Al día siguiente, Julia no quería levantarse de la cama, apenas había dormido. A media mañana, llamó a sus padres para comentarles el rompimiento de su relación con Frank. Hubiera querido darles la noticia en persona, pero no se sentía con ánimos de aguantar los comentarios de Liz. Aunque por teléfono le hizo saber su inconformidad. Pasó la jornada en el ordenador mirando fotografías de su relación con Frank, deseaba reconocerse en esa mujer de imagen contenida, pero no se encontraba. Desde la ventana de su apartamento, observaba la niebla que descendía sobre el Golden Gate como un abrazo de amantes.
Quería buscar a Nick, necesitaba hablar con él. Perderse en su mirada, en sus brazos, en todo el cuerpo. Aún seguía molesta con él. No se había comunicado con ella. El timbre del teléfono interrumpió el mutismo del lugar. Saltó el contestador.
—Amiga sé que estás ahí. No quieres contestarme el móvil, te he marcado cantidad de veces. Quiero hablar contigo.
El tono de voz de Lori, rezumaba preocupación. Hubiera agradecido esa preocupación el día anterior en la fiesta. Julia le había dejado un mensaje en whatsapp contándole que había cortado con Frank.
—Iré a tu casa, llevaré comida y tequila, la fórmula mágica contra los problemas.
Julia soltó un resoplido. No deseaba ver a nadie.
Una hora después, alguien golpeó la puerta. Lo pensó dos veces antes de abrir.
—Menudo lío el que armaste anoche —dijo Lori que entró como un vendaval y siguió derecho al mesón de la cocina donde descargó unas bolsas de comida y otra de dónde sacó una botella.
—No he armado ningún lío. Creo recordar que tú estabas allí.
Julia observó con gesto apático la botella.
—¡Dios mío¡ No puedes negar que estuvo genial, fue muy macho. Animal, pero genial.
Julia la miró indignada.
—No le vi nada de genial. Fue espantoso, troglodita y me hizo sentir muy mal.
Lori sacó dos copas y sirvió los tragos. Abrió la nevera, sacó los limones.
—Madre mía que orden. Mi nevera solo tiene agua y pizza de hace dos noches. —Partió los limones por la mitad—. Ya quisiera yo que un par de hombres se pelearan por mí.
—Hay un montón de hombres detrás de ti.
—Pero ninguno pelándose por este maravilloso cuerpo ¿Dónde está la sal?
Julia blanqueó los ojos y señaló el recipiente.
—Tienes una cara terrible —volvió a la carga Lori.
—No estoy en mi mejor día —contestó Julia con sarcasmo.
—Se nota. Antes de seguir con el tema. Quiero decirte que me cae bien Frank.
Julia le lanzó una mirada de no te lo creo.
—En serio, es un buen hombre, aburrido eso sí, pero buen hombre.
—Me acosté con Nick en Napa —interrumpió Julia cuando Lori le puso la copa en frente. Lo levantó y lo vació de golpe. Le lloraron los ojos.
—Te olvidaste de la sal.
—Cierto, para la próxima.
Lori bebió el trago, realizó todos los pasos.
—Anoche lo sospeché. Se lanzaban unas miradas que carbonizaban. Ahora entiendo por qué Frank reaccionó como lo hizo. La atracción de ustedes es muy evidente.
Julia bebió otro trago.
—¿No vas a decir nada más? Me acosté con otro hombre cuando aún estaba comprometida. Eso me hace una mujer horrible.
—Vamos, no seas tan quisquillosa. —Ante el pasmo de Julia por su respuesta continuó—: ¿Qué quieres que te diga? Me alegro por ti. Ese hombre está de muerte. Apuesto a que sigue siendo un polvazo, como años atrás y pienso que lo necesitabas. Estoy segura que Frank no te pone como lo hace Nick.
Julia bebió otro trago.
—No todo es sexo.
—Vamos a dejarnos de monsergas. Lo que tuviste con Nick, fue intenso apasionado y hubo mucho amor. Todos estos años te he visto con tus novios y ni una sola vez te vi plena, satisfecha.
Esta vez fue Julia la que sirvió la ronda. Lori fue al equipo de sonido y en segundos la voz de Adele y su tema Only and Only irrumpió en la estancia.
—No se cuales sean sus intenciones Lori. ¿Si desea jugar conmigo? ¿Si solo quiere utilizarme?
—Son válidas todas tus preguntas, es normal sentir miedo. Hay algo que me causa curiosidad.
Lori chupó el limón, la sal, arrugó la frente y bebió otro trago .
—¿Y es?
—Estás más preocupada por lo ocurrido con Nick que por el rompimiento de tu compromiso y eso dice mucho.
Julia se sintió mareada y el rostro en llamas.
—Claro que estoy dolida. —Se defendió Julia frunciendo el ceño—. Me di cuenta de algo.
—Cuenta.
—Frank nunca me quiso. Fue una relación cómoda.
—Eso es evidente. Tú tampoco estás enamorada. Desde que llegué ha sido Nick esto, Nick lo otro. A Frank lo he nombrado yo. Julia, se te olvida que este hombro estuvo allí en tus días negros, además, estoy segura de que nunca has dejado de quererlo. Por más que tu cabeza le diga a tu corazón y a todo el mundo lo contrario.
—Tienes la jodida razón —exclamó Julia que bebió otro trago. La comida ni siquiera la habían abierto—. ¿Y ahora que mierdas hago?
—Pues búscalo, toma la iniciativa. Seguro tiene un reguero de mujeres con ganas de darle lo que tú por miedo no le quieres dar —dijo después de otro trago y levantándose para tomar la chaqueta que había dejado tirada en una silla—. Nadie se cruza en tu camino por casualidad Julia. Todo tiene un motivo, algo te quiere enseñar la vida con la vuelta de Nick.
Nick se despertó ante el sonido del timbre, confuso, miró el reloj de la mesa de noche, una y treinta de la madrugada ¿Qué rayos...? . Examinó el móvil por si hubiera alguna llamada de emergencia. No encontró nada. Bajó en pantalón de pijama mientras se ponía una camiseta vieja con el logo de Stanford. El timbre volvió a sonar.
—Ya voy. —Abrió la puerta y quedó mudo, si fuera una aparición no se habría sorprendido tanto, apenas pudo balbucear—. Julia…
Ella estaba a su puerta. Se llevó las manos al rostro para terminar de despertarse. Le parecía un sueño o fruto de su imaginación. Iba con unos pantalones de hacer ejercicio, camiseta y una chaqueta, zapatillas negras. El cabello suelto y sin pizca de maquillaje. Se tambaleó. Nick no quería moverse y que desapareciera de pronto.
—¿Qué te pasa?
Julia entró a la casa y soltó la risa. Nick cerró la puerta convencido de que estaba soñando. ¿Julia borracha? Era increíble.
—Me pasa de todo Nick de la Cruz.
El aludido rió entre dientes.
—¿Cómo llegaste?
—En taxi.
Menos mal que no había conducido hasta allí en ese estado, caviló aun sorprendido.
Lo señaló con el dedo y le apuntó en el pecho. Observó la camiseta con el logo de la universidad y se derritió enseguida. Recuerdos asaltaron su mente. Él gran partido de fútbol, los paseos por Stanford, las reuniones y las discusiones.
—Has bebido —dijo él.
—Sí. Lori estuvo esta noche de visita y llevó tequila. Yo nunca me paso de tragos.
Nick cruzó los brazos en el pecho mientras una sonrisa pugnaba por salir.
—Me alegra escucharlo.
—Ay, Nick…
—¿Qué?
—Apareces y es como si mi vida sin ti, fuera gris y vacía.
—¿Hablas tú o habla el tequila? —levantó una ceja— ¿Y cuál fue el motivo?
Julia observó la lujosa sala y después fijó la mirada en él.
—Podría decir que fue el rompimiento de mi compromiso con Frank. Mira. —Levantó la mano y la batió ante él—. Ya no hay anillo, ya no hay novio. Pero es más que eso. Yo tenía una vida tranquila, trabajaba, estaba comprometida y todo marchaba de maravilla.
La mirada del hombre rezumaba satisfacción.
—¿Y?
—Llegaste como un maldito tornado y pusiste mi mundo para arriba —Julia aferró la camiseta y se pegó a su pecho—. Arrasaste con todo y en vez de estar furiosa, yo…yo solo quiero estar contigo, esa tarde en Napa.
Se quedó callada tratando de ordenar sus pensamientos. Nick trató de separarla y poner un poco de distancia, no pensaba aprovecharse de ella en la condición en que estaba.
—Julia, preciosa ¿Estás segura de querer tener esta conversación? Podemos esperar a mañana.
—¿Por qué? ¿Estás ocupado?
—¡No!
—Porque si es así, solo me queda irme y tirarme del Golden Gate.
Nick soltó la carcajada, la abrazó y le enmascaró el rostro con las manos.
—Julia, mi amor.
—No sé qué pensar. Vienes a mí después de siete años exigiéndome una serie de cosas, como si yo te debiera algo. Tú —volvió y lo pinchó en el pecho—, que te has acostado con la mitad de las mujeres del este y del oeste, ¿qué puedes decir a eso?
—Pues con toda seguridad te digo que no fue la mitad. —Nick sonreía—. Si acaso la tercera parte.
Julia le dio un codazo en las costillas.
—Oye, duele. —Se quejó.
—No seas quejica y agradece que no te lo doy más abajo. ¿Qué quieres de mí Nick? —preguntó ella seria, sin asomo de embriaguez.
—Que dejes de rechazarme. Lo quiero todo, quiero tu corazón, tu cuerpo, que estés toda la vida a mi lado.
Ella lo miró con los ojos aguados y una emoción lacerante en su pecho. Le acarició la mejilla.
—Sé que estas semanas he estado imposible contigo —Le recorrió el rostro con las manos y la mirada—. Eres tan guapo. No quiero que te vayas con otra, no quiero que ames a otra.
—¿Pero qué dices? —la miró con tinte confundido y con mucha ternura.
—Quiero ser tu chica Berkeley otra vez. Tú eres mío, solo mío. Quiero tener hijos con tus ojos, estar contigo otra vez. También lo quiero todo Nick.
Al diablo, pensó Nick, su Julia había venido por él.
—Siempre has sido mi chica Berkeley. No te vas a librar de mí. Nunca más.
En cuanto él la besó, el ritmo del corazón aumentó como si de un tambor se tratara. Julia abrió la boca y le dio la bienvenida al ansia profunda que percibió en Nick. Con las emociones a flor de piel y el aroma del hombre bailándole en las fosas nasales, le acariciaba los brazos, la espalda, hasta llegar al cuello donde el viaje de sus manos terminó. Lo escuchó gemir y lo acercó más. Quería poseerlo con una intensidad que hizo, recuperara la sobriedad de golpe. No había estado excitada así en toda su vida. Sensaciones nuevas se juntaron con las ya familiares. Él se separó un momento y la miró. Julia supo que dudaba si seguir adelante o no a causa de su embriaguez.
—Te necesito —musitó sobre sus labios—. No sabes cuánto.
Nick no precisó de más palabras, en su mirada vio a una mujer que sabía lo que quería y había ido a buscar. Esto era lo máximo para su corazón, el sentirla dispuesta a entregarse, sin dudas de por medio. Deseaba hacerla suya, amarrarla a él, a su cama, a su vida. Totalmente rendido a su deseo, la devoró y le acarició el cuerpo como si hiciera años no la tocara, como si no hubiera existido el miércoles pasado. Está vez era suya, para siempre.
Los invadió la pasión en forma de frenesí, como si estuvieran abrasados por un fuego provocador que estaba lejos de extinguirse. Nick la llevó al segundo piso y entre pasos torpes y sin darse cuenta, entraron a la habitación. Le quitó la camiseta y el sujetador. Sus pechos saltaron con los pezones erectos y los tomó en sus manos, los acarició mientras reclamaba su cuello y sus hombros con besos voraces hasta tomar posesión de ellos con la boca. Jadeaba descontrolado al ver a Julia retorciéndose de placer bajo él. Dios, si seguía así se correría como un adolescente. Ambos estaban sorprendidos por las sensaciones intensas que los abordaban. Le quitó los pantalones de deporte junto con la ropa interior y siguió su recorrido de besos hasta llegar al pubis que goloseó a su antojo.
—Eres hermosa —dijo sobre ella mientras acariciaba su entrepierna—. Y estás muy húmeda.
Julia apenas reparó en su entorno. Le arrancó la camiseta y acarició su pecho perfecto. Mi hombre. Mi vida. Mi amor. Observó el poco de vello entre los pectorales y que terminaba en una línea delgada debajo de la cintura. Nick se apresuró a quitarse los pantalones.
—Voy a tomarte tantas veces, que mañana apenas te podrás mover —dijo con mirada apasionada y oscura. Se levantó.
Julia acarició su erección y rogó en su pensamiento porque cumpliera la promesa, ya era hora.
—Quiero sentirte dentro de mí. Ahora.
Nick abrió un cajón de su mesa de noche y sacó un condón que se puso con celeridad. Necesitaba entrar en ella, ser parte de ella, tomarla por entero, quedarse en ese lugar y no salir de allí nunca más. La penetró sin apartar la vista de su rostro. Ella jadeó ante la presión y luego de placer, cuando dilató.
Él empezó a moverse dentro de ella, se miraron intensamente. Julia sentía el inmenso placer, los pezones rozaban su pecho, el roce de su piel era una delicia y los besos, Dios mío, los besos la tenían al borde de la combustión. El corazón le iba a estallar. Era su hombre, que en este momento la acariciaba, y que le prodigaba placer.
—Te amo, te amo, te amo —le susurró Julia al oído.
Se retiró de ella con la respiración agitada y luego hizo algo que solo le había hecho él. Con las piernas dobladas, la penetró cogiendo los muslos debajo de las rodillas, en un acto cultivado y sencillo que tenía nombre propio y que la llevó al orgasmo de forma inmediata. Le mordió el cuello y los hombros, pronunció su nombre como una letanía y volvió con su número a satisfacerla quien sabe cuántas veces más. Envuelta en un inclemente placer se perdió en su mirada de mar que en ese momento estaba oscurecida, hasta que se corrió en ella con un gruñido de placer.
—Eres mía.
Ella lo abrazó y le besó el pecho.
—Siempre lo fui.
Se separaron todavía temblorosos. Julia se aferró a su cuello y lo besó con ternura, conmovida por el momento compartido y lo que la hacía sentir.
—Te amo Nick.
—¿Me vas a amar toda la vida? —preguntó Nick con urgencia.
—Sí.
—Prométemelo, amor, prométemelo.
—Te lo prometo.
Nick la miraba asombrado, a pesar de las experiencias vividas y de la madurez que habían alcanzado con los años, su pasión era exactamente igual, la urgencia por poseerla era algo que no iba a cambiar nunca. Se puso encima de ella y le cogió la cara con las dos manos.
—¿Me has extrañado? —La observaba con un brillo tormentoso en sus ojos.
Julia estaba sorprendida, a pesar del tiempo transcurrido ella había sido importante para él. La miraba y la cuestionaba como si no estuviera seguro de los sentimientos que ella le prodigaba
—Nick —dijo con todo el amor del mundo en su mirada—. Te he amado desde el primer momento en que te vi, esa tarde en casa de los Stuart. Mi vida estos años sin ti, no ha sido completa. Me he realizado en muchos aspectos y he tratado de rehacer mi vida con las pocas relaciones que he tenido y he fracasado estrepitosamente. Siempre te comparaba con los demás, a pesar de que me convencía que ya lo había hecho, nunca te superé. Solo imagínate mi frustración todos estos años —Nick la miraba confundido—. Traté no te lo niego, me sentía presionada, pero no fue agradable. Nunca, óyelo bien, nunca tuve un clímax con otro hombre que no fueras tú; es lo que puedo decir de todos estos años.
—Te amo. Te amo —repetía Nick, ya dentro de ella otra vez embistiendo con fuerza—. Eres mía. Solo mía.
Nick soltó un juramento salió de ella se colocó otro condón, volvió y la penetró con fuerza. Julia abrió más las piernas enganchándolas con fuerza a su cintura cabalgando al mismo ritmo de él, sin quererlo soltar nunca.
—Y tú eres solo mío —contestó con fiereza, hasta que las violentas contracciones que la consumían hicieron su presencia y se perdió en los brazos de su amor.
La noche les quedo corta, se amaron hasta la madrugada. Julia se durmió acurrucada al lado de Nick.
Nick no quería cerrar los ojos. Le parecía un sueño tener a Julia de vuelta en su cama, por fin, que mujer, todo fuego y pasión, solo para él. Ella no tenía idea lo que su confesión le hizo sentir, todos estos años atormentándose con celos e imágenes de Julia con otros hombres, era una mujer apasionada. Y de pronto toda la realidad de su relación había caído ante sus ojos. Tenían que aprender a confiar en ellos nuevamente, debían recuperar lo que habían perdido, se lo merecían después de estar tanto tiempo separados. Gracias Dios mío, por esta nueva oportunidad.
Más tranquilo concilió el sueño.