Capítulo 16
Aquella noche, Jessie se quedó mirando el muslo de pollo que tenía en el plato para cenar y no lo tocó.
Le dijo a su padre que había comido mucho en el picnic y que no tenía hambre, pero Tom sabía que no era por eso.
Jessie no dejaba de mirar la silla en la que Andrea solía sentarse y, cada vez que el viento movía las hojas de los árboles, se ponía en pie y corría a la ventana convencida de que era su coche.
Tom había visto cómo su hija pasaba de la felicidad más absoluta por lo bien que se lo había pasado en el picnic a una tristeza horrible al leer la nota de Andrea, y se preguntó si Jessie volvería a sonreír.
Cuando sonó el teléfono, dio un respingo. Mientras iba a contestar, Jessie lo miró a los ojos esperanzada y él no pudo evitar sentirse esperanzado también.
—¿Sí?
—Soy Helen, la madre de Lori.
—Hola, Helen, ¿qué tal estás? —dijo Tom con educación.
—Te llamo porque me temo que mi hija ha hecho algo terrible.
A continuación, la que antaño fuera su suegra le contó cómo Lori había descubierto los detalles del pasado de Andrea y cómo la había amenazado con que, si no se iba, lucharía legalmente por la custodia de Jessie.
—Estaba borracha, Tom. No lo ha hecho con mala intención.
—Lori nunca hace nada con mala intención —contestó Tom con amargura.
—¿Se ha ido? Me refiero a la profesora.
—Sí, y no sé dónde —contestó Tom, angustiado.
—Lo siento mucho —murmuró Helen.
A continuación, le prometió que jamás intentarían quitarle a su hija y que iban a ver si convencían a Lori para que siguiera un tratamiento de desintoxicación.
Tom se despidió de ella educadamente y colgó.
Al girarse, se encontró con la mirada de su hija, se sentó su lado y le tomó la mano.
—Todo va a salir bien, cariño. Te lo prometo.
Obviamente, Jessie no lo creía así.
—¿Me puedo ir a la cama?
Apenas eran las ocho de la tarde, pero había sido un día muy largo y Tom supuso que la niña estaba agotada.
—Claro, hija.
Una vez a solas en la cocina, Tom dejó caer el rostro entre las manos. Se sentía aliviado por saber que Andrea se había visto forzada a abandonarlos, que lo había hecho por no perjudicarlos, pero le entristecía pensar que Andrea hubiera creído que no iba a luchar con uñas y dientes, no sólo por su hija, sino también por ella.
«La encontraré», se prometió.
Y, acto seguido, fue a su despacho y buscó el curriculum que Andrea le había entregado a su llegada.
No estaba.
Tom buscó durante un buen rato, pero no lo encontró.
Obviamente, Andrea se lo había llevado.
Ahora, no tenía ningún teléfono de contacto ni manera de encontrarla.
Tom se sentía angustiado por la pérdida, por su ausencia, se sentía vacío. Sabía que tenía que seguir adelante por el bien de su hija, pero, en aquellos momentos, todo se le hacía cuesta arriba.
Ya había anochecido cuando subió a su habitación. Al acostarse, el aroma del pelo de Andrea, que se había quedado en su cama, se apoderó de él.
Al amanecer, oyó el relinchar de un caballo y se despertó sobresaltado. De repente, se le antojó que la casa estaba demasiado silenciosa.
Vistiéndose a toda velocidad, se acercó a la habitación de Jessie y, al abrir la puerta, comprobó que su cama estaba hecha y la mochila de acampada no estaba.
—¡Jessie! —gritó.
Nada.
—¡Jessie! —volvió a gritar saliendo al porche.
Nada.
Acababa de amanecer cuando Andrea decidió acelerar un poco más.
Había dejado Reno atrás hacía una hora, y apenas tres cuartos de hora la separaban del Double J.
Se moría por volver a ver a Tom y a Jessie.
Tras haber pasado buena parte de la noche en vela en un motel de Reno, se había dado cuenta de que había sido una estupidez irse sin hablar con Tom, sin luchar.
Estaba enamorada de él y quería mucho a su hija, como si fuera de su propia sangre.
¿Cómo iba a irse sin luchar por ellos?
Estaba convencida de que, cuando le hubiera contado a Tom lo que había ocurrido, la comprendería y la apoyaría.
Juntos conseguirían que Jessie se quedara dónde se tenía que quedar, en el rancho, con ellos.
Andrea aceleró un poco más pues estaba deseosa de llegar a su hogar.
Su hogar.
Tom estaba terminando de ensillar a Sonuvagun cuando apareció Andrea.
Al verlo, saltó del coche y corrió hacia él.
—Dios mío, menos mal que has vuelto —murmuró Tom, abrazándola.
—Perdón —sollozó Andrea—. Perdona. Tengo que explicarte…
—Me lo vas a tener que contar por el camino —la interrumpió Tom—. Jessie se ha ido con Trixie. Me disponía a salir a buscarla.
Andrea corrió a las cuadras y ensilló a Sweetpea en tiempo récord.
—¿Dónde vamos? —preguntó, una vez a lomos de su montura.
—Jessie tiene un par de lugares donde le gusta ir —contestó Tom—. Uno de ellos es el río.
Andrea se mordió el labio inferior.
—¿Y la mina?
Tom la miró preocupado y asintió.
Al llegar, vieron a Trixie sola, sin jinete, y corrieron en busca del animal. No había ni rastro de Jessie.
—¡Jessie! —la llamó su padre. Nada.
—¡Jessie! —gritó Andrea.
—¡Aquí! —contestó la niña.
—¿Tú la ves? —le preguntó Tom a Andrea.
—No —contestó ella, acercándose a un precipicio—. ¡Espera, sí, está ahí!
—Jessie, ¿estás bien? —preguntó Tom.
—Sí, Trixie tropezó y me he caído.
—Voy a bajar a por ella —anunció Andrea—. Peso menos que tú y soy más pequeña. Me apañaré mejor. Hay poco espacio para maniobrar.
—Muy bien, voy a por una cuerda —contestó Tom, acercándose a su caballo.
Acto seguido, Andrea bajó por el cortado con la cuerda atada a la cintura y llegó junto a la niña.
—¡Has vuelto! —exclamó Jessie.
—Claro que he vuelto —sonrió Andrea una vez a su lado—. Y no me voy a volver a ir jamás.
Una vez arriba, Tom abrazó a ambas con fuerza.
—Papá, Andrea me ha dicho que se va a quedar para siempre.
—Claro que sí —sonrió Tom, encantado.
Andrea le tomó el rostro entre las manos y lo miró muy seria a los ojos.
—Te quiero, Tom.
—Yo también te quiero —contestó él.
—Vámonos a casa —murmuró Andrea con lágrimas en los ojos.
Una vez a solas, en la intimidad de su dormitorio, Tom y Andrea hicieron el amor de manera renovada.
—Te vas a casar conmigo —afirmó Tom.
—Sí —susurró Andrea—. Lo que más me apetece en el mundo es casarme contigo y hacer de este rancho mi hogar.
Tom la estrechó entre sus brazos y la besó y Andrea sintió que aquel era el único lugar del mundo donde quería estar.
Junto a Tom y a Jessie.