerme en esta postura! Creo que probaré de ir así durante un rato. Si veo que la cosa se pone demasiado mal me daré la vuelta. ¿Tendrá que detenerse en su carrera si quiero cambiar de postura? ¿No le haré perder el equilibrio o algo parecido si me muevo? ¿Quiere que le avise antes de hacerlo? Utoo lanzó un gruñido:
—No hay necesidad de nada de eso. Usted pesa menos que una pluma. Puedo llevar a una de esas piezas de ganado durante toda una jornada.
—Estupendo. En ese caso me daré la vuelta y cambiaré de postura si empiezo a encontrarme demasiado incómoda.
—No se caiga del arnés. Jme le dio un golpecito cariñoso en la espalda.
—Vamos, viejo compinche, pongámonos en camino. El viento empeora por momentos. Empiece a correr, Utoo.
Utoo replicó lanzando un grito de caza que terminaba en una especie de tos ruda y fuerte. Apenas había terminado el grito cuando ya estaban bajando la pronunciada pendiente, corriendo de cara a un viento fuerte y cargado de arena.
Jme se dio cuenta de que este viaje no iba a ser de placer ni le llegaría a agradar. El impulso y potencia del medio galope rápido de Utoo seguía siendo el mismo: Se trataba de un paso en vaivén, subiendo y bajando con un ritmo suave e ingrávido cuando saltaba los obstáculos o ganaba velocidad con una serie continuada de saltos. A Jme le gustaba mucho esta excitante sensación que sentía a lomos de su Furtivo, pero no podía ver nada.
El aire estaba lleno de polvo, coloreado de rojo y ámbar cruzado a veces por franjas negras que parecían llegar volando. Colocó su sensor en las frecuencias correspondientes a la luz rojal más baja, pero pese a ello el panorama seguía siendo borroso. Jme conocía aquella zona, accidentes orográficos, contornos del cráteres, etc., lo suficientemente bien para que los colores que distinguía le sirvieran de mucho. Disgustada y desilusionada se decidió a abandonar su intento de ver por dónde iban y se retorció hasta quedar colocada en una postura plana, más cómoda, apoyada contra uno de los lados de Utoo. Se relajó y empezó a balancearse en el arnés, siguiendo el ritmo de la marcha del Furtivo para, al menos, gozar del paseo.
El equipo sensor de Utoo estaba en condiciones de ser usado en esa luz y con ese polvo. Era algo innato en él. Más aún, sus reacciones estaban engranadas para correr tal y como lo estaba haciendo entonces. La relampagueante banda negra de sus ojos estaba colocada en la parte más alta, y a ambos lados, de una cabeza en forma de cuña. Llevaba la cabeza erguida, firme, en su cuello móvil y grueso. Los Furtivos se mueven con mucha rapidez sobre la superficie del desierto; sus sensores están dispuestos para percibir igualmente una visión lejana que una próxima. Utoo, pues, podía ver perfectamente en medio de esa polvareda.
Jme no sentía la menor preocupación por su Furtivo. Se apretó contra su costado y se sumergió plenamente en el placer de la galopada.
La voz como un ronroneo de Utoo la sacó de aquella especie de hipnosis de velocidad. El Furtivo le estaba diciendo:
—Directora…, Jme. Aquí está el rebaño. Lo han cercado en un anillo de suministro. Creo que debo comprobar la situación con Fflrr, que es quien lo está apacentando. Seguramente que tiene un comunicador consigo… En caso de que usted llegue a necesitarlo, puede pedírselo.
Jme se volvió para mirar, pero el polvo seguía cegándola.
—No puedo ver nada, Utoo, siga adelante.
Utoo se volvió hacia la izquierda.
—El aire será mucho mejor cuando estemos más cerca del ganado. Ahora estamos en un callejón sin salida, en un lugar muerto.
Dio unos saltos más y volvió a perder velocidad para detenerse. Jme se giró de nuevo y vio al ganado. Realmente sólo pudo ver con claridad a un simple ejemplar que se mantenía alejado del rebaño. El resto de ellos sólo podían ser identificados por las sombras y manchas negras que ponían en el desierto. Su color era muy parecido al de Utoo, aunque de un tono ligeramente más anaranjado, es decir, que, como todo lo que se veía por esos contornos, estaba cubierto de polvo oxido y rojizo.
Ese ejemplar tenía espaldas fuertes y una poderosa estructura muscular en su cuello semejante a la de los Furtivos. También era un ser carnívoro y más alto aún que un Furtivo. Ese ganado, los Grazers, corrían por el desierto con patas rígidas y juntas con un trote acompasado que les obligaba a sortear obstáculos que un Furtivo podía saltar fácilmente. La cabeza del Grazer se diferenciaba también de la del Furtivo. Su cuello era más largo, sus dientes más anchos y gruesos. Tenía dos hileras de esos poderosos dientes protegidos por una masa carnosa fláccida. La serie anterior de dientes sobresalía hacia adelante. Los Grazers podían alimentarse sobre la marcha, sin dejar de correr, si así lo deseaban. Esa colección delantera de dientes servía como de una especie de cucharón o pinza que cogía los alimentos y los introducía en el interior de la boca donde estaba la segunda serie de dientes y muelas que servían para triturar sus alimentos.
Otros dos Furtivos se adelantaron para saludar a Utoo. Se detuvieron sin dar la espalda al ganado que tenían que vigilar. Uno de los recién llegados, al que Utoo había llamado Fflrr, llevaba dos comunicadores en su lomo, en un arnés semejante al que llevaba Utoo para Jme. Lanzó un grito de aviso al ganado le volvió después la espalda.
—Fflrr, te presento a la ingeniero Jme —las presentaciones de Utoo eran cortas—. ¿Puedes comunicar con su compañía y decirles que ya está aquí?
—No, en absoluto. Nuestros comunicadores apenas si pueden comunicarse de un lado a otro de donde está el rebaño. Para ello emplean una frecuencia de tono bajo. Es muy baja y limitada… y produce además cierta comezón en el ganado.
—En ese caso, ¿cómo se mantienen ustedes en contacto? Mi jefe me ha dicho que le llamaron…
—Empleamos señales luminosas… hasta que el polvo lo impidió —le informó Fflrr—. Y últimamente no hemos llamada a nadie. Regreso para enviar mensajeros a las estaciones de los muros del cráter.
Se alzó, de pronto, sobre sus patas traseras para echar un vistazo al rebaño.
—¡Lo siento, ingeniero! —dijo volviéndose de nuevo para mirarla—. Salvo en el caso de que tenga usted una razón muy importante, no puedo enviar un mensajero sólo para decirle a alguien que usted ha llegado. Necesito a todos mis Furtivos aquí. Sin embargo, esta tarde llegaremos al Soto Dekka 31A. Podrá llamar desde allí.
Jme dijo:
—¿Al soto…? ¿Pero es que no se ha enterado?
Con una repentina sensación de terror Jme se dio cuenta de la importancia del número de identificación de este rebaño: HW31A… 31A; de acuerdo con los planes debía acudir al soto para ser alimentado allí. Entonces, el primer rebaño, el que había comenzado la pirámide del desequilibrio alimenticio, ¿de dónde había salido?
—¿De qué habría de enterarme, ingeniero? No puedo esperar más. Debo volver a ocuparme del rebaño. Estamos esperando de un momento a otro que lleguen los animales y eso puede provocar la estampida.
Jme se mostró conforme.
—Sí, Fflrr, váyase —le dijo—. No hay necesidad de enviar mensaje alguno. Mi oficina sabe ya que estoy aquí. Siga trabajando con su ganado, por favor. Si descubro algo que no entienda se lo preguntaré a Utoo.
Jme se daba cuenta de que sus palabras no tenían demasiado sentido, pero el choque que acababa de recibir había sido grande. Otro rebaño de Grazers se dirigía a su soto, al bosquecillo Dekka 31A y hasta entonces allí sólo había podido descubrir seis, sólo seis, peludos como único alimento para todos… ¡Sólo seis!
Otro Furtivo surgió de entre el polvo. Se deslizó para detenerse cerca de Fflrr y le gritó:
—¡El círculo está cerrado! ¿Les damos el pienso ahora o esperamos hasta que cese el viento?
Fflrr se volvió para mirar a Utoo, como si esperara una objeción. Como no la tuvo, dijo:
—Salvo que tengas alguna objeción de parte de la oficina central, lo haremos ahora —dijo—. Los peludos son tuyos, pero yo no puedo ya contener al ganado.
Utoo le preguntó:
—¿Están todos los animales-pienso dentro del círculo?
El segundo Furtivo respondió en lugar de Fflrr:
—Sí, yo mismo lo he comprobado personalmente sobre el terreno.
—Muy bien. Por mi parte no tengo la menor objeción. Es para eso que trajimos a los peludos hasta aquí.
Fflrr ordenó a su compañero:
—Dile al jefe del rebaño que de la señal. De todos modos el viento no va a mejorar… más bien creo que empeorará. Da la señal. Lo único que tenemos que hacer es mantenernos alerta y apartarnos de ellos cuando empiece la carrera.
—¡Buena suerte! —les deseó el Furtivo y se lanzó a todo correr cara al viento.
—Fflrr, espere —le gritó Jme.
El Furtivo se detuvo y volvió la vista.
—Fflrr —prosiguió Jme—, creo que debe usted saberlo. En el Dekka 31A no hay animales pienso. Un rebaño trató de comer allí hace tres días y los peludos no habían realizado la correspondiente migración.
—Eso ya lo sabía, ingeniero. Pero hemos recibido una comunicación clara del soto en mi último punto de control. Se han encontrado peludos en el Dekka 31A. ¿Por qué cree usted que estamos alimentando a este rebaño parcialmente y por etapas? Para que pueda resistir hasta llegar allí.
—Fflrr —le replicó Jme—, eso no es cierto, puede estar seguro. Estoy investigando personalmente lo que ocurre en ese bosquecillo. No está en condiciones de poder alimentar a su rebaño. Es un hecho cierto, no puede hacerlo.
Fflrr dejó caer la cabeza pensativamente. Después la alzó de nuevo y dijo en un gruñido:
—Entonces nos hallamos en dificultades. Ahora puedo alimentarlos pero después necesitaré ayuda. ¡Consígala para mí!
Una profunda vibración como procedente de un gran tambor comenzó. Jme apenas si podía oírla y cambió su frecuencia de recepción a la más conveniente para captar el incremento del ritmo. El ritmo ganó en intensidad y comenzó a hacerse más rápido, cada vez más rápido.
Los Grazers habían comenzado su canto gutural.
Utoo tersó sus músculos y se puso alerta.
—Esa frecuencia rítmica golpeante hará que los peludos caigan en un estado de pánico. Cuando a causa de su terror corran hacia el rebaño, los Grazers podrán devorarlos y alimentarse.
—¿Todos los Grazers pueden producir esa frecuencia o tienen sus especialistas para ello? —preguntó Jme—. No tenía idea de que nadie pudiera radiar en una frecuencia tan baja durante un tiempo tan prolongado. Yo no podría hacerlo.
Utoo replicó con tono ausente:
—Ese sonido proviene de un sonorizador mecánico. Un productor de ruidos… —de pronto cambió de tema y añadió—: Quisiera que se despejara este polvo. No hay bastantes animales para alimentar al ganado. Es posible que los Grazers rompan el círculo. No se baje del arnés, Jme. Quizá tenga que ponerme a correr a toda velocidad en el momento menos pensado.
Se produjo un remolino de viento y el viento se alzó por encima de las cabezas del rebaño. En ese momento, Jme pudo ver a los Grazers. Y vio también cómo los animales-pienso corrían hacia ellos.
Una multitud de varios miles de pequeños peludos se dirigían en grupo hacia el centro del círculo de alimentación de los Grazers, afectados de un auténtico ataque de pavor como consecuencia del rítmico tamborilear. Allí, exploraban cualquier posibilidad de escape… y el único medio que se les ofrecía era correr y romper el círculo de ganado. Trataban de ganar la libertad en grupos de veinte o treinta. Fueron estas filas de huidos los que Jme tenía al alcance de su vista. Esa corriente de peludos que huían se metía entre las patas de los Grazers… ¡y éstos se alimentaban!
Para ello bajaban sus cabezas como rápidas flechas y con sus aguzados dientes delanteros, sus bocas abiertas cazaban entre seis o siete animales cada vez. Después levantaban la cabeza y en el aire mascaban y se tragaban a sus presas. Y bajaban la cabeza en busca de más.
¡Y había más! Los asustados peludos se precipitaban hacia ellos en su carrera. Aquellos que tenían la suerte de pasar mientras el Grazer tenía la cabeza levantada rompían el círculo y escarbaban entre el polvo.
Jme vio cómo huía uno de esos grupos y los animó:
—¡Vamos, vamos! Conque es así cómo escapan… No lo había comprendido a la vista de los informes.
Utoo volvió repentinamente su cabeza al oír los gritos de Jme, pero se tranquilizó en seguida al ver la causa y le explicó:
—Es cierto. Los Grazers sólo devoran el sesenta por ciento de una horda de peludos. El resto se dispersa y vuelve a multiplicarse. Es muy posible que terminen en un bosquecillo semejante a ese del que ahora viene usted.
—Ésta es la primera vez que veo algo semejante —dijo Jme—. Lo que sabía sobre el asunto lo aprendí en los informes que leí. Y hay una gran diferencia entre lo que se ve y lo que se lee. Además nadie ha dado un informe completo de la dispersión genética con anterioridad.
En esos momentos Utoo gritó:
—¡Mire, mire!
Un Grazer había abandonado el círculo y perseguía a un grupo de peludos que se dirigían directamente hacia donde se hallaba Utoo. El Furtivo hubo de dar un salto acrobático hacia un lado.
El Grazer pasó corriendo junto a ellos, con la cabeza gacha para dar caza a los animales que huían despavoridos. En el momento en que pasaba, Jme vio cómo cogía a dos peludos entre sus dientes… Seguidamente levantó la cabeza y los dos pequeños animales desaparecieron en sus fauces. El resto de la columna de animales fugitivos logró escapar y desapareció en la seguridad y la libertad de la arena.
Utoo se dirigió en una especie de danza hacia el Grazer y le dio un golpe con una de sus garras. La voz de Utoo era de enfado y rabia.
—¡Vuelve al círculo, estúpido! No puedes conseguir mucha comida si te lanzas a perseguir a los peludos de este modo. ¡Vamos, vuelve!
El viento volvió a arremolinarse y el polvo ocultó de nuevo al rebaño. Jme no podía ver nada.
Evidentemente Utoo tampoco podía ver más que ella o si acaso sólo un poco. Se movió apartándose del rebaño.
—La voy a llevar a un lugar algo más alejado, Jme. Hemos estado demasiado cerca.
Jme se volvió hacia él.
—Podría igualmente llevarme al transporte… Realmente no puedo ver nada en absoluto en medio de esta espesa polvareda.
Utoo protestó:
—Esperaré hasta que haya terminado de comer. Fflrr está demasiado ocupado para molestarlo ahora y no puedo irme sin decirle… algunas reglas de caza, especialmente con este viento.
—¡Claro está, Utoo! Estaba bromeando. Realmente me siento bastante preocupada. El llevar a este rebaño a Dekka 31A es un cruel error. No me queda más remedio que ponerme en contacto con mi oficina.
—No hay comunicadores —dijo Utoo—, pero su compañía debe estar haciendo algo para solventar esta dificultad. ¿Quién envió el mensaje a Fflrr? Sé que estaban tratando de localizar al rebaño de Fflrr. Habían trazado todos los planes, velocidad y distancia, de mi horda de animales alimenticios para que llegaran a servir de pienso a este ganado. Alguien recibirá el mensaje, Jme, esté tranquila. Olvídese de ello por un momento. ¿Qué fue lo que dijo anteriormente sobre la dispersión genética?
—¡Ah, eso…! —Jme se sintió satisfecha con que Utoo buscara esa diversión para sacarla de sus preocupaciones, que sabía eran totalmente inútiles de momento.
—Los peludos, Utoo —le respondió Jme—, los que escaparon, ya sabe. Escaparon corriendo y rompiendo el círculo para huir en todas direcciones, completamente al azar. Bien, las estadísticas sobre la cría de esta horda son realmente escasas, justamente la obra de un solo operador. Y nos dicen que huyeron de un centro. Los Grazers podrán conseguir más alimento si nunca los persiguieron fuera de ese centro eliminando así ese potencial de cría. Nunca deben ser eliminados los peludos que escapan sino dispersados en grandes zonas, de modo que cada grupo de peludos escapados tenga la posibilidad de encontrarse con grupos semejantes, aunque no procedentes de su propia horda. De ese modo continúan criando y esto constituye un poderoso factor de supervivencia. Dudo de que los Grazers pudieran exterminarlos totalmente.
—No, no podrán hacerlo… Al menos mientras nosotros estemos aquí. Conseguiríamos detenerlos antes de que fueran muy lejos. Siempre tiene que haber peludos. Nadie tiene el derecho de exterminar ningún ser vivo. Ésa es una ley de caza. Nosotros detendríamos a los Grazers si intentaran violarla.
—¡Oh, ya sé que lo harían! Pero lo cierto es que no hay ninguna necesidad de ello. Los pequeños peludos están en perfectas condiciones de preservar su propia supervivencia. Incluso en medio de su pánico, del desastre, de la matanza en medio de un ambiente hostil y mortal… e incluso con ese ritmo que los enloquece… Pese a todo, ellos…
Su voz se detuvo. Estaba pensando, lenta y reflexivamente las razones posibles por las que no había peludos en el bosquecillo Dekka 31A. Si esos animales sabían ocuparse tan capazmente de su propia supervivencia, ¿dónde estaban los que debían hallarse en aquel soto? ¿Por qué no seguían allí?
—¡Pero sí que había…! ¡Yo misma vi algunos!
—¿Qué…? ¿Jme?
—Encontré un peludo en el bosquecillo. O mejor dicho, toda una familia, un grupo, a decir verdad. ¡Oh, Utoo…! Esos peludos que encontré en el soto deben ser los supervivientes de lo que ocurrió en el bosquecillo, sea lo que sea. Los peludos siempre sobreviven. ¡Busque a Fflrr! ¡Tenemos que volver al bosquecillo a toda prisa!
Utoo se irguió sobre sus dos patas traseras y lanzó un fuerte grito al viento. Después se bajó y volvió a gritar.
Hubo un grito de respuesta y pronto la masa rojiza de Fflrr pareció salir de entre la espesa nube de polvo. Cuando vio a Utoo se detuvo de repente. Se volvió hacia él y le preguntó apresuradamente:
—Utoo, ¿qué es lo que pasa? ¿Algo va mal?
Jme alzó la voz:
—He sido yo quien le dije que lo llamara, Fflrr. Me voy a marchar. De momento abandono su rebaño. Me gustaría cambiar impresiones con usted sobre mi política de seguridad, Fflrr. No puede permitirse el lujo de perder el tiempo pensando que me he perdido o hecho daño bajo este terrible viento.
Visiblemente, Fflrr se relajó.
—Lleva usted razón, ingeniero. No me gustaría nada tener que lanzarme a buscarla en medio de todo este barullo. Gracias por el consejo.
—Se trata simplemente de mi experiencia práctica en cuestiones de seguridad. Bien, ahora tengo que regresar rápidamente. Creo que he visto algo en relación con los animales-pienso del ganado que me gustaría mucho comprobar. ¡Ah, otra cosa! Necesitaría uno de sus atronadores, ese aparato de hacer ruido. ¿Puede usted desprenderse de uno?
—En eso no hay dificultad —dijo Fflrr—, puede llevarse el mío.
Le entregó un grueso tubo metálico y le aclaró su funcionamiento:
—No tiene más que girar la cabeza del extremo. Dentro hay un pistón que produce el ruido. Tiene dos frecuencias: lenta para convocar la formación del rebaño y fuerte para la estampida.
Sonaron los ruidos del ganado. Sólo podía oírse el ruido del viento.
—Ya han terminado de comer —dijo Fflrr—. Ahora formaremos el rebaño en línea para dirigirnos al nuevo punto de avituallamiento. Esa horda que hemos encontrado no ha bastado para matar su hambre. Podrías servirme de mensajero, Utoo. Cuando dejes a la ingeniero Jme, dirígete hacia el norte hasta que encuentres otro enlace de comunicación. Confirma la situación de la alimentación del ganado en el soto de la ingeniero Jme. Si realmente es tan mala, dile a los jefes que preciso otro punto de avituallamiento en el camino. Después trata de enterarte de cuánto tiempo más va a durar este viento.
—Se lo diré —aceptó Utoo—, pero no vas a conseguir más animales-pienso que los que te traje con mi horda.
—Utoo tiene razón, Fflrr —intervino Jme—, lo más probable es que estén tomando un porcentaje elevado de distintas zonas de cría para poderle enviar lo que le han mandado. No creo que puedan hacer más.
Fflrr movió la cabeza enfadado.
—Lo sé —dijo—, lo sé. Pero los Grazers no y tampoco les importan estas cuestiones administrativas, Jme. Están hambrientos. Algunos de ellos no han comido nada desde que comenzó la migración.
—Tómatelo con calma, Fflrr —apaciguó Utoo—. Les explicaré la situación. Creo que se las arreglarán para conseguir que tu ganado pueda recibir alguna nueva remesa de animales-pienso. ¡Tranquilízate! ¿Y qué hay de vuestros suministros? No podéis matar Grazers ahora que está en vigor una tregua alimenticia. ¿Han comido tus Furtivos?
—Estamos en buena forma. La mayor parte de nosotros comimos antes de que se nos enviara a guardar este rebaño… antes de que comenzara la tregua.
Jme recordó que los Furtivos, cuando ejercían de pastores recibían normalmente entre el diez y el veinte por ciento del rebaño de Grazers para su propia alimentación. Y comprendió con mayor claridad el gran sacrificio que Fflrr y su grupo estaban realizando para ayudar a salir del estado de emergencia en el que todos se encontraban.
—No se preocupen por nosotros —continuó Fflrr—, creo que mañana comenzarán a producirse las primeras muertes en el rebaño de Grazers. Entonces tendremos alimentación suficiente… ¡quizá incluso excesiva! Ésta es otra razón para que el rebaño se mantenga en movimiento, si recuerdo bien lo leí en los libros sobre ecología. Los cuerpos en descomposición desequilibran el suelo y el suministro de nutrientes… ¿no es así, ingeniero? ¿Es igualmente importante que esto no ocurra aquí, en una ruta ganadera?
Jme dijo:
—Es importante en todas partes. Y tratamos de evitar que ocurra. Creo que conseguiremos ayuda antes de que las cosas se pongan tan mal. Estoy convencida de que mi oficina sigue con especial interés la suerte de este rebaño.
—Confiemos en que sea así —dijo Fflrr—. Yo me encargo de conducirlo a su destino. Ustedes deben encargarse de alimentarlo. Y acabad con este viento. ¿De acuerdo? ¿Lo pactamos así?
Jme se echó a reír.
—De acuerdo, pactado. Vámonos, Utoo.
Utoo se dio la vuelta y comenzó a correr a favor del viento en dirección a la estación de transporte.
Lo primero que vio Jme cuando el transportador se detuvo en la terminal del bosquecillo fue la espalda de Staph. Éste había hecho que los dos Comunicadores enviaran sus datos sobre toda una colección de muestras que ocupaban varias cajas y de un gran número de grabaciones registro. Tanto Bellyr como Tellyr estaban utilizando casi todas sus varillas de comunicación.
Esas varillas estaban extendidas y conectadas a los numerosos discos de comunicación del equipo de Staph.
El propio Staph se movía continuamente, de una cabina a la otra, señalando una grabadora u otra e indicando el orden de prioridad que deseaba para el envío de los datos. En esos momentos enviaba un informe preliminar.
Jme oyó la voz de Comnn que decía:
—La ingeniero ha vuelto.
Staph se volvió hacia ella y, sin más preámbulos, le dio su informe:
—Es la solución nutriente, Jme —le dijo excitado—. Las pruebas son evidentes. Aquí las tengo. Tendrá que conseguir que venga un contratista con un sistema de fluido. ¡Que venga volando!
—¿Mandaste los datos a la compañía? —preguntó Jme.
—Sí, sí. Pero tú deseabas un informe sobre el terreno.
—Claro que sí, Staph. Y aún lo quiero, pero ¿puedes esperar un minuto más, por favor? Primero tengo que hablar con Tellyr —se dirigió al comunicador—. Tellyr, necesito contacto, se trata de un mensaje secreto.
Jme se adelantó hacia donde estaba Tellyr, de manera que su antena de comunicación pudiera tocarla. Jme comenzó a emitir en frecuencias que sólo podían oír ella y Tellyr.
—Tellyr —dijo en estas frecuencias—, envíe este mensaje a Mrrane: «Personal. Secreto: Me acaban de informar sobre cierto mensaje enviado desde este soto como consecuencia del cual el rebaño HW31A será enviado aquí para ser alimentado. Investigue el origen de ese mensaje. No fue enviado por mí. Yo he visto seis (confirmo seis decimal cero) peludos. Sugiero que una cantidad de suministro para el rebaño sea enviada a HW 31A…». Puede añadir el tipo de respuestas que desee sobre su tráfico mensajero y nuestro trabajo aquí. ¿De acuerdo?
—Transmitido, Jme —dijo Tellyr, que después añadió en su frecuencia personal—: Ingeniero, ese mensaje no ha sido enviado por mí ni directamente ni como enlace.
Jme lo tranquilizó:
—No se me ocurrió ni un solo momento. Ésa es la razón por la que le pido a Mrrane que haga una investigación secreta al respecto.
Retrocedió, rompiendo su enlace de comunicación con Tellyr, y se volvió hacia Staph.
—Ahora dime, ¿qué es lo que has descubierto?
—El nutriente, Jme —le explicó Staph—. Comnn se ha puesto en comunicación con las bacterias en los tanques de nutriente. Su portavoz parecía estúpido, drogado. Todo lo que podía decir era: «Comida… una comida deliciosa, maravillosa…» El conseguir hablar con la mente colectiva de una colonia de bacterias es, cuando menos, un arduo trabajo, pero en el caso de estos micros aún resultó mucho más difícil puesto que parecen no interesarse por nada. Gordos, estúpidos y felices. Incluso han llegado a reproducirse por encima del número límite de su seguridad y eso no parece preocuparles… El caso es, Jme —continuó hablando en tono serio y pausado—, que no debían encontrarse en esta situación. Las bacterias nutrientes deben, también, hallarse siempre en excelentes condiciones: máximo esfuerzo, mínima población. Pero no están en esa situación y esto puede hacer que cambie por entero el equilibrio de los alimentos…
Staph hizo una pausa y agitó sus manos dando muestras de su frustración ante la imposibilidad de conseguir lo que tanto hubiera deseado. Seguidamente añadió:
—No hemos podido hablar con ellas. Ni nosotros ni nadie, así que tomamos muestras… —Staph indicó uno de sus analizadores de registros— y las analicé. En el nutriente he hallado carbono orgánico y fósforo… Ambos productos en cantidades letales. El análisis no me llevó mucho tiempo, sobre todo en la detección del fósforo que se halla combinado con nitrógeno. Ésta ha sido la causa de la muerte de los árboles. Los árboles, bajo esas condiciones, se vuelven incapaces de disociar los gases del aire del nitrógeno y componer con ellos grupos de proteínas u otros compuestos orgánicos asimilables. Sé que parece cosa de locos, pero lo cierto es que los árboles murieron porque, literalmente, no podían utilizar el aire en el cual se alzaban.
—Eso no concuerda con la realidad, Staph. Los demás árboles no han muerto —dijo Jme.
¿Los micros? Jme se paró a tomar la idea en consideración. Eran seres capaces de realizar cooperaciones fantásticas en las más extensas zonas al mismo tiempo, mediante el suministro completo de nutriente y la superficie del suelo, si es que lo deseaban. Pero ¿qué posibles razones pudieron sentir las nuevas generaciones para matar árboles… y pequeños peludos? Jme no pensaba que éstos estuvieran muertos, pero… las bacterias tenían ante sí un número prácticamente ilimitado de nuevas generaciones para trabajar si, como decía Staph, se estaban multiplicando sin limitaciones.
—Sí, lo estarán, Jme. Ésa es la razón por la que creo que estamos obligados a cambiar la fluidez del sistema. Y yo no creo que debamos preocuparnos por salvar las bacterias. También están envenenadas. Es posible que sobrevivan algunas de ellas, no lo sé. Pero también es cierto que si su población continúa aumentando morirán igualmente…
Jme guardó silencio pensativamente. Estaba tratando de decidir el orden de prioridad: los animales que habrían de servir de alimento al rebaño de Grazers o el problema de los árboles muertos.
Realmente bien poco podía hacer en el caso del rebaño. Fflrr lo estaba conduciendo en dirección al soto. El único plan, que era más bien un esquema de plan, requería que el rebaño estuviera allí. No podía hacer nada antes de su llegada. Y hasta que eso sucediera, en el entretiempo, Mrrane podía encontrar una horda de peludos para alimentarlos. Esa parte del plan caía dentro de su responsabilidad, mientras que el trabajo suyo, de Jme, estaba allí, en el campo… Una solución de campaña… Dgbe…
El pensamiento del pequeño inspector afianzó su decisión. Comenzó a dirigirse hacia los túneles de las raíces.
—Vamos, Staph —le dijo—, echemos un vistazo directo sobre el terreno. Muéstrame los lugares donde recogiste tus muestras. ¿Dónde fue…?
—En el tubo de raíces de uno de los árboles muertos…
—¿Dispone allí de un filamento de visión, Bellyr?
—No, el sistema de visión está lleno de fallos… de interferencias, de filamentos rotos… No lo sé exactamente. Parece ser como si su conservación hubiera sido olvidada. Puedo ver una parte del túnel, pero no todo y, desde luego, no la parte en cuestión, la que nos interesa.
Hizo una pausa y después, como a disgusto, añadió:
—El efecto de interferencia sigue persistiendo en algunas zonas. Eso impide…
Jme lo interrumpió:
—Está bien. Vamos, Staph, enséñame el lugar.
Staph tomó su equipo de herramientas y comenzó a andar descendiendo por uno de los corredores de enraizamiento de los árboles. Torció por la segunda desviación y condujo a Jme junto a uno de los tanques de substancia nutriente que cubrían el subsuelo del bosquecillo.
—Exactamente aquí —dijo, deteniéndose junto a uno de los tubos raíces—. Tomé las muestras de la sonda de comprobación… Aquí. Éste es el sistema de raíces de uno de los árboles muertos. Comnn lo comprobó para mí. Aquí existe un enlace de comunicación. ¿Deseas comprobar alguna otra muestra?
—No. ¿Existe algún camino que conduzca a la parte superior del túnel?
Staph miró en torno suyo.
—¡Humm! ¿Escaleras de servicio o algo semejante, verdad? Es posible. Los tubos raíces son móviles, se introducen hacia abajo con los árboles, pero… Sí, allí. Aquel raíl de seguridad blanco y negro. ¿Lo ves?
Jme se alzó y se detuvo junto a la plataforma que estaba cerca del techo. Reajustó su visión para poderla localizar en el borde de la plataforma. Estaba muy bien marcado pero la luz era débil y ella deseaba ver con todo detalle él bulbo de la raíz que se hallaba dentro del tanque de substancia nutriente. ¡Y no deseaba caer dentro de él!
Frente a ella se hallaba todo el sistema de raíces del árbol muerto como una serie de venas. Descendía desde una abertura en el techo, después de haber cruzado la zona del hielo permanente, por debajo de la sección de base del tronco. Justamente por encima de la superficie del tubo, las raíces se extendían hasta cubrir la superficie del nutriente oleoso que fluía y borbotoneaba a través de todo el sistema de tanques. Las raíces, tras cubrir la superficie, se hundían en el líquido. Jme sabía que, prácticamente, llenaban el tubo raíz.
De pronto la masa de raíces comenzó a temblar. Jme se la quedó mirando intensamente, después arqueó la espalda y miró al techo. Abrió sus sensores al máximo para obtener todo el aprovechamiento de la luz y pudo notar una señal de… ¡movimiento!
Inmediatamente lanzó un gritito de aviso:
—¡Abajo, Staph! Desciende. Aplánate.
En cuanto a ella, se retorció a toda velocidad, se puso plana sobre la superficie y se deslizó pegada al muro. Una de sus manos se asió a una tubería y concentró todas sus fuerzas en mantenerse sujeta.
Un sonido ronco y brusco comenzó a llegar a sus sensores. Una onda violenta de aire golpeó la plataforma y pasó sobre Jme. El aire la aplastó contra el muro e hizo saltar un surtidor espumoso de nutriente fuera del tanque.
Pero Jme resistió y se dio cuenta de lo que estaba presenciando. Era el movimiento de contracción de los anillos del tronco del árbol muerto que se introducían bajo la superficie. Pero el árbol estaba muerto y, consecuentemente, el movimiento no estaba controlado como en el caso de los árboles vivos, y todos los anillos cayeron hacia abajo de una vez, muy rápidamente. El golpe del aire desplazado por la caída resultó muy fuerte y violento. Si ella hubiera estado de pie…
Jme tuvo una imagen muy clara de su cuerpo rectangular volando arrastrado por la violencia de la onda aérea, por encima del raíl de seguridad, por encima de los tanques de nutriente hasta estrellarse abajo, en el suelo. Esa caída podía haber resultado fatal en extremo.
Jme aplanó al máximo su cuerpo sobre la cubierta, forzándolo hasta hacerse lo más estrecho posible cuando el golpe del aire pasó sobre ella. Tuvo conciencia de que alguien la llamaba por su nombre. La voz provenía de encima de ella.
La onda de aire pasó. Había sido rápida y violenta pero, afortunadamente, de corta duración. Jme se arrastró fuera de la plataforma y se puso sobre sus pies.
La voz era la de Bellyr, que pronunciaba su nombre todavía, desde algún lugar. Puso de nuevo en funcionamiento su visión y encontró las antenas de comunicación de Bellyr que se extendían sobre el techo cruzando el túnel. Una de esas varillas tenía en el túnel un punto de voz y Bellyr la hacía vibrar frenéticamente.
Jme dijo:
—Bellyr, me encuentro bien. Todo está en orden, en orden.
Bellyr dejó su señal de llamada y preguntó:
—¿Qué ha sucedido? ¿Necesita ayuda?
La voz de Staph le llegó en estos momentos desde las escaleras.
—¿Se ha producido un socavón, Jme?
Jme respondió con voz fuerte:
—No, no ha sido un hundimiento. Uno de los árboles ha retrocedido… violentamente. Calmaos todos. No volverá a suceder.
Al decir esto, Jme no pudo evitar ponerse tersa, rígida. Su metabolismo descendió casi hasta pararse.
¡Ha sucedido antes! ¡A Dgbe!, pensó.
Le llegó la intuición. Le había pedido a Staph que realizara un reconocimiento y un análisis sobre el terreno en busca de causas naturales… y su ayudante había encontrado una. Pero las causas naturales no producen esas retracciones violentas en los árboles muertos. Y menos dos veces. Alguna persona estaba tratando, deliberadamente, de matarla; como había intentado, con mayor éxito, hacerlo con Dgbe. En alguna parte del soto existía una forma aberrante, extraviada, de vida —el asesino en las palabras de Mrrane— que trataba de detener su investigación.
Pero ¿quién? ¿Los dos Furtivos, separados de su comunidad? No, ellos mataban con sus dientes, no hubieran utilizado un árbol… ¿Micros? Tampoco. Ellos no podían hacer que un árbol descendiera. Tampoco otro árbol podía conseguirlo…
¿Cómo comienzan los árboles su acción refractante? Trató de recordar lo que había estudiado. Una especie de vibración pero con un código individual, peculiar a cada árbol, como los códigos de identificación. Un árbol no podía realizar el tipo de vibración de otro árbol. Era algo que resultaba físicamente imposible…
Rápidamente el túnel comenzaba a perder color. Frenéticamente, Jme se esforzaba en volver su sistema corporal a su ritmo rápido. Las demandas de energía causadas por el estado de emergencia que acababa de sufrir habían debilitado su vitalidad. El shock, su metabolismo a ritmo lento, casi la habían cegado. Se esforzó en conseguir un control equilibrado de sí misma.
Se decidió a llamar a Staph:
—¿Staph, te encuentras bien? ¿Puedes venir hasta dónde estoy?
—Voy, Jme.
Se puso de espaldas para mirar al árbol. Las secciones anilladas, muertas e inertes, se habían desplomado con la mayor rapidez. De momento aquel árbol ya no podía ser una fuente de peligro, aun cuando —ahora Jme estaba convencida de ello— la caída del árbol había sido un intento de acabar con ella.
Se quedó mirando al árbol dañado y se preguntó:
¿Por qué?
Debía haber algo en relación con aquellos árboles muertos que el asesino no deseaba fuera investigado.
¿Qué?
La sección base del tronco estaba anclada, atada al techo del túnel y a la zona de hielo permanente de fuera. No había nada que buscar allí. Las anclas tenían que ser soltadas mediante descargas eléctricas desde abajo. El árbol no tenía control sobre ellas. Hacía falta ayuda del exterior para retirar por completo a un árbol de su agujero de plantación y quitarlo de allí. El tubo de las raíces tenía que ser manejado con un gato…
¿Las raíces? Tal vez.
El cojinete donde se asentaban las raíces había sido destrozado y volteado por la fuerza del golpe de aire. Un buen número de manojos de raíces habían quedado sobre la plataforma.
Una forma extraña, inusitada, captó la atención de Jme. Había algo que mostraba un aspecto distinto, más grueso que las enmarañadas raíces.
Jme se dirigió a Staph para preguntarle:
—¿Has traído contigo un garfio?
—No —respondió su ayudante y se dirigió a la plataforma para situarse a su lado.
Jme dejó escapar un leve murmullo de desagrado. Después abrió su caja de herramientas y sacó de ella el estuche con la varilla de comunicación de plástico que anteriormente usara como detector para localizar a los peludos. Con la varilla extendida en toda su longitud trató de recoger algo que había entre la maraña de raíces lejos del alcance de su mano. Con cuidado, fue separando las pequeñas raíces y con la varilla, finalmente, logró sacar entre el manojo de raíces el cadáver de un pequeño peludo.
Staph se le acercó y contempló el cuerpo descompuesto del animalito.
—Esto prueba la veracidad de tus análisis, Staph —dijo Jme—, carbono, fósforo y, probablemente, calcio… si vuelves a realizar el análisis.
—No es necesario, Jme —admitió Staph—, es que no consideré el calcio como un posible veneno. Ya te dije que encontré macromoléculas en la corteza y el núcleo. El cuerpo en descomposición de un solo peludo no bastaría para causar la muerte de un árbol, pero, probablemente, hay más de uno.
—Pero, de todos modos, ¿por qué sólo uno o dos árboles? Sigo sin comprenderlo.
—No, uno o dos, Jme. ¡Quince árboles! Y puede que haya más.
La voz de Jme era firme:
—Debemos seguir investigando, Staph… Sigue comprobando. Mira a ver qué nos dicen cuando nos lleguen los resultados de síntesis que enviamos a la oficina. Mientras tanto, voy a tratar de encontrar algunos peludos más. Los Furtivos me dieron uno de sus aparatos de ruido con el que provocan el pánico de los pequeños animales y se me ha ocurrido una idea. Voy a salir la superficie y veré si logro hacer funcionar el atronador mecánico para sacar a los peludos de sus escondites. Tú debes quedarte aquí abajo y comprueba los tubos de las raíces en esta plataforma de servicio. Si encuentras más cadáveres de peludos, eso aportará nuevos datos a tu teoría.
—Muy bien —aceptó Staph.
—Tráete el cadáver contigo cuando salgas a la superficie añadió Jme —Es posible que podamos averiguar la causa de muerte… Y otra cosa, Staph, permanece siempre detrás de los raíles de seguridad. Ve con cuidado.
Ésa era la más directa advertencia de peligro que podía hacerle sin delatar el secreto de la verdadera razón de su investigación. En esos momentos, Jme lamentó la índole reservada de trabajo y la prohibición de hablar que pesaba sobre ella. La teoría de Staph sobre la polución, posiblemente, era cierta… excepto que todavía había alguien que seguía tratando de llevar a cabo el mismo trabajo que había costado la vida a los árboles.
Jme sabía que ese algo estaba matando peludos y había tratado también de quitar de en medio a un ingeniero de seguridad.
Jme descendió de las escaleras y se dirigió a la terminal.
—Voy a salir a la superficie, Bellyr —informó al comunicador, de camino hacia el ascensor—. Póngase en contacto con Staph, por favor. Se ha quedado solo abajo.
Bellyr agitó una de sus varillas de comunicación.
—Desde luego, Jme, así lo haré. Puedo oírlo. Si desea someterse a control en el túnel de entrada también podemos controlar y dirigir su seguridad. Hemos colocado aquí la unidad móvil de visión. Tellyr está haciendo funcionar los ganglios: visión y sonido.
Tellyr, por su parte, la advirtió:
—Ingeniero, no se aleje demasiado de la boca del túnel. Tengo un pronosticador del tiempo: una célula carbónica se está calentando en la capa fría del polo, haciendo que circule aire ante ella. Nos encontramos en la ruta de uno de los remolinos de viento polar. El viento irá aumentando de intensidad localmente y en la superficie podría resultar peligroso para usted. Seguiré de cerca la velocidad e intensidad del viento y le daré un aviso audible cuando tenga que abandonar la superficie.
Jme dijo:
—Está bien, Tellyr, muchas gracias.
El ascensor sacó a Jme a la superficie.
La boca de la cueva donde terminaba el ascensor estaba ya ensombrecida por el polvo que el viento arrastraba. Jme vio la unidad de visión y se detuvo ante ella para que el comunicador pudiera verla, después siguió adelante para inspeccionar el bosquecillo.
Jme llevó a cabo las modificaciones necesarias en su metabolismo para adaptarse a la temperatura y la presión exteriores. En esta ocasión lo hizo más pausadamente, más suavemente. Su cuerpo parecía reaccionar de manera casi automática.
—No se aleje demasiado —le aconsejó la voz de Tellyr—. La niebla es más espesa de lo que yo había creído. Apenas si puedo verla a usted ahora.
La voz de Tellyr llegaba desde la sección de sonido de la unidad sónica-visual.
—De acuerdo con sus propias normas de seguridad, ingeniero, usted no debería estar ahí fuera, sola. Así que, por favor, siga dentro de nuestro radio de visión.
—Lo intentaré, Tellyr. Tengo que despejar un poco la entrada del túnel. Estoy aquí. ¿Puede verme todavía?
—Sí.
—Muy bien. De momento el viento no tiene mucha fuerza. Parece que todavía arrastra mucho polvo, pero yo no siento presión alguna. Todo irá bien. ¿Puede ajustar los filamentos de visión de esta unidad para que vean a distancia? Me gustaría tener un registro de la superficie del suelo del soto cuando haga sonar mi atronador.
—No. Y no olvide usted el seguir dentro de nuestro campo de visión.
—Olvídense de mí. No me moveré de este lugar durante el experimento. Aquí estoy lo suficientemente segura, a salvo.
—En ese caso echaré un vistazo, desde luego… Muy bien… —dijo al cabo de un momento—. Ya tengo enfocado el soto, dos, tres árboles… y el suelo. El polvo no está mal con este aumento. Ya estoy dispuesto, Jme. Naturalmente querrá usted una grabación de esto, ¿no es así?
Jme le respondió:
—Desde luego. Y ahora atento. Voy a hacer funcionar este ruidoso aparato.
Tomó el atronador de Fflrr y, cuidadosamente, giró la tapa de la base hasta su primer punto, es decir para emitir en la frecuencia de formación de la horda. Los golpes como de tambor de la baja frecuencia resonaron a través del bosquecillo. Lo dejó sonar hasta que pasó la cuenta de diez.
Jme no podía ver nada en el soto. El polvo era lo suficientemente espeso para bloquear su visión. Jme preguntó:
—¿Ve usted algo, Tellyr?
—¿Qué es lo que tengo que buscar?
—Los animales que sirven de pienso a los Grazers, espero. Trataré de utilizar frecuencias térmicas.
Jme manipuló sus receptores para hacerlos sensibles al calor y volvió a vigilar el bosquecillo.
Los árboles mostraban su localización, como espirales que se elevaban en el azul del cielo. Jme podía distinguir también el brillante anaranjado de los arbustos cerca del suelo aun cuando la arena arrastrada por el viento borraba o difuminaba parcialmente esas imágenes. Los animales-pienso, cuando hicieran su aparición, si es que la hacían, serían claramente visibles. Su nivel energético más elevado, su mayor emisión de calor vital, haría que sus imágenes se perfilaran más claramente. Además, Jme esperaba que se movieran con rapidez, lo que también haría más fácil su localización.
Jme comenzó a oír un eco procedente del atronador, una especie de golpear repetido. Se concentró en el sonido durante un minuto. Sí, no cabía duda, se trataba de un golpear rítmico doble, como un verdadero eco.
Siguiendo un impulso personal giró la tapa del aparato, pero el sonido continuó. Era el mismo rítmico sonido de su atronador, el ritmo de la formación de la horda… pero no procedía del atronador. Nuevas interferencias. El misterioso asesino del bosquecillo sabía cómo manejar un atronador…
¡Conque eso era…! El pensamiento la aterrorizó. Se quedó helada. Aquellos dos Furtivos huidos de su familia. Si el asesino era un Furtivo, se encontraba perdida en medio de esa polvareda. Podía atacarla, desgarrar su carne proteínica y desaparecer en cuestión de segundos.
Se dio la vuelta con rapidez tratando de localizar el lugar de donde provenía el sonido. Al mismo tiempo agudizó sus sensores de visión. No sabía qué era lo que esperaba ver primero, los animales-pienso corriendo asustados o el misterioso ser que hacía sonar el otro atronador.
El sonido rítmico, tamborileante, continuaba y el ataque seguía sin producirse.
Jme se dio cuenta de que tenía la vista fija en la imagen alta y azul del guardabosques. El viento arremolinado arrastraba no sólo polvo, sino espesa arena. Las imágenes térmicas eran confusas, rotas… Pero no le cabía duda de que aquella imagen sólo podía ser la del guardabosques, a deducir de su tamaño.
Manejó su controlador de frecuencias tratando de conseguir una imagen más clara. Por un momento el contorno azul se hizo más fuerte, más destacado; después se desvaneció.
Jme se sintió intrigada. Había visto lo suficiente para poder identificar al árbol, pero había tenido también una rápida visión de alguna otra cosa. Una mancha de color rojo profundo, abajo, cerca del suelo, mezclándose con las imágenes de los arbustos y del suelo. Jme apenas tuvo tiempo de divisarla…
La ingeniero inició la aproximación.
El ruido se fue haciendo más profundo… después cesó.
La voz de Comnn resonó en el aparato de visión:
—¡Jme! Vuelve en seguida. Staph se halla en dificultades. Puedo oírlo gritar y golpear contra algo. ¡Problemas, Jme! Te está llamando.
Jme dio la vuelta a toda prisa y se dirigió hacia el ascensor. Había olvidado por completo su temor de los Furtivos, que no se habían presentado. El asesino había atacado, había golpeado… contra Staph… ¡Oh, Staph! Se movió con la mayor velocidad, a toda marcha sobre su extremo inferior. Tenía que bajar para prestar ayuda a Staph. Ella era la única que podía hacerlo. Los comunicadores no eran móviles de por sí y tenían que ser transportados.
—¿Dónde está? ¿Pueden ustedes decirme qué es lo que ha sucedido?
Jme se había detenido por un instante junto al panel de Bellyr. Allí se hallaba Comnn, sus antenas de comunicación enlazadas con las de Bellyr.
—En el túnel de los tubos de las raíces, como a unos cincuenta metros del lugar donde obtuvo las muestras. Eso es todo lo que puedo decirle. La red de comunicación es muy simple… Lléveme consigo. Podrá conectar con los filamentos tan pronto lo encontremos.
Comnn desconectó sus varillas y las plegó.
Jme lo colocó en un transportador y se apresuró hacia el túnel de nutrición.
—¿Puede usted decirme en qué consiste la dificultad? —preguntó—. ¿Ha sido atacado? ¿Hundido?
—No. Los filamentos se hubieran roto. No se ha hundido. Lo único que sé es que no hacía más que gritar: «¡Peludos! ¡Peludos! ¡No me empujéis!» Y después sólo se le oyó gritar.
Jme se detuvo un instante.
—¿Peludos? ¿Está seguro de que era eso lo que decía?
—Sí, lo repitió varias veces.
Comnn repitió la palabra en la voz de Staph.
Jme lanzó una risita ahogada:
—Ah, menos mal. Peludos… No creo que le hayan podido hacer mucho daño.
Sin embargo, siguió corriendo túnel abajo.
Los gritos de Staph habían coincidido con el sonido de su atronador. Peludos… Bien, había encontrado a los pequeños animales, o mejor dicho había sido Staph quien los había hallado… Comenzó a reírse de nuevo.
—¡Allí está!
Lo vio en el suelo del pasaje. No se había tropezado con el asesino como en un principio temiera Jme. No había hecho otra cosa sino dar con los peludos… O habían sido éstos lo que dieron con él.
—¡Mi pobre y querido Staph! —le saludó—. ¡Vaya una manera de dar con la solución de nuestro problema! ¡Oh, Staph!
El ayudante se había enrollado formando un cilindro protector defensivo, con sus sensores en el interior y su espalda de color terciopelo brillante a causa de la gran cantidad de energía que absorbió en el estado de emergencia que acababa de pasar.
—Staph, Staph. ¡Oh, Staph, ya puedes desenrollarte! Se han ido ya todos, Staph —le gritó Jme con voz fuerte.
La radiación de Staph era apagada, débil.
—¿Jme? —preguntó.
—Desenróllate, Staph, ya se han ido.
El ayudante se relajó un poco, estiró uno de los extremos de su lado sensorial, vio a Jme y acabó de desenrollarse.
—No, todos no —dijo Staph.
Abrió a medias una de sus manos que estaba rodeando las dos piernas de un peludo. El pequeño animalito tenía la boca abierta, tratando de respirar, pues la presión de Staph casi le asfixiaba. Sus otras cuatro piernas pendían tranquilas, sin siquiera patalear.
Jme se quedó mirando al pobre animalito.
—Déjalo marchar, Staph. Lo estás matando.
Staph se quedó mirando su mano, alzó la espalda y dejó que el peludo cayera al suelo. El pequeño animal pataleó un instante y desapareció en seguida a todo correr. Staph se irguió y comenzó a contar lo sucedido:
—Parecían salir de todas partes, de debajo de las paredes, del suelo, de todos lados. Todo lo que pude hacer fue separarme de los tanques de substancia nutriente, antes de que me hicieran caer dentro de uno de ellos… Y creo que grité.
—Sí, gritaste.
Comnn intervino.
—Jme, creo que lo más conveniente sería que llamara a Bellyr y le dijera que Staph está bien. Es muy posible que no esté en condiciones de oírnos desde aquí…
—Sí, claro, Comnn. ¿Dónde están los filamentos?
—Allí, a la derecha. Basta con que se acerque y se detenga junto al muro. Yo podré alcanzarlos desde mi transportador. Será cosa de un minuto.
Jme se acercó a uno de los muros del túnel, hacia donde le había indicado Comnn, y éste extendió dos de sus varillas hasta alcanzar el techo, donde las enlazó con los filamentos permanentes instalados allí.
—Jme —comenzó a decir Staph—, ese ruido, la baja frecuencia…
Jme le ayudó:
—El ruido del atronador, ¿es eso lo que quieres decir?
—Sí. Llegó hasta aquí a través de la red de comunicaciones instalada en el túnel. A todo lo largo del corredor. Yo pude oírlo antes, muy poco antes de que los peludos saltaran sobre mí. ¿Qué es lo que estabas haciendo?
Jme se lo explicó:
—Hice funcionar el atronador mecánico —lo sacó de su estuche de herramientas—. Aquí lo tienes, éste. Pero algo captó el sonido y comenzó a repetirlo. Creo que quizá fueron los árboles, ¿no es posible?
—¿Y hacerlo llegar a la red sonora subterránea? ¿Pueden los árboles hacer una cosa así?
Comnn los interrumpió.
—Algo urgente, Jme. Tellyr ha grabado un mensaje de tráfico. Haré la traducción de manera directa.
Su voz continuó en la frecuencia de ronroneo de un Furtivo:
—Nota 1.a: Furtivo Fflrr a ingeniero Jme: Rebaño HW31A pasa a tomar una línea directa en dirección hacia el soto Dekka 31ª a las 20,08 horas. Se nos ha ordenado detenernos allí para alimentar al ganado antes de que se desencadene el viento tormentoso. Confirmado.
Comnn cambió de tono de voz para imitar las frecuencias: bajas y formales de Mrrane:
—Nota 2.a: Mrrane a Jme: El guardabosques del soto Dekka informa que usted ha encontrado animales-pienso mediante el uso de un detector de varilla. Da una cifra de unos diez mil. En una decisión que cae fuera del ámbito de mis atribuciones, la compañía ha recibido órdenes de utilizar la horda de animales-pienso de Dekka 31ª…
—No hace falta que siga, Comnn. Ya conozco el resto.
Durante un momento, Jme pensó llena de furia. Después comentó en voz alta:
—Ese guardabosques… Debió observarme, cuando descubrí aquel pequeño grupito de animales con mi detector. Y utilizó eso para enviar un informe.
Staph preguntó:
—Pero ¿cómo puede enviar informes? No dispone de comunicadores. Además yo pensaba que estábamos controlando nosotros el trabajo de nuestras consolas de comunicación.
—Es posible que cuente con un filamento de enlace —dijo Comnn—. Ése debe ser el procedimiento standard, dado que esta terminal no está equipada con el correspondiente personal. Él puede hablar directamente, a través de un enlace del gobierno central probablemente. Lo que sí resulta evidente es que lo hizo. Y que nosotros no lo detectamos.
—Entonces hagámosle callar —dijo Staph—. Tellyr ha dicho que nosotros no podremos mover la horda de peludos. No podemos alimentar a nadie fuera de este soto…
Jme lo interrumpió:
—Espera, Staph. Creo que sí que podemos.
—¿Qué…?
Jme sacó el atronador de su caja de herramientas.
—Si lo hago funcionar aquí, en la frecuencia de estampida, sería lo mismo que crear el pánico en una horda dentro de un círculo de alimentación. ¿No te das cuenta? Los animales-pienso escaparán del túnel. No sé cómo lograron entrar aquí, pero no me cabe duda de que saldrán por el mismo camino que entraron, cualquiera que éste fuera. El atronador los asustará, provocará su pánico, su estampida. Si Fflrr, para ese momento, tiene ya sus Grazers rodeando el bosquecillo, la horda de peludos, en su pánico, tratará de romper por entre ellos exactamente igual que hacen siempre. Como ves podemos alimentar al ganado.
Jme, con aire de alegría, agitó su atronador y se quedó mirando al comunicador.
—Comnn, pregúntale a Tellyr si puede ponerse en contacto con Fflrr.
—Sí, Jme —fue la respuesta de Comnn—. Puede hacerlo. Fflrr ha enviado un comunicador con su mensajero. Precisamente están esperando una respuesta.
—Bien. Dile que sitúe su círculo de Grazers preparados para ser alimentados en torno al soto. Que no haga resonar sus atronadores. Yo lo haré. Ya has oído cuál es mi plan. Transmítele todo aquello que sea necesario. ¿Puedes hacerlo?
—Ya lo estoy transmitiendo.
Staph intervino.
—Jme, no creo que yo pueda quedarme aquí abajo otra vez… si vas a enloquecer de nuevo a los peludos con esos ruidos… No, de momento, no podría.
Staph no quería admitir su miedo, pero lo cierto era que los peludos lo habían asustado al precipitarse en tropel sobre él. Aún temblaba al recordarlo.
—No pensaba pedírtelo —dijo Jme—. Quiero que estés en la superficie, para que ayudes a determinar de dónde vienen, cómo salen de los tubos. Aún nos queda por averiguar cómo es que están aquí, además de por qué entraron…
—Mensaje transmitido, Jme —los interrumpió Comnn—. El Furtivo ya ha partido para encontrarse con Fflrr, El rebaño no está lejos del soto. Creo que estará a tiempo de ponerse en contacto con él antes de que lleguen.
Comnn bajó sus antenas y añadió:
—Hay un tercer aviso, éste destinado a Tellyr. Se prevé que una tormenta de viento polar alcance el soto en dos horas. Los vientos están ganando en intensidad y aún lo harán más.
Jme dijo:
—El plazo que tiene Fflrr para estar aquí y alimentar al ganado es muy justo. Creo que lo mejor que puedes hacer es subir a la superficie, Staph.
—Antes quiero enseñarte algo, Jme. Arriba, en el tubo de la raíz.
—¿Del árbol muerto? —Jme dejó el transportador de Comnn en el suelo del túnel.
—Sí —le respondió Staph que se adelantó para indicarle el camino hacia las escaleras que ascendían a la plataforma. Subieron a ella y de nuevo tuvieron debajo, al alcance de su vista, las raíces enmarañadas del árbol muerto. Staph se suspendió por un momento del raíl de seguridad y desde allí tomó un puñado de las pequeñas raíces. No le costó trabajo arrancarlas y las raicillas quedaron casi enteras.
—Mira esto —le dijo a Jme mostrándole las raicillas—, toda la cobertura externa osmótica ha sido arrancada, desgarrada. Las raíces están abiertas a los nutrientes.
Alzó un nuevo manojo de raíces y continuó:
—Esto es obra de los peludos. ¡Mira, aquí se ve muy bien! No cabe duda de que se trata de marcas de dientes de roedor.
Jme observó con detenimiento y admitió:
—Han estado alimentándose de las capas protectoras de las raíces porque no podían alcanzar las hojas.
Staph concedió:
—Bien, es posible. Aun cuando también es posible que haya algún camino que conduzca desde aquí a la superficie a los peludos, como bien has dicho, y lo prueba el hecho de que algunos peludos sigan alimentándose de hojas. Naturalmente, el número de árboles muertos sería mucho mayor si todos ellos se hubieran alimentado de las capas protectoras de las raíces. Pero creo que ya hemos encontrado la causa que mató a los árboles: ésta y además la contaminación del nutriente. Las raíces necesitan una presión constante sobre toda su superficie para absorber de manera adecuada el nutriente y controlar su circulación por el árbol arriba. La cobertura osmótica…
Jme siguió la explicación de su ayudante:
—La cobertura osmótica facilita esa presión constante. Y si alguien se la come…
Staph terminó la explicación:
—Las raíces absorben un exceso de nutriente, todo el que se halla en su zona, demasiado rápidamente y sin filtrarlo siquiera. Los árboles reciben de manera precipitada, rápida, una dosis masiva de fósforo y carbono. Jamás se recuperan del daño que esto les produce.
—¡Ésta es la respuesta, Staph! El análisis deberá probarlo o mejor dicho confirmarlo. Tan pronto como hayamos logrado hacer salir a los peludos fuera de aquí enviaremos las muestras a la compañía para que procedan a su análisis.
—Ya las tienen. He enviado hologramas y material de las raíces a través de la red de Tellyr. Ya los sintetizadores deberán haber reunido todos los datos que andamos buscando. ¡Esos tipos saben lo que se hacen y no necesitan demasiado para llegar a las más difíciles y exactas conclusiones!
Un ruido ronroneante, profundo, como de algo que se desliza, vibró de nuevo en la plataforma. Jme se echó hacia atrás asustada y exclamó:
—¿Cómo…? ¿Otra vez…?
—Un árbol desciende —dijo Staph rápidamente—. Ya conozco el ruido, que he oído anteriormente. Uno de los árboles vivos está realizando su movimiento retráctil para meterse en los tubos de las raíces. Sus anillos se introducen uno dentro de otros. Eso causa una buena conmoción aquí. El aire se comprime en frecuencias sónicas… Pero no hay peligro. Los árboles vivos no bajan tan rápida y violentamente como lo hizo el árbol muerto.
Comnn la llamó en esos momentos:
—Jme, venga por favor. El rebaño ha llegado. Tienen un comunicador en la puerta de salida del ascensor.
Jme retrocedió escaleras abajo.
—Staph, me gustaría ir al centro del bosquecillo o lo más cerca de él que me sea posible… pero aquí, es decir, bajo su superficie. ¿Tienes una idea de dónde está ese punto y cómo llegar hasta él?
—Da la vuelta por el corredor y después a la izquierda cruzando cuatro túneles más. Desciende como unos veinte metros por ese túnel y estarás en ese lugar. Subiré a la superficie. Me parece que ya es la hora.
—Sí —asintió Jme—. Yo me quedaré con Comnn.
Recogió a Comnn y lo colocó en su transportador antes de continuar:
—Tan pronto como el ganado esté colocado en círculo comenzaré a hacer sonar este chisme.
Se separaron en el pasillo y Jme se dirigió hacia el lugar situado bajo el centro del soto. Cuando alcanzó el punto que Staph le había descrito, sacó de nuevo de su estuche de herramientas el atronador.
—Comnn —le ordenó al comunicador—, conéctate a la red, pero hazlo de modo que puedas soltarte de inmediato. Te voy a dejar en el transportador. No sé cómo correrán los peludos ni por dónde saldrán cuando empiece a hacer sonar el aparato… Es posible que yo también quiera escapar, que tenga que salir corriendo y llevarte conmigo.
Comnn extendió sus antenas y las conectó al tubo del túnel. Casi de inmediato estuvo en condiciones de informar:
—El ganado está comenzando ya a formar su círculo, Jme…
De pronto, su voz cambió.
—¡Alarma, alarma…! ¡Alerta todos los árboles! Estamos siendo atacados. ¡Invasores en mi soto! Arbustos, vais a ser aplastados. ¡Retracción! ¡Todos los árboles abajo! Usad el sistema retráctil. Mi bosque, mi bosque…
Comnn cortó.
—Lo siento, Jme —dijo—. Ha sido Eanne, el guardabosques. Se ha metido en la línea.
Un árbol llegó en su movimiento retráctil al tubo a la derecha de Jme, que se curvó defensivamente. El ruido se hizo ensordecedor.
—¡Deténgalos, Comnn! —gritó—. Ordénele a Bellyr que les diga a los árboles que se detengan. Tienen que seguir fuera, en la superficie. Si todos se retractan el ruido impedirá que los peludos puedan oír al atronador y no emprenderán la estampida.
Comnn le respondió:
—Transmito de inmediato. La tormenta se está haciendo cada vez más violenta y Eanne, el guardabosques gigante está ordenando a los otros árboles que desciendan a los tubos raíces, que se retraigan.
—Anula sus órdenes —le gritó Jme—. Los árboles tienen que seguir fuera, en la superficie, pues en caso contrario los peludos tal vez no puedan salir a la superficie. Eanne no estará en condiciones de hablar con sus hojas si el viento es tan fuerte, así que interfiere su comunicación en la línea. Controla la red de comunicaciones y ordena por ella a los árboles que sigan fuera hasta que el ganado esté a salvo. Anula las comunicaciones del guardabosques. Interfiere la línea con parásitos de modo que el guardabosques no pueda utilizarla.
—Se lo diré a Bellyr —le respondió Comnn—. Él estará en condiciones de enviar ruidos en su frecuencia retráctil.
Durante un momento reinó el silencio. Después el comunicador informó:
—Lo hemos conseguido. Además Bellyr informa que el círculo del ganado ya está cerrado. Fflrr acaba de llamar para decírselo.
—Bien, allá vamos —dijo Jme.
Se dirigió al centro del túnel y dejó el atronador en el suelo. Comnn extendió sus antenas todo lo que pudo pero el contacto quedó roto cuando Jme se arrodilló.
—Me siento como si estuviera colocando cartuchos de explosivos —dijo.
Realmente estaba un poco nerviosa.
—Actuemos como si así fuera, ¿no te parece, Comnn?
Jme comenzó a canturrear su ritmo de explosión como hiciera en el túnel del acueducto:
No habrá un «bang» si yo no lo hago todo por mí misma.
La próxima vez que me pidan que lo haga, diré: ¡No! ¡Fuego!
Jme giró la tapa superior del atronador hasta el segundo punto. El aparato comenzó a sonar en ese rápido ritmo de la estampida.
Los peludos hicieron acto de presencia.
Llegaron corriendo por el pasillo, por los raíles de seguridad, sobre los tubos, haciendo equilibrios en los bordes de los tanques de nutriente, saltando y corriendo sobre las raíces de los árboles. De repente estuvieron todos allí en el túnel, a cientos… a millares… Jme estaba pegada junto al muro, esperando que, en su furia, aquella horda la arrastrara… ¡pero no ocurrió así!
Los peludos corrían por todas partes en su estampida, pero en ningún caso se aproximaban a donde estaba el atronador sino que procuraban alejarse de él al máximo. Jme pudo ver el ondular centelleante de sus colas blancas erguidas por el pánico. Trepaban por las paredes del túnel y el techo tratando dé alcanzar la máxima altura.
Y, de repente, desaparecieron.
El raíl de seguridad sobre ella se convirtió en un tubo cubierto de piel, con piernecitas ágiles y colas blancas que se agitaban. Eso duró como un minuto. Después quedó libre de peludos y fue, de nuevo, un tubo pintado de blanco y negro.
Jme se hallaba sumamente emocionada.
—Se han ido, Comnn. Yo tenía razón cuando pensaba que conocían un camino para salir y entrar. Pregúntale a Staph si puede verlos en la superficie.
La respuesta de Comnn fue:
—Staph no puede verlos. Hay demasiado viento y polvo fuera. Pero el Furtivo dice… Sí, los peludos están saliendo, Jme. Están saliendo por agujeros que hay en el suelo. ¿Qué agujeros? Los peludos no cavan agujeros…
Jme le dio la respuesta:
—Los agujeros de los árboles viejos que trasplantamos. Así es como lograron llegar hasta aquí. ¡Eso es! Ponte en contacto con Utoo. Dile que esperen hasta que la horda de peludos fuera sea lo suficientemente abundante para alimentar al ganado. Cuando así sea, que Fflrr empiece a hacer sonar sus atronadores.
—¡Transmito! —respondió Comnn.
—Avísame cuando haya concluido. Tengo que llevar este atronador a otros túneles. Quiero tener la certeza de que todos los peludos están fuera.
Comnn le respondió de inmediato.
—No es necesario que lo haga personalmente. Quiero decir que no tiene por qué recorrer todos los túneles. Bueno, salvo que tenga especial interés en hacerlo. Yo puedo, o, mejor dicho, Bellyr puede retransmitir esas vibraciones por la red de comunicación. Los puntos sónicos pueden reproducirla y hacerla resonar fácilmente en todos los túneles.
Jme se sorprendió:
—¿Cómo? ¿La red de comunicaciones? ¿Puede usted hacerlo, Comnn? ¿Una baja frecuencia tan mecánica y regular? No lo había creído posible… Claro que sí, ustedes pueden hacerlo. El árbol lo hizo aquí abajo, hace un momento. ¿No fue así? ¡Oh, claro está que ustedes pueden hacerlo!
—¡Un juego de niños! Bellyr puede reproducir todo tipo de vibración.
La voz de Bellyr llegó desde el punto sónico situado cerca de la puerta del túnel.
—¿Me has llamado niño, gamberro?
Y la vibración del atronador comenzó a resonar como un eco. Las frecuencias provenían de todos los puntos sónicos del sistema de túneles del bosquecillo.
—Gracias, Bellyr —le dijo Jme—. Y a usted también Comnn. Esto será más que suficiente. Tenemos que hacer salir fuera de los túneles hasta el último peludo. Arriba, en la superficie, Fflrr sabrá cómo arreglárselas con ellos.
—Puede estar segura de ello, Jme —dijo Comnn—. Pero creo que lo mejor que puede hacer es llevarme de nuevo a la terminal. Nuestra unidad de visión portátil es el único sistema de comunicación que nos queda con la superficie. Temo que…
Jme se echó a reír.
—Sólo por ella podemos comunicarnos con los demás. Al ordenar a Bellyr que transmita su reproducción del sonido de atronador por toda la red nos ha dejado aislados, ¿no es eso?
Había un matiz de humor en las frecuencias de la ingeniero.
Comnn desconectó sus antenas de los filamentos de comunicación del túnel e hizo un gesto de tristeza.
—Sí, así es, desgraciadamente. Me parece que cometí un error. Ahora ni siquiera puedo dirigirme a Bellyr para pedirle que cese de hacer ruido.
—¡Oh, Comnn…! —Jme hizo un esfuerzo para contener su deseo de lanzar una carcajada—. Bien, me parece que lleva razón. Le trasladaré hasta la terminal. Regresaremos, no se preocupe por lo sucedido. Ninguno de nosotros es perfecto.
Cuando Jme regresó a la terminal, Tellyr agitó sus antenas a guisa de saludo.
—Desde la superficie quieren hablar con usted —le informó—. Staph está junto a la unidad de visión. Los Furtivos no hacen más que ir y venir de un lado para otro.
Jme colocó a Comnn en la consola y dio la vuelta para colocarse en un lugar desde el que pudiera ver la pequeña pantalla de visión en la mitad de la unidad portátil cuyo manejo estaba encomendado a Tellyr.
De repente, el ruido tamborileante fue ahogado por un ronroneo potente de agudas vibraciones producidas por las hojas de los árboles, que procedían de los puntos captadores de sonido situados en los túneles. Ese vibrar fue seguido por una serie de golpes fuertes y sordos causados por los árboles que estaban realizando sus movimientos retráctiles y se escondían en el subsuelo. Los vibraciones y los impactos de su entrada hacían temblar la capa de hielos permanentes. Las luces oscilaban y se encendían y apagaban rápidamente.
Jme se asió a la consola. El asesino estaba haciendo su intento final. Estaba haciendo que todos los árboles comenzaran sus movimientos retráctiles al unísono, superando, de un modo que ignoraban, las interferencias establecidas por Bellyr. Sólo un árbol podía saber cómo lo lograba…
El guardabosques, el guardabosques… Jme estaba segura de que era él. Por fin los animales-pienso no iban a abandonar el soto para emigrar. Ahora que había llegado el rebaño y los peludos estaban siendo conducidos fuera, el guardabosques estaba replicando con un contraataque, tratando de detenerlos con la retracción de los árboles. Pero ¿cómo…?
De pronto, Bellyr retiró todas sus antenas de comunicación de la consola y las plegó. También él gritaba.
Sus gritos fueron ahogados por una voz profunda, que hablaba al mismo tiempo desde todos los puntos de sonido. Era la voz del guardabosques.
—¡No dejaré que ocurra! —dijo. Su voz ganó en volumen a medida que continuó hablando—. ¡Éste es mi bosquecillo! Nada sale de mi soto. Quiero conservar todo lo que hay en él… Todo está seguro aquí. ¡Los árboles, los arbustos son míos! ¡También son míos los animales! No se los llevarán de aquí como lo hicieron la última vez. Nada sale de aquí. ¡Nada, nada, nada!
Su voz atronaba los túneles de los tubos raíces:
—¡Mi soto…! ¡Mi bosque… es mío… mío!
De repente, la voz se cortó.
El terminal se conmovió con el impacto de un choque terrible. Las luces cayeron del techo.
Jme se acercó rápidamente a Tellyr y le ordenó en voz alta:
—¡Tellyr, mantenga abierto el circuito de la unidad de visión de la superficie! ¡Tenemos que ver qué es lo que está ocurriendo allí! ¡Tenga abierto el circuito!
La cabeza feroz llena de dientes de Fflrr apareció en la pantalla de visión. Tan pronto como él, a su vez, vio a Jme en su pantalla, al otro extremo de la línea, le dijo:
—Todo ha terminado, ingeniero. El ganado está alimentado. Bien alimentado. Ha podido hartarse. Lo consiguió usted, ingeniero…
Jme lo interrumpió fríamente.
—Quítese de la pantalla, Fflrr. Que venga Staph. ¡Inmediatamente!
—Ha salido fuera, ingeniero. Deseaba ver un árbol…
—¡Fuera! ¿Lo ha dejado salir? ¿Con un huracán como éste? El viento lo puede matar. Él está formado sólo por proteínas y vesículas. ¡Se ha portado usted como un estúpido cabezota, con más dientes que inteligencia!
Fflrr le respondió:
—Lo he sujetado a un arnés, Jme. No lo arrastrará el viento. ¡Ah, ya está aquí de vuelta!
Staph se unió a los demás que se apretaban en la boca de entrada de la cueva y Fflrr lo empujó hasta ponerlo delante de la pantalla de la unidad de visión. Estaba cubierto de un polvo espeso de color rojo ladrillo y movió rápidamente la espalda para librarse de él de modo que les llegara algo más de luz a sus receptores. Comenzó a hablar simultáneamente:
—Jme, ha comenzado su movimiento retráctil… él… el guardabosques… para protegerse del viento; pero sus secciones altas eran demasiado débiles. El viento de costado lo ha partido.
Staph se detuvo e hizo un esfuerzo para superar su emoción. Estaba conmovido.
—¡Está muerto, Jme!
—¡Baja, Staph…! —le dijo Jme. No había mucho más que decir.
Staph se dio la vuelta.
—Páseme lo que hemos encontrado —le dijo a alguien que se hallaba tras él.
Un Furtivo le pasó un objeto en forma de pelota, arrugado y encogido. Staph lo colocó dentro del radio de visión de la unidad para que Jme lo captara en su pantalla.
—El guardabosques lo tenía aprisionado en su base, entre una red de raíces.
Comnn fue el primero en hablar.
—Un comunicador. ¡Muerto!
Jme, poco a poco, iba encontrando las respuestas que aclaraban cómo el guardabosques había podido ejercer su control sobre el bosquecillo, el origen de los falsos mensajes… ¡Qué sencillo y lógico le parecía ahora todo! ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Naturalmente había habido un comunicador. Los informes del guardabosques… La repetición del sonido del atronador… Sólo un comunicador podía haber producido las vibraciones en las frecuencias clave para hacer que el árbol muerto se retrajera en el subsuelo… Sólo un comunicador…
El guardabosques había utilizado ese comunicador para producir los ruidos del atronador, para hacer que los peludos se metieran en el subsuelo, en los túneles de nutriente. El comunicador había causado el eco que oyera cuando Staph fue atacado… El guardabosques no quería que cosa alguna abandonara su bosque y había utilizado las vibraciones de un atronador, reproducidas por su comunicador para evitar su migración. Después de ello los peludos fueron mantenidos a la fuerza, como prisioneros, en los túneles de nutrientes, mediante el uso de los sonidos de formación del atronador.
¿Y todo lo demás…?
El resto de las cosas ocurridas había sido consecuencia de fuerzas ecológicas naturales desatadas por la actuación del guardabosques y su comunicador y que, al mismo tiempo, habían sido como un especie de pantalla protectora para cubrir la acción de aquéllos. Los peludos en los tubos de raíces, al atacar las coberturas protectoras de las raíces, habían causado la muerte de algunos árboles y con su estancia allí, ocultos bajo la superficie, habían puesto en marcha la pirámide de la crisis alimenticia. Pero el culpable de todo era el guardabosques. Él había comenzado el ciclo. El guardabosques era el asesino: el asesino de su propio soto.
Fflrr hizo aparecer su cabeza por encima de la de Staph en la pantalla para dirigirse a Jme.
—Ingeniero —le dijo—, tengo que sacar mi rebaño de aquí. Tengo que ponerme en marcha. Este viento tempestuoso es muy violento. Creo que si se queda aquí se va a ver en dificultades. El suelo está comenzando a temblar.
Jme se alzó para que él Furtivo pudiera verla en su pantalla y le respondió:
—¡Adelante, Furtivo! Saque de aquí a su rebaño. ¡Buena caza!
Jme suspiró. Sabía que el Furtivo aún debía continuar adelante con su trabajo.
Fflrr le devolvió el saludo:
—¡Buena caza, ingeniero!
Jme habló en voz baja dirigiéndose a Staph.
—¡Baja, Staph! Y tráete la unidad portátil de visión. Nuestro trabajo ha concluido.
La voz de Staph se oyó, pero en la unidad de visión se cortó la imagen del polvo y la arena arrastrados por el viento:
—¡Ahora mismo voy!
Bellyr por su parte, dijo:
—Ya he dejado de transmitir el ruido del atronador, pero el aparato mecánico sigue funcionando. ¿He hecho bien, Jme?
—Muy bien, gracias. Ahora puede dejar de transmitir. De momento ni siquiera necesito que esté conectado a la red. Descanse un poco. ¿Se encuentra bien?
Jme dirigió su vista por la terminal y ni siquiera oyó la respuesta de Bellyr. Su vitalidad se hallaba a muy bajo nivel, pero el conocimiento de que el trabajo estaba concluido la animaba. Aún le quedaba el informe, el papeleo, el trabajo puramente burocrático… Pero Staph le ayudaría; y habían logrado averiguar lo que fueron buscando.
El viejo guardabosques había sido el asesino. Un asesino… que lo único que deseaba era mantener unido su soto… a salvo de invasiones e intervenciones extrañas.
Jme se dio cuenta en esos momentos de que los tres comunicadores estaban colocando sus antenas en posición de recepción. Sin duda esperaban una explicación suya.
—Bien, entraremos en detalles cuando, conjuntamente, hagamos el informe.
Sentía que debía decirles algo, explicarles lo que habían estado haciendo, pero Mrrane le había pedido que considerase como estricto secreto todo lo concerniente al asesino. Muy Secreto. Se vio obligada, pues, a elegir cuidadosamente sus palabras:
—La población animal, los peludos, no habían desaparecido. Estuvieron en el soto durante todo el tiempo, ocultos en los túneles de nutrientes, en los tubos de las raíces. Sus cadáveres contaminaron el nutriente cuando algunos de ellos se comieron las coberturas de algunas raíces de los árboles. Los árboles así afectados fueron envenenados por el nutriente.
La versión era cierta, pero dejaba al margen la criminal actuación del guardabosques. Su muerte podía ser un accidento causado por el fuerte viento. Posiblemente pasaría a la historia como un guardabosques excelente. En cuanto al comunicador —se hallaba protegido por el efecto de interferencia— nadie sabía cuándo había muerto ni por qué. Esta parte de la historia sólo figuraría en su informe personal a Mrrane, aun cuando no había mucho que pudiera mantenerse oculto y no pudiera ser leído entre líneas en un informe normal.
—Utilicé el atronador —continuó— para hacer que los peludos salieran fuera del túnel y pudieran servir de alimento a los Grazers, porque es así como tenía que ser. Probablemente hubiera sido mejor si hubiera estudiado el asunto más a fondo y hallado cómo es que los peludos fueron al subsuelo…
—Usaron para ello los agujeros de los viejos árboles arrancados —se oyó la voz de Staph que provenía de la puerta del ascensor—. Envié a un Furtivo a ver por dónde salían, puesto que yo no podía verlo a causa de la tormenta y el polvo. Recuerda, Jme. El año pasado, en verano, trasladamos aquí algunos árboles más… con ocasión de la Emergencia Planetaria. Ya te dije que nadie se había ocupado de cerrar los agujeros y los animales los encontraron y se metieron en ellos.
—Eso es también lo que yo sospechaba. Cuando el guardabosques trató de hacerles permanecer en el bosquecillo, los pequeños cola-blanca simplemente emigraron al subsuelo bajo el hielo permanente en vez de correr a la llanura.
Jme se alegró al ver que la explicación estaba tomando el cariz que ella deseaba.
—Así es —confirmó Staph—. Todo lo que tenemos que hacer es tapar los agujeros para que no vuelva a ocurrir una cosa así y los peludos no vuelvan al túnel.
Jme lo tranquilizó:
—No te preocupes. Después de esta estampida, del pánico que han pasado, no regresarán. Este bosquecillo tendrá que ser repoblado con otros peludos para volver a restablecer de nuevo el equilibrio de la ecosfera.
Tellyr quiso también intervenir en aquella discusión sobre lo sucedido, pero no pudo hacerlo, pues una llamada lo impidió. Le pasó el mensaje que acababa de recibir a la ingeniero:
—Jme. Una transmisión para usted: «Mensaje de Mrrane: Bien realizado. He recibido el informe de Fflrr en el que se indica que su trabajo en el soto Dekka 31A ha terminado… Debo apartar a Staph y a los comunicadores de su dirección. Ellos quedarán ahí para terminar de poner en orden las cosas. Usted debe presentarse en las Altas Planicies. A la comunidad de los Furtivos. Alta prioridad. Una emergencia en el suministro de agua. Siguen instrucciones grabadas en cinta…».
Staph comentó:
—¡Yo…! ¡Tengo que encargarme yo de terminar este asunto! ¡Yo, siempre yo! ¿Es que no hay otro? ¿Por qué tienen que tocarme siempre a mí todos los huesos?
Jme sacó la cinta de la reproductora de la consola de Tellyr. Tenía el aire ausente cuando se dirigió a Staph tratando de darle ánimos.
—¡Es un trabajo como otro cualquiera! Tengo la impresión de que mi llamada significa que la compañía ha comprado otra de las crisis del gobierno central y creo que volverás a estar trabajando conmigo dentro de muy poco.
—¿Necesitaremos un escribiente de informes? —preguntó Staph, que no pareció muy impresionado por las palabras de ánimo de la que hasta ese momento había sido su jefe.
—No —respondió Jme.
La ingeniero seguía absorta escuchando la cinta.
—No, Staph —añadió al cabo de un rato—. Lo que necesitaremos será un ingeniero hidráulico. Staph, el sistema de suministros de agua de los Furtivos presenta dificultades en el ciclo de filtrado de sus aguas y la devolución a la bolsa central a través de los estratos del subsuelo.
—¿Eso es un problema? No puede haberlo. La capa superficial del planeta es un filtro puro, natural y eterno. Algo que no puede nunca funcionar mal.
—Pues así es, Staph —lo contradijo Jme—. Su agua, Staph, su pura, cristalina, perfecta y natural agua, ¡se vuelve azul!