Capítulo 21

Al día siguiente, a las siete de la mañana, Blas rozó su lomo contra la cabeza de Soraya que dormía plácidamente y la despertó.

La chica abrió los ojos y comprobó que Blas estaba feliz y contento pues traía la cola estirada, las orejas abiertas y los bigotes extendidos hacia delante.

—Buenos días, Blas. ¿Tienes ganas de desayunar?

Blas respondió con un ronroneo y Soraya sonrió encantada de estar acompañada por ese gato tan simpático, que además era del tío que le había hecho pasárselo tan bien la tarde anterior.

—Yo también tengo hambre, pero antes déjame ver si tengo en el teléfono alguna cosita de Eduardo.

Al escuchar la palabra “Eduardo”, Blas de repente se tensó y emitió un gruñido con la boca cerrada.

—Tranquilo, cuchito, tranquilo… —le susurró Soraya a Blas, para calmarle.

Pero Blas, como si no quisiera saber nada de su dueño, se bajó de la cama y abandonó la habitación.

Soraya aprovechó para encender el móvil y comprobar que solo tenía un wasap de su amiga Vera de hacía tres minutos:

Vera: ¡Buenos días! ¿Qué tal con Blas y su dueño? Estoy ansiosa por saber. Jijijiji.

Soraya risueña escribió rápido la respuesta:

Soraya: ¡Buenos días! Blas está aquí, conmigo…

Y a Vera le faltó tiempo para replicar:

Vera: ¿Y el dueño también?

Soraya pensó que eso le hubiese gustado a ella, amanecer con el dueño al lado, pero de momento tenía que conformarse con el recuerdo de esa tarde tan especial.

Soraya: No. Se fue por la tarde.

Vera: ¿Pasó algo?

Soraya: Nos liamos…

Soraya sabía perfectamente lo que iba a suceder tras escribir los puntos suspensivos. Por eso, contó 1, 2, 3… Y ringgggggggggggggggg, ahí estaba llamando Vera.

—¡Soraya, por Dios, cuentaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! —pidió Vera en cuanto Soraya descolgó.

—Fue genial —respondió feliz, mientras se ponía las zapatillas.

—¿Pero cómo fue? Por favor, cuenta con pelos y señales, a ver si puedo copiarte algo. Porque de verdad que me alegro muchísimo por ti, pero dime si no es injusto que yo lleve dos años currándomelo a full y esté a dos velas todavía ,y tú le conozcas y al día siguiente ya lo hayas catado… 

—Fue un accidente, Blas se coló dentro de mi cama y al intentar atraparlo caímos el uno sobre y el otro y sucedió —comentó mientras se dirigía a la cocina a preparar el desayuno del gato.

—¡Madre mía, qué suerte accidentarse de esa manera! Eso a mí no me pasa en la vida, a no ser que llene de cáscaras de plátano el almacén, a ver si hay suerte… Jo, tía, ¿y qué tal?

—En la cama genial, pero fuera de la cama: no le soporto.

—No te quejes, que no se puede tener todo. Y qué quieres que te diga, Eloy es muy majo, nos llevamos genial, nos reímos mucho juntos, somos muy amigos, pero lo cambiaría todo por un buen polvo. ¡Es que no es normal estar en el capítulo 5675 de nuestra relación y que aún no haya pasado nada!

—Yo no podría ser jamás amiga de Eduardo… —habló Soraya diciendo “Eduardo” en voz baja para que Blas, que estaba a su lado mirándola con los ojos bien abiertos, no se alterase.

—¿Por qué susurras su nombre?

—Porque Blas está aquí y se pone de los nervios cada vez que le nombro. ¿Por qué crees que está conmigo? No hubo manera de que se lo llevara a casa, tenías que haberlo visto, cada vez que E. intentaba cogerlo, Blas se ponía con la cola en modo de látigo y en posición de defensa, las orejas tiesas, las pupilas dilatadas…

—Y al final le acabó metiendo la tarascada…

—Sí porque E. se puso muy pesado y muy borde con el rollo de que tenía que regresar con él y Blas con un cabreo total, se cerró en banda y le metió dos zarpazos de los gordos —contó mientras abría el paquete del pienso que había comprado la tarde anterior, después de que Eduardo se marchara.

—Jo, pues por la voz que tiene no parece que sea un tío pesado.

—Es más que pesado, es un cínico hostil, un odiador profesional, desconfiado, agrio, hipercrítico, hiriente, ofensivo, faltón, insensible, cretino… —Soraya se fijó que Blas de pronto había metido el rabo entre las patas y se cayó porque seguro que le estaba agobiando con tanto adjetivo—. No sigo porque el gato se está asustando…

—¿Por qué tiene esa necesidad de llamar la atención?

—Ni idea, tiene un carácter el señor como para hurgar en su infancia…

—Es que esa necesidad de reconocimiento por la vía del odio y esa inmadurez emocional tiene que venir de alguna parte.

—Solo soy fotógrafa y le conozco de dos días, mi análisis no puede ir más allá.

—Tú retratas a la gente, sacas el alma, te pasa como a mí en la tienda, trato con muchas personas y algo sabemos de texturas internas. Vas a tener que descubrir qué pasa con ese tío para ayudar a Blas a regresar a casa.

—Paso de descubrir nada, a mí solo me interesa para el sexo.

—¿Y desde cuando te interesa el sexo sin amor? —preguntó Vera, perpleja.

—Es que nunca había conocido un tío que me atrajera por fuera y le repudiara por dentro. Es la primera vez, y es ideal para el folleteo libre y salvaje, pero él no está por la labor…

—¿Es un cínico romántico? ¿Pero eso existe? —quiso saber Vera, alucinada, mientras Soraya ponía el pienso en el platillo.

—Yo qué sé. Pero el caso es que me ha tocado a mí, resulta que lo quiere todo y yo, como comprenderás, no estoy para amar a un tío que no lo quiere ni su gato…

—Pues con lo mal que está la cosa, yo que tú me lo pensaría. Porque follando bien y con ganas, lo del carácter chungo es muy llevadero. Que se pone borde, te lo triscas y listo. ¡No veo problema ninguno para que te enamores!

—Solo tendría que estar haciendo el amor a todas horas, porque está cabreado siempre.

—¡Quién lo pillara!

—Lo mejor es que él cambie de opinión y nos juntemos de vez en cuando solo para el trikiteo.

 —No va a aceptar ser tu follaenemigo —opinó Vera al tiempo que Soraya dejaba el platillo en el suelo para que Blas desayunara.

—Desde luego que enemigo, se lleva mal con todo el mundo. En fin, ya te iré contando —habló Soraya, mientras Blas se lanzaba a por su desayuno.

—Vale. ¿Luego haces algo? ¿Quedamos a las nueve? Una clienta me ha recomendado un sitio muy mono para cenar y tomar algo…

—¿Va Eloy?

—¿Qué dices? Ni se lo propongo, ya estoy aburrida de tanta excusa. Como no sugiera él algo o me invite a alguna cosita, pero va a ser que no…

—Yo es que mientras esté Blas en casa, no quiero dejarle solo mucho tiempo. Si quieres vente a cenar con nosotros…

—¿Y qué pinto yo con tu follaenemigo? ¿Te estás haciendo tan moderna que también quieres montarte un trío?

—¿Crees que estoy loca? Tía no enteras, ¡no le aguanto! ¿Cómo voy a invitarle a cenar? Le llamaré luego para decirle que Blas está bien y, cuando pasen unos días, le pediré que venga a recogerlo y si surge… pues nos liaremos. Pero nada más…

—¿Y crees que a Blas se le va a pasar lo que tiene en unos días?

—Supongo que sí, no creo que sea tan retorcido y rencoroso como el dueño, que tiene pinta de guardártela por siglos.

—Vete a saber, porque hay cada caso… Ahora que recuerde el de mi tía Pili que como sabes es muy rencorosa y hace un tiempo se enfadó con su gato Jackie, le puso así porque dice que tiene los ojos de Jackie Chan. Bueno pues con el disgusto el gato se piró y se refugió en casa de mi abuela de donde no salió hasta ocho meses después…

—Madre mía. A ver, que Blas no me molesta para nada, pero imagina el coñazo que Eduardo puede llegar a darme, si Blas tarda tanto tiempo en marcharse…

—Míralo por el lado bueno, tendrías excusa para tirártelo durante unos meses, conocerle mejor y quién sabe si enamorarte…

—Eso es el lado thriller, cabrona. ¡Es que ni lo mientes! Bueno, ¿te vienes a cenar con Blas y conmigo, o no?

—Allí estaré…