Benevolencia sin compasión

Cerca de la casa de mi abuelo, sobre una gran cuesta, había un denso bosque llamado Bengadake. En él había un templo conocido porque daba buena suerte a aquellos que oraban allí (de los cuales había muchos entre Naha y Shuri). El bosque mismo era visible para los viajeros de paso a Chūjo Bay.

Una noche, caminando desde la villa de Nishihara, cuando casi había llegado a la cima del bosque de Bengadake, sorpresivamente vi un hombre corriendo hacía mí. Si no me hacía rápidamente a un lado podríamos haber chocado, y aunque estaba bastante oscuro, observé por los movimientos del hombre que no conocía el arte de defensa propia.

Al arrojarse a un campo de caña de azúcar, los altos tallos lo ocultaron completamente. Como no se escuchaba ningún ruido pensé que había tropezado golpeándose la cabeza contra una roca y que había perdido el conocimiento. Sin embargo, aunque lo busqué en el campo tanto como podía debido a la oscuridad, no encontré rastros de él. Extrañado, continué descendiendo hacia una pequeña cabaña donde había un baño público. El hedor era bastante desagradable y me hubiese ido rápidamente si no hubiese visto algo flotando en la suciedad que parecía un melón de color oscuro. El objeto era, no podía haber dudas, la cabeza de un hombre, ciertamente la cabeza del hombre que se había tropezado en el bosque. A pesar del hedor, le dí una mano para ayudarlo a salir de esa inmundicia. Sin una palabra de agradecimiento, se precipitó hacia el bosque tan rápido como pudo.

Justo en ese momento, desde la dirección opuesta vino el sonido de un silbido y tres figuras negras encapuchadas aparecieron en la oscuridad. Antes de que pudiese decir una palabra ellos me habían agarrado. “¡Esperen!” Grité,

“Ustedes han agarrado al hombre equivocado”, en ese momento era evidente que los tres hombres eran oficiales de policía. Diciendo que eran policías, sacaron una cuerda para atarme. Esto sucedió después de que ellos habían estado detrás del hombre que cayó en la suciedad. “Esperen un minuto” yo repetía, “Ustedes están cometiendo un error”.

“No nos mienta” dijo bruscamente uno de los oficiales. “Y no cause más problemas”.

Los tres parecían estar seguros de que yo era el hombre que buscaban, pero yo persistía en negarlo. Pacientemente les expliqué que ellos me habían apresado solo unos pocos minutos después de que el hombre había caído en la suciedad y que luego de ayudarlo, escapó.

Ellos estaban al principio bastante incrédulos, pero luego de repetirles otra vez la historia comenzaron a creerme. Luego me preguntaron que edad tenía el hombre y como era. Yo les contesté que estaba demasiado oscuro como para dar una descripción confiable y que cualquiera podía equivocarse en la identificación. En ese momento uno de ellos corrió hacia el bosque en la dirección que había tomado el hombre. Cuando llegamos al bosque escuchamos una exclamación de un hombre que había encontrado algo tirado en el campo. En ese momento me dí vuelta y vi a otro grupo de policías buscando el mismo reo, quienes lo habían encontrado tirado en el medio de un campo de papas. Él estaba, o parecía estar, inconsciente, y olía muy mal. No había dudas que era el hombre que estaban buscando esos oficiales de policía.

Ellos estaban por atarlo y llevárselo cuando sugerí que primero debían limpiarlo un poco.

“Bien, ¿dónde?” Preguntó uno de ellos con desagrado.

Llévenlo a mi casa” dije. “De todas maneras está en camino a la estación de policía”.

Y eso fue lo que hicimos. Le sacamos sus sucias ropas y lo lavamos bien, luego me sorprendió ver lo que había pasado con él. Desde su muslo derecho corría un hilo de sangre, mientras que su muslo izquierdo estaba negro y azul. Evidentemente se había lastimado cuando se cayó en la letrina y el doloroso golpe que tenía fue aparentemente el resultado de una patada no intencional que le dí cuando giré para evitarlo, cayendo él en el monte.

Sentí una profunda compasión por él, hasta que los oficiales me dijeron que era un preso que se había escapado y que tenía un largo prontuario y estaba preso por robo, saqueo y rapto. Después de esto, mi sentimiento de compasión se desvaneció.