ESCENA X

SAVERIO y SIMONA, que entra.

SIMONA. —Tengo que hacer la cama. (Retira las sábanas de la mesa, mientras SAVERIO se arregla frente al espejo). Vean cómo las ha puesto con los pies. (Se las muestra). Es una vergüenza. (Las sacude).

SAVERIO (irritado). —¿Empezamos otra vez? (Bruscamente se vuelve a SIMONA). Simona, a pesar de tu rústica corteza, sos una mujer inteligente.

SIMONA (resentida). —Eh…

SAVERIO. —Me has dado una buena idea, Simona.

SIMONA. —¿Qué está rezongando así?

SAVERIO: —Sos una mujer inteligente. Tu idea es prudente.

SIMONA. —Miren la colcha. Una colcha flamante.

SAVERIO. —Yo iba a dejar el corretaje de manteca, pero ahora conservaré mi puesto.

SIMONA. —Por fin dijo algo razonable.

SAVERIO. —Pediré permiso por algunos días.

SIMONA (sin volver la cabeza, tendiendo la cama). —Me alegro.

SAVERIO (palmeando a SIMONA en la espalda y cogiendo su sombrero). —Querida, en los Evangelios está escrito: «Sed astutos como serpientes y cándidos como palomas»[15]. Good-bye, hermosa. (Se marcha, mientras la sirvienta menea la cabeza extendiendo la colcha).

TELÓN