CAPÍTULO 22
Laura cogió el sobre con manos temblorosas.
Dentro, había una carta, con la letra pulcra de su madre, pero las palabras de su padre:
Hija querida;
Te imploramos perdón. De rodillas, si es necesario.
Te criamos, cómo a una princesa, y queríamos lo mejor para ti.
Disfrutamos de cada avance tuyo a medida que ibas creciendo, con ese ahínco por cuidar de los demás. Siempre compadeciéndote del prójimo. Eso nos enorgulleció siempre. Siempre has sido nuestra adorada niña.
Nos empeñamos en que sobresalieras en todo, que fueras la mejor alumna, hija, hermana… te moldeamos cómo nosotros quisimos. Hoy, sentimos que hubo abuso de poder y mucha manipulación de nuestra parte.
A pesar de todo nos hiciste frente, y continuaste con tu vida, elegiste tu carrera de enfermería, imponiéndote cómo contrincante. No pudimos evitarlo.
Lograste traspasar esa barrera.
Creciste y te enamoraste pero del hombre equivocado. De ese que tiene sangre de ladrones.
Esperamos de corazón que para cuando termines de leer esta carta nos puedas perdonar hermosa hija.
Te prohibimos verlo a ese Saavedra hijo, sin embargo, lo veías a escondidas, cada vez que podías. Te estarás preguntando cómo lo sabemos, tenemos contactos, y muchos.
Cometiste un segundo error, quedar embarazada de ese hombre, eso nos destrozó la vida.
Hoy entendemos la injusticia que cometimos con tu vida, elegimos por vos, decidimos por vos, y eso, en este preciso momento, nos quiebra el alma.
La decisión de enviarte lejos para que te olvidaras de él, fue un error nuestro, fuimos imperdonablemente egoístas. Teníamos miedo al “que dirán”, imaginate, la hija de los Pérez Méndez, esperando un bebé de los Saavedra, ¿cómo explicar eso ante la sociedad?
En estos momentos no sabemos cómo explicarte a ti, el por qué de la decisión que tomamos de enviarte, embarazada a ese lugar. Sabíamos que estarías bien cuidada, pero no pensamos en el dolor que te causamos. Lo lamentamos desde lo más profundo del corazón.
Enviamos a tu tía María, para que estuviera cerca de ti, aunque vos no lo sabías, ella nos mantenía al tanto de todos los detalles, y de la evolución de tu embarazo.
Erróneamente dejamos que te alejaran de tu bebé.
Cuando nos enteramos que habías sufrido un episodio de pérdida de memoria nos contentamos, y creamos toda esa historia del stress del cambio de cultura…
Te subestimamos hija, nuestro odio por la familia Saavedra nos cegó hasta el punto de tratarte cómo a nuestro peor enemigo.
Perdón Laura.
Tu bebé. Sol, se encuentra bajo la tutela de María, esa tía lejana que con todo el dolor del mundo aceptó cuidar de esa niña hasta que volvieras. Pensábamos darla en adopción para que nunca te enteraras de lo sucedido, pero ella, se impuso.
Pero cuando volviste, aún no recordabas, lo cual fue un as ganador para nosotros, no podíamos revelarte la verdad. Simplemente no sabíamos cómo. Entonces guardamos ese secreto.
Pero cómo las mentiras tienen la osadía de salir a la luz en los momentos menos esperados, un día lo volviste a cruzar. A ese hombre. Corriste con la mala suerte de que tu madre los viera juntos, otra vez.
A partir de ese momento, toda la mentira creada, se fue escapando de nuestras manos… y salió a la luz.
No podemos creer todo el daño que te causamos. Necesitamos que en algún momento de tu vida, nos logres perdonar.
Laura, leyó en voz alta las palabras de sus padres, sin inmutarse. Hizo una pausa, apoyó la carta sobre su falda. Cerró los ojos y tomó una larga y lenta inspiración, al dejar escapar ese aire, dejó salir lágrimas contenidas, lloró llevándose las manos al pecho.
Al verla, Martín le dio un abrazo, la sostuvo y contuvo, hasta que él no pudo más y lloró con ella.
Los amigos que estaban presenciando la escena salieron de la habitación para dejarlos solos. Ellos también lloraban y sufrían.
Cuando sus lágrimas cedieron, se miraron a los ojos y se abandonaron a un largo y tierno beso.
Laura sintió las manos de su hombre acariciar sus mejillas. Se encontró reflejada en sus ojos, mientras sus labios susurraban en los de él.
—Mi corazón siempre ha sido tuyo.
—Lo sé, pequeñita, lo sé. Ahora lo entiendo todo. Mi corazón te pertenece.
Se volvieron a abrazar hasta que unos golpes suaves en la puerta los hizo volver a la realidad.
Eran sus amigos quienes entraban decididos a colaborar en la búsqueda de Sol.
—No he terminado de leer la carta, no sé si podré continuar, ¿alguien se anima a leerla para mí?
Mariana, la rubia preciosa, la loca que había enfrentado al viejo mal parido, tomó la carta y continuó:
…” Sol está muy bien cuidada y educada, es una niña preciosa de ojos verdes y cabello oscuro, es una dulce princesita igual que lo eras tú cuando tenias su edad.
María fue quien la cuidó todo este tiempo, estuvieron en una ciudad de la India, hasta que tú volviste a Buenos Aires, y luego, cuando creímos estar seguros de que no la recordabas, hicimos todo lo posible para traerla a Argentina, lo logramos, con la condición de contarte la verdad, aunque no nos creyeras.
María fue quien vino a nuestra casa una tarde que tú estabas trabajando, agradecimos al cielo que no estabas. Porque no sabíamos cómo enfrentarte.
Le pedimos por favor que nos diera tiempo, para prepararte y así poder revelarte la verdad. Pero el destino no estaba de nuestro lado. Estaba del tuyo. Hoy están muy cerca de nosotros. Y podrás verlas cuando salgas de aquí.”…
—Se lee una dirección, un número de teléfono y un final asquerosamente empalagoso —terminó Mariana mientras le entregaba la carta a su amiga.