Prólogo

Relato de la Batalla de los Reinos del Oeste contra la más infame invasión del perverso Kal Torak, basado en La Batalla de Vo Mimbre.

En los comienzos del mundo, el pérfido dios Torak robó el Orbe de Aldur y huyó en busca de poder. El Orbe se resistió y lo mutiló con una horrible quemadura, pero aun así Torak no pensaba devolverlo, pues para él tenía un gran valor. Entonces Belgarath, un hechicero discípulo del dios Aldur, envió al rey de los alorn y a sus tres hijos a la torre de hierro de Torak para que recuperaran el Orbe. Torak intentó perseguirlos, pero la furia del Orbe lo rechazó y lo hizo volver.

Belgarath cedió cuatro grandes reinos a Cherek y a sus hijos para que hicieran guardia eternamente contra Torak, y le dio el Orbe a Riva para que lo guardara, diciéndole que mientras éste estuviera en manos de un descendiente de Riva, el Oeste permanecería a salvo.

Pasaron siglos y siglos sin amenazas de Torak, hasta la primavera de 4865, cuando Drasnia fue invadida por una gran horda de nadraks, thulls y murgos. En medio de aquel mar de angaraks se levantó la gran fortaleza de hierro del así llamado Kal Torak, que significa Rey y Dios. Fueron quemados y devastados pueblos y ciudades, pues Kal Torak vino a destruir y no a conquistar, y los sacerdotes grolims con mascaras de acero sacrificaron a los supervivientes según los bárbaros ritos de los angaraks. No sobrevivió nadie, a excepción de aquellos que huyeron a Algaria o fueron rescatados del río Aldur por los buques de guerra de Cherek.

Más tarde, las hordas se dirigieron al sur, hacia Algaria, aunque allí no encontraron ciudades. Los jinetes nómadas de Algaria se replegaron antes de que llegaran y los enfrentaron con feroces ataques imprevistos. La sede tradicional de los reyes de Algaria era la Fortaleza, una montaña construida por el hombre con paredes de piedra de nueve metros de espesor, contra la cual se lanzaron en vano los angaraks antes de resolverse a poner cerco al lugar. El sitio duró ocho inútiles años, de modo que el Oeste tuvo tiempo para movilizarse y prepararse para la guerra.

Los generales se reunieron a planear su estrategia en el Colegio Imperial de Guerra de Tol Honeth y, sin tener en cuenta las diferencias nacionales, eligieron a Brand, Guardián de Riva, para que asumiera el mando. Con él llegaron dos extraños consejeros, un hombre anciano pero saludable que aseguraba conocer incluso los reinos de Angarak, y una mujer sorprendentemente hermosa y de modales enérgicos, con un mechón plateado sobre la frente. Brand los escuchaba y les prodigaba un respeto casi deferencial,

A finales de la primavera de 4875, Kal Torak abandonó el sitio y partió hacia el oeste, en dirección al mar, perseguido aún por la caballería de Algaria. En las montañas, los ulgos salieron de sus cavernas durante la noche y masacraron a los angaraks mientras éstos dormían, pero aun así las tuerzas de Kal Torak seguían siendo innumerables. Después de una pausa para reagruparse, la tropa siguió su descenso por el valle del río Arend hacia la ciudad de Vo Mimbre destruyéndolo todo a su paso; y, a comienzos del verano, desplegó sus fuerzas dispuesta a atacar la ciudad. Al tercer día de batalla, oyeron tres veces el sonido de un cuerno, luego se abrieron las puertas de Vo Mimbre y los caballeros de la ciudad salieron a enfrentarse con las hordas de angaraks, pisoteando a vivos y muertos con las patas herradas de sus caballos. Por la izquierda avanzaba la caballería de Algaria, los piqueros de Drasnia y los enmascarados milicianos de Ulgo; y por la derecha, los guerreros de Cherek y las legiones de Tolnedra.

Al verse atacado por tres frentes, Kal Torak mandó a buscar a sus tropas de reserva y fue entonces cuando los rivanos, con uniformes grises, los sendarios y los arqueros de Astur atacaron por detrás. Los angaraks comenzaron a caer como trigo segado y los venció la confusión.

Entonces, Zedar el Hechicero, el Apóstata, se dirigió a toda prisa a la fortaleza de hierro negro de donde aún no había salido Kal Torak.

—Señor —le dijo al Maldito—, nuestros enemigos nos han rodeado e incluso gran cantidad de rivanos grises han venido a desafiar vuestro poder.

—Voy a presentarme de tal modo —declaró encolerizado Kal Torak— que los falsos cuidadores de Cthrag Yaska, la joya que me pertenece, se asustarán con sólo verme. Envíame a mis reyes.

—Mi señor —dijo Zedar—, vuestros reyes ya no existen. La batalla ha segado sus vidas, así como la de innumerables sacerdotes de Grolim.

La furia de Kal Torak creció ante estas palabras, y escupió fuego por el ojo derecho y por aquel que le faltaba. Ordenó a sus sirvientes que le ataran el escudo al brazo sin mano, cogió su temible espada negra y se unió a la batalla.

Entonces surgió una voz de entre los rivanos:

—En nombre de Belar os desafío, Torak, y en nombre de Aldur os maldigo. Acabemos con el derramamiento de sangre y enfrentémonos vos y yo para resolver esta batalla. Soy Brand, Guardián de Riva. Enfrentaos a mi o llevaos vuestro abominable ejército y no volváis a luchar contra los reinos del Oeste.

—¿Quién se atreve a oponer su carne mortal contra el rey del mundo? —gritó Kal Torak apartándose de la tropa—. Mirad, soy Torak, Rey de los Reyes y Señor de los Señores. Voy a acabar con ese rivano escandaloso. Mis enemigos perecerán y Cthrag Yaska volverá a ser mía.

Brand se adelantó, llevaba una poderosa espada y un escudo cubierto por un paño. Un zorro pardusco caminaba a su lado y un búho blanco como la nieve revoloteaba sobre su cabeza.

—Soy Brand y me enfrentaré a vos, inmundo y mutilado Torak —dijo Brand.

—¡Fuera, Belgarath! ¡Huid si queréis salvar vuestra vida! —dijo al ver al lobo—. Abjura de tu padre, Polgara —se dirigió ahora al búho—, y venérame a mí. Me casaré contigo y te convertiré en la reina del mundo.

Pero el lobo gruñó, desafiante, y el búho chilló con desprecio. Torak levantó su espada y arremetió contra el escudo de Brand. Lucharon durante mucho tiempo, se asestaron numerosos y terribles golpes y sorprendieron a aquellos que los rodeaban. La furia de Torak iba en aumento y su espada golpeó el escudo de Brand hasta hacerlo caer, pero entonces el lobo y el búho chillaron en una sola voz y Brand recuperó las fuerzas.

Con un solo movimiento, el Guardián de Riva descubrió el escudo, en cuyo centro había una joya esférica del tamaño del corazón de un niño. Cuando Torak la miró, la piedra comenzó a brillar y a arder. El Maldito se alejó de ella, dejó caer el escudo y la espada, y se llevó las manos a la cara para protegerse de la espantosa llama de la piedra.

Brand atacó y su espada penetró a través de la mascara de Torak y se incrustó en la cabeza del Maldito, en el agujero del ojo que le faltaba. Torak cayó hacia atrás con un grito desgarrador, arrojó la espada y se arrancó el casco. Los que presenciaban el suceso se apartaron aterrorizados, pues su cara, quemada por un fuego terrible, era un espectáculo horrendo. Con lágrimas de sangre, Torak volvió a gritar al contemplar la joya que él llamaba Cthrag Yaska y que lo había llevado a la guerra con el Oeste. Luego se desplomó y la tierra resonó con su caída.

Cuando los angaraks vieron lo que le había sucedido a Kal Torak profirieron un fuerte grito e intentaron huir, muertos de pánico. Pero las tropas del Oeste los persiguieron y los mataron, de modo que cuando llegó la madrugada brumosa del cuarto día, habían acabado con el ejército de Torak.

Brand ordenó que llevaran el cuerpo del Maldito ante él, pues quería contemplar a aquel que había pretendido ser rey de todo el mundo, pero no pudieron encontrar el cadáver. Por la noche, Zedar el Hechicero había encantado a los hombres del ejército del Oeste para que no lo vieran y se había llevado el cuerpo de aquel a quien había elegido como amo.

Más tarde, Brand pidió consejo a sus asesores.

—Torak no está muerto —le dijo Belgarath—, sólo está dormido, puesto que es un dios y ningún mortal puede acabar con él.

—¿Cuándo despertará? —preguntó Brand—. Debo preparar al Oeste para su regreso.

—La próxima vez que un rey del linaje de Riva se siente en el trono, el dios siniestro despertará y se enfrentará a él —respondió Polgara.

—¡Pero eso no ocurrirá nunca! —dijo Brand con el entrecejo fruncido—. Todos sabemos que el rey rivano ha sido asesinado con su familia en 4002 por unos nyissanos.

—Cuando sea el momento —continuó Polgara— el rey rivano se levantará para exigir lo que le corresponde, tal como lo auguran las antiguas profecías. No puedo decir nada más.

Brand se conformó y ordenó a sus hombres que quitaran los restos de los angaraks del campo de batalla. Una vez concluida esa tarea, los reyes del Oeste se reunieron en consejo en la ciudad de Vo Mimbre. Se alzaron muchas voces para alabar a Brand, y pronto los hombres comenzaron a gritar que se le debía nombrar soberano de todos los pueblos del Oeste. Sólo Mergon, embajador de la Tolnedra Imperial, se opuso en nombre de su emperador, Ran Borune IV. Brand rechazó la oferta y la propuesta fue retirada, de modo que volvió a reinar la paz en el consejo. Pero Tolnedra tendría que cumplir con una demanda a cambio de aquella paz.

—Para cumplir con la profecía, una princesa de Tolnedra deberá casarse con el rey rivano que vendrá a salvar al mundo —dijo el Gorim de los Ulgos a viva voz—. Así lo ordenan los dioses.

—El castillo del rey rivano está vacío y desolado, ningún rey se sienta en su trono —volvió a protestar Mergon—. ¿Cómo pretendéis que una princesa de Tolnedra se case con un fantasma?

—El rey rivano volverá a ocupar su trono y a buscar a su novia —respondió la mujer llamada Polgara—. Por lo tanto, a partir de hoy cada princesa de la Tolnedra Imperial deberá presentarse en el castillo del rey rivano al cumplir los dieciséis años. Deberá ir vestida con su traje de novia y quedarse allí tres días a esperar la llegada del rey. Si él no acude a buscarla, será libre de regresar junto a su padre y cumplir con sus mandatos.

—¡Tolnedra entera se levantará contra este ultraje! —gritó Mergon—. ¡No! ¡No sucederá!

—Dile a tu emperador que ésa es la voluntad de los dioses —dijo el sabio Gorim de los Ulgos— y dile también que si no lo hace, el Oeste se levantará contra él, arrojará a los hijos de Nedra a los vientos y acabará con el poder de su imperio, hasta destruir a la Tolnedra Imperial.

Ante el poder de los ejércitos que se le enfrentaban, el embajador tuvo que ceder y todos se comprometieron a cumplir el acuerdo.

Después, los nobles de la dividida región de Arendia se acercaron a Brand.

—El rey de los mimbranos y el duque de los asturios han muerto —dijeron—, ¿quién nos gobernará ahora? Durante dos mil años la guerra entre Mimbre y Astur ha dividido a la hermosa Arendia. ¿Cómo podremos volver a ser un pueblo unido otra vez?

Brand reflexionó.

—¿Quién es el heredero del trono de Mimbre?

—Korodullin es príncipe coronado de los mimbranos —respondieron los nobles.

—¿Y quién es el heredero del linaje de los asturios? —Mayaserana, hija del duque de Astur —dijeron.

—Traedlos ante mi —ordenó Brand—. El derramamiento de sangre entre Mimbre y Astur debe terminar —les dijo cuando estuvieron frente a él—; por lo tanto, es mi voluntad que os caséis y que de este modo se unan las familias que durante tanto tiempo han estado enemistadas.

Ambos protestaron contra aquella decisión, pues sentían un odio ancestral y estaban orgullosos de sus propios linajes. Pero Belgarath se llevó a Korodullin a un lado para hablar con él y Polgara mantuvo una prolongada conversación con Mayaserana en otro lugar. Ningún hombre supo, ni entonces ni después, qué les dijeron a los jóvenes, pero cuando volvieron adonde Brand los esperaba, Mayaserana y Korodullin aceptaron casarse. Aquél fue el último acto del consejo que se reunió después de la batalla de Vo Mimbre.

Antes de partir hacia el norte, Brand se dirigió a todos los nobles y reyes por ultima vez.

—Mucho de lo que hemos conseguido es bueno y perdurará. Mirad, nos hemos unido contra los angaraks y los hemos vencido. El pérfido Torak ha sido derrotado y el acuerdo al que hemos llegado aquí prepara al Oeste para el día en que se cumpla la profecía. Entonces, el rey rivano regresará y Torak se levantará de su largo sueño para luchar por el imperio y el poder. Todo lo que podíamos hacer para prepararnos para la gran batalla final ya ha sido hecho; no podemos hacer nada más. También aquí, por ventura, hemos curado las heridas de Arendia y una guerra de más de dos mil años llegará a su fin. Por todo esto estoy muy satisfecho. ¡Salud y hasta pronto!

Dio media vuelta y se alejó en su caballo hacia el norte, junto a Belgarath, el hombre canoso, y Polgara, la mujer con aspecto de reina. Se embarcaron en el río Camaar de Sendaria en dirección a Riva, y Brand no volvió nunca a los reinos del Oeste.

Pero se cuentan muchas historias de sus compañeros, y muy pocos hombres saben qué hay de verdadero y qué de falso en aquellos relatos.