Final del secreto
Sucedió en el primer o segundo año de este siglo, según recuerdo, que nuestra escuela fue visitada por Shintarō Ogawa, que era el comisionado de escuelas de la Prefectura de Kagoshima. Entre las varias exhibiciones que se habían preparado para él hubo una demostración de karate. Él pareció muy impresionado por esto, pero solo más tarde me enteré que cuando retornó a Okinawa dio un detallado informe al Ministerio de Educación, alabando las virtudes del arte. Como resultado del informe de Ogawa el karate formó parte del programa de la Escuela Media de la Prefectura de Daiichi y de la Escuela Normal de Hombres. El arte marcial que yo había estudiado en secreto cuando era muy pobre emergió de su encierro y además se ganó la aprobación del Ministerio de Educación. No sé como expresar mi profunda gratitud por Ogawa, pero determiné consagrarme todo el tiempo y esforzarme todo lo posible en la popularización del arte.
Una vez que se tomó la decisión de incluir karate en los programas de escuela se comenzó a recurrir a toda clase de gente. No solo la escuela media sino también la escuela primaria adoptó el sutil arte de defensa propia como parte de sus cursos de educación física y mucha gente vino a mí para buscar consejos y ofrecerme ser instructor. Después de asegurarme el permiso de Azato e Itosu, resolví tener estudiantes y aún puedo recordar la alegría que sentí cuando tuve mi primer clase de karate.
Algunos años después, el Almirante Rokurō Yashiro (quién fue después comandante) llegó con su buque de entrenamiento a un puerto cercano y un día vino a ver la ejecución de los kata de karate realizada por mis alumnos de escuela primaria. Quedó tan impresionado que luego ordenó a sus oficiales y hombres bajo su mando que vean nuestras demostraciones y que luego aprendan el arte. Esta fue, creo, la primera vez que hombres de la marina presenciaron una práctica de karate.
Luego, en 1912, la Primer Flota de la Armada Imperial, bajo las órdenes del Almirante Dewa, ancló en Chūjo Bay y una docena de hombres de la tripulación permaneció durante una semana en el albergue de la Escuela Media de la Prefectura de Daiichi para observar y practicar karate. Así, gracias al entusiasmo del Capitán Yashiro y del Almirante Dewa, el karate comenzó a ser conocido en Tokio, ya que muy poco se conocía de él hasta ese momento. Según recuerdo transcurrieron otros diez años para que los hombres de karate fueran desde Okinawa a Tokio para introducir y enseñar el arte.
En 1921, el Príncipe de la Corona (ahora emperador) se detuvo en Okinawa durante un viaje a Europa. El Capitán Norikazu Kanna, que estaba al mando del destroyer donde el príncipe viajaba, había nacido en Okinawa, y creo que fue él quién hizo la sugerencia al Príncipe de observar una demostración de karate. Esta fue preparada y se me confirió el honor de que esté a mi cargo, realizándose en el Gran Hall del Castillo Shuri. Ya pasaron muchos años de este día, pero aún recuerdo vívidamente lo emocionado que estaba.
Posteriormente me contaron que el Príncipe dijo que se había impresionado con tres cosas en Okinawa: los hermosos paisajes, el Dragón Drain de la Fuente Mágica del Castillo Shuri y el karate.
Fue un poco antes de la visita del Príncipe a Okinawa que renuncié a mi trabajo como maestro de escuela. Aunque parezca extraño, un ascenso causó mi renuncia, debido a que mis superiores me ordenaron ir a una isla lejana del archipiélago, conde tenía que ser el principal de la escuela primaria. Mi madre era anciana y estaba postrada en la cama, y yo, su único hijo, no quería dejarla, así que no tuve más alternativa que presentar mi renuncia. Casi tres décadas de mi vida como maestro de escuela finalizaron, pero estoy contento porque nunca dejé mis conexiones con el sistema escolar de Okinawa. Después de consultarlo con Shoko Makaina, el Jefe de la Biblioteca de la Prefectura de Okinawa, y Bakumonto Sueyoshi, el gerente editor del Okinawa Times, organicé la Sociedad de Protección de Estudiantes de Okinawa y luego fui su director. Al mismo tiempo establecí otro grupo con la ayuda de mis colegas, la Asociación de Okinawa para el Espíritu de las Artes Marciales, para lograr la unificación del Karate-dō.