39

Tres meses después, cuando Rafael ocupó su lugar en la reunión del Grupo, las exclamaciones de los demás fueron genuinas. Al parecer, incluso los inmortales lo habían dado por muerto. Se sentó y apoyó las manos sobre los brazos del sillón.

—Tengo entendido que estáis decidiendo cómo dividir mi territorio.

Neha fue la primera en recuperarse.

—No, por supuesto que no. Hablábamos del sucesor de Uram.

Él sonrió y dejó pasar la mentira.

—Por supuesto...

—Hiciste bien deteniéndolo —dijo Elijah.

Charisemnon asintió.

—Es una lástima que su final fuera tan público. Durante un tiempo, los mortales especularon sobre si él era o no el causante de las desapariciones ocurridas en tu región... ¿Cómo solucionaste las cosas?

—Tengo hombres muy buenos a mi alrededor. —Por lo visto había sido idea de Veneno acusar a Robert «Bobby» Syles. Era el candidato perfecto, y dada su repugnante predilección por los niños, nadie se sintió culpable por ensuciar su nombre. Simplemente se necesitaron unas cuantas insinuaciones a nivel judicial, algunos rumores sobre las inclinaciones depravadas de Bobby y pruebas de su entrada en Estados Unidos.

Charisemnon soltó un resoplido y Titus asintió. Fue Favashi quien habló a continuación.

—Nos alegra verte, Rafael.

Le pareció que la voz de la arcángel sonaba sincera, así que inclinó brevemente la cabeza. Ella sonrió; su rostro era tan hermoso que había provocado la caída de muchos reinos. Sin embargo, Rafael no sintió nada. Le había entregado su corazón a una mortal.

—Así que estáis hablando de sucesores, ¿no?

—Para ser más precisos —señaló Astaad—, de la carencia de ellos. Hay uno, como todos sabemos, que pronto se Convertirá en arcángel. Pero todavía no lo es.

—Y ahora el territorio de Uram necesita un gobernante. —La mirada de Michaela se clavó en la de Rafael desde el otro lado del círculo, y mostraba un malicioso regocijo que él entendía muy bien. No obstante, lo único que la arcángel dijo fue—: Yo podría encargarme de parte de su trabajo, pero ya tengo suficiente con mis propias tierras.

—Un gesto muy magnánimo por tu parte, Michaela —murmuró Neha con un elegante toque de sarcasmo—. ¿Es que tu sed de territorios no conoce fin?

La furia atravesó los ojos de Michaela.

—Y se supone que tú no tienes interés en ellos, ¿no?

Y así empezó la ronda de proposiciones y oposiciones, de alianzas y antagonismos. Solo Rafael y Lijuan, que estaba sentada a su lado, permanecieron en silencio. Lijuan tocó su brazo con aquellos dedos pálidos y delicados.

—¿Hablaste mucho con Uram antes de que muriera?

—No. Él ya no estaba en condiciones de hablar.

—Qué lástima. —Volvió a apoyar la mano sobre el brazo de su sillón—. Me habría gustado saber más sobre los efectos sutiles de una larga exposición a la toxina.

Rafael enarcó una ceja.

—No te estarás planteando hacer algo así, ¿verdad?

Su suave risotada pasó desapercibida gracias a la discusión que mantenían los demás a su alrededor.

—No, valoro mucho mi cordura.

Rafael se preguntó si Lijuan seguía cuerda a aquellas alturas. Jason había conseguido reunir más detalles de la corte de la arcángel: la mayoría de sus «cortesanos» eran renacidos, criaturas que seguían sus órdenes con inquebrantable obediencia.

—Me alegra oír eso. Acabar con la vida de un arcángel tan poderoso como Uram ya fue bastante difícil. No quiero ni imaginarme lo que ocurriría si tú te convirtieras en una nacida a la sangre.

En los ojos de Lijuan apareció un brillo malicioso, escalofriante e infantil.

—Vamos, los halagos se me subirán a la cabeza. —Se acomodó en su asiento—. Sentía curiosidad tan solo porque Uram parecía tener mucho más control sobre sus impulsos que los jóvenes que se transforman. ¿No es posible que él estuviera en lo cierto? ¿Crees que si consiguiéramos superar el período problemático emergeríamos armados con un poder inmenso?

—El «período problemático», como tú lo llamas —dijo Rafael mientras observaba la discusión entre Neha y Titus, entre el veneno almibarado y una voluntad de hierro—, nos convierte en asesinos sin parangón. Nuestras más recientes investigaciones indican que, contando a sus sirvientes, Uram mató a unas doscientas personas en menos de diez días.

—Pero era capaz de pensar.

—Solo en más muerte. —Rafael mantuvo su tono calmado gracias a un esfuerzo de voluntad. El hecho de que Lijuan se planteara algo así, aunque solo fuera a un nivel hipotético, era una muy mala señal—. Si hubiera seguido con vida un año más, habría matado a miles de personas, y se habría saciado cada vez. Eso es lo que caracteriza a un ángel nacido a la sangre, la incapacidad de detenerse, de luchar contra la sed de sangre y de poder.

—Yo maté al último, ¿lo sabías? A ese al que los humanos llamaban «el padre de todos los vampiros». —Se echó a reír al pensarlo—. Era muy inteligente y consiguió esquivarme durante años; incluso llegó a gobernar cierta región.

—Lo que hizo fue desangrar aquella región —le recordó Rafael—. No tenía ningún control sobre el impulso de matar, era un títere de sus propios deseos. ¿Es eso lo que tú llamas poder?

Lijuan lo miró con una expresión inescrutable, una expresión cargada de cosas que él jamás había visto y que no deseaba ver.

—Eres muy inteligente, Rafael. No temas, yo no me Convertiré. Ahora eso no tiene ningún interés para mí. Como tú bien sabes.

Él no se disculpó.

—Solo la estupidez excusa la ignorancia.

Aquello hizo que Lijuan se echara a reír de nuevo.

—Ahora estás siendo cruel con todos los demás.

Rafael se cuestionó aquel comentario. Si los demás no se habían enterado de la evolución de Lijuan, se iban a llevar una sorpresa de lo más desagradable en poco tiempo.

—Creo que han llegado a un consenso.

Habían dividido el territorio de Uram de una manera satisfactoria para todos: habían reconfigurado los límites de sus propias tierras para satisfacer su ansia de expansión. Rafael les permitió hacerlo. Su dominio ya era uno de los más grandes y, lo que era más importante, uno de los más productivos y rentables. No tenía ni el más mínimo interés en conseguir unas tierras en las que Uram había impuesto la sumisión. Nunca le había interesado la debilidad.

No, le atraían los guerreros.

Michaela le sonrió de nuevo cuando la reunión terminó. La arcángel se demoró un poco más de tiempo en la sala, al igual que Elijah.

—Es una pena, ¿verdad, Rafael? —dijo en cuanto se despejó la estancia y solo quedaron ellos tres—. Me refiero a la muerte de tu cazadora.

Él no dijo una palabra. Se limitó a mirarla.

La sonrisa de la arcángel se hizo más amplia.

—En cualquier caso, había dejado de ser útil. —Hizo un gesto con la mano, descartando la vida de Elena como si fuera la de una mosca—. Me decepcionó bastante no poder darle caza, pero ya da igual... Estaré muy ocupada ahora que debo encargarme de parte de las tierras de Uram y de las mías propias.

Elijah miró a Rafael.

—¿A ti te gustaba la cazadora?

Fue Michaela quien respondió.

—Bueno, se mostraba bastante posesivo con esa mortal. Me advirtió que no le hiciera daño. —Esbozó una sonrisa perversa—. Pero ahora ella está muerta, así que debes cortejarme. Quizá te acepte.

Rafael alzó una de sus cejas.

—No eres la única ángel.

—Pero soy la más hermosa. —Tras dedicarle otra sonrisa que podría haber cortado el cristal, salió de la estancia.

Elijah la observó alejarse.

—Me alegra no haber nadado nunca en ese estanque en particular.

—Me sorprendes —dijo Rafael—. Creí que yo era el único que no lo había hecho.

—Llevaba con Hannah alrededor de un siglo cuando Michaela me encontró. —Encogió los hombros—. De todas formas, no soy su tipo, como dirían los mortales.

—Todo el mundo es su tipo... y nadie, al mismo tiempo. —La única persona que le importaba a Michaela era ella misma—. ¿Crees que habrá intentado seducir a Lijuan alguna vez?

—Cuidado, viejo amigo. Vas a provocarme un infarto.

Rafael no le siguió la broma.

—¿Qué es lo que quieres contarme, Eli?

La sonrisa del otro arcángel se desvaneció.

—Lijuan... Está despertando a los muertos.

—Todavía no sabemos si su poder es bueno o malo. —Aunque Rafael sabía muy bien cuál era su propia opinión al respecto—. Es la más antigua de todos nosotros... No tenemos ninguna base para juzgar su evolución.

—Cierto. Pero Rafael... —Elijah hizo una pausa y suspiró—, tú eres lo bastante antiguo como para saber que el poder que conseguimos con el paso del tiempo está intrínsecamente ligado a quiénes somos. El hecho de que Lijuan manifieste una habilidad relacionada con la muerte nos dice mucho sobre ella.

—¿Y qué hay de ti? —preguntó Rafael, que mantuvo en secreto su nueva habilidad—. ¿Qué talentos te ha dado la edad?

La sonrisa de Elijah era indescifrable.

—Esos son los secretos que guardamos. —Se puso en pie al mismo tiempo que Rafael—. Esa cazadora, ¿te importaba de verdad?

—Sí.

El otro arcángel puso la mano sobre su hombro.

—En ese caso, lo siento. —Su simpatía parecía sincera—. Los mortales... arden con mucho fuego, pero su llama se apaga demasiado rápido.

—Así es.

Illium lo aguardaba en la Torre.

—Sire. —Al igual que Dmitri y Veneno, utilizaba aquel título por respeto, no porque fuera cierto.

Elena le habría hecho preguntas al respecto si hubiera estado allí. Y se habría preocupado por su «Campanilla».

—¿Cómo va tu proceso de sanación?

Illium extendió el ala que había sufrido la mayor parte de los daños y compuso una mueca.

—Casi se ha completado. —Miró el cuerpo curado de Rafael, un cuerpo que había sido consumido por una increíble cantidad de fuego de ángel—. Esa es la diferencia entre los ángeles y los arcángeles.

—La edad y la experiencia. —Rafael se acercó a él, observó el ala... y se echó a reír por primera vez desde que cayera al vacío con Elena—. Ahora entiendo tu expresión.

Illium soltó un resoplido.

—Parezco un maldito pato. —Sus palabras no eran desacertadas. Las plumas que habían crecido alrededor de la zona herida eran suaves, blancas y muy... similares al plumón—. Espero que estas plumillas desaparezcan y sean sustituidas por las auténticas. Lo harán, ¿no? —Parecía muy preocupado.

—¿Te dificultan el vuelo? —Puesto que había hablado con los sanadores y los médicos, sabía que a Illium le habían permitido realizar vuelos cortos.

—No, pero no son tan eficientes. —Bajó la mirada y tragó saliva—. Por favor, dime que esto no es más que una etapa del proceso de curación. Jamás me había pasado algo así antes.

Rafael se preguntó qué habría hecho Elena en aquella situación. Lo más probable era que hubiese aprovechado la oportunidad para fastidiarlo. Sintió un vuelco en el corazón.

—Desaparecerán en menos de un mes —dijo—. Perdiste gran parte del ala cuando caíste al muelle, y también varias capas de piel y músculos; por eso te estás regenerando de dentro a fuera en lugar de sustituir las plumas sin más.

El alivio brilló en los ojos de Illium mientras plegaba el ala.

—Sin el anshara aún estaría en cama, incapaz de moverme.

La mente de Rafael regresó a los meses en los que su propio cuerpo estaba destrozado. Por aquel entonces, la región se encontraba aislada y sus habilidades mentales aún estaban en pañales. Tan solo los pájaros y Caliane sabían que estaba allí.

—Sí.

—Sire... aún no me has castigado por perder a Elena ese día. —Los rasgos de Illium mostraban seriedad. Su personalidad, por lo general chispeante, estaba enterrada bajo aquellas palabras formales—. Me merezco el castigo. Soy uno de los Siete, uno de tus hombres más experimentados, y dejé que la atraparan.

Rafael sacudió la cabeza.

—No fue culpa tuya. —El error fatal lo había cometido él mismo—. Debería haberme dado cuenta de que Uram podría acelerar su recuperación a través de la sangre.

—Elena... —comenzó a decir Illium, pero se detuvo—. No, las preguntas no sirven de nada. Solo quiero que sepas que los Siete están a tu lado.

Rafael observó al ángel mientras saltaba desde la terraza y, luego, tras un momento de pausa, hizo lo mismo. Estaría en plena forma dentro de pocas semanas. Hasta entonces, los Siete se encargarían de mantener su territorio a salvo de los ojos codiciosos.

Lijuan y Michaela, al igual que Charisemnon y Astaad, jamás entenderían aquel tipo de lealtad. Quizá solo Elijah y Titus fueran capaces de comprender lo que los Siete le habían dado. Dmitri era el más antiguo; Veneno, el más joven. Pero en conjunto, los tres vampiros y los cuatro ángeles llevaban con él un buen puñado de siglos, y su lealtad había sido inquebrantable... aunque aquello no significaba que solo fueran títeres. No, sus Siete habían luchado con él muchas veces, habían cuestionado sus decisiones hasta el punto de arriesgar sus vidas.

Charisemnon le había advertido sobre Dmitri en más de una ocasión.

—Ese vampiro tiene ideas que van más allá de su posición —había dicho el arcángel—. Si no tienes cuidado, se apoderará de tu Torre.

Aun así, Dmitri había mantenido a raya a todos sus contrincantes durante los tres meses que Rafael había permanecido en estado de coma, curándose. Durante el primer mes, el coma había sido tan profundo que había descendido por debajo del estado de anshara. Si Dmitri o cualquiera de los otros seis hubieran deseado poner fin a su vida inmortal, podrían haber hecho un pacto con otro arcángel y haber revelado su lugar de descanso. En lugar de eso, lo habían protegido; más que eso: habían protegido su corazón.

Los niños que jugaban en el parque de New Jersey alzaron la vista y lo miraron boquiabiertos cuando pasó volando sobre ellos. Su asombro se transformó en gritos de deleite cuando aterrizó sobre el césped que rodeaba la zona de columpios. Rafael se fijó en cómo sus madres, y algunos padres, intentaban contener el entusiasmo de sus hijos por miedo a que ofendieran a un arcángel. El miedo teñía sus miradas, y Rafael supo que siempre sería así. Para gobernar no podía parecer débil.

Unas manitas tiraron de su ala. Bajó la vista y vio a un niño diminuto con un cabello negro lleno de rizos apretados y una piel que hablaba de tierras distantes, soleadas y cálidas. Cuando se inclinó para coger al niño en brazos, oyó el grito de pánico de una mujer. Sin embargo, el niño lo miraba con ojos inocentes.

—Ángel —dijo.

—Sí. —Rafael sintió el cálido latido de la humanidad del chico, el solaz que ese latido le proporcionaba—. ¿Dónde está tu madre?

El pequeño señaló a una mujer joven de expresión aterrorizada. Rafael se acercó a ella para entregarle al niño.

—Tu hijo tiene coraje. Crecerá y se convertirá en un hombre fuerte.

El pánico de la mujer desapareció bajo una oleada de orgullo.

Mientras caminaba entre los niños, otros cuantos se atrevieron a tocarle las alas. Y cuando vieron que sus suaves y diminutas manitas se habían quedado llenas de polvo de ángel, se echaron a reír con inocente alegría. Sara enarcó una ceja cuando se acercó a ella.

—¿Te estás pavoneando, arcángel? —Tenía las manos apretadas sobre las empuñaduras del carrito en el que dormía su pequeñina, ajena a los monstruos y a la sangre.

—Uram jamás caminó entre los humanos —dijo en lugar de responder.

Ella empezó a empujar el carrito por un estrecho sendero salpicado de nieve, la primera caricia del invierno. Nadie los interrumpió, aunque cuatro niños intrépidos se atrevieron a seguirlos a unos cuantos pasos de distancia... hasta que sus padres les ordenaron que regresaran. Desde el carrito que Sara empujaba, su hija levantó los puños, como si librara batallas en sueños. Tenía sentido, pensó él. Después de todo, Zoe Elena tenía el nombre de una guerrera.

—¿Nos mintió Dmitri? —preguntó Sara después de varios minutos de silencio—. ¿Ellie está muerta?

—No —respondió él—. Elena está viva.

Las manos de Sara se apretaron sobre las manillas del carrito con tanta fuerza que el color blanco de sus huesos se hizo patente a través de la piel suave y oscura.

—La transición de humano a vampiro no tarda tanto tiempo. Una vez que hacéis lo que quiera que hagáis, la mayoría de los vampiros están recuperados (o al menos andando) en menos de dos meses.

Rafael eligió sus palabras con mucho cuidado.

—La mayoría de los vampiros no empiezan con la espalda rota.

Sara realizó un breve asentimiento con la cabeza.

—Sí, en eso tienes razón. Lo que pasa es que... ¡La echo de menos, joder!

Zoe se despertó al percibir la angustia de su madre, y su frente se llenó de arrugas de furia.

—Duerme, pequeña —dijo Rafael—. Duerme.

La niña sonrió y bajó las pestañas, que formaron medias lunas sobre sus regordetas mejillas.

—¿Qué es lo que has hecho? —preguntó Sara, que lo miraba con una expresión recelosa.

Rafael sacudió la cabeza.

—No he hecho nada. A los niños siempre les ha encantado mi voz. —En una ocasión, en los comienzos de su existencia, había protegido la guardería, había protegido sus más preciados tesoros. Los nacimientos angelicales eran muy, muy escasos. Era lógico, según decían sus sanadores y sus entendidos. Una raza de inmortales no necesitaba un ritmo de reposición muy alto. Sin embargo, ser inmortal no impedía que uno tuviera la necesidad de engendrar un hijo.

El rostro de Sara se suavizó.

—Eso es evidente. Cuando le has hablado a Zoe... tu voz ha sonado distinta, diferente a como es normalmente.

Rafael se encogió de hombros. Notaba que el mundo empezaba a suspirar con la llegada de la noche.

—Sara, Elena no querría que te preocuparas.

—En ese caso, ¿por qué coño no me llama por teléfono? —inquirió ella—. ¡Todos sabemos que pasa algo malo! Mira, si está paralizada... —tragó saliva—, ¡a nosotros nos da igual! Dile que deje de comportarse como una zorra orgullosa y que me llame. —Tenía los sollozos atascados en la garganta, pero se negaba a dejar que salieran. Otra guerrera. Muy parecida a la suya.

—No puede hablar contigo —le dijo—. Está dormida.

Los ojos de Sara estaban cargados de dolor cuando lo miró.

—¿Sigue en coma?

—En cierto sentido. —Se detuvo y la miró a los ojos—. Yo cuidaré de ella. Confía en mí.

—Tú eres un arcángel —dijo ella, como si eso lo explicara todo—. No te atrevas a mantener viva a Ellie con máquinas. Ella odiaría que se hiciera algo así.

—¿Crees que no lo sé? —Retrocedió un paso y extendió las alas—. Confía en mí.

La directora del Gremio sacudió la cabeza.

—No hasta que vea a Elena con mis propios ojos.

—Lo siento, Sara, pero no puedo permitirlo.

—Soy su mejor amiga, su hermana en todos los sentidos salvo en el biológico. —Estiró la mano para colocar la mantita de Zoe antes de girar la cabeza—. ¿Qué te da derecho a mantenerla alejada de mí?

—Ella también es mía. —Sus músculos se tensaron, listos para el vuelo—. Cuida de ti y de aquellos a los que consideras tuyos, directora. Elena no será feliz si se despierta y descubre que te has convertido en la sombra de lo que eras.

Luego echó a volar. El silencio se volvió tan estruendoso que empezó a agobiarlo.

Despierta, Elena.

Pero ella siguió dormida.