Violencias mentales
Que “todo está en la mente”, es una de las frases más ciertas que existen. El poder mental es “el poder”. Vamos, ¡que me río yo de la fuerza del tipo ese de negro con asma de la Guerra de las galaxias! ¡Solo con imaginarnos las cosas llegamos a tener la sensación de haberlas vivido! En la mente tenemos en botón ON/OFF de nuestros actos, aunque a veces se nos enciende sin poderlo controlar. A mí, por ejemplo, esto me pasa conduciendo. Me sale la poligonera de mi interior, oye. Y como encima dé con alguno de estos hombres que se siguen picando con las mujeres en las autovías, es que me pongo a gritarle cosas como: —“¿¡Pero dónde te crees que vas, payaso!? ¿¡Es que no ves que hay un radar, iMbécil!?”—, (¡porque con la eme se te llena la boca!) Y que no razono, oye… Se lo grito como si no hubiera un mañana, ¡como si me fuera a oír!
La mente nos puede hacer vivir nuestra propia telenovela: cuando nos gusta alguien, cerramos los ojos, nos imaginamos con esa persona y… ¡A dejarse llevar como una mari en un mercadillo! Ojo, y que vale para sueños románticos o para los erótico-festivos, ¿eh? Eso ya depende de quién sueñe y con quién se lo imagine. Probablemente, el sueño de la chica será más subido de tono que el de un chico. Que cuando nos ponemos tontorronas… ¡Nos ponemos muuuy tontorronas!
Pero también nos permite soñar y sentir esas cosas que jamás haremos, las prohibidas, las mal vistas, las que no se deben hacer. Por ejemplo, dicen las malas lenguas que Carmen Lomana a veces se visualiza a ella en chándal por Lavapiés vocalizando al pedir un kebab. Y es que ¿quién no ha sentido un brote violento alguna vez, cuando ve a un perro horrendo de estos que parecen ratas, feo como un orco? Uno de esos chuchos que se ponen a violarte la pierna mientras hablas con su dueño, ¿sabéis, no? Que tú miras al dueño y le señalas al perro como para que lo pare y él está tan enamorado de su engendro que solo te sonríe como diciendo “¡Qué lindo, cómo te quiere!”. ¡¡Madre del amor!! Solo puedes imaginar, cada vez miras hacia abajo y ves a ese mini acosador gozando con tus vaqueros, que le metes una patada de las que hacen historia: ¡¡PIMBAAAA!! ¡A tomar vientos el superratón! ¡Por eso mantienes la compostura con el dueño! ¡Porque tu mente te está desahogando!
Creo, amigos, que esta es la solución a las riñas de pareja, sobre todo cuando el otro te está poniendo al borde del disparadero. Con razón o sin razón, pero a ti te revuelve entero/a así que, cuando estéis en plena discusión, imagina que le estás pegando esas patadas perrunas, o empotrándole contra las cuerdas en un ring de boxeo o, para los niveles más avanzados, imaginando que los dos sois un dibujo manga con los goterones de sudor por la cara… ¡Y verás cómo te invade la calma, el desahogo… y podrás discutir mejor! ¡Sin ofuscarte y, por supuesto, sin tanta agresividad! Que para eso has soltado toda la rabia en su cara… ¡pero en tu cabeza! Que, si eres chica, sabes que acabarás ganando la discusión, vale, ¡pero si te allanas el camino mucho mejor, amiga!
¡Yo creo que lo ideal sería hacerlo juntos! Imaginemos cómo sería una bronca, usando el método kick-boxing mental:
ÉL: ¡Me tienes harto, Sonia! ¡Eres una loca del orden, estás obsesionada!
ELLA: ¡Ja! ¡Yo obsesiva, dice!
ÉL: ¡Obsesionada!
ELLA: ¡Es lo mismo, payaso!
ÉL: ¡No es lo mismo y no me insultes!
ELLA: ¿¡Desde cuándo “payaso” es un insulto!? ¡Es una manera de hablar, coño!
ÉL: ¡Hablas tú bien por las narices!
ELLA: ¡Hablo como me sale del moño!
ÉL: ¡Te juro que no sé cómo te aguanto!
ELLA: ¡Pues porque sin mí se te caería la casa encima!
ÉL: ¡Ja, ja y ja! ¡No lo soportarías! ¡Uuuuh… la casa desordenada con los platos llanos mezclados con los hondos!
ELLA: ¡Que no te burles de mí, copón bendito ya! ¡Me están dando unas ganas de pegarte un puñetazo que no te lo imaginas!
ÉL: ¿¡Ah, sí!? ¿¡De verdad!?
ELLA: ¡Pues claro!
ÉL: ¡Pues venga, valiente! ¡Imagina que me estás empotrando contra la pared!! ¡Vamos!
En ese momento ella cierra los ojos, lo visualiza y grita del esfuerzo, claro…
ELLA: ¡Aaaaaaahhhhh!
ÉL: ¿¡Qué, más a gusto!?
ELLA: ¡Pues sí! ¿¡Y tú!?
ÉL: ¡La verdad es que a mí también me han dado ganas de darte un empujón que te salieran pajaritos de la cabeza como los dibujos!
ELLA: ¡Pues venga, dame si tienes lo que hay que tener!
En ese momento él cierra los ojos, lo visualiza y procede en su cabeza… Primero grita ¡y luego le entra la risa!
ELLA: ¿¡De qué te ríes, idiota!?
ÉL: ¡Te han salido golondrinas, tía! ¡Qué bueno!
Ella se ríe pero no quiere. Trata de hacerse la fuerte…
ELLA: Pues menuda me has tenido que soltar, ¿no?
ÉL: ¡No te lo imaginas! ¡Por lo de los platos y por cada vez que me riñes porque los cojines de la cama no los pongo exactamente donde tú dices que van!
ELLA: No es que yo lo diga… Es que van ahí…
ÉL: Ya, claro… Que venían en las instrucciones del Ikea, no te digo…
ELLA: Vienen en las del sentido común…
Él se vuelve a reír como antes y entre risas trata de finiquitar…
ÉL: ¡Tenías que haberte visto, tía…! Golondrinas y un chichón en plan Coyote y Correcaminos… ¡Jajajajajaja!
Ella se ríe, es inevitable…
ELLA: ¿¡En serio!?
ÉL: ¡Te lo juro, amor! ¡Esta técnica de desahogo me encanta!
ELLA: Y a mí, cariño…
Y se besarían y harían el amor como auténticos locos después de haber sido los reyes del tatami en sus cabezas… Lo que pasa es que, siendo realistas, cabe pensar que habría un segundo asalto en breve. Cuando, en pleno momento post-arrebato marital, ella asustada y reflexiva preguntara:
ELLA: ¡Ay va, cariño! Ahora que me doy cuenta… ¿¿Tú has visto hoy a mi madre??
ÉL: [Plácidamente, con sus ojos cerrados] La tengo contra las cuerdas…
La cuestión es que a mí me ocurre algo raro y no sé si esto le pasa a más gente pero… Yo cuando encuentro que algo es muy bonito, muy guapo o muy achuchable/entrañable… ¡Me cabreo! ¡De las ganas que me entran de estrujarlo, me lleno de rabia! De esto que miras al chico y lo encuentras arrebatador y no sabes por dónde empezar a besarle y… Y en ese momento… ¡¡aaaaaahhhh!!! ¡¡Noto un Hulk en mi interior que impulsa a morderle, a apretarle como el que trata de vaciar un bote de kétchup que siempre se queda ¼ de bote en el puñetero bote!! ¡Uf…! Es que ¡¡no puede ser tan guapo!! ¡¡Me revientaaaa!! Básicamente siento ganas de dejarle hecho un salmorejo andante, para que nos entendamos.
Para que entendáis, un poco, el grado de violencia que me supone una situación así, es como si a la salida de un colegio (mejor privado o privado-concertado), entre todas las madres emperifolladas para ir a buscar a sus crías, aparece un fornido gambacía y ellas empiezan a cacarear como gallinas cluecas y a picotearse entre sí por la conquista del maromo (gambacía, por cierto, es un policía gamba, que los tíos se piensan que el concepto es solo suyo. Y muchos polis y bomberos están muy buenos, sí, pero son de cara… ¡Carísimos!).