CAPÍTULO 5

-Martín-

 

Martín no podía creer lo que acababa de suceder. No daba crédito a ninguna de todas las sensaciones que se apoderaron de él desde que la volvió a ver hasta el momento en que se despidieron con un beso tan tierno cómo  pasional.

Había soñado tantas noches y visualizado tantos días, meses y años esos encuentros, que ese día tras haberla visto de nuevo y haberla hecho suya, aún tenía la leve impresión de que no había sido real.

No lograba entender a su propio ser por tal actitud de abordarla cómo  si el dolor del pasado nunca hubiera existido.

El dolor había vuelto. Y los sentimientos de amor por ella, también.

Todo había ocurrido con  tanta rapidez que él se había comportado cómo  lo hacía últimamente cuando una mujer le atraía muchísimo.

Se martirizó pensando que tal vez podría haber tenido un poco más de delicadeza en semejante reencuentro amoroso.

Después de luchar con su mente y pensamientos durante unos minutos, se dio cuenta de que ella no había puesto resistencia alguna. Tal vez, ella sí lo recordaba y solo estaba jugando. Pero en su mente racional no cabía la posibilidad de que fuera un juego. Ella lo había olvidado.

Él la haría recordar.

Al fin la había vuelto a encontrar y no la perdería de vista.Nunca más.

 

                                           ***

 

Volví al coche tras haberla besado y hecho mía otra vez, Laura descontrolaba todos mis sentidos.

Conduje hasta la casa de mi gran amigo Pablo. Llegué sin apenas respirar y pestañear para que no se me saltaran las lágrimas. Sin querer pensar en el caprichoso destino que me dejaba verla otra vez. Amarla otra vez. Y de desearla de tal manera que se revolvía todo mi interior.

Un deja vu jugándome una mala pasada de esas en la que uno quiere ganar.

Pablo siempre había estado en lo bueno y en lo malo. Necesitaba contarle lo que me estaba sucediendo. Pedirle consejo y tal vez algún que otro reto.

Toqué el timbre un par de veces hasta que por el portero automático me contestó una voz de mujer. Le dije que necesitaba ver a mi amigo y ella me invitó a subir con voz de fastidio, cómo  si mi aparición hubiera interrumpido algo interesante. Algo tan frívolamente interesante cómo  el sexo.

Cuando la puerta se abrió salió una rubia exuberante y siliconada, que me miró de arriba a abajo. Y cómo  si se creyera que me pudiera conquistar me saludó con un guiño de ojos con pestañas postizas. A mí, que estaba todo roto y descontrolado.

Solo le sonreí por cortesía y pasé sin ser invitado.

—¿Qué te pasa, macho? ¿Por qué traes esa cara?—. Indagó Pablo recordando que las veces que he pasado por su casa sin avisar habían sido por algún problema que me ahogaba o porque necesitaba de su opinión.

Pablo había estudiado psicología en la Universidad de Buenos Aires. Estaba muy solicitado tanto por sus muchos pacientes cómo  por muchos conocidos de estos. No me atrevería a decir que era una eminencia pero sí que era alguien importante en el mundillo de los “fuera de eje” cómo  les llamaba él cómicamente.

Nos sentamos en los sillones del enorme salón de su apartamento. Mejor dicho, él se sentó, yo me desplomé en el sillón… Me sostuve la cabeza con las manos cómo  si me pesara realmente.

—La volví a ver man.

—¿A quién, Tincho? —. Preguntó mi amigo utilizando cariñosamente mi apodo, seguramente preocupado al ver mi cara.

—A ella.

—¿A quién boludo?. No te hagas el misterioso. Tu cara esta distorsionada, tenés una mezcla de goce y miedo terrible, ¿a quién volviste a ver?

—A Laura, man.

—¡No me jodas! ¡Que no estoy para chistes! Tomemos unos mates y me contás.

—No, te lo juro por mi hermano, que no te estoy jodiendo. Me sigue volviendo loco, pero no se acuerda de nada… por lo que tengo entendido y eso me aterra y me genera un puto sentimiento de opresión en el medio del pecho.

Mientras nos tomamos unos mates le conté cómo la había vuelto a encontrar y cómo me costaba despegarme de ella y lo que me estaba cuestionando desde el momento que la había visto toda mojada en la farmacia.

—¿Cómo puede ser que ésta mujer no se acuerde de mí?, ¿qué le habrá sucedido en todo éste tiempo para que haya olvidado de lo que vivimos juntos? ¿Recordará ese hecho tan traumático cómo  lo recuerdo yo? ¿Cómo preguntarle sin que huya? La quiero a mi lado, pero no quiero que una mentira o algo que ella debería saber opaque lo nuestro, si es que todavía hay algo.

Pablo me escuchaba con atención y sin interrumpir, me sentía más cómo  un paciente que cómo  su amigo.

—Sé que la voy a reconquistar y que también la vuelvo loca. Pero, no sé cómo puede llegar a reaccionar si tocamos ese tema. Ella me preguntó qué había pasado y le dije que dejáramos ese tema para más adelante y que nos disfrutáramos. Pero... ¿Hasta cuándo lograré disfrutar de todo su ser sin ser sincero?

—Tincho estás jodido y hasta las manos. ¿Vos te acordás de los detalles? Hace tantos años atrás pero yo los recuerdo cómo  si hubieran sucedido ayer. Esa situación te arruinó. No me gustaría verte tirado otra vez.

—Claro que me acuerdo. El padre me odiaba y yo creo que todavía lo debe hacer. Pero lo que no entiendo es qué le habrá pasado a Lau para que ella me haya borrado de su vida de esa manera.

—Pasaron muchos años, ¿cinco o seis tal vez?. Muchísimas cosas pueden haber sucedido. Tenemos varias opciones; crear hipótesis, investigar con algún conocido de ella, alguna amiga.

—Sí Pablo, lo sé… mi organismo lo viene sufriendo desde hace cinco años cada mes de Agosto, maldito mes en el que ella desapareció de mi vida, en el que me echaron de su vida cómo  a un pobre diablo. ¿Vos te acordás de su amiga Mariel? ¿Habías tenido una historia con ella, o me equivoco?

—Cinco años man, eso es bastante tiempo, no me acordaba en qué mes había sido, pero sí lo que sufriste. Por algo la vida la volvió a poner en tu camino Tincho. Creo que deberías relajarte, volver a tus clases de Kick Boxing y descargar un poco. Me acuerdo de Mariel, pero no sé si sigo teniendo su número; ella y su otra amiga también desaparecieron de nuestras vidas en cuanto sucedió lo feo. Tal vez ellas también se alejaron de Laura. No lo sabemos, no nos quememos la cabeza. Iremos viendo de a poco cómo se van dando las cosas. Yo voy a buscar la forma de contactarme con Mariel, mientras tanto vos, volvé a hacer algo para relajar tu cuerpo.

—Gracias macho, necesitaba contarte, charlar, no sé. Es cómo que todos los recuerdos, todo el amor todo el sufrimiento, vienen en forma de torbellino imparable. Me acómo dás un poco cada vez que hablo con vos.

—De nada, para eso estamos los amigos. Estoy pensando en que la otra opción sería charlar con Laura directamente, ¿te animas?, ¿le preguntarías sobre qué hizo todo este tiempo?, ¿si viajó?o ¿si conoció a alguien?, ¿qué le sucedió?… ¿por qué todavía está sola?...tal vez aclare algo.

—No, de eso nada, no me animo, la quiero disfrutar a ella, su cuerpo me reconoce, mi cuerpo ama al suyo… hay una conexión que es muy difícil de poner en palabras. Eso está descartado, vayamos por las demás opciones.

Y así, seguimos charlando, hasta la hora de cenar que nos tomamos unas cervezas negras acompañando una pizza.

Esa noche volví a mi casa con millones de preguntas más de las que tenía antes de ver a mi amigo. Me había dejado llevar por mi cuerpo bloqueando totalmente el pasado. Pero ahora, el pasado me invadía, me lastimaba, me daba muchísima curiosidad y me sacudía el alma.

Me costó muchísimo pegar ojo. Me entretuve con mis pensamientos, terriblemente divididos. Por un lado, algo dentro mío me decía que la siguiera viendo, para reconquistarla y para averiguar qué le había sucedido, pero por el otro, que dejara el pasado en el pasado y con ello a Laura atrás, cómo  lo había hecho ella. Porque ella no me había buscado, no había tratado de contactarme ni nada. Solo fue una osadía del destino que la volviera a encontrar.

Trataría de hacerle caso a mi amigo. Volvería a tomar clases de Kick Boxing por la mañana y dejaría enfriar unas horas mis deseos e inquietudes.

Tu secreto, mi destino
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