Ilustraciones
En octubre de 1999, el Tribunal Supremo rechazó por unanimidad la petición de investigación de la abreviatura Pte., que muchos consideraron equivalente a Presidente, incluida en los famosos papeles del Cesid. Como Gallego y Rey recogen en esta viñeta, Felipe González podría haber estado en graves aprietos si se hubiese demostrado tal conjetura, pero la resolución negativa del Tribunal Supremo daba por zanjada la cuestión de la posible participación del ya expresidente en la trama.
En junio de 1995, apenas a mes y medio del intento de atentado contra don Juan Carlos en Palma de Mallorca, se desató el escándalo por las escuchas ilegales que agentes del Cesid habían realizado durante años a políticos, empresarios, periodistas e incluso al propio rey, como recoge esta viñeta de Oroz. Algunos medios aseguraron que estas grabaciones se hicieron con el consentimiento del Gobierno presidido por Felipe González y que pretendía utilizarlas como un instrumento de chantaje político.
Con los papeles del Cesid pendiendo sobre su cabeza cual espada de Damocles, tal y como recogen Gallego y Rey en esta tira, Felipe González no conseguía distanciarse de la constitución de los GAL y de la guerra sucia contra el terrorismo. Aunque algunas de las investigaciones se desarrollaron fuera del poder ejecutivo y no llegaron a buen puerto por razones políticas, contribuyeron a la regeneración de la democracia surgida de la Transición y a limpiar unas instituciones que actuaban, en ciertos casos, en la ilegalidad más absoluta.
La lucha por la justicia de Baltasar Garzón incomodó a muchos, inquietos por las consecuencias que la investigación de los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el régimen franquista pudiera tener. Como consecuencia de este afán por defender la verdad, el juez sufrió una caza implacable en la que se le persiguió con todos los medios al alcance. En esta viñeta de Ferreres, alusiva a los juicios de enero de 2012, se hace referencia al linchamiento público a que fue sometido como represalia por intentar que se cumpliera la Ley de Memoria Histórica, una herramienta concebida para devolver su dignidad a los miles de españoles que aún yacen en fosas dispersas por todo el país.
El 12 de febrero de 2009 Baltasar Garzón ordenó la prisión provisional e incondicional de los tres máximos responsables de la trama Gürtel: Francisco Correa, su testaferro Antoine Sánchez y su socio Pablo Crespo, mientras que Álvaro Pérez quedó en libertad. La sola alusión al juez, como recoge humorísticamente esta viñeta de Vergara, alteraba a miembros muy destacados de la cúpula del Partido Popular, sobre todo en Madrid y Valencia, que temían verse implicados en la investigación. Entre ellos estaban Francisco Camps, Ricardo Costa, Alberto López Viejo, Arturo González Panero, Jesús Sepúlveda Recio y Ginés López Rodríguez.
En una decisión valiente, el juez Garzón inició la causa contra Augusto Pinochet, con la que se pretendía devolver la dignidad a los miles de chilenos que habían perdido la vida durante la dura represión ejercida a lo largo de su dictadura. La jurisdicción universal permitió que Garzón, quien hasta entonces había logrado eludir la acción de la Justicia, emitiera una orden de detención contra él, orden que supuso, como Gallego y Rey recogieron en esta viñeta, el fin de la inmunidad y la impunidad de las que había gozado hasta entonces el exdictador chileno.
El vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Fernando de Rosa, se abstuvo en el proceso contra Baltasar Garzón argumentando que así preservaba la independencia de esta institución. De Rosa, que había sido conseller de Justicia en la Generalitat de Valencia, atacó a su colega por haber imputado al presidente Francisco Camps en la instrucción sobre la trama Gürtel que el magistrado desarrolló en 2009. Aunque el CGPJ obligó a De Rosa a retractarse, su enemistad manifiesta hacia Garzón hizo que este lo recusara tras la admisión, por parte del Tribunal Supremo, de las tres querellas en su contra.
Los dardos lanzados contra Garzón con motivo de sus investigaciones sobre la trama Gürtel, que protagonizan esta viñeta de Gallego y Rey, no pretendían más que desprestigiar al juez y acabar con su carrera, evitando así que la causa contra sus responsables, tanto directos como indirectos, progresara. En plena campaña de acoso tras el estallido del caso, una serie de medios y personajes de dudosa ética lo persiguieron con saña hasta conseguir que fuese condenado, injustamente, a la inhabilitación profesional.
El dibujante Peridis, en esta viñeta publicada el 25 de enero de 2012, plasma la situación de Baltasar Garzón como consecuencia de la investigación de los crímenes del franquismo. La historia ha demostrado que el fascismo fue una de las mayores desgracias históricas vividas en y por España, de modo que la lucha contra sus reminiscencias y la solución de sus delitos sigue vigente. No debe olvidarse que la Justicia, como Garzón ha señalado a lo largo de toda su carrera como juez, debe dar respuesta al abandono a que han sido sometidas sus víctimas y sus familias.
La afición al fútbol de Baltasar Garzón es de sobra conocida, así como su pasión por los logros del Barça, al que considera uno de los mejores equipos del mundo. A raíz de los juicios contra Garzón, el dibujante Toni Batllori aprovechó ese rasgo para insistir, en esta viñeta publicada en 2012, en el carácter firme del aún juez, que jamás se ha retractado de sus decisiones, incluidas las más polémicas, por considerar que todas sus iniciativas judiciales eran correctas y estaban basadas en el Derecho.
Los miembros de una amplia sección de la Judicatura y de determinados grupos políticos aplaudieron la sentencia que inhabilitó a Baltasar Garzón para el ejercicio de su profesión. En esta viñeta de Manel Fontdevila, los adioses al ya exjuez evocan el tema de fondo que condujo a esa situación: la investigación de los crímenes de la dictadura de Francisco Franco. El propio aludido afirma, sin la menor duda, su compromiso permanente con esta labor: «Ahora, con la perspectiva de estos años transcurridos, miro hacia atrás con serenidad y no me arrepiento de nada de lo que hice al abrir la causa del franquismo».
Las voces críticas con el trabajo de Baltasar Garzón para dilucidar las responsabilidades de todos aquellos relacionados con los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo llegaron desde diferentes niveles de la sociedad española. Miembros del poder judicial, del legislativo, del ejecutivo, de la Iglesia católica y de ámbitos relacionados de uno u otro modo con la herencia fascista levantaron la voz, y algunos incluso recurrieron al saludo romano, como en esta viñeta de Manel Fontdevila, para criticar y desprestigiar a Garzón por esforzarse en juzgar hechos que todos ellos preferían olvidar, ignorando a las víctimas y a sus familiares.
Una parte de la sociedad española prefirió mirar para otro lado en la Transición y consideró que los perdedores de la contienda debían «perdonar» para que la nueva Democracia comenzara sin acritud por el pasado inmediato. Cuando Garzón y otros muchos se atrevieron a romper este tabú y someter a los Tribunales las acciones y crímenes perpetrados durante la dictadura, esos españoles herederos de los valores franquistas y de los vencedores en la Guerra Civil mostraron toda su indignación en actos públicos y apoyaron, sin cortapisas, la eliminación profesional del juez en el que se personalizó esa recuperación de la memoria histórica.
La respuesta de Baltasar Garzón a la pregunta que el dibujante Manel Fontdevila plantea en esta viñeta ha sido siempre, y es, tajante: por el convencimiento de que la Justicia siempre debe amparar a las víctimas. Las denuncias, en nombre de miles de españoles, que el juez recibió no hicieron más que confirmar su firme decisión de investigar los asesinatos del franquismo, afrontando todos los riesgos que este deber podía traer consigo. Las víctimas y sus familias querían reivindicar lo que hasta entonces habían callado durante más de medio siglo, mostrar el abandono en que se hallaban y denunciar la impunidad de los responsables.
En abril de 2010 varias movilizaciones de apoyo a Baltasar Garzón, perseguido injustamente como consecuencia de la investigación de los crímenes del régimen franquista, denunciaron en Madrid el proceso iniciado contra el juez. Políticos, fiscales, universitarios, líderes sindicales, cineastas y ciudadanos anónimos alzaron sus voces para gritar que estaban convencidos de que Garzón había quedado atrapado «entre los herederos del franquismo» y «los corruptos de la red Gürtel». El no sometimiento del juez a las presiones ejercidas y el apoyo recibido, como Peridis recogió en esta viñeta, complicaron aún más su situación, que desembocaría en el final de su carrera en la Audiencia Nacional.
La aprobación de la Ley de la Memoria Histórica buscaba conseguir la justicia que, en su día, se negó a las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura de Francisco Franco, muchas de las cuales aún yacen hoy en día en fosas anónimas, como las que aparecen en esta viñeta de Gallego y Rey. Baltasar Garzón decidió encarar esta reparación histórica a pesar de las críticas y presiones recibidas. Como los líderes sindicalistas Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo afirmaron en un acto de apoyo al juez, los impedimentos jurídicos para impedir la causa de los crímenes contra la Humanidad del franquismo hubieran hecho imposible también el proceso de Núremberg en el que se juzgó a los criminales nazis tras la Segunda Guerra Mundial.
En la causa del franquismo, Baltasar Garzón actuó contra la tendencia generalizada al olvido, basada en el interés de muchos, incluidos los continuadores del régimen y ciertas instituciones como la Iglesia católica, por conseguir que los dictadores descansen en paz mientras sus crímenes permanecen impunes y las víctimas continúan desaparecidas. El esperpento jurídico de aceptar la acusación popular de Manos Limpias y de Falange en el juicio a que Garzón, fustigado por falangistas en esta viñeta de Ferreres, fue sometido con relación a ese caso identifica las ideas y las dependencias de quienes tomaron esas decisiones.
En abril de 2010, la Falange y otras dos organizaciones presentaron sus escritos de acusación contra Garzón ante Luciano Varela, quien indicó a las acusaciones en varias ocasiones cómo debían corregirlos para que pudieran ser aceptados, dio instrucciones precisas sobre qué había que cambiar o añadir y fijó un nuevo plazo para presentarlos, de manera que los acusadores tuvieran tiempo de rehacerlos. A semejante hecho, insólito en la historia de la Justicia española, hace referencia esta viñeta de Vergara. Tras el segundo intento fallido de cumplir los requisitos e instrucciones del juez, el tercer escrito de Falange fue rechazado nuevamente al no cumplir las «sugerencias» de Varela.
Un juez tocado con gorro militar se escuda tras el rostro de Luciano Varela para darle la patada a Baltasar Garzón en esta viñeta de Vergara. Varela, cuyas discrepancias con su colega eran sobradamente conocidas, tuvo un papel central en el aberrante proceso contra Garzón por la investigación de los crímenes franquistas. Aunque se denunció en repetidas ocasiones la clara falta de imparcialidad de Varela, el Tribunal Supremo hizo oídos sordos y dejó que este participara tanto en el juicio del franquismo como en la causa derivada de la interceptación de comunicaciones en el caso Gürtel.
El dibujante Vergara plasma en esta viñeta la pervivencia de una minoría de españoles que aún justifica o ampara lo sucedido durante y tras la Guerra Civil. La reacción airada de quienes preferían considerar que todo formaba parte de un pasado que debía mantenerse olvidado, «atado y bien atado», condujo a una implacable campaña de oposición y desprestigio hacia las personas, como Baltasar Garzón, que decidieron llevar a la práctica lo contemplado en la Ley de Memoria Histórica, aprobada en el Congreso de los Diputados a finales de 2007.
La disparidad en la reacción de Mariano Rajoy y sus correligionarios ante las decisiones judiciales fue evidente cuando se conoció la sentencia contra Baltasar Garzón. Mientras que el presidente del Gobierno se había sumado a las voces críticas contra la actuación del juez en los casos que podían tener alguna relación con su partido, destacados miembros de la cúpula del PP, como Soraya Sáenz de Santamaría, alabaron la decisión del Tribunal Supremo que, en contra del propio criterio de la Audiencia Nacional, condenaba injustamente a Garzón por prevaricación en la causa abierta contra el franquismo y la desaparición de personas tras la Guerra Civil.
La criminalización de la inmigración, por considerarla la principal causa del aumento de la acción terrorista o la conflictividad social, es una de las afrentas que amenazan hoy en día la convivencia en España. Ciertos grupos emparentados ideológicamente con los antiguos fascismos que asolaron Europa, como muestra esta viñeta de Vergara, crean nuevas heridas que se suman a aquellas que, por mucho que insistan algunos sectores de la sociedad española, siguen aún sin cicatrizar. Los defensores de la Justicia, entre ellos Baltasar Garzón, no buscan exigir compensaciones, sino cerrar definitivamente esta página de nuestra historia común dando voz a los miles de víctimas hasta ahora ignoradas.
Partidos políticos, instituciones, asociaciones, ciudadanos e importantes personalidades de la vida política y cultural, tanto españolas como internacionales, defendieron la candidatura del juez Baltasar Garzón al Premio Nobel de la Paz. Aunque el acto estuvo marcado por la ausencia de la cúpula de la Judicatura y de nombres destacados de la escena política nacional, los asistentes pusieron de manifiesto que la labor de Garzón sentaba las bases para la creación de la Corte Penal Internacional y que el Nobel sería un merecido reconocimiento «a su defensa incansable de los Derechos Humanos y a su lucha contra la inmunidad». Como Guillermo ironizaba en su viñeta, a Garzón, gran aficionado al fútbol, solo le quedaba fichar a Ronaldo para redondear su trayectoria.
La secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, aseguró que los actos de apoyo al juez Baltasar Garzón, atrapado en una caza urdida para apartarlo de la Judicatura, eran un atentado contra la democracia y el Estado de derecho porque, según aseguraba, se trataba de un intento de presionar y coaccionar al poder judicial. Poco antes, en el marco de las investigaciones sobre la trama Gürtel, Cospedal había respaldado a Francisco Camps y Ricardo Costa asegurando que eran víctimas de la manifiesta animadversión de Garzón hacia el PP, puesto que las finanzas de su partido estaban fuera de toda sospecha. Aunque las pruebas, incluidos los famosos papeles de Bárcenas, parecían desmentir sus afirmaciones, Cospedal no cejó en sus críticas al juez, como Vergara recoge en esta viñeta.
La defenestración de Baltasar Garzón marcó el final de su trayectoria como juez de la Audiencia Nacional, al tiempo que puso de manifiesto las debilidades de nuestro sistema judicial, lastrado por la herencia del franquismo y escasamente dispuesto a juzgar a los responsables de las tramas delictivas que surgieron y crecieron a su sombra. Peridis, haciendo que Groucho Marx abriera la trampilla que dejaba caer al juez, reiteraba en esta viñeta las absurdas consecuencias que la decisión de investigar el caso Gürtel, un gesto audaz porque atacaba los intereses de los poderosos, tuvieron para Garzón.
El Tribunal Supremo, en los juicios que desembocaron en la expulsión de Baltasar Garzón, reconoció que «la búsqueda de la verdad es una pretensión tan legítima como necesaria». Sin embargo, su actuación no apoyó estas palabras, pues los obstáculos en la investigación y enjuiciamiento de las grandes causas en las que Garzón intervino como juez, desde los crímenes de Franco y Pinochet, el terrorismo de ETA, la corrupción vinculada al PP o la lucha contra el yihadismo, fueron constantes desde diversos ámbitos de la política, la judicatura, las finanzas y los medios de comunicación. Aunque en más de un caso fue imposible que se condenara a los responsables de esos delitos, y así lo vio Fontdevila en esta viñeta, la firme defensa de la Justicia por parte de Garzón acabó con la inmunidad, y la impunidad de muchos de ellos.
Uno de los grandes maestros del humor gráfico español, el genial Antonio Mingote, dedicó este dibujo a Baltasar Garzón. Las grandes causas emprendidas por el juez fueron bien valoradas por una mayoría de los españoles, que llegaron a inventar simpáticos chistes sobre los esfuerzos de Garzón para investigar causas de gran trascendencia histórica, desde los desmanes de dictaduras americanas como las de Pinochet o la Junta argentina a la situación de los encarcelados en Guantánamo.
La constancia es una de las principales virtudes que se le reconocen a Baltasar Garzón como juez, y así lo vio Martín Morales en esta viñeta, donde retrata su convencimiento de no rendirse, de no soltar el hueso, a pesar de las presiones y las adversidades. Los Principios de Madrid-Buenos Aires, uno de los pilares de la jurisdicción universal, representan la perseverancia de Garzón en defender y extender la Justicia en el ámbito internacional.
La actividad frenética de Garzón y sus colaboradores, cuya capacidad de trabajo ha sido ampliamente reconocida, es vista con humor en esta viñeta de Manel Fontdevila. Las jornadas maratonianas, la actitud resolutiva y el impulso de seguir avanzando en la investigación hasta llegar al final no son más que el ejemplo de la vocación de Garzón por defender la justicia, la verdad y el bien público. Aunque abandonó la Audiencia Nacional con la amargura de la injusticia sufrida, comenzó la segunda etapa de su vida con el orgullo del deber cumplido y de haber dejado huella.
Uno de los argumentos de Esperanza Aguirre y otros líderes del PP para atacar a Garzón por la investigación del mayor escándalo de corrupción en las últimas décadas, el caso Gürtel, fue que se dedicó once meses a la política durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En esta viñeta de Vergara publicada en 2008, el político socialista escucha las improvisadas razones de un nervioso Rajoy, preocupado por su difícil situación en su propio partido (¿o quizá por las acciones iniciadas por la Fiscalía Anticorrupción unos meses antes?), para justificar la necesidad de deshacerse del juez Baltasar Garzón.
La condena a Baltasar Garzón, quien pasará a la historia de la Justicia internacional por haber acabado con la inmunidad de Augusto Pinochet y contribuido a la creación del protocolo contra la tortura y los malos tratos a detenidos incomunicados por delitos de terrorismo, así como a la redacción de los Principios de Jurisdicción Universal de Madrid-Buenos Aires, desató actos de protesta dentro y fuera de España. Por defender a todas las víctimas del franquismo y devolverles la dignidad, Garzón sufrió una persecución que algunos compararon, con cierta sorna dado su talante ateo, al martirio. Mientras Esperanza Aguirre afirmaba que ese día era «muy alegre para España y la democracia», varios centenares de manifestantes se congregaron en la madrileña Puerta del Sol para gritar su indignación por el fallo: «Vergüenza. Garzón, amigo, el pueblo está contigo. Necesitamos más jueces como Garzón». La hija del juez, María, dedicó unas sentidas palabras a su padre: «Nos han tocado, pero no hundido; y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad, nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos».