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El desayuno fue una repetición de la cena, puesto que, de nuevo, el conde había determinado darse un pequeño festín para resarcirse de los días pasados en la más estricta austeridad —un estado impropio de su rango—, aunque cuando le preguntaron por qué había llenado su plato con huevos, jamón español y otros productos, supo defenderse diciendo que preveía un duro día de trabajo y que debía nutrirse en consecuencia.
Marc y Guylaine ya le esperaban cuando llegó al restaurante, pues tras la lectura del diario, la curiosidad les inquietaba, dado que tenían dudas sobre los próximos pasos a dar. Imaginaban que Pierre tendría respuestas, las cuales ignoraban.
La mujer informó de que había vuelto a hacer las mismas llamadas de los dos últimos días: la policía seguía sin saber qué había ocurrido con Renaud, la condesa no daba señales de vida y en el castillo no tenían más información que la que le habían facilitado. El panorama no parecía muy alentador, porque aunque hubiese una explicación razonable para la repentina huida de Véronique, lo del asistente era más preocupante: le habían dejado en manos de dos matones cuyos métodos de trabajo ya habían comprobado.
Esperaron pacientemente a que el noble diese el último bocado y fue el detective quien se decidió a lanzar las primeras preguntas.
—Anoche leímos con gran interés su diario. Puede usted imaginar que nos han quedado algunas dudas sin resolver.
—Pues adelante. Vaya deprisa porque tenemos que marcharnos cuanto antes. Nos queda mucho trabajo por hacer.
—La primera cuestión es obvia —volvió a tomar la palabra Marc—. ¿De qué manera la madre naturaleza podría acabar con la vida en la tierra?
—Pues es evidente, señor Mignon. En realidad, no ha hecho falta que un papa sabio nos demuestre que tenemos problemas con el medioambiente. Y a decir verdad, son muy serios los retos que el ser humano tiene con relación a este tema. En los últimos años, el cambio climático ha sido asumido como una realidad contra la que todos los países tienen que luchar de forma coordinada, aunque algunos Estados quieran ignorar la delicada situación en la que nos encontramos, y por eso, la novedad que aporta el modelo desarrollado por Silvestre es doble.
»Por un lado, porque predice el momento en el cual ocurrirá el desastre, pues hasta ahora, nadie había podido dar una fecha exacta, si bien muchos científicos hablan de mediados del siglo XXI, y otros, de un poco más adelante. Pero lo cierto es que habrá grandes modificaciones en nuestro entorno.
»Por otro lado, bajo mi punto de vista, la mayor aportación que pueden hacer sus investigaciones están en el terreno del conocimiento del planeta, de eso que él mismo llama la madre naturaleza, o bien la diosa de la tierra.
»¿Se da usted cuenta de que los científicos actuales no se ponen de acuerdo sobre cómo funcionan las corrientes marinas, la salinidad del agua del mar o el hielo de los polos? Piénselo. A pesar de todos nuestros avances, no hemos llegado a saber nada, a nivel macro, del funcionamiento de la tierra. Nadie nos ha dejado un manual de uso del hábitat en el que nos encontramos y, por eso, el comportamiento global de nuestro planeta sigue siendo una incógnita para el ser humano en los albores del tercer milenio.
* * *
Guylaine, que hasta entonces había permanecido al margen de la conversación, pero prestando mucha atención a lo que oía, se decidió a comunicar sus inquietudes.
—Y Silvestre encontró información sobre ello…
—Así es —su padre la miró, sorprendido de que hasta ese momento no hubiese participado en el interrogatorio—. Por eso, el legado de Silvestre puede tener tanto interés para nuestra actual civilización.
—¿Y de qué puede tratarse? ¿Qué puede aportar el poder que menciona en su diario? —volvió a tomar la palabra el hombre—. Ya sabe usted que me apasionan los temas relacionados con la naturaleza. Soy un activista, ecologista empedernido, y he defendido el desarrollo sostenible a capa y espada. De hecho, me he jugado la vida en muchas ocasiones.
—Eso está bien —dijo el conde—. Aunque todo ayuda, me temo que las timoratas acciones de muchos gobiernos y organizaciones no conseguirán frenar el cambio climático. Para hacerlo, hay que encontrar algo mucho más efectivo. No sé de qué se trata, pero sí puedo afirmar que Silvestre estaba trabajando en ello antes de morir, y es más, creo que alguien le mató cuando en el año 1003 estaba a punto de encontrar la piedra filosofal de este tema, lo que él llama «el poder».
—Eso no lo entiendo —retomó la conversación Guylaine—. ¿Por qué era tan importante para alguien los descubrimientos de Silvestre?
—Porque ese poder que encierra su hallazgo es inmenso. En malas manos, puede ser catastrófico.
—¿Y por qué hay gente relacionada con el mundo árabe que está detrás de nosotros? ¿Y qué hay de los posibles seguidores de Satán? —inquirió con énfasis el detective esperando una respuesta.
—Tengo ideas, señor Mignon, pero por el momento, no puedo asegurar que esté en lo cierto.
* * *
La seguridad con la que el noble zanjó la cuestión hizo que su hija rompiese un poco el ambiente iniciando el tema pendiente.
—¿Y cuáles son las claves que dices en tu diario que quedan por encontrar?
—Silvestre no pudo terminar sus investigaciones, ya que le quedó por encontrar algo relevante, muy importante, en el fondo. La máquina no termina de dar respuesta a las preguntas planteadas porque le falta información, y por eso, la tenemos que encontrar…
—E imagino que ésa es la razón por la que usted está en Córdoba —reflexionó Marc—. ¿Ha encontrado algo aquí? ¿Y en Ripoll?
—Allí localicé unas inscripciones grabadas en una pared. Un bajorrelieve que me dejó claro que la mano del monje Gerberto, a su paso por el monasterio, había dejado una pista nítida y concisa, relativa a su eterna búsqueda.
—¿Y qué decía? —le interrogó su hija, adoptando una expresión de expectación—. Yo busqué afanosamente cualquier detalle que pudiese conducir a él, para encontrarte a ti, pero no hallé nada de nada.
—Lo imagino, querida Guylaine —le respondió con dulzura su padre, cogiéndole la mano y besándola—. Lo que ocurre es que, cuando estuviste en el milenario monasterio de Ripoll, no sabías todo lo que sabes ahora. Imagino que la lectura de mi diario, y lo que te conté ayer, te habrá servido para ver el tema con otra óptica, bajo el punto de vista de la historia.
—Seguro que sí.
—Disculpen la interrupción, señores Dubois —pronunció Marc para romper de alguna forma ese dulce momento entre padre e hija—. ¿Y dónde debemos ir ahora a buscar esos nuevos rastros del papa mago?
—¡Pues está claro! —le soltó el conde sorprendido de que el detective no viese con claridad el camino a seguir—. Las claves están escondidas en Medina Azahara, por lo que debemos ir allí inmediatamente, y es probable que incluso tengamos que cavar.
—No tan rápido —dijo la mujer—. Debo cambiarme de ropa, porque si ésa es tu propuesta, tenemos que prepararnos y actuar con vestimenta adecuada para volver a esos calurosos páramos.
—Pues adelante. Subamos a cambiarnos —indicó Pierre Dubois, con una amplia sonrisa en los labios, ya que ahora iba a continuar la búsqueda bien acompañado.
* * *
Padre e hija se dirigieron hacia la habitación mientras el detective, que consideró que su vestimenta era la adecuada, decidió esperarles en el hall del hotel.
Al cabo de unos segundos, apareció Guylaine dejando el ascensor a toda velocidad.
La expresión de la mujer y, sobre todo, su tez lívida le hicieron pensar al detective que algo malo había pasado.
Dio dos zancadas y se colocó delante de la mujer.
—¿Qué te ha ocurrido? —le preguntó sujetándola por los brazos.
—Han entrado en nuestra habitación y se han llevado todos los papeles de mi padre, incluido su diario.