19 Nuevos proyectos

«YO, Pirela Alen, de la Comunidad de Ni, escribo estas líneas a petición de la Corte de Responsables, que desea conocer los últimos detalles, de nuestro viaje.

»Cuando Rispérim nos dejó, Fimo se hizo cargo del grupo. Encendimos solamente una linterna, para evitar quedarnos sin pilas, y nos metimos en la caverna más próxima. Había allí una sala enorme. Bajo una alfombra de polvo y piedras existía un enlosado muy bonito. Me pareció que las paredes estaban pintadas con murales de paisajes, pero no hubo tiempo para comprobarlo. Cuando limpien la suciedad y pulan las losetas, se verá la entrada en todo su esplendor. Fimo se llevó la linterna y examinó las otras cuevas.

»—Seguramente, las cuatro comunican con el Exterior —nos dijo—. Tomaremos por esta misma.

»Los dos o tres kilómetros iniciales estaban en buen estado, pero luego el pasaje se estrechaba y nos tocó andar agachados, como en el túnel de las Grandes Montañas.

»Nos entró sueño en el pasadizo y nos echamos como pudimos. ¿Habéis dormido alguna vez en un pasillo de medio metro de ancho? Pues no os lo aconsejo. Es un latazo, sobre todo si hay piedrecillas bajo vuestra espalda.

»A la mañana siguiente dimos con una gruta inmensa adornada con columnas de piedra blanca. La mitad estaban en el suelo, partidas en trozos.

»—Las ha debido de derribar un terremoto —supuso Aralia—. O tal vez docenas de pequeños terremotos.

»Todos miramos hacia arriba, temiendo que el techo plagado de estalactitas se desplomara y nos convirtiera en papilla. La idea de estar en el centro de la cresta, con miles de toneladas de roca encima de nuestras cabezas, nos impresionaba bastante.

»El resto del día fue monótono: andar y andar, parando a ratos para comer y recobrar el aliento. Cuando los relojes nos indicaron la hora de dormir, dispusimos los sacos en un ensanchamiento. Mela no podía dormir. Los nervios la atacaron y nos los contagió a los demás.

»—¡Mami y papi están al final de este túnel! —chillaba—. ¿Te das cuenta, «Lula»?

»"Lula", para quien lo ignore, es su muñeca preferida. Tiene mal aspecto y un ojo colgante, pero a mi hermana le gusta.

»Nuestra salvación fue Aralia. Sabe un montón de leyendas y calmó a Mela con una larga historia.

»De la segunda mañana no recuerdo nada especial. En cambio, por la tarde, empezamos a oler algo fresco que corría por las paredes.

»—No falta mucho para la salida —dijo Fimo.

»Él no tiene experiencia en túneles, pero la proximidad del aire libre se nota en seguida.

»Nosotros hubiéramos caminado con gusto toda la noche, pero Fimo se opuso. Nos dijo que debíamos dormir las horas necesarias. Entonces, Mela volvió a enfadarse.

»—Obedece —le ordenó Ustrum—. Rispérim dijo que Fimo se ocuparía de cuidarnos, y eso es lo que está haciendo.

»Para reconciliarse con Mela, Fimo tocó la narelina a una sola mano, pues se ha roto un brazo y lo lleva en cabestrillo. La narelina tocada por un tubo suena como una flauta, pero más dulce. Oírla era como estar tumbada en un campo de hierba dorada, alta y resplandeciente. No recuerdo nada más. Dormí de un tirón hasta el día siguiente.

»Nos levantamos temprano. El pasillo de piedra se iba ensanchando poco a poco, Ustrum marchaba soto, delante. De pronto, tropezó con un bulto y se cayó. En mitad del túnel, un baúl antiquísimo obstruía el paso… y luego otro, y otro más… cerca de cincuenta, creo.

»Abrimos dos baúles solamente, porque las cerraduras se habían oxidado y costaba mucho hacerlas saltar. Probablemente, aquellos cofres formaban parte del equipaje de nuestros antepasados, los que huyeron de la Nube. ¡Si vieran qué cosas sacamos de dentro! Diademas de oro y turquesas, trajes bordados con plata, cristal y perlas… Desde luego, esa gente había perdido el juicio, con una ropa tan pesada no podrían ni ponerse de pie. No me extraña que la dejaran abandonada en el túnel.

»Seguimos caminando, pero por poco tiempo. Un derrumbamiento de rocas había taponado el pasadizo. En algunas partes había grietas por donde se filtraba un aire puro y frío. Una grieta mayor dejaba ver un pedazo de cielo y un trocito de bosque. ¡Los bosques del Valle Amarillo!

»—¡Viva! —gritábamos todos—. ¡Hemos llegado!

»Con la pala y los picos agrandamos el agujero. Los dos menores lo atravesaron limpiamente, y Aralia y yo tampoco tuvimos dificultades. Lo gracioso vino cuando Fimo pretendió seguirnos. Se atrancaba al querer sacar los hombros.

»—Adiós, Fimo —le dijo Aralia muy seria—. Tenemos prisa y no podemos esperarte. Regresaremos a recogerte un día de estos.

»Hicimos la comedia de alejamos de allí. Fimo nos dedicó una mirada tan patética que se nos escapó la risa.

»—Qué tonto eres —se burló Pirela—. ¿Cómo te íbamos a dejar ahí?

»Aumentamos la anchura del hueco y nuestro amigo, polvoriento y una chispa enfadado, puso los pies en el exterior.

»—No te enfurruñes —le dije yo—. Mira en torno tuyo. ¡Estás en la tierra de los rosados!

»El Valle Amarillo se abría a nuestros pies, sumergido en una niebla del color de los ranúnculos que crecen en los ríos.

»—El Exterior es muy hermoso —dijo Fimo sonriendo.

»Hicimos una entrada triunfal en el primer pueblo del Valle… Bueno, lo de triunfal es un decir. Nos cruzamos con varias familias amigas, pero nadie nos reconoció. Fimo atraía las miradas de todos y la gente apenas se fijaba en nosotros.

»—¿Dónde vive el Responsable? —preguntamos a un mirón.

»Se ofreció a guiarnos él mismo. Creo que se equivocó de camino, de tan pasmado como estaba. Después de hacernos dar unos rodeos muy tontos, nos depositó en casa del Responsable. A partir de entonces todo forma un lío en mi cabeza. Las preguntas y las explicaciones se prolongaron hasta el oscurecer. Dieron aviso a nuestras familias y a los padres de Aralia, que viven en el poblado vecino.

»El encuentro con su hija fue muy emocionante. Lloraron como fuentes, pero es comprensible. El hermano de Aralia no lloró, aunque se rascaba la nariz a cada instante, como si le picara. Yo le conocía de vista y me resultaba simpático.

»Cuando los padres de Ustrum y los nuestros llegaron, casi fue peor. Mela se abrazó a mamá y no se descolgó de ella hasta que la acostaron. Los mayores no se enteraban: tuvimos que repetir la historia de principio a fin.

»—¡Muy sencillo! —exclamó Mela, harta de preguntas—. Entramos en la Arista por las Grandes Montañas y salimos por la Cresta. ¡Ya está!

»La cosa, en realidad, era así de simple, pero nos costó mucha saliva hacérsela comprender.

»Dos días más tarde, la carta del Gran Guardián fue leída públicamente en los pueblos del Valle. Nos hemos convertido en los niños más famosos de la Comunidad. Nos saludan por las calles y Fimo se ve asediado cuando sale de casa de Aralia. Me parece que a las chicas rosadas les gusta mucho. ¡Pobrecillo!

»Los parientes de los niños caídos en la Arista acudieron desde todos los puntos del Valle. Querían noticias de sus hijos y hermanos.

»—Los aristanos los recogen y los cuidan bien —aseguró Aralia—. No se preocupen por ellos.

»Han transcurrido seis días desde nuestra llegada La gente del grupo ya se prepara para el próximo vuelo al Valle Blanco. Sin embargo, nosotros y nuestras familias nos quedamos. ¡Ah!, y las familias de los niños perdidos en la Arista. Los mejores historiadores, botánicos y sociólogos también nos acompañarán al Valle Encantado. Emprenderemos la expedición en cuanto el equipo esté dispuesto».

PIRELA DEPOSITÓ LA PLUMA en la mesa y miró el reloj. Daban las seis y media.

—¡Qué horror! —se alarmó—. Sólo dispongo de hora y media para arreglarme.

A las ocho se celebraba una fiesta en honor de los aventureros y deseaba causar buena impresión. El vestido que le había regalado Pirreno Zyr, planchado y limpio sobre su cama, parecía una ramo de flores silvestres. Cuando se duchara y se perfumara, la propia Pirela pasaría por una flor.

Ustrum y Mela abrieron la puerta de golpe. Habían estado colgando farolillos en la sala de baile y traían noticias frescas.

—Sé un secreto —anunció la pequeña—: Fimo va a ser nombrado Miembro de Honor de la comunidad.

—Estupendo —aprobó Pirela.

—¿Ya has escrito el resumen del viaje? —le preguntó el niño.

—Sí, y me ha gustado hacerlo. Cuando sea mayor… mayor del todo, mejor dicho, seré escritora.

Mela aplaudió su decisión.

—Buena idea. ¿Harás poemas?

—No, no sirvo para eso. Viajaré y escribiré lo que vea.

—No es por desanimarte —dijo Ustrum—, pero nadie leerá tus libros. La gente preferirá visitar el Valle Encantado personalmente.

Pirela se levantó. Una expresión soñadora iluminaba su cara.

—Hay doce Aristas en el planeta, como sabéis muy bien. Las ocho que bordean los Valles Gélidos pueden estar despobladas por el frío, pero las tres restantes…

Ustrum se llevó el dedo a la sien.

—El viaje te ha estropeado la sesera. ¿No te ha bastado con las emociones de la Arista? ¿Necesitas más?

—Pienso averiguar si están habitadas —continuó su amiga, sin prestarle atención—. Le pregunté a Fimo si en las otras Aristas vive gente de su raza, pero lo ignora. Nosotros exploraremos esas tierras, solos o con Aralia y Fimo… O con Rispérim, si se decide.

—Con Rispérim si iría —accedió Mela.

Ustrum la taladró con la mirada.

—Ya te ha engatusado tu hermana, ¿eh?

—Al oírte —dijo Pirela—, nadie pensaría que te lo has pasado bien. Pues parecías muy feliz encontrando bichos y comiendo especialidades aristanas, muchacho.

—Sí, no lo niego. Pero necesito descanso. Y tú, ¿te has fijado en la hora que es? Con lo que tardas en emperejilarte, te perderás la mitad de la fiesta.

Al salir los pequeños, Pirela sonrió.

«Los convenceré —dijo para sí—. Ya lo creo que los convenceré».

Todavía sonriendo, cogió sus ropas y se encaminó al cuarto de baño. En aquellos instantes, no había en el planeta Lumbánico una persona tan feliz.