Contra un tifón
Quizás sería más modesto dejar que otra persona describa mis hazañas de la juventud que hacerlo uno mismo. Pero decidido a olvidarme de mi pudor, quiero citar aquí las palabras de Yukio Togawa, no responsabilizándome de ellas más allá de asegurar a mis lectores que el incidente que describo es verdadero. El lector podrá ver rasgos de locura, pero yo no me arrepiento.
“El cielo” escribía el Sr. Togawa, “estaba negro y había un fuerte viento que devastaba todo lo que se ponía a su paso. Enormes ramas eran arrancadas fácilmente de grandes árboles y polvo y tierra volaba por el aire pegando en la cara de la gente”.
“Okinawa es conocida como la isla de los tifones, y la violencia de estas tormentas tropicales no se puede describir. Para evitar la acción del viento que desbastaba regularmente la isla cada año durante la estación de tormentas, las casas de Okinawa eran bajas y se construían tan firmes como era posible; con fuertes paredes de piedra y tejas en los techos aseguradas con cemento.
Pero los vientos son tan fuertes (a veces llegan a velocidades de cien millas por hora) que a pesar de todas las precauciones las casas se resquebrajan y tiemblan”.
“Durante un tifón particular, toda la gente de Shuri se metió en su casa rogando para que pase el tifón sin producir graves daños. No, estoy equivocado cuando digo que toda la gente se metió en su casa, había un hombre joven sobre el techo de su casa en Yamakawa-chō, que estaba resuelto a combatir el tifón”.
“Cualquiera que hubiera observado esta figura solitaria habría seguramente concluido que había perdido el sentido. Usando solo un “loincloth” (N.deT.: vestimenta cubriendo la mitad del cuerpo, doblada entre las piernas y atada en la espalda) permanecía sobre las resbaladizas tejas y tenía entre ambas manos, como protegiéndose del viento, un tatami de estera. Debía haberse caído del techo porque su cuerpo casi desnudo estaba cubierto de barro”.
“El joven parecía tener veinte años o aún menos. Era de baja estatura, apenas mediría más de cinco pies, pero sus brazos eran grandes y sus bíceps abultados. Su cabello estaba cortado como el de un luchador de sumō, con un rodete con una pequeña horquilla de plata, indicando que pertenecía a los “shizoku”.
“Pero todo esto es de poca importancia. Lo importante era la expresión de su cara, grandes ojos brillando con una extraña luz, amplia frente y piel rojo cobriza. Apretando fuertemente sus dientes mientras el viento lo golpeaba violentamente, daba una sensación de tremendo poder. Parecía uno de los guardianes de los reyes Deva”.
“En ese momento el joven asumió una postura profunda, manteniendo la estera de paja en alto contra el fuerte viento. La posición que tomó era impresionante, como montando un caballo. Por cierto, cualquiera que conozca karate se habrá dado cuanta rápidamente que el joven había tomado la posición de jinete, la más estable de todas las posiciones de karate, y él utilizaba el fuerte tifón para refinar su técnica y para tener más fuerza tanto en el cuerpo como en la mente. El viento golpeaba la estera y el joven con un máximo esfuerzo, permaneció en su posición y no renunció”.