ESCENA IV
Dichos, y la MUCAMA, que sale luego con SUSANA
MUCAMA. —Niña, ya llegó el señor Saverio.
SUSANA. —Hasta luego… A ver cómo se portan. (Mutis SUSANA y MUCAMA).
JUAN. —Todo esto es maravilloso. ¿Y saben por qué es maravilloso? Porque en el aire flota algo indefinible. Olor a sangre. (Riéndose). Preveo una carnicería.
ERNESTINA. —No hablés así, bárbaro.
JUAN. —¿No huelen la sangre, ustedes?
VOCES. —Que se calle…
JUAN. —Conste que me callo, pero certifico mis presentimientos.
LUISA. —¿No querés que llamemos a un escribano?