EPÍLOGO
El porvenir de Reiki en nuestra época
de cambio planetario
VIVIMOS en una época de cambio
acelerado y de dolor personal y planetario. El tiempo se ha
acelerado debido al desplazamiento magnético de los polos del
planeta y la consecuencia está siendo el caos a todos los niveles
de la vida planetaria. Las naciones se desintegran, las gentes
pierden sus hogares o viven bajo el estado de sitio, los regímenes
políticos se hallan en situación de permanente inestabilidad. La
crisis de la Tierra es también física y nuestra existencia se ve
amenazada a cada paso por huracanes, terremotos, incendios,
volcanes, sequías, ciclones, inundaciones y corrimientos de
tierras. Aparecen nuevas enfermedades incurables y resurgen con
renovada virulencia muchas plagas antiguas que creíamos
desaparecidas. En los países adelantados acechan a la gran mayoría
de la población estos tres enemigos: el cáncer, las dolencias del
corazón y los accidentes vasculares. El aprovisionamiento del agua
parece comprometido, el aire y el suelo están contaminados y
envenenados. Violaciones, atentados, robos, malos tratos a los
niños, configuran el terrorífico paisaje de la violencia cotidiana.
Los niños son víctimas y también predadores.
Lo viejo debe ceder su lugar a lo nuevo. Así
es el proceso de la regeneración, o renacimiento; pero ningún
renacimiento es fácil y además lo viejo se resiste a morir. Nos
hallamos en una época de muerte, y de comienzo de la nueva vida. Ni
líderes políticos ni autoridades médicas consiguen aliviar este
proceso de cambio doloroso, que no exceptúa a nadie. Ante el dolor
y el desvalimiento reaccionamos por la misoginia, la homofobia, la
intolerancia religiosa, la discriminación de todas clases y el
racismo. Son tentativas fútiles de hallar un culpable, alguien a
quien responsabilizar de lo que pasa. La nueva vida que nace
todavía es frágil, y la supervivencia dista de hallarse
asegurada.
Sin embargo, es obvio que ese renacimiento
está produciéndose. Cada vez hay más conciencia de la necesidad de
un cambio, así como de la necesidad de sanear tanto la Tierra como
nuestros actos. Aunque los gobiernos sean unos fósiles y las
empresas gigantes quieran bloquear muchos de los cambios
necesarios, el progreso avanza, despacio pero con seguridad. Los
sistemas políticos fenecen para renacer bajo una forma nueva. Las
sevicias contra los niños y las mujeres son males ya reconocidos y
que, esperémoslo, las generaciones futuras habrán aprendido a
evitar. En los tiempos de desastre renace la solidaridad entre las
personas, el sentido de la ayuda mutua que no espera a que hagan
algo las mastodónticas e ineptas burocracias gubernamentales. E
incluso éstas se van viendo obligadas a hacer algo en favor de las
gentes, renunciando a declararse mutuamente la guerra.
Nace poco a poco una mentalidad nueva. La
autoridad se desplaza de las instancias «externas», como las
administraciones o los colegios médicos, y se prefiere acudir al
poder interior. El ejemplo más claro es la emancipación de la
mujer. Vivimos una época que arrebata el poder a las minorías para
devolverlo a las mayorías. Las voces que más claramente reivindican
el cambio son las femeninas, son las mujeres que dicen «no» a la
violencia y a los malos tratos, y «sí» a la compasión y al cambio
pacífico. La mujer se niega a seguir tolerando la violación de su
propio cuerpo, de sus hijos y de la Tierra, y exige igualdad,
sentido común, medios de vida y salud.
La liberación de la mujer corre pareja con
la liberación humana. El movimiento metafísico de la Nueva Era
ofrece entendimiento y progreso interior a muchas personas. Lo
vemos en movimientos más multitudinarios de Potencial Humano y
asimismo en las tendencias que se alejan radicalmente de las
religiones institucionalizadas, como la wicca, los movimientos de
espiritualidad y el budismo moderno. Es el retorno de ancestrales
modos de percepción y de pensamiento que recuperan los valores
perdidos en la ruptura de la vida moderna. Es el regreso a lo que
somos en realidad, videntes, sanadores y personas que participan en
la Entidad consciente y el modo de vida sujeto al libre
examen.
También crece el número de quienes rechazan
la medicina mecanizada prefiriendo los antiguos caminos interiores.
La medicina tecnificada en demasía, su falta de compasión, su
planteamiento del cuerpo como una máquina, su crueldad y su
deshumanización motivan el repudio de muchos, que la juzgan
excesivamente costosa, sometida al control de las grandes
multinacionales aseguradoras y químico-farmacéuticas que la hacen
inasequible para la mayor parte del pueblo. Además la medicina
convencional tiene pocas soluciones para los malestares y las
dolencias de hoy. De ahí la resurrección de los métodos que les
fueron arrebatados a las mujeres y a las gentes del común por la
Inquisición de los siglos XIII a XVII, y la recuperación de los
métodos no agresivos del presente y del pasado. Las hierbas
medicinales, la homeopatía, la masoterapia, la partería
tradicional, la acupuntura, las esencias florales y la curación
psíquica figuran entre las técnicas que estamos redescubriendo. Son
técnicas eficaces que muchas veces resultan donde ha fracasado el
sistema médico institucionalizado.
Reiki es uno de esos métodos, y de los más
principales e importantes. No precisa ningún instrumental, ni
fármaco alguno, y puede integrarse en cualquier otro método de
curación. Puede disponerse de él en un plazo mínimo y puede
utilizarlo todo el mundo, incluso los niños. Sencillo y profundo,
Reiki enseña un tratamiento básico útil para cualquier mal-estar
emocional, mental, físico o espiritual. Se enseña y aprende con
facilidad. Es parte de la emancipación de la mujer en una era de
servidumbres y de miedo. Reiki es el retorno de un pasado remoto y
el nacimiento de un futuro aún inexplorado.
Procedente de una cultura en donde la
compasión y la unidad eran valores supremos, Reiki devuelve valores
pacíficos a este planeta Tierra. Es suave y no agresivo, y no causa
nunca dolor ni inflige ningún daño. En un mundo de dolor Reiki
ofrece un refugio de bienestar. Conforta, calma y sosiega, alivia
el dolor, acelera la curación física, restaña hemorragias y
resuelve los traumas emocionales del presente y del pasado. No
consiente usos erróneos, ni abusos mal intencionados, ni se le
puede arrebatar al o la terapeuta. Los guías Reiki conocen qué
mundo se necesita y se encargan de su protección. Y la difusión de
Reiki en Occidente se halla en la infancia.
En esta época de cambio y de violencia,
Reiki forma parte del saneamiento planetario. Pertenece a todos y a
la Tierra misma. Encierra las mayores posibilidades de hacer el
bien que puedan regalarse a los habitantes de este planeta. En las
culturas del alborear terrenal Reiki era universal, estaba
programado en nuestro sistema genético, en el ADN, y no se preveía
que fuese a perderse. Cuantas más personas aprendan este método de
curación, más llevaderos serán los años próximos del cambio
planetario, menor d sufrimiento humano, y más protegidos los nuevos
nacimientos. Ha llegado la hora de devolver d Reiki a todos.
De ahí mi llamada a la acción, dirigida a
las mujeres y a los hombres conscientes, a los que desean trabajar
por la salud, por la paz, por la luz/información. Es una llamada a
la acción: devolved el Reiki a todos los humanos para que vuelva a
ser universal, como debe. Sanad a los habitantes de este planeta,
sanad los animales, sanad la Tierra, sanad la conciencia humana.
Practicad el Reiki y enseñad el Reiki para que se manifiesten la
paz, la curación, el bienestar y el cambio positivo. Estas técnicas
se publican ahora por primera vez en forma impresa; ya no hay
secretos, ya no hay exclusivismos. La hora ha llegado. Yo pido a
todos los y las terapeutas Reiki que se comprometan a utilizar este
método por todas las vías posibles. Y a todos los y las Reiki M,
que se comprometan a aprenderlo bien para poder enseñarlo. Les pido
que cobren unos precios razonables, o que no cobren, para que sea
posible devolver el Reiki a todos.
Ha llegado la hora de sanar el planeta y a
sus habitantes, humanos y animales. Es la hora. Que no haya más
excusas ni demoras. Cada día que pasa aporta más sufrimiento, más
dolor, más crisis mundiales. No hay plazo. Recuerda las cualidades
de la benevolencia, la compasión y la unidad que son la base de
Reiki y de toda curación. Admite la necesidad de curar a todas las
gentes en esta época de dolor y cambio planetarios. Es hora de
devolver el Reiki a todos.