Capítulo 13

 

El cielo se había oscurecido y el aire estaba cargado con la promesa de una tormenta mientras ellos permanecían abrazados en la cama, saciados de amor. Elsa estaba tumbada encima de él con los labios pegados a su cuello y los senos contra su pecho. Donato disfrutó del contacto de piel contra piel, del cálido peso de Elsa.

Volvió a sentir una punzada de deseo, y también algo más.

Le había costado trabajo compartir con ella su historia porque estaba acostumbrado a guardar silencio. Había formado un equipo con su madre, los dos contra el mundo. Desde que la perdió, Donato había dedicado su vida a mejorar, a cosechar éxito tras éxito. Aquello exigía dedicación, concentración y la capacidad de no dejarse distraer por las mujeres.

Elsa era la primera a la que le contaba su historia, y había esperando recibir shock y disgusto.

Pero a cambio encontró comprensión, simpatía y apoyo. Había sentido su ternura y su preocupación.

—Tenemos que hablar.

Las roncas palabras de Elsa le sorprendieron. Normalmente, lo último que ella deseaba hacer cuando estaban en la cama era hablar.

¿Acaso querría seguir hurgando en su pasado, ahondar en los detalles? Donato se puso tenso al instante.

—¿De qué quieres hablar?

Elsa le puso las manos en el pecho y levantó la cabeza para mirarle. Tenía el pelo revuelto y los labios color de fresa.

Donato la estrechó con más fuerza entre sus brazos. No quería que ningún hombre la viera así. Jamás.

Ella sonrió.

—No hace falta que te pongas a la defensiva. No quiero cotillear.

¿Tanto se le notaba? Donato frunció el ceño.

—De acuerdo, ¿de qué se trata entonces?

A Elsa se le borró la sonrisa de la cara y apartó la vista.

—De mi padre.

Aquello sí que era una novedad. ¿Elsa hablando de su familia, y especialmente de su padre, sin que él la pinchara?

—¿Quieres saber cómo van los planes de negocios? —aquello sería también una novedad. Por lo que él sabía, Elsa no estaba interesada en los negocios de su padre. Al principio pensaba que vivía de su dinero, pero no quería saber de dónde salía. Ahora tenía claro que eran completamente distintos.

—No – Elsa suspiró y alzó la cara. Donato vio la tensión dibujada en sus facciones. —No puedo contarte nada de sus negocios. No sé nada al respecto, y estoy segura de que tus detectives le han seguido la pista a todos sus intereses comerciales.

—Así es.

—Sé que tienes mucho más dinero que él, y supongo que también más capacidad empresarial. Pero hay algo que no sabes. Algo que debes saber.

—¿De qué se trata, Elsa?

Ella le miró a los ojos. Los suyos echaban chispas.

—Si hay algún resquicio, él lo aprovechará. Si puede agrandar su nido a tus expensas, lo hará. Sea cual sea el acuerdo que haya sobre el papel, no confíes en él.

Donato se quedó mirando su expresión de desagrado y empezó a entender.

—No pasa nada, Elsa. Yo tomo mis precauciones. No podrá aprovecharse de mí, el contrato se encargará de que así sea.

—No lo entiendes. No estoy hablando de que intente jugártela para conseguir el mejor acuerdo sobre el papel – Elsa apartó la mirada. —Estoy hablando de que puede romper las normas, incluso la ley. No confíes en él ni un ápice. Utiliza a la gente para conseguir lo que quiere.

Donato leyó el dolor de su rostro y sintió deseos de darle a Reg Sanderson un puñetazo en la cara.

—¿Qué te ha hecho, Elsa? —mantuvo un tono de voz bajo mientras le apartaba el cabello hacia atrás.

—No se trata de mí, sino de ti. Tienes que estar preparado. No comprendo por qué quieres hacer negocios con mi padre, pero mereces saber que te timará y te mentirá y utilizará todo lo que pueda. Si yo fuera tú… —Elsa apartó la mirada—, si yo fuera tú, no haría ningún negocio con él.

—¿Por qué me cuentas esto?

Ella frunció el ceño.

—No eres el hombre que yo pensaba. Eres decente, auténtico y… me importas.

Donato sintió como si le hubieran pegado un puñetazo en las costillas.

¿Cuánto tiempo hacía que no le importaba a alguien?

—¿Puedes darme algún ejemplo? —no lo necesitaba, pero quería saber qué le había hecho Sanderson a Elsa.

Cuando sus ojos encontraron los suyos, tenían el color de un cielo de tormenta.

—Le robó a mi hermano. Rob heredó un dinero de nuestro abuelo y Reg se lo invirtió. Ahora Rob necesita dinero para el proyecto que está haciendo, pero la mayoría de los fondos han desaparecido. Se los robó nuestro padre. Dice que no puede devolver el dinero hasta que haya firmado el acuerdo contigo.

—Y por eso no me habías contado esto antes —ahora las piezas encajaban. Aquello explicaba la disposición de Elsa a seguir la farsa de la boda—. Te tenía agarrada por el cuello.

Elsa trató de apartarse de su lado, pero Donato la sostuvo entre sus brazos. Piel con piel, mirándose a los ojos, aquella era su oportunidad para descubrir todo lo que necesitaba saber.

—Al principio pensé que no importaba. Pensé que eras como él.

Donato torció el gesto ante la idea y Elsa le deslizó los dedos por la boca en suave caricia.

—Pero no lo eres, ¿verdad?

Antes de que a él se le ocurriera alguna respuesta, Elsa continuó.

—Eso me ha estado carcomiendo. Me sentía culpable por no haberte contado cómo era de verdad. Hoy, cuando me contaste lo de tu madre… ¿cómo iba a pedirte que compartieras eso y no advertirte?

—¿Así que esto es quid pro quo? —su tono molesto encerraba confusión. Llevaba todo el día inquieto por la calidez con la que Elsa había respondido a su historia.

Ella se puso tensa y alzó la barbilla.

—Si quieres verlo así…

—No quería decir eso – Donato le deslizó el dorso de los dedos por las suaves mejillas. —Te agradezco que me lo hayas contado. Pero no supone ninguna diferencia. Ya lo sabía.

Seguramente sabía más cosas de su padre que la propia Elsa. Se dio cuenta entonces de que revelar la enormidad de los delitos de Sanderson tendría repercusiones para Elsa. ¿Cómo reaccionaría?

—¿Vas a seguir haciendo negocios con él?

—Oh, sí – Donato sintió una punzada de satisfacción. —Pero con un cambio. Me aseguraré de que tu hermano consiga su dinero.

Ver la luz en los ojos de Elsa fue como presenciar un amanecer en el mar. Ella le hacía sentir un hombre distinto. Un hombre capaz de creer en cosas que nunca esperó.

—¿En serio? —preguntó ella con gran asombro—. Pero eso no es responsabilidad tuya.

—Ahora quiero que lo sea.

Ella sonrió entonces de oreja a oreja y aquel gesto provocó en Donato un escalofrío de placer y de alivio.

Así que podía hacer cosas por ella. Podía hacerla feliz y al mismo tiempo vengarse de su padre.

—No sé qué decir.

—No digas nada.

—Gracias, Donato – Elsa le tomó el rostro entre las manos y lo miró a los ojos. —Esto significa mucho.

—Bien. Tal vez puedas mostrarme cuánto.

Donato disfrutó de su aprobación y apartó de sí la certeza de que había utilizado a Elsa para sus propios fines. Que ella se merecía conocer toda la verdad. Ya la compensaría. Y en cuanto a la verdad, se desvelaría muy pronto. Seguramente, demasiado pronto para Elsa y sus hermanos.

Le pasó la mano por la delicada curva de la espalda. Le resultaba mucho más fácil perderse en la pasión que analizar aquellos sentimientos nuevos y perturbadores.