EDITORIAL
UNA CIUDAD INSTANTÁNEA
Hace algunos números (exactamente en el 13) dimos la noticia de que una emisora alemana había emitido el programa El día de la margarita, en el que se describía la perfecta sociedad de consumo existente en el año 2070.
Una sociedad de consumo tan perfecta, que —según nos narraba Hermann Ebeling, autor de la obra— los habitantes-consumidores de una ciudad la abandonan cuando es declarada «anticuada».
Estoy seguro que más de uno de nuestros lectores pensó, en aquel entonces, que esto de las «ciudades obsoletas» era otra de las ideas ridículas que sólo podía ser aceptada como motivo de algún buen relato de SF, pero que, como tantas otras proposiciones disparatadas de la SF, nunca se daría en la práctica.
¿Una ciudad que era abandonada tras su uso?... ¡Tonterías!
Pues bien, hace unas semanas, yo he estado en una de esas ciudades, en la isla de Ibiza.
Una ciudad que, tras un solo uso, ha sido abandonada por sus habitantes, y su material de construcción «recuperado» por los campesinos ibicencos, que lo utilizan para cubrir sus pajares.
Me explicaré, pues creo que bien vale hablar un poco más de esta idea de SF que fue la Ciudad Instantánea de Ibiza.
Todo comenzó cuando un grupo de jóvenes arquitectos barceloneses se enteraron de que en el Congreso Mundial del Diseño Industrial, a celebrar en las Islas Baleares, se deseaba hallar alguna forma de participación para los jóvenes estudiantes de diseño, que por su debilidad económica no podrían asistir al Congreso de una forma normal, esto es pagando las altas cuotas que les darían acceso a los lujosos hoteles en los que se iban a alojar los profesionales ya establecidos.
Entonces, a ese grupo de arquitectos, se les ocurrió una idea similar a la de Hermann Ebeling, pero más aplicable a la realidad de nuestro momento actual; en lugar de pensar en un camping o algo similar en el que albergar a los estudiantes, ¿por qué no imaginar una verdadera ciudad, pero «de un sólo uso»?
Una ciudad que naciese para el Congreso, y muriese cuando éste hubiera terminado.
¿Idea absurda, de SF?, quizá, pero el caso es que ellos la propusieron, y que su propuesta fue aceptada...
Luego, fue cuestión de elegir el mejor sistema para la realización de la ciudad; decidiéndose escoger el propuesto por otro joven arquitecto madrileño, consistente en unas estructuras hinchables de plástico, con un sistema de sustentación a base de inyección de aire por ventiladores.
Una verdadera ciudad, porque se estudió para que fuera auto suficiente, con su propia fuente de energía eléctrica y de agua, con sus servicios y su abastecimiento de alimentos, con su población autónoma y su sistema de gobierno.
Sí, una absurda idea de SF, que se llevó a la práctica.
Y que hasta me dio motivo para comprobar alguna de las otras ideas propuestas por autores de SF: la facilidad de convivencia entre jóvenes de la «contracultura», la superación de las barreras del idioma y costumbres ante el enfrentamiento con una tarea superior (en este caso la edificación de la ciudad) común, etc.
Amigos, está visto: igual que nuestros padres y abuelos metieron la pata cuando se rieron de quienes les hablaban de vuelos interplanetarios y desintegración del átomo, o vuelos por el aire y ferrocarriles, respectivamente; hoy podemos volver a hacer el ridículo nosotros, si nos reímos de los autores de SF que nos hablan de cosas tan absurdas como ciudades obsoletas, o de un sólo uso...
Abramos nuestra mente al campo de las posibilidades que es explorado por los adelantados de la fantasía, los escritores de SF.