Conoce a la familia McElroy

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Ken y Laura McElroy

Kyle, 14 años, y Kade, 11 años

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Kyle y Kade, nuestros dos hijos de 14 y 11 años, son niños normales. En la escuela se enfrentan a varias materias como todos los demás chicos; a veces, trabajar con ellos para que terminen sus tareas escolares puede ser toda una batalla.

Como padres, creemos que la responsabilidad de enseñarles y guiarlos es nuestra, no del sistema. Nosotros somos los encargados. Los sistemas escolares no producen niños con confianza en sí mismos y tampoco tienen la obligación de hacerlo. Lo que les ayuda a los chicos a desarrollarse y crecer independientes y seguros de sí mismos es el tiempo que sus padres pasen con ellos.

Mi esposa Laura y yo conversamos sobre las maneras en que podemos ayudar a nuestros hijos a aprender. Las charlas nos condujeron a concluir que los niños no siempre saben por qué tienen que ir a la escuela. Concluimos que si podíamos encontrar la manera de hacerles entender la importancia de lo que les enseñan ahí, quizá tal vez ellos intuirían la forma en que podrán aplicar esas enseñanzas más adelante en sus vidas. Estábamos seguros de que el proceso de aprendizaje sería más sencillo si lográbamos infundirle emoción, y si ayudábamos a los chicos a ver el panorama completo.

A mí siempre me intrigó el hecho de que los niños aprendieran con tanta facilidad cuando algo de verdad les costaba. Me di cuenta de que les era sencillo y rápido encontrar la lógica de las materias sobre las que querían aprender; y entonces noté que pasaba lo mismo conmigo: aprendía más cuando estaba interesado.

Llegamos a la conclusión de que el proceso de aprendizaje sería más significativo si ayudábamos a Kyle y a Kade a crear su propio negocio. Eso nos daría la oportunidad de enseñarles acerca de la forma en que el mundo real se vinculaba con las materias que estaban estudiando en la escuela. Como beneficio adicional, la estrategia les daría la oportunidad de ganar su propio dinero.

Jamás nos imaginamos lo exitosa que sería nuestra idea. Con el paso de los años los chicos iniciaron tres negocios y las lecciones que aprendieron han sido inestimables. Este nuevo conocimiento e independencia financiera les brindaron confianza en sí mismos. Ya no tienen que vernos como la fuente de recursos para comprar cosas que les lleguen a interesar. Pero la enseñanza más sorprendente para nosotros como padres fue ver lo cuidadosos que son con el dinero que ganan. Sus dólares parecen durar más tiempo porque los ganaron ellos mismos.

Una de las claves para que Kyle y Kade tuvieran éxito en este proceso empresarial fue permitirles que se arriesgaran y cometieran errores. La mayoría de la gente le teme demasiado a equivocarse. La libertad para errar y aprender de los errores es lo que conduce a la sabiduría, el conocimiento y la experiencia; es parte importante del proceso de aprendizaje. El fracaso debería ser bien recibido a todos los niveles y usarse como herramienta didáctica. La mayoría de los sistemas educativos actuales les enseñan a nuestros mejores estudiantes a estar en contra del riesgo, lo cual puede resultar desalentador para cualquiera.

En nuestro proceso han surgido oportunidades de impartir varias lecciones de vida, como enseñarles a nuestros hijos a pagarse primero y a retribuir a la sociedad. También los instruimos en cuanto a la inversión en activos contra la inversión en pasivos; y les dijimos cómo usar su dinero para generar más dinero en el futuro.

Abrimos cuentas bancarias para los chicos y les enseñamos a realizar presupuestos con ingresos y gastos. También les hablamos sobre el interés simple y el compuesto.

En la actualidad, artículos como los smartphones más sofisticados, portátiles, ropa de diseñador, zapatos de 125 dólares y videojuegos, parecen ser cosa de todos los días en la escuela. Los padres deben tomar decisiones y establecer expectativas que determinarán si las «cosas» que los niños quieren o necesitan fortalecerán su carácter o no.

Todos los niños poseen dones especiales, una genialidad peculiar…; sin embargo, la educación tradicional rara vez da la libertad necesaria para que ellos se desarrollen y luzcan. Los padres involucrados pueden reconocer y alimentar la genialidad de sus hijos, y ayudarlos a construir el camino hacia una vida extraordinaria en la que harán lo que les guste y apasione.

 

Nota del autor: Ken McElroy es asesor de Padre Rico, amigo y socio de negocios. Ken es el autor del libro El ABC de la inversión inmobiliaria de la serie Asesores de Padre Rico.