Matt
—Mi padre está furioso.
Las palabras de Arkarian me sorprenden. Los dos estamos sentados en sendos taburetes en su sala principal. Detrás de nosotros, la esfera por suerte está quieta. He venido a hablar de la Atlántida y en busca de algunas respuestas a preguntas que me ha inspirado esta última misión llena de incidentes. Ahora todos los pensamientos de la Atlántida desaparecen. La última vez que Lorian se puso furioso llovió fuego sobre la Tierra y aumentó el poder de todos los Elegidos.
—¿Qué ha irritado a Lorian esta vez?
—En el Tribunal reina una creciente inquietud, y eso le preocupa.
—Bueno, es comprensible. El traidor es uno de ellos, y están nerviosos.
Arkarian se encoge de hombros.
—No hay ninguna prueba, Matt.
Hago un ruidito burlón. Afloran mis dudas y no puedo evitar ser sarcástico.
—¡Vamos, hombre! ¿Acaso Lorian no encontró la llave enterrada en el patio, en una caja que sólo podía haber sido forjada por alguien con los poderes del Tribunal?
Arkarian levanta la cabeza y sus ojos se encuentran con los míos.
—Puede que eso sea cierto, pero hay más gente con esos poderes.
Desde que rescatamos a Neriah del palacio de Lathenia he llegado a mis propias conclusiones acerca de quién es el traidor. Y aunque Arkarian está justo a mi lado, al parecer
sus pensamientos no van por el mismo camino. Intento averiguar dónde quiere ir a parar.
—No me digas que tu propio padre tiene algo que ver en todo esto.
No vacila.
—No me refiero a eso.
—Ah, ¿crees que todo forma parte de un plan para acusar al Tribunal? ¿Y quién es el autor? ¿Marduke?
Arkarian se encoge de hombros y se mira los pies.
—Simplemente no creo que el traidor sea alguien del Tribunal. A lo largo de los siglos he llegado a conocerlos muy bien a todos ellos...
—Al rey Ricardo hace poco más de un año que lo conoces —le recuerdo.
—Pero con el tiempo he llegado a conocerlo muy bien, Matt.
—No seas ingenuo, Arkarian. Tú y yo sabemos quién es el traidor. —Mentalmente, le recuerdo la imagen que tan estupefactos nos dejó no hace mucho en el palacio de Lathenia: la imagen del rey Ricardo caminando del brazo del mismísimo enemigo.
Con su habitual voz serena, Arkarian dice:
—Verdemar ha esperado este rey durante siglos. No puedo creer que sea un traidor.
¡Tan sereno! ¡Tan leal! ¿Es que no ve lo que tiene delante de las narices?
—Las cosas que deseamos pueden ser tan evanescentes como un sueño, e igual de alejadas de la realidad.
—Pero Matt, ¿dónde iríamos a parar sin esperanza?
Me encojo de hombros y él añade:
—Los mundos están tan llenos de misterio que no podemos permitirnos abandonar toda esperanza, los sueños y la fe en las cosas que no podemos ver.
—¿Cómo explicas entonces la presencia del rey Ricardo en el palacio de Lathenia?
—Mi padre estaba al corriente de nuestro intento de rescate. A lo mejor envió a Ricardo para distraer a la Diosa y facilitarnos la tarea.
—Si eso fuera cierto, ¡hay que reconocer que nuestro buen rey se toma su trabajo muy en serio! ¿No desaparecieron dentro del «dormitorio»?
Arkarian no sabe qué responder.
—Lo único que sé, Matt, es que de momento será mejor que no divulguemos esta información.
—¿Por qué? Si el rey es el traidor habría que desenmascararlo, y deprisa.
—Si lo acusamos y estamos equivocados, el auténtico traidor quedará libre y habremos destruido a nuestro rey.
Asiento a regañadientes.
—Muy bien. Pero Dillon y Neriah estaban allí. Ellos lo vieron.
—No te preocupes, hablaré con ellos. Tú asegúrate de mantener la llave lejos de... todo el mundo. En este momento no sabemos en quién podemos confiar.
—La llave está segura, Arkarian. Al menos mientras la antigua ciudad siga siendo inexpugnable.
—Jimmy hace lo que puede, pero sólo es humano.
Con estos sombríos pensamientos, permanecemos en silencio.
Arkarian es el primero en hablar.
—Descubrir al traidor no es lo que más inquieta a mi padre.
Vuelve a sorprenderme.
—Entonces ¿qué es?
—En estos tiempos difíciles, cree que todos los miembros de la Guardia deberían estar ya Iniciados, pero aún faltan dos: Neriah y Dillon.
Se me ocurre que yo tampoco he sido Iniciado. Arkarian me replica sin tener que expresar en voz alta estos pensamientos.
—Matt, no hay nadie entre los lores y damas del Tribunal que pueda darte nada, pues has sido entrenado por alguien superior a ellos. El tiempo que pasaste en el reino de tu padre fue tu Iniciación. Nadie cuestiona tu derecho a ser un Guardián del Tiempo, ni tu papel según la Profecía.
Me cuesta aceptar la explicación de Arkarian. Esa gente ni siquiera me conoce. ¿Cómo van a confiar en mí de manera incondicional? Intento cambiar de tema.
—¿Neriah y Dillon serán iniciados juntos?
Arkarian tarda un momento en responder.
—La Iniciación de Neriah tendrá lugar a puerta cerrada. Aparte de Lorian y los miembros del Tribunal, los únicos invitados seremos tú y yo.
—¿Es éste un procedimiento habitual?
Asiente.
—Una Iniciación es motivo de gran alegría, algo que hay que compartir.
—Entonces ¿por qué la ceremonia de Neriah será a puerta cerrada?
—Neriah es... una chica especial.
—Sí, claro, lo entiendo. Pero no estás contestando a mi pregunta.
—Da igual... por el momento.
Me gustaría pedirle que fuera más concreto, pero no estoy seguro de querer oír lo que tiene que decirme.
—¿Cuándo partimos, pues?
—Esta noche. En cuanto llegues a casa, informa a Neriah de los detalles. Dillon vendrá aquí dentro de pocos minutos y yo hablaré con él.
Me voy antes de que aparezca Dillon. No es que intente evitarlo, pero han ocurrido tantas cosas que en este momento puedo prescindir de alguna.
El aire frío de fuera me ayuda a recuperarme del aturdimiento que me embarga desde la destrucción de la Atlántida. Me encojo de hombros dentro de la chaqueta y me adentro en el paisaje de media tarde.
Mientras bajo la montaña comienza a oscurecer. Aunque no tengo hambre y no he podido tragar nada desde la misión de ayer por la noche, olfateo el tentador aroma de la comida que ha preparado mamá y me gruñen las tripas. Casi todas las luces de la casa están encendidas. Isabel está arriba, en su habitación, que ahora comparte con Neriah. Las oigo hablar. Mamá las llama para que bajen a cenar y veo sus siluetas encaminándose a la puerta.
Desde que descubrí que el padre de Isabel no es mi padre, que de hecho mi padre es alguien de... bueno, otro mundo, por así decirlo, me he sentido un poco alejado de mi familia. Isabel dijo que le preocupaba verme diferente desde que he acabado mi entrenamiento. Se equivocaba, y al mismo tiempo tenía razón. Soy la misma persona, el mismo ser de carne y hueso, con los mismos miedos, dudas e inexperiencias, pero todo lo que ahora soy capaz de hacer me convierte en diferente. Y me siento reacio a utilizar mis poderes delante de los demás. Sobre todo el poder de cambiar de forma.
Jimmy sale llevando una pesada bolsa de plástico. Me ve y se para.
—Tu madre estaba preocupada por ti. Le he dicho que no debías de andar lejos. Espera a que tire la basura y entramos juntos.
Jimmy no es la persona que más me agrade en este mundo, pero desde que estuve con Dartemis al menos lo tolero, me refiero a su presencia en casa. Vuelve del contenedor y me abre la puerta.
Entro en el mismo momento en que Isabel y Neriah acaban de bajar la escalera. Isabel se queda mirándome con los ojos entornados.
—¿Te encuentras bien? Tu aspecto es lastimoso.
—Sólo tiene un poco de frío —dice Jimmy—. Lo único que necesita es un buen plato caliente preparado por tu madre.
Mientras Jimmy e Isabel intercambian unas palabras más, mis ojos se desvían hacia Neriah. Cada vez que la veo siento una presión en el pecho, como si alguien me estrujara las costillas con un cinturón de acero. Mis dificultades respiratorias confirman que he tomado la decisión correcta con respecto a ella.
Nuestras miradas se cruzan un momento. Lo que veo en sus ojos me estremece: una febril mezcla de dolor, confusión y cólera.
—¿Neriah...?
Niega con la cabeza y, sin decir palabra, se da la vuelta y se dirige a la cocina.
Durante la cena el ambiente es tan tenso que, sin terminar el primer plato, pongo una excusa y salgo a tomar un poco de aire fresco. Me siento en el peldaño inferior del porche, respirando el frío aire de la noche, hasta que oigo a mamá y Jimmy trajinar en la cocina. La cena ha terminado y están fregando los platos. Cuando me dispongo a entrar, la puerta trasera se abre con un chirrido. Levanto la vista y veo a Neriah. Me quedo helado. Su mirada cruza la fría distancia que nos separa y siento el impulso de abrazarla.
—Sólo quería decirte que estoy al tanto de lo que le has prometido a Dillon. ¡Le has hecho una promesa! Matt, eso es algo tan... definitivo.
Ahora entiendo la expresión que ha puesto antes y lo incómoda que ha sido la conversación durante la cena.
—Deja que te lo explique...
—No creo que puedas, Matt. Cuando Dillon me lo contó, me puse furiosa de verdad. Me refiero a que no lo entendía de
ninguna manera. Ya ves, creía que sentías lo mismo que yo y que lo único que necesitabas era tiempo. —Sacude la cabeza—. Pero ahora entiendo por qué no quieres saber nada de mí.
—¿Qué dices?
—Aún sientes algo por Rochelle.
—Pero...
Extiende el brazo para impedir que me acerque.
—Escucha, no he venido a soltarte un sermón. Tus sentimientos son cosa tuya.
—No lo has entendido. No tiene nada que ver con Rochelle. El simple hecho de estar en la misma habitación que ella me incomoda.
—Precisamente. ¿Por qué te incomoda estar cerca de Rochelle? Ya ha transcurrido un año desde que averiguaste la verdad. ¿Por qué no la olvidas y pasas página?
Por un momento me quedo en blanco.
—¡Demonios, no lo sé!
—Tu dolor te hace estar ciego y asustado, por eso buscas protección. Pero, como intentaba decirte cuando he salido, te entiendo. Y también quería decirte que, por mucho que tardes en curarte, te estaré esperando.
Tras estas palabras se vuelve y entra en la casa.
Siento la urgente necesidad de ir tras ella, de abrazarla contra mi pecho con todas mis fuerzas. Pero me contengo. No estaría bien dejar que pensara que alguna vez podría haber algo entre nosotros. Tengo que hablarle de la visita de esta noche a Atenas. Debo informarla, prepararla para lo que está a punto de suceder. Pero ahora no es un buen momento. Creo que dejaré que sea Isabel quien lo haga.